El DDT es un insecticida altamente tóxico que se acumula en los tejidos grasos de los animales y se concentra a lo largo de la cadena alimenticia, causando intoxicación y muerte masiva de vida silvestre. Aunque inicialmente fue ampliamente utilizado para controlar plagas y enfermedades, su uso generalizado condujo a la contaminación ambiental y el declive de poblaciones de aves. El DDT también puede causar efectos adversos en la salud humana como alteraciones gastrointestinales y daño hepático y neurológico.