A partir de la década de 1970, se ha reconocido la necesidad de un desarrollo sostenible que equilibre el bienestar social, económico y ambiental, destacando la pérdida de biodiversidad y el impacto de la actividad humana en los ecosistemas. Este enfoque implica tres pilares: sostenibilidad económica, social y ambiental, así como la implementación de 17 objetivos globales adoptados en 2015 para erradicar la pobreza y proteger el planeta. La conciencia sobre la limitación de recursos naturales y la necesidad de un consumo responsable son fundamentales para garantizar un futuro sostenible.