El documento explora la división del Imperio Romano en Oriente y Occidente, enfatizando que el Imperio Romano de Oriente, conocido como Bizantino, siempre se consideró romano. Se destaca cómo la capital fue trasladada a Constantinopla y que la división definitiva ocurrió con la muerte de Teodosio I en 395. Finalmente, el texto subraya que el Imperio Romano de Oriente perduró durante mil años después de la supuesta caída en 476 y tuvo una influencia significativa en la cultura y desarrollo de Europa Occidental.