La Convención sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales, adoptada el 20 de octubre de 2005, enfatiza la importancia de la diversidad cultural como un patrimonio común que debe ser protegido y promovido para el desarrollo sostenible y la mejora de los derechos humanos. Establece principios rectores, objetivos y medidas a ser adoptadas por los estados para fomentar la interacción cultural y el respeto por todas las culturas, especialmente en situaciones de riesgo. Se reconoce la necesidad de cooperación internacional y el papel esencial de la educación y la sociedad civil en estas iniciativas.