La personalidad se desarrolla en los primeros 3 años a través de la interacción con factores ambientales, culturales y sociales. El desarrollo del lenguaje, la marcha y la adquisición de reglas sociales mediante los objetos son fundamentales en esta etapa, así como el desarrollo del yo, la conciencia moral y las emociones. Los adultos juegan un papel clave como mediadores entre el niño y su entorno.