El documento explica la confusión común entre el Antiguo y Nuevo Testamento, enfatizando que la ley no es lo mismo que un pacto. Se argumenta que, mientras que el Nuevo Pacto implica que la ley se escribe en el corazón del ser humano, esto no significa que la ley haya sido abolida. Además, se menciona que la única modificación significativa fue el cambio en el sacerdocio, mientras que la ley misma permanece vigente.