El documento resume que Dios decretó todas las cosas desde la eternidad de forma libre e inalterable según su sabiduría y voluntad. Aunque Dios permite el mal, no es responsable de él ni lo induce, sino que lo usa para cumplir sus propósitos de una manera que exalta su soberanía y gloria. El documento también explica que aunque Dios decretó eventos como la traición de Judas, los individuos involucrados son responsables de sus acciones pecaminosas.