Lección 6 para el 5 de noviembre
Al contrario que una promesa
                                             humana, que a veces tiene muy poco
                                             valor, una promesa divina es un
                                             compromiso firme por parte de Dios
                                             de cumplir lo que promete.
A Noé y a su familia se le promete que se    Las promesas divinas en el Antiguo
salvarán del diluvio, junto a los animales   Testamento toman, a veces, forma de
           (Génesis, 6: 18-20)
                                             pactos unilaterales que Dios hace con
                                             el hombre, donde Él promete realizar
A Noé se le promete que nunca habrá otro
        diluvio (Génesis, 9: 11-17)          algo a favor del hombre.

A Abram se le promete la tierra de Canaán,    “Que llamo desde el oriente al
 desde el Mediterráneo hasta el Éufrates      ave, y de tierra lejana al
             (Génesis, 15: 18)                varón de mi consejo. Yo
    A Abraham se le promete una gran          hablé, y lo haré venir; lo he
   descendencia que comenzaría con el         pensado, y también lo haré”
                                                                      (Isaías, 46: 11)
  nacimiento de Isaac (Génesis, 17: 1-21)
La promesa dada a Abraham, y aceptada por fe, fue dada
como una promesa incondicional por parte de Dios.
La promesa: “En tu simiente serán benditas todas las
naciones de la tierra” (Génesis, 22: 18) se cumpliría
independientemente de cómo actuasen Abraham o sus
descendientes. Es decir, Cristo (la simiente según Gálatas,
3: 16) vendría como una bendición para todo el mundo
con independencia de cómo actuase el hombre.

                                        Posteriormente a la promesa, Dios le
                                        indicó a Abraham cual era la ley que
                                        debía cumplir como depositario de esta
                                        promesa.

                                        “Por cuanto oyó Abraham mi voz,
                                        y guardó mi precepto, mis
                                        mandamientos, mis estatutos y
                                        mis leyes” (Génesis, 26: 5)
430 años después de la promesa, cuando los descendientes de Abraham
       necesitaban que se les recordase lo que Dios quería de ellos, se les dio la
       ley en el monte Sinaí.
       La ley no invalidaba la promesa (es decir, la fe) porque la promesa era
       incondicional por parte de Dios. La ley era la expresión de lo que Dios
       esperaba de los depositarios de la promesa.

“Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para
con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo
abroga, para invalidar la promesa” (Gálatas, 3: 17)
Pablo enseñaba que la ley no es un
         requisito previo para la salvación
         sino que el hombre es justificado
         por la fe sin las obras de la ley.
         Si esto es así, ¿qué necesidad hay de
         que guardemos la ley?

                                                         “¿Luego por la fe
                                                        invalidamos la ley?
                                                        En ninguna manera,
Jesús mismo no vino a abrogar (anular) la ley, sino a         sino que
cumplirla (Mateo, 5: 17-20)                             confirmamos la ley”
                                                            (Romanos, 3: 31)

Si la justificación por la fe invalidase la Ley,
entonces no habría habido necesidad de la muerte
expiatoria de Cristo para liberar al pecador de sus
pecados y restablecer su paz con Dios.
Pablo nos dice que la ley fue “añadida a causa de las
transgresiones” (Gálatas, 3: 19). Es decir, la primera
función de la ley es señalar lo que es pecado y revelar
nuestra condición pecaminosa.
A través de las leyes morales, la ley nos da a conocer
nuestro pecado. Si no fuera por la ley, no sabríamos que
hemos pecado. Pero la ley no nos resuelve el problema
del pecado.
A través de las leyes ceremoniales, la ley enseñaba el
camino que debemos seguir para solucionar el problema
del pecado.
Así pues, la segunda función de la ley es hacernos sentir
la necesidad de ir a los pies de Cristo que es el único que,
por su gracia, puede otorgarnos el perdón de los
pecados.

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo,
a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas, 3: 24)
“Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las
transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la
promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un
mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno”
                                                           (Gálatas, 3: 19-20)

                      “La promesa del pacto no fue "añadida" a nada; fue
                      dada personalmente por Dios. Por lo tanto, el vers. 20
                      podría ser parafraseado de esta manera: "Ahora bien,
                      un mediador implica un convenio entre dos partes;
                      pero la promesa del pacto fue unilateral: dependía sólo
                      de Dios y, por lo tanto, no requería mediador". El
                      antiguo pacto tenía la forma de un contrato entre Dios
                      y el pueblo escogido, y a Moisés como mediador; pero
                      el pacto nuevo o eterno, concedido por Dios a Abrahán,
                      sencillamente estaba bajo la forma de una promesa. En
                      el antiguo pacto había un convenio de parte del pueblo
                      de obedecer, mientras que en el nuevo pacto sólo es
                      necesario aceptar la promesa por fe, y la obediencia
                      sigue en forma natural” (CBA, sobre Gálatas, 3: 20)
Muchos piensan que la ley que fue dada en el Sinaí solo fue dada para el
    pueblo judío. Examinando detenidamente la Biblia podemos ver que la ley ya
    estaba en vigor mucho antes del Sinaí y que sigue vigente hoy en día.
               No matarás (Génesis, 9: 6)
Antes del      Preceptos, mandamientos, estatutos y leyes (Génesis, 26: 5)
   Sinaí       No adulterarás (Génesis, 39: 7-10)
               El sábado (Éxodo, 19: 23-26)
             Leyes ceremoniales
Del Sinaí a Leyes civiles
  Cristo     Leyes sanitarias
             Leyes morales
               No fue anulada por Cristo (Mateo, 5: 17)
 Después       Las leyes ceremoniales tuvieron su cumplimiento en Cristo (Juan, 1: 29)
 de Cristo     Nos sigue señalando nuestro pecado (Romanos, 7: 7)
               Debemos obedecer todos los mandamientos (Santiago, 2: 10-12)
    Cristo hace lo que la Ley nunca podría hacer: provee el remedio para el
    pecado, justifica a los pecadores y, por su Espíritu, hace que se cumpla
    su Ley en ellos (Romanos, 8: 3-4)

El evangelio en_galatas_06

  • 1.
    Lección 6 parael 5 de noviembre
  • 2.
    Al contrario queuna promesa humana, que a veces tiene muy poco valor, una promesa divina es un compromiso firme por parte de Dios de cumplir lo que promete. A Noé y a su familia se le promete que se Las promesas divinas en el Antiguo salvarán del diluvio, junto a los animales Testamento toman, a veces, forma de (Génesis, 6: 18-20) pactos unilaterales que Dios hace con el hombre, donde Él promete realizar A Noé se le promete que nunca habrá otro diluvio (Génesis, 9: 11-17) algo a favor del hombre. A Abram se le promete la tierra de Canaán, “Que llamo desde el oriente al desde el Mediterráneo hasta el Éufrates ave, y de tierra lejana al (Génesis, 15: 18) varón de mi consejo. Yo A Abraham se le promete una gran hablé, y lo haré venir; lo he descendencia que comenzaría con el pensado, y también lo haré” (Isaías, 46: 11) nacimiento de Isaac (Génesis, 17: 1-21)
  • 3.
    La promesa dadaa Abraham, y aceptada por fe, fue dada como una promesa incondicional por parte de Dios. La promesa: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis, 22: 18) se cumpliría independientemente de cómo actuasen Abraham o sus descendientes. Es decir, Cristo (la simiente según Gálatas, 3: 16) vendría como una bendición para todo el mundo con independencia de cómo actuase el hombre. Posteriormente a la promesa, Dios le indicó a Abraham cual era la ley que debía cumplir como depositario de esta promesa. “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis, 26: 5)
  • 4.
    430 años despuésde la promesa, cuando los descendientes de Abraham necesitaban que se les recordase lo que Dios quería de ellos, se les dio la ley en el monte Sinaí. La ley no invalidaba la promesa (es decir, la fe) porque la promesa era incondicional por parte de Dios. La ley era la expresión de lo que Dios esperaba de los depositarios de la promesa. “Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa” (Gálatas, 3: 17)
  • 5.
    Pablo enseñaba quela ley no es un requisito previo para la salvación sino que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. Si esto es así, ¿qué necesidad hay de que guardemos la ley? “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, Jesús mismo no vino a abrogar (anular) la ley, sino a sino que cumplirla (Mateo, 5: 17-20) confirmamos la ley” (Romanos, 3: 31) Si la justificación por la fe invalidase la Ley, entonces no habría habido necesidad de la muerte expiatoria de Cristo para liberar al pecador de sus pecados y restablecer su paz con Dios.
  • 6.
    Pablo nos diceque la ley fue “añadida a causa de las transgresiones” (Gálatas, 3: 19). Es decir, la primera función de la ley es señalar lo que es pecado y revelar nuestra condición pecaminosa. A través de las leyes morales, la ley nos da a conocer nuestro pecado. Si no fuera por la ley, no sabríamos que hemos pecado. Pero la ley no nos resuelve el problema del pecado. A través de las leyes ceremoniales, la ley enseñaba el camino que debemos seguir para solucionar el problema del pecado. Así pues, la segunda función de la ley es hacernos sentir la necesidad de ir a los pies de Cristo que es el único que, por su gracia, puede otorgarnos el perdón de los pecados. “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas, 3: 24)
  • 7.
    “Entonces, ¿para quésirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno” (Gálatas, 3: 19-20) “La promesa del pacto no fue "añadida" a nada; fue dada personalmente por Dios. Por lo tanto, el vers. 20 podría ser parafraseado de esta manera: "Ahora bien, un mediador implica un convenio entre dos partes; pero la promesa del pacto fue unilateral: dependía sólo de Dios y, por lo tanto, no requería mediador". El antiguo pacto tenía la forma de un contrato entre Dios y el pueblo escogido, y a Moisés como mediador; pero el pacto nuevo o eterno, concedido por Dios a Abrahán, sencillamente estaba bajo la forma de una promesa. En el antiguo pacto había un convenio de parte del pueblo de obedecer, mientras que en el nuevo pacto sólo es necesario aceptar la promesa por fe, y la obediencia sigue en forma natural” (CBA, sobre Gálatas, 3: 20)
  • 8.
    Muchos piensan quela ley que fue dada en el Sinaí solo fue dada para el pueblo judío. Examinando detenidamente la Biblia podemos ver que la ley ya estaba en vigor mucho antes del Sinaí y que sigue vigente hoy en día. No matarás (Génesis, 9: 6) Antes del Preceptos, mandamientos, estatutos y leyes (Génesis, 26: 5) Sinaí No adulterarás (Génesis, 39: 7-10) El sábado (Éxodo, 19: 23-26) Leyes ceremoniales Del Sinaí a Leyes civiles Cristo Leyes sanitarias Leyes morales No fue anulada por Cristo (Mateo, 5: 17) Después Las leyes ceremoniales tuvieron su cumplimiento en Cristo (Juan, 1: 29) de Cristo Nos sigue señalando nuestro pecado (Romanos, 7: 7) Debemos obedecer todos los mandamientos (Santiago, 2: 10-12) Cristo hace lo que la Ley nunca podría hacer: provee el remedio para el pecado, justifica a los pecadores y, por su Espíritu, hace que se cumpla su Ley en ellos (Romanos, 8: 3-4)