María tuvo un sueño en el que una familia celebraba el cumpleaños de Jesús con una gran fiesta decorada, pero sin darle ningún regalo a Jesús ni reconocerlo. A pesar de la alegría de los invitados, María se entristeció al darse cuenta de que Jesús no era conocido ni invitado a su propia fiesta de cumpleaños. Al despertar, María se sintió agradecida de que fuera solo un sueño, y reflexionó sobre la importancia de reconocer a Jesús en la Navidad.