La comunicación efectiva requiere prestar atención a la postura corporal, gestos faciales, mirada, tono de voz y reacciones fisiológicas de la otra persona. También se debe observar cambios específicos que pueden tener significado y sacar conclusiones basadas en los patrones de conducta y contexto únicos de la persona. La falta de alineación entre lo que se dice y cómo se comunica no verbalmente puede generar confusión, desconfianza, malentendidos y conflictos.