El documento discute cómo las necesidades individuales pueden debilitar los valores. Explica que los valores en sí mismos no se deterioran, sino que la presión de satisfacer necesidades lleva a comportamientos que ignoran valores como el respeto, la honestidad y la responsabilidad. También analiza cómo la presión social, especialmente entre los jóvenes, puede promover "antivalores" como la deshonestidad, la arrogancia y el odio.