DECÁLOGO DE LA TOLERANCIA
1. Ser tolerante es ser paciente, comprensivo, respetuoso y transigente con todos y
cada uno de los seres humanos.
2. Conviene distinguir entre persona y conducta. A la persona se le valora y se le
comprende. De las ideas se puede y se debe discrepar.
3. La persona tolerante posee un nivel elevado de comunicación efectiva: No se
escuda en la tolerancia para no manifestar o defender los principios, tampoco
avasalla o impone a nadie sus ideas.
4. La Tolerancia no es un simple acuerdo de no agresión, sino que promueve el
entendimiento de las personas e instituciones. Lleva a la unidad.
5. El conformismo o la indiferencia ante el mal uso de las normas y valores no es
tolerancia, pues este valor bien entendido debe incluir la ayuda mutua para
buscar y encontrar lo mejor para las personas.
6. La tolerancia valora y respeta las diferencias como factores que producen
hermandad y sinergizan las relaciones.
7. Nadie posee toda la verdad, puesto que la Verdad es inalcanzable para el ser
humano.
8. Tolerar no debe llevar al relativismo y subjetivismo. No puede constituirse en
baluarte de la apatía intelectual ni quitarle fuerza a la búsqueda de la verdad.
9. Las minorías y los débiles necesitan del apoyo de todos. La verdadera democracia
hace valer el voto de la mayoría, pero sin descuidar o atacar a los grupos o
personas más necesitadas.
10. La tolerancia no está reñida con el ejercicio de la autoridad. La ley hay que
cumplirla y hacerla cumplir.
http://lafamilia.info/index.php/valores/decalogos-de-valores/90-valores/decalogos-de-valores/913-
decalogo-de-la-tolerancia
NUESTRA HISTORIA:
27 DE OCTUBRE, DÍA DEL ESPÍRITU DE ASÍS:
JUAN PABLO II CON LOS REPRESENTANTES RELIGIOSOS DEL MUNDO
¡Nunca más violencia, nunca más guerra, nunca más terrorismo!
¡En nombre de Dios, que toda religión difunda en la tierra justicia y paz, perdón y vida,
amor!
Fue la invocación de Juan Pablo II
«El Espíritu de Asís»: desde el 27 de octubre de 1986 se renueva la invocación de paz para toda la
humanidad nacida de la profética intuición deSan Juan Pablo II. La histórica Jornada de oración, ayuno
y peregrinación que reunió por primera vez a líderes y representantes religiosos del mundo, con el
anhelo del santo Papa polaco de «contribuir a suscitar un movimiento mundial de oración por la paz
que, pasando por encima de las fronteras y naciones y alcanzando a los creyentes de todas las
religiones, llegue a abrazar al mundo entero».
«Quizá como nunca, ahora en la historia de la humanidad, son tan evidentes los lazos intrínsecos entre
una actitud auténticamente religiosa y el gran bien de la paz para la familia humana, que anhela y
necesita la paz», dijo también el Papa Wojtyla, alentando para que el compromiso en favor de la paz -
fundada en los cuatro pilares de la verdad, de la justicia, del amor y de la libertad, como escribió San
Juan XXIII, en la Pacem in Terris, sea constante cada día para las religiones del mundo, para los
responsables de las naciones y para todas las personas de buena voluntad.
Y 16 años después el Papa volvió a invitar a los representantes de las religiones del mundo a Asís, el
24 de enero de 2002 para «rezar por la superación de las contraposiciones y por la promoción de la
auténtica paz. Queremos encontrarnos juntos en particular, cristianos y musulmanes, para proclamar
ante el mundo que la religión no debe ser nunca motivo de conflicto, de odio y de violencia.
Quien acoge verdaderamente en su interior la palabra de Dios, bueno y misericordioso, no puede no
excluir del corazón toda forma de odio y enemistad (…) Es urgente que una invocación común se eleve
con insistencia desde la tierra hasta el Cielo para implorar del Omnipotente, en cuyas manos está el
destino del mundo, el gran don de la paz, presupuesto necesario para todo compromiso serio al
servicio del auténtico progreso de la humanidad».
Así empezaba ese día su intenso discurso:
«Hemos venido a Asís en peregrinación de paz. Estamos aquí, como representantes de las diversas
religiones, para interrogarnos ante Dios sobre nuestro compromiso en favor de la paz, para pedirle ese
don y para testimoniar nuestro anhelo común de un mundo más justo y solidario.
Queremos dar nuestra contribución para alejar los nubarrones del terrorismo, del odio y de los
conflictos armados, nubarrones que en estos últimos meses se han cernido particularmente sobre el
horizonte de la humanidad. Por eso queremos escucharnos los unos a los otros: sentimos que esto ya
es un signo de paz, ya es una respuesta a los inquietantes interrogantes que nos preocupan, ya sirve
para disipar las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión.
Las tinieblas no se disipan con las armas; las tinieblas se alejan encendiendo faros de luz. Hace algunos
días recordé al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede que el odio sólo se vence con el
amor».
San Juan Pablo II dirigió también en esa ocasión una exhortación entrañable a los jóvenes:
«¡Que la paz habite en especial en el alma de las nuevas generaciones!
¡Jóvenes del tercer milenio, jóvenes cristianos, jóvenes de todas las religiones, les pido a ustedes que
sean como Francisco de Asís, centinelas dóciles y valientes de la paz verdadera, fundada en la justicia,
en el perdón, en la verdad y en la misericordia!
¡Avancen hacia el futuro manteniendo alta la antorcha de la paz, su luz los necesita!»
REFLEXIÓN:
LA EUCARISTÍA, ANTÍDOTO FRENTE A LA INDIFERENCIA (MENSAJE CON
MOTIVO DE LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2015)
El papa Francisco ha denunciado con frecuencia la indiferencia como
uno de los grandes males de nuestro tiempo. El olvido de Dios y de los
hermanos está alcanzando dimensiones tan hondas en la convivencia
social que podemos hablar de una “globalización de la indiferencia.”
Ante esta dolorosa realidad, los obispos de la Comisión Episcopal de
Pastoral Social os invitamos a contemplar, celebrar y adorar a
Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía como el medio más eficaz
para vencer y superar la indiferencia. La Eucaristía tiene el poder de
trasformar el corazón de los creyentes, haciendo así posible el paso de
la “globalización de la indiferencia” a la “globalización de la caridad”,
impulsándonos a la vivencia de la comunión fraterna y del servicio a nuestros semejantes.
1. LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE COMUNIÓN CON DIOS Y LOS HERMANOS: “SI UN MIEMBRO SUFRE,
TODOS SUFRE CON ÉL” (1 Cor 12,26)
El apóstol Pablo les decía a los cristianos de Corinto que la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene el
poder de establecer una comunión tan fuerte entre quienes creen en Él que aleja del corazón humano la
indiferencia y la división: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el
pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos,
formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1Cor 10,16-17).
Esta comunión eucarística, que nos transforma en Cristo y nos permite crecer como miembros de su cuerpo,
nos libera también de nuestros egoísmos y de la búsqueda de los propios intereses. Al entrar en comunión con
los sentimientos de Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, se nos abre la mente y se ensancha el
corazón para que quepan en él todos los hermanos, especialmente los necesitados y marginados. «Quien
reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es
extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma
concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad».
“Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a convertirnos en aquello que
recibimos” (San León Magno): cuerpo de Cristo entregado y sangre derramada para la vida del mundo. Desde la
comunión con Cristo llegamos a ser siervos de Dios y de los hombres. De este modo, la Eucaristía constituye, en
palabras de Benedicto XVI, «una especie de antídoto» frente al individualismo y la indiferencia, y nos impulsa a
lavar los pies a los hermanos.
2. LA EUCARISTÍA SACRAMENTO QUE NOS COMPROMETE “DÓNDE ESTA TU HERMANO” (Gn 4,9)
De la Eucaristía derivan el sentido profundo de nuestro servicio y la responsabilidad en la construcción de
una Iglesia fraterna y esperanzada, así como de una sociedad solidaria y justa. Esta sociedad no se construye ni
se impone desde fuera, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros. Como miembros
del Cuerpo de Cristo descubrimos que el gesto de compartir y la vivencia del amor es el camino más adecuado
para superar la indiferencia y globalizar la solidaridad.
En este mismo sentido, la campaña de Cáritas nos plantea este año una pregunta muy directa y concreta:
«¿Qué haces con tu hermano?» [6]. A esta pregunta, no podemos responder como Caín: «¿Soy yo acaso el
guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Hoy y siempre estamos llamados a preguntarnos dónde está el hermano
que sufre y necesita nuestra presencia cercana y nuestra ayuda solidaria.
La solidaridad, como nos recuerda el papa Francisco, es «más que algunos actos de generosidad esporádicos.
Es pensar y actuar en términos de comunidad (…), es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la
desigualdad, la falta de trabajo, la tierra, la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales».
Ante esa multitud de hermanos que sufren, debemos mostrar nuestra especial cercanía y afecto hacia
quienes claman y esperan de nosotros una mayor solidaridad. No podemos ser indiferentes:
Ante la muerte violenta de miles de cristianos, en distintos países de la tierra, por el simple hecho de
mostrar el amor de Dios a sus hermanos y por confesar a Jesucristo como único salvador de los hombres.
Ante la situación de tantos cristianos y no cristianos que, a pesar de la corrupción y de las dificultades de
la vida diaria, actúan con honestidad, trabajan por la justicia y se esfuerzan por atender a las necesidades
más inmediatas de los empobrecidos. Hemos de colaborar en la promoción de su desarrollo integral y en
la transformación de las estructuras sociales injustas.
No podemos ser indiferentes ante los millones de hermanos nuestros que siguen sin acceso al trabajo,
tienen puestos de trabajo que no les permiten vivir con dignidad y se ven abocados a la emigración.
Pensamos de manera especial en los jóvenes, en los parados de larga duración, en los mayores de 50
años a los que se les cierra el acceso a un puesto de trabajo y en las mujeres víctimas de discriminación
laboral y salarial. [9]
Tampoco podemos pasar por alto a los que no tienen vivienda o se ven privados de ella por los
desahucios. Ésta es otra de las muchas heridas sociales que acentúa la precariedad y la desesperación de
miles de personas y familias.
Nos duele y nos debe seguir doliendo la pobreza y el hambre en el mundo, sobre todo cuando la
humanidad dispone de los medios y recursos necesarios para acabar con ella, como nos recuerda Cáritas
Internationalis en la campaña “Una sola familia. Alimentos para todos”.
No queremos acostumbrarnos a las historias de sufrimiento y de muerte que se repiten en nuestras
fronteras. A las de los miles de hombres y mujeres que huyen de las guerras, del hambre y la pobreza y
no ven respetados sus derechos ni encuentran en el camino políticas migratorias que respeten su
dignidad y su legítima búsqueda de mejores condiciones de vida.
Particular preocupación deben suscitar entre nosotros los miles de personas que en nuestra propia
tierra son objeto de trata, así como las que se ven abocadas a situaciones de prostitución, en su mayoría
mujeres, y que constituyen la nueva esclavitud del s. XXI.
3. TRANSFORMADO EN CRISTO GLOBALICEMOS LA MISERICORDIA
Ante los planteamientos culturales y sociales del momento presente, que generan tanta marginación y
sufrimiento, estamos llamados a dejarnos afectar por la realidad y por la situación social que sufren nuestros
hermanos más débiles y necesitados. Es urgente romper el círculo que nos aísla llevándonos a un
individualismo que hace difícil el desarrollo del amor y la misericordia en nuestro corazón. Como nos
recuerda Jesucristo, la salvación y la realización personal y comunitaria pasan por el riesgo de la entrega: «El
que quiera ganar su vida la perderá y el que esté dispuesto a perderla la ganará» (Mc 8,35).
LA CLAVE PARA SALIR DE LA INDIFERENCIA ESTÁ EN ENTREGARSE A LOS DEMÁS COMO LO HACE JESÚS. ÉL
SIGUE PARTIENDO SU CUERPO Y DERRAMANDO SU SANGRE EN LA EUCARISTÍA PARA QUE NADIE PASE
HAMBRE NI TENGA SED.
COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL
EL SEÑOR ME DIO HERMANOS:
BEATO RAIMUNDO LLULL
TERCIARIO FRANCISCANO Y MÁRTIR.
Raimundo nació en Mallorca en 1232 o 1233, de joven fue paje
en la corte del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), que lo hizo
preceptor de su hijo. Durante estos años en la corte, llevó una
vida mundana, y de gran ostentación, teniendo varios amoríos
con doncellas y alguna casada. En esta época compuso canciones
de amor, picarescas y divertidas. Sobre los 30 años su espíritu
comenzó a cambiar, tuvo varias revelaciones de Cristo, que le
impulsaron a cambiar de vida, desposeerse de todos sus bienes y
dejar a su familia, para ser predicador de la misericordia divina.
Aprendió árabe para predicar a los moros, luego se retiró a una
cueva, donde vivió entregado a la meditación y la penitencia. En
el monasterio cisterciense de La Real, aprendió latín y filosofía.
Construyó un monasterio para adiestrar misioneros y cristianizar a los árabes. Intentó convencer al
papa Nicolás IV para emprender una nueva Cruzada, pero este se negó, por lo que Raimundo comenzó
su predicación por Alemania, Francia, Italia, Tierra Santa, el Magreb, buscando convertir a los
musulmanes y judíos, por lo que no dudaba en predicar en las puertas de las mezquitas y sinagogas.
Esto provocó que en el norte de África estuvo a punto de ser lapidado. Viajó a Roma a presentar su
proyecto de reforma de la Iglesia, que pasaba por una Cruzada definitiva de conversión de
musulmanes y judíos, pero de nuevo fue rechazado. Ante esto, decide ingresar en la Tercera Orden
Franciscana.
Participó en el concilio de Vienne, y se supone que defendió la inocencia de los Templarios, que serían
disueltos allí, pero no se tiene constancia de ello. Se estima que fue así por su proyecto de la Gran
Cruzada y porque conocía del valor de los Templarios. Allí se aceptó su propuesta de crear colegios
para enseñar a los misioneros las lenguas orientales fue aceptada, mientras que la de marchar a una
nueva cruzada fue rechazada (que insistente, no?). Luego viajó a Túnez para continuar su misión.
Murió el 29 de junio de 1325, martirizado por unos musulmanes. Su cuerpo se venera en el convento de
San Francisco de Mallorca. Fue beatificado en Toledo, en el siglo XVI, como mártir, pero su
canonización quedó truncada, por sospechas sobre la ortodoxia de su obra, aun así Juan Pablo II
confirmó su beatificación, junto a la de otros beatificados por equivalencia, como el Beato Fra
Angélico (18 de febrero) o el ya santo San Junípero Serra (28 de agosto).
Escribió sobre filosofía, teología, alquimia, lógica, física, arte, cábalas, ciencias; baste decir que habló de
la gravedad 301 años antes que Newton. Su obra está casi toda en catalán, árabe y latín, aunque conocía
el griego y el hebreo también. Es considerado un gran pensador en los campos espiritual y literario de
la Edad Media. Es conocido con los apodos de "El Árabe Cristiano", "Doctor Inspirado" o "Doctor
Iluminado".
En el año 2001 fue proclamado patrono de los informáticos. Fue elegido por su
método lógico aplicado a la filosofía y la alquimia. Además, trabajó, desarrolló
el cálculo mecánico, la inteligencia artificial, los sistemas generativos, los
grafos, las redes semánticas y los diagramas de Venn.
SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?
INSTRUMENTO DE TU PAZ
NUNCA INDIFERENTES
DERRIBANDO LOS MUROS DE LA INDIFERENCIA
«ANTE UNA CULTURA DE LA INDIFERENCIA, QUE CON FRECUENCIA
TERMINA POR SER DESPIADADA, NUESTRO ESTILO DE VIDA HA DE
ESTAR LLENO DE PIEDAD, DE EMPATÍA, DE COMPASIÓN, DE
MISERICORDIA, QUE EXTRAEMOS CADA DÍA DEL POZO DE LA ORACIÓN»
El más grande pecado de la sociedad de nuestro tiempo, y de muchos de nosotros a nivel personal,
es, sin duda, la indiferencia, que nace de nuestro egoísmo; del egoísmo que nos lleva a pensar que lo
único que vale la pena es vivir para nosotros mismos, para conseguir lo que deseamos, lo que nos
parece importante, lo que nos coloca por encima de los demás, lo que nos distingue del común de la
gente, lo que nos acredita como los mejores en cualquier cosa que sea.
Indiferencia frente a Dios, a quien pretendemos sacar de nuestra vida, como si no existiera, porque
su presencia nos estorba, pues es exigente y nos señala un camino para seguir.
Indiferencia frente a los demás hombres y mujeres que pueblan el mundo, particularmente hacia los
más pobres, porque sus necesidades y su sufrimiento nos cuestionan, y cuestionan nuestra manera
de ser y de actuar.
La indiferencia nos vuelve ciegos, sordos, mudos y paralíticos, sin que nos demos cuenta de
ello.
La indiferencia endurece nuestro corazón y nuestras entrañas, y poco a poco va
convirtiéndonos en máquinas de producir dinero, triunfos profesionales, honores sociales,
al costo que sea.
La indiferencia nos quita lo que tenemos de humanos, que es a la vez, lo que no hace
parecernos a Dios, de quien, creámoslo o no, aceptémoslo o no, nos guste o no, somos
criaturas.
La indiferencia nos hace volvernos cada vez más sobre nosotros mismos, y al hacerlo, va
empequeñeciéndonos hasta que nos hace irreconocibles aún para nuestros familiares y
amigos más cercanos.
Jesús, en cambio, nos invita a ser sensibles. A enriquecer nuestra personalidad con el amor por los
demás. A llenar nuestra vida de sentido, acogiendo en nuestro corazón la fe y la esperanza, que
proyectan nuestro ser y nuestra vida a la eternidad. A buscar en todo lo que hacemos, decimos y
pensamos, el bien para nosotros mismos y para los demás.
Jesús nos invita a ser sencillos y humildes. A pensar en los otros antes que en nosotros mismos. A
desear ser cada día mejores personas: a servir con mayor empeño a quienes viven a nuestro lado, a
compartir lo que somos y lo que tenemos en el plano material y en el plano espiritual, con quienes
nos rodean, a crecer intelectual y espiritualmente cuanto nos sea posible.
Jesús nos invita a poner a Dios en el centro de nuestra vida, con la certeza de que al hacerlo, no
estamos volviéndonos retrógrados o cerrados, como mucha gente piensa, sino, por el contrario,
elevándonos por encima de nuestras limitaciones y nuestras carencias, propias de nuestro ser de
criaturas, y realizando lo que Él quiso al crearnos a su imagen y semejanza.
INSTRUMENTO DE TU PAZ
OREMOS HERMANOS
Canción: ““Cántico del hermano sol””
Autor:“FRANCISCO DE ASÍS”
Disco: “Naufragio con espectador”.
Oración.- Leer despacio y en voz alta
Heme aquí, Señor, envíame.
No te olvides de tu pueblo,
derrama en él tu compasión.
Quiebra el brazo del impío,
si menosprecia tu perdón.
Da atención a los deseos de los humildes.
Al gemido de los pobres,
siempre haces tuyo su dolor.
Pon tu luz en mi camino,
protégeme del tentador.
Da buen fin a mi destino,
realiza en mí tu salvación.
Y en los momentos de flaqueza,
haz que recuerde tu infinito amor
Que me lleve por tu senda,
para entregarte el corazón.
Lecturas Bíblicas.- Leer y medita
Sal 23 (22); Mt 5, 1-12; 1Pe 3, 13-17
Reflexión (Carlos de Foucauld)
Si alguien me preguntara cuál es mi misión en la vida, yo le contestaría sencillamente: ser bueno. No
hacer esto o lo otro o lo de más allá, no. Sólo ser bueno
PAZ Y BIEN.

Escribe hermano leon nº 107

  • 1.
    DECÁLOGO DE LATOLERANCIA 1. Ser tolerante es ser paciente, comprensivo, respetuoso y transigente con todos y cada uno de los seres humanos. 2. Conviene distinguir entre persona y conducta. A la persona se le valora y se le comprende. De las ideas se puede y se debe discrepar. 3. La persona tolerante posee un nivel elevado de comunicación efectiva: No se escuda en la tolerancia para no manifestar o defender los principios, tampoco avasalla o impone a nadie sus ideas. 4. La Tolerancia no es un simple acuerdo de no agresión, sino que promueve el entendimiento de las personas e instituciones. Lleva a la unidad. 5. El conformismo o la indiferencia ante el mal uso de las normas y valores no es tolerancia, pues este valor bien entendido debe incluir la ayuda mutua para buscar y encontrar lo mejor para las personas. 6. La tolerancia valora y respeta las diferencias como factores que producen hermandad y sinergizan las relaciones. 7. Nadie posee toda la verdad, puesto que la Verdad es inalcanzable para el ser humano. 8. Tolerar no debe llevar al relativismo y subjetivismo. No puede constituirse en baluarte de la apatía intelectual ni quitarle fuerza a la búsqueda de la verdad. 9. Las minorías y los débiles necesitan del apoyo de todos. La verdadera democracia hace valer el voto de la mayoría, pero sin descuidar o atacar a los grupos o personas más necesitadas. 10. La tolerancia no está reñida con el ejercicio de la autoridad. La ley hay que cumplirla y hacerla cumplir. http://lafamilia.info/index.php/valores/decalogos-de-valores/90-valores/decalogos-de-valores/913- decalogo-de-la-tolerancia
  • 2.
    NUESTRA HISTORIA: 27 DEOCTUBRE, DÍA DEL ESPÍRITU DE ASÍS: JUAN PABLO II CON LOS REPRESENTANTES RELIGIOSOS DEL MUNDO ¡Nunca más violencia, nunca más guerra, nunca más terrorismo! ¡En nombre de Dios, que toda religión difunda en la tierra justicia y paz, perdón y vida, amor! Fue la invocación de Juan Pablo II «El Espíritu de Asís»: desde el 27 de octubre de 1986 se renueva la invocación de paz para toda la humanidad nacida de la profética intuición deSan Juan Pablo II. La histórica Jornada de oración, ayuno y peregrinación que reunió por primera vez a líderes y representantes religiosos del mundo, con el anhelo del santo Papa polaco de «contribuir a suscitar un movimiento mundial de oración por la paz que, pasando por encima de las fronteras y naciones y alcanzando a los creyentes de todas las religiones, llegue a abrazar al mundo entero». «Quizá como nunca, ahora en la historia de la humanidad, son tan evidentes los lazos intrínsecos entre una actitud auténticamente religiosa y el gran bien de la paz para la familia humana, que anhela y necesita la paz», dijo también el Papa Wojtyla, alentando para que el compromiso en favor de la paz - fundada en los cuatro pilares de la verdad, de la justicia, del amor y de la libertad, como escribió San Juan XXIII, en la Pacem in Terris, sea constante cada día para las religiones del mundo, para los responsables de las naciones y para todas las personas de buena voluntad. Y 16 años después el Papa volvió a invitar a los representantes de las religiones del mundo a Asís, el 24 de enero de 2002 para «rezar por la superación de las contraposiciones y por la promoción de la
  • 3.
    auténtica paz. Queremosencontrarnos juntos en particular, cristianos y musulmanes, para proclamar ante el mundo que la religión no debe ser nunca motivo de conflicto, de odio y de violencia. Quien acoge verdaderamente en su interior la palabra de Dios, bueno y misericordioso, no puede no excluir del corazón toda forma de odio y enemistad (…) Es urgente que una invocación común se eleve con insistencia desde la tierra hasta el Cielo para implorar del Omnipotente, en cuyas manos está el destino del mundo, el gran don de la paz, presupuesto necesario para todo compromiso serio al servicio del auténtico progreso de la humanidad». Así empezaba ese día su intenso discurso: «Hemos venido a Asís en peregrinación de paz. Estamos aquí, como representantes de las diversas religiones, para interrogarnos ante Dios sobre nuestro compromiso en favor de la paz, para pedirle ese don y para testimoniar nuestro anhelo común de un mundo más justo y solidario. Queremos dar nuestra contribución para alejar los nubarrones del terrorismo, del odio y de los conflictos armados, nubarrones que en estos últimos meses se han cernido particularmente sobre el horizonte de la humanidad. Por eso queremos escucharnos los unos a los otros: sentimos que esto ya es un signo de paz, ya es una respuesta a los inquietantes interrogantes que nos preocupan, ya sirve para disipar las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión. Las tinieblas no se disipan con las armas; las tinieblas se alejan encendiendo faros de luz. Hace algunos días recordé al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede que el odio sólo se vence con el amor». San Juan Pablo II dirigió también en esa ocasión una exhortación entrañable a los jóvenes: «¡Que la paz habite en especial en el alma de las nuevas generaciones! ¡Jóvenes del tercer milenio, jóvenes cristianos, jóvenes de todas las religiones, les pido a ustedes que sean como Francisco de Asís, centinelas dóciles y valientes de la paz verdadera, fundada en la justicia, en el perdón, en la verdad y en la misericordia! ¡Avancen hacia el futuro manteniendo alta la antorcha de la paz, su luz los necesita!»
  • 4.
    REFLEXIÓN: LA EUCARISTÍA, ANTÍDOTOFRENTE A LA INDIFERENCIA (MENSAJE CON MOTIVO DE LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2015) El papa Francisco ha denunciado con frecuencia la indiferencia como uno de los grandes males de nuestro tiempo. El olvido de Dios y de los hermanos está alcanzando dimensiones tan hondas en la convivencia social que podemos hablar de una “globalización de la indiferencia.” Ante esta dolorosa realidad, los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social os invitamos a contemplar, celebrar y adorar a Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía como el medio más eficaz para vencer y superar la indiferencia. La Eucaristía tiene el poder de trasformar el corazón de los creyentes, haciendo así posible el paso de la “globalización de la indiferencia” a la “globalización de la caridad”, impulsándonos a la vivencia de la comunión fraterna y del servicio a nuestros semejantes. 1. LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE COMUNIÓN CON DIOS Y LOS HERMANOS: “SI UN MIEMBRO SUFRE, TODOS SUFRE CON ÉL” (1 Cor 12,26) El apóstol Pablo les decía a los cristianos de Corinto que la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene el poder de establecer una comunión tan fuerte entre quienes creen en Él que aleja del corazón humano la indiferencia y la división: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan» (1Cor 10,16-17). Esta comunión eucarística, que nos transforma en Cristo y nos permite crecer como miembros de su cuerpo, nos libera también de nuestros egoísmos y de la búsqueda de los propios intereses. Al entrar en comunión con los sentimientos de Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, se nos abre la mente y se ensancha el corazón para que quepan en él todos los hermanos, especialmente los necesitados y marginados. «Quien reconoce a Jesús en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que está desnudo, enfermo o en la cárcel; y está atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad». “Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a convertirnos en aquello que recibimos” (San León Magno): cuerpo de Cristo entregado y sangre derramada para la vida del mundo. Desde la comunión con Cristo llegamos a ser siervos de Dios y de los hombres. De este modo, la Eucaristía constituye, en palabras de Benedicto XVI, «una especie de antídoto» frente al individualismo y la indiferencia, y nos impulsa a lavar los pies a los hermanos. 2. LA EUCARISTÍA SACRAMENTO QUE NOS COMPROMETE “DÓNDE ESTA TU HERMANO” (Gn 4,9) De la Eucaristía derivan el sentido profundo de nuestro servicio y la responsabilidad en la construcción de una Iglesia fraterna y esperanzada, así como de una sociedad solidaria y justa. Esta sociedad no se construye ni se impone desde fuera, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros. Como miembros del Cuerpo de Cristo descubrimos que el gesto de compartir y la vivencia del amor es el camino más adecuado para superar la indiferencia y globalizar la solidaridad. En este mismo sentido, la campaña de Cáritas nos plantea este año una pregunta muy directa y concreta: «¿Qué haces con tu hermano?» [6]. A esta pregunta, no podemos responder como Caín: «¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Hoy y siempre estamos llamados a preguntarnos dónde está el hermano que sufre y necesita nuestra presencia cercana y nuestra ayuda solidaria. La solidaridad, como nos recuerda el papa Francisco, es «más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad (…), es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra, la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales». Ante esa multitud de hermanos que sufren, debemos mostrar nuestra especial cercanía y afecto hacia quienes claman y esperan de nosotros una mayor solidaridad. No podemos ser indiferentes: Ante la muerte violenta de miles de cristianos, en distintos países de la tierra, por el simple hecho de mostrar el amor de Dios a sus hermanos y por confesar a Jesucristo como único salvador de los hombres.
  • 5.
    Ante la situaciónde tantos cristianos y no cristianos que, a pesar de la corrupción y de las dificultades de la vida diaria, actúan con honestidad, trabajan por la justicia y se esfuerzan por atender a las necesidades más inmediatas de los empobrecidos. Hemos de colaborar en la promoción de su desarrollo integral y en la transformación de las estructuras sociales injustas. No podemos ser indiferentes ante los millones de hermanos nuestros que siguen sin acceso al trabajo, tienen puestos de trabajo que no les permiten vivir con dignidad y se ven abocados a la emigración. Pensamos de manera especial en los jóvenes, en los parados de larga duración, en los mayores de 50 años a los que se les cierra el acceso a un puesto de trabajo y en las mujeres víctimas de discriminación laboral y salarial. [9] Tampoco podemos pasar por alto a los que no tienen vivienda o se ven privados de ella por los desahucios. Ésta es otra de las muchas heridas sociales que acentúa la precariedad y la desesperación de miles de personas y familias. Nos duele y nos debe seguir doliendo la pobreza y el hambre en el mundo, sobre todo cuando la humanidad dispone de los medios y recursos necesarios para acabar con ella, como nos recuerda Cáritas Internationalis en la campaña “Una sola familia. Alimentos para todos”. No queremos acostumbrarnos a las historias de sufrimiento y de muerte que se repiten en nuestras fronteras. A las de los miles de hombres y mujeres que huyen de las guerras, del hambre y la pobreza y no ven respetados sus derechos ni encuentran en el camino políticas migratorias que respeten su dignidad y su legítima búsqueda de mejores condiciones de vida. Particular preocupación deben suscitar entre nosotros los miles de personas que en nuestra propia tierra son objeto de trata, así como las que se ven abocadas a situaciones de prostitución, en su mayoría mujeres, y que constituyen la nueva esclavitud del s. XXI. 3. TRANSFORMADO EN CRISTO GLOBALICEMOS LA MISERICORDIA Ante los planteamientos culturales y sociales del momento presente, que generan tanta marginación y sufrimiento, estamos llamados a dejarnos afectar por la realidad y por la situación social que sufren nuestros hermanos más débiles y necesitados. Es urgente romper el círculo que nos aísla llevándonos a un individualismo que hace difícil el desarrollo del amor y la misericordia en nuestro corazón. Como nos recuerda Jesucristo, la salvación y la realización personal y comunitaria pasan por el riesgo de la entrega: «El que quiera ganar su vida la perderá y el que esté dispuesto a perderla la ganará» (Mc 8,35). LA CLAVE PARA SALIR DE LA INDIFERENCIA ESTÁ EN ENTREGARSE A LOS DEMÁS COMO LO HACE JESÚS. ÉL SIGUE PARTIENDO SU CUERPO Y DERRAMANDO SU SANGRE EN LA EUCARISTÍA PARA QUE NADIE PASE HAMBRE NI TENGA SED. COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL SOCIAL
  • 6.
    EL SEÑOR MEDIO HERMANOS: BEATO RAIMUNDO LLULL TERCIARIO FRANCISCANO Y MÁRTIR. Raimundo nació en Mallorca en 1232 o 1233, de joven fue paje en la corte del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), que lo hizo preceptor de su hijo. Durante estos años en la corte, llevó una vida mundana, y de gran ostentación, teniendo varios amoríos con doncellas y alguna casada. En esta época compuso canciones de amor, picarescas y divertidas. Sobre los 30 años su espíritu comenzó a cambiar, tuvo varias revelaciones de Cristo, que le impulsaron a cambiar de vida, desposeerse de todos sus bienes y dejar a su familia, para ser predicador de la misericordia divina. Aprendió árabe para predicar a los moros, luego se retiró a una cueva, donde vivió entregado a la meditación y la penitencia. En el monasterio cisterciense de La Real, aprendió latín y filosofía. Construyó un monasterio para adiestrar misioneros y cristianizar a los árabes. Intentó convencer al papa Nicolás IV para emprender una nueva Cruzada, pero este se negó, por lo que Raimundo comenzó su predicación por Alemania, Francia, Italia, Tierra Santa, el Magreb, buscando convertir a los musulmanes y judíos, por lo que no dudaba en predicar en las puertas de las mezquitas y sinagogas. Esto provocó que en el norte de África estuvo a punto de ser lapidado. Viajó a Roma a presentar su proyecto de reforma de la Iglesia, que pasaba por una Cruzada definitiva de conversión de musulmanes y judíos, pero de nuevo fue rechazado. Ante esto, decide ingresar en la Tercera Orden Franciscana. Participó en el concilio de Vienne, y se supone que defendió la inocencia de los Templarios, que serían disueltos allí, pero no se tiene constancia de ello. Se estima que fue así por su proyecto de la Gran Cruzada y porque conocía del valor de los Templarios. Allí se aceptó su propuesta de crear colegios para enseñar a los misioneros las lenguas orientales fue aceptada, mientras que la de marchar a una nueva cruzada fue rechazada (que insistente, no?). Luego viajó a Túnez para continuar su misión. Murió el 29 de junio de 1325, martirizado por unos musulmanes. Su cuerpo se venera en el convento de San Francisco de Mallorca. Fue beatificado en Toledo, en el siglo XVI, como mártir, pero su canonización quedó truncada, por sospechas sobre la ortodoxia de su obra, aun así Juan Pablo II confirmó su beatificación, junto a la de otros beatificados por equivalencia, como el Beato Fra Angélico (18 de febrero) o el ya santo San Junípero Serra (28 de agosto). Escribió sobre filosofía, teología, alquimia, lógica, física, arte, cábalas, ciencias; baste decir que habló de la gravedad 301 años antes que Newton. Su obra está casi toda en catalán, árabe y latín, aunque conocía el griego y el hebreo también. Es considerado un gran pensador en los campos espiritual y literario de la Edad Media. Es conocido con los apodos de "El Árabe Cristiano", "Doctor Inspirado" o "Doctor Iluminado". En el año 2001 fue proclamado patrono de los informáticos. Fue elegido por su método lógico aplicado a la filosofía y la alquimia. Además, trabajó, desarrolló el cálculo mecánico, la inteligencia artificial, los sistemas generativos, los grafos, las redes semánticas y los diagramas de Venn.
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  • 8.
    INSTRUMENTO DE TUPAZ NUNCA INDIFERENTES DERRIBANDO LOS MUROS DE LA INDIFERENCIA «ANTE UNA CULTURA DE LA INDIFERENCIA, QUE CON FRECUENCIA TERMINA POR SER DESPIADADA, NUESTRO ESTILO DE VIDA HA DE ESTAR LLENO DE PIEDAD, DE EMPATÍA, DE COMPASIÓN, DE MISERICORDIA, QUE EXTRAEMOS CADA DÍA DEL POZO DE LA ORACIÓN» El más grande pecado de la sociedad de nuestro tiempo, y de muchos de nosotros a nivel personal, es, sin duda, la indiferencia, que nace de nuestro egoísmo; del egoísmo que nos lleva a pensar que lo único que vale la pena es vivir para nosotros mismos, para conseguir lo que deseamos, lo que nos parece importante, lo que nos coloca por encima de los demás, lo que nos distingue del común de la gente, lo que nos acredita como los mejores en cualquier cosa que sea. Indiferencia frente a Dios, a quien pretendemos sacar de nuestra vida, como si no existiera, porque su presencia nos estorba, pues es exigente y nos señala un camino para seguir.
  • 9.
    Indiferencia frente alos demás hombres y mujeres que pueblan el mundo, particularmente hacia los más pobres, porque sus necesidades y su sufrimiento nos cuestionan, y cuestionan nuestra manera de ser y de actuar. La indiferencia nos vuelve ciegos, sordos, mudos y paralíticos, sin que nos demos cuenta de ello. La indiferencia endurece nuestro corazón y nuestras entrañas, y poco a poco va convirtiéndonos en máquinas de producir dinero, triunfos profesionales, honores sociales, al costo que sea. La indiferencia nos quita lo que tenemos de humanos, que es a la vez, lo que no hace parecernos a Dios, de quien, creámoslo o no, aceptémoslo o no, nos guste o no, somos criaturas. La indiferencia nos hace volvernos cada vez más sobre nosotros mismos, y al hacerlo, va empequeñeciéndonos hasta que nos hace irreconocibles aún para nuestros familiares y amigos más cercanos. Jesús, en cambio, nos invita a ser sensibles. A enriquecer nuestra personalidad con el amor por los demás. A llenar nuestra vida de sentido, acogiendo en nuestro corazón la fe y la esperanza, que proyectan nuestro ser y nuestra vida a la eternidad. A buscar en todo lo que hacemos, decimos y pensamos, el bien para nosotros mismos y para los demás. Jesús nos invita a ser sencillos y humildes. A pensar en los otros antes que en nosotros mismos. A desear ser cada día mejores personas: a servir con mayor empeño a quienes viven a nuestro lado, a compartir lo que somos y lo que tenemos en el plano material y en el plano espiritual, con quienes nos rodean, a crecer intelectual y espiritualmente cuanto nos sea posible. Jesús nos invita a poner a Dios en el centro de nuestra vida, con la certeza de que al hacerlo, no estamos volviéndonos retrógrados o cerrados, como mucha gente piensa, sino, por el contrario, elevándonos por encima de nuestras limitaciones y nuestras carencias, propias de nuestro ser de criaturas, y realizando lo que Él quiso al crearnos a su imagen y semejanza.
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  • 11.
    OREMOS HERMANOS Canción: ““Cánticodel hermano sol”” Autor:“FRANCISCO DE ASÍS” Disco: “Naufragio con espectador”. Oración.- Leer despacio y en voz alta Heme aquí, Señor, envíame. No te olvides de tu pueblo, derrama en él tu compasión. Quiebra el brazo del impío, si menosprecia tu perdón. Da atención a los deseos de los humildes. Al gemido de los pobres, siempre haces tuyo su dolor. Pon tu luz en mi camino, protégeme del tentador. Da buen fin a mi destino, realiza en mí tu salvación. Y en los momentos de flaqueza, haz que recuerde tu infinito amor Que me lleve por tu senda, para entregarte el corazón. Lecturas Bíblicas.- Leer y medita Sal 23 (22); Mt 5, 1-12; 1Pe 3, 13-17 Reflexión (Carlos de Foucauld) Si alguien me preguntara cuál es mi misión en la vida, yo le contestaría sencillamente: ser bueno. No hacer esto o lo otro o lo de más allá, no. Sólo ser bueno PAZ Y BIEN.