El documento discute cómo revertir el deterioro de la relación entre el gobierno y los ciudadanos a través de la educación para la ciudadanía. Señala que la educación tiene un impacto positivo en las creencias democráticas y que los programas escolares deben promover actitudes, habilidades y conductas cívicas, no solo conocimientos. Menciona ejemplos efectivos como debates interescolares, programas de colaboración comunitaria y simulaciones de la ONU.