Fernando Rielo propone que la apertura del cuerpo al espíritu es esencial para la unidad del ser humano, sugiriendo que el alma es el principio vital que da vida y cohesión a la naturaleza humana. Rechaza el reduccionismo, afirmando que el cerebro, aunque central para la actividad consciente, no agota la realidad del alma y el espíritu. La distinción entre alma y espíritu es crucial, siendo el espíritu el componente unificador y comunicante del individuo.