La expansión del islam, entre 630 y 750, se caracterizó por conquistas militares que abarcaron desde Hispania hasta el río Indo, facilitadas por la debilidad de los imperios conquistados y la cohesión interna de los árabes. Este proceso tuvo fases específicas y llevó a consecuencias culturales, religiosas y económicas significativas, como el surgimiento de una gran civilización y la ruptura de la unidad cultural del Mediterráneo. Además, Europa vio un retroceso del cristianismo y la pérdida de acceso a rutas comerciales clave.