Nietzsche sostiene que el lenguaje surge de un proceso de metaforización que oculta la realidad original. La verdad no es una esencia objetiva, sino una construcción arbitraria a través del lenguaje que divide el mundo en oposiciones como verdad/mentira y bien/mal para dominar el miedo a la libertad. El impulso hacia la verdad a través de conceptos no permite alcanzarla, por lo que lo más importante es ser feliz.