El ozono, descubierto en 1783 y aplicado en la medicina desde la Primera Guerra Mundial, se ha reconocido como un poderoso agente desinfectante y terapéutico. Su capacidad para eliminar microorganismos y toxinas lo hace indispensable en ambientes públicos, la conservación de alimentos y en la atención médica. Además, su uso se propone para mejorar la calidad del aire y la limpieza en diversas actividades comerciales y sanitarias.