El documento describe cómo la fe y la obediencia van de la mano. La fe comienza como un don de Dios y un acto de gracia que transforma a la persona. Vivir la fe requiere seguir a Cristo y permanecer con él, como lo hicieron María, los apóstoles y los mártires. A través de la fe, muchas personas han consagrado sus vidas a Dios a través de la obediencia, la pobreza y la castidad.