El documento detalla la historia de la adoración eucarística desde los inicios del cristianismo, enfatizando la importancia de la eucaristía como el centro de la vida de la Iglesia y su devoción. A lo largo de los siglos, se han establecido prácticas de adoración, reservas y festividades, como el Corpus Christi, en respuesta a desafíos teológicos y la necesidad de proteger la fe en la presencia real de Cristo. El Concilio de Trento marcó un hito en la definición de la eucaristía, consolidando la adoración y promoviendo prácticas como la adoración perpetua y las procesiones con el Santísimo Sacramento.