El documento explora la evolución de la historiografía en el siglo XIX y principios del XX, destacando las críticas de filósofos al positivismo y historicismo dominantes. Se analizan aportaciones de pensadores como Ranke, Spengler y Toynbee, quienes sugirieron enfoques alternativos a la historia como una narrativa objetiva, proponiendo interpretaciones más subjetivas y creativas. Las críticas condujeron a una concepción de la historia menos universitaria, integrando elementos culturales y trascendentales en el análisis histórico.