Pilato ordena que azoten a Jesús aunque es inocente, para complacer a los líderes judíos y evitar crucificarlo. Jesús sufre este castigo para reparar nuestros pecados y obedecer al Padre, enseñándonos a ganar la vida nueva a través de la obediencia a Dios y su Espíritu en lugar de los deseos de la carne.