La formación es crucial para el desarrollo y el crecimiento tanto personal como organizacional, especialmente en tiempos de crisis. Los directivos que descuidan su formación y la de su equipo corren el riesgo de volverse prescindibles y perjudicar la innovación y el éxito de la empresa. Una formación de calidad permite a los profesionales no solo mejorar sus habilidades, sino también aportar valor y asegurar el crecimiento sostenido de la organización.