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APRENDER A SER
El niño llega al mundo para ser libre y feliz
Desde que nace, el pequeño cuenta con el impulso natural de crecer como persona, de realizar
lo que verdaderamente es y de vivir una existencia útil, generosa, responsable y significativa.
Desde muy pronto se inicia su camino hacia la libertad
El pequeño va descubriendo qué es el mundo, quién es él, qué quiere hacer, dónde está su
lugar y cuáles son sus valores. Esos descubrimientos le darán un pensamiento y un juicio
propios, que le permitirán decidir por sí mismo lo que debe hacer en las diferentes circunstancias
de su vida y le darán un sentido de pertenencia y compromiso con su familia, con su comunidad,
con su país y con la especie humana.
Este desarrollo completo y armonioso del niño se logra gracias al apoyo y amor de
los padres
En nosotros recae la responsabilidad y el gran privilegio de cuidar su cuerpo, su inteligencia
y su sensibilidad. Nosotros somos los encargados de favorecer sus primeros contactos con el
conocimiento, la belleza y la espiritualidad; de enseñarlo a relacionarse solidariamente y a
superar las adversidades; de llevarlo de la mano hasta que sea independiente.
Cada niño es único y valioso
Los padres hemos de observar, aceptar, respetar y apreciar su manera especial de ser, sus
cualidades y limitaciones, sus gustos, necesidades y deseos; darle la libertad de pensar, sentir,
jugar y fantasear para que sus capacidades alcancen la plenitud.
El niño tiene el derecho de ser aceptado por los que lo rodean, de experimentar el gozo de ser
él mismo; tiene el derecho de desplegar toda la riqueza de su ser, de expresarla y ofrecerla a
los demás.
Un mundo en constante cambio necesita la contribución de cada uno de sus habitantes
El progreso de las sociedades se basa en la diversidad de sus miembros, en que cada uno
aporte sus ideas, sus sentimientos, sus sueños y su esfuerzo. Para ello, es indispensable cultivar
y fortalecer la autoestima y la autonomía de las personas, sean niños o adultos; esforzarnos
para que el entusiasmo, el trabajo, la imaginación, la creatividad y los sueños de todos
transformen el planeta en un mejor sitio para vivir.
Guía de Padres
Autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos
Una autoestima alta nos hace estar satisfechos de lo que somos. Es una combinación de
confianza, respeto y aprecio por nosotros mismos.
Una persona con autoestima alta está convencida de que tiene algo que ofrecer a los
demás, que lo que hace es importante y que es capaz de lograr lo que se propone
Se siente responsable y hábil, trata de hacer las cosas lo mejor posible, pero no busca la
perfección ni necesita la aprobación de otros. Si se equivoca o vive circunstancias difíciles, se
mantiene firme y centrada en su objetivo. Su constancia le hace crecer y progresar.
La persona con una autoestima débil, en cambio, cree que no es valiosa
Suele sentirse deprimida y triste con su vida, deja pasar las oportunidades pues cree que no
las merece o que no puede con ellas, no tiene la fuerza necesaria para luchar por sus sueños,
no confía en que puede tomar decisiones para cambiar y se resigna sin esperanza.
Una persona con baja autoestima a veces trata de impresionar a los demás para esconder su
falta de confianza; incluso puede comportarse
de manera agresiva para compensar su
inseguridad.
Los primeros años de vida son los más
importantes en el desarrollo de la
autoestima
La formación de la personalidad del niño está
íntimamente relacionada con la imagen que
él se forme de sí mismo. Esta imagen depende
de lo que percibe que los demás piensan de
él y de lo que logra hacer por él mismo.
Por lo tanto, los padres tenemos a nuestro
alcance dos recursos para fomentar la
autoestima de nuestro hijo. El primero es
cuidar la forma en que valoramos al niño, las
expresiones y las palabras que utilizamos para
referirnos a él, y el segundo es darle
oportunidades de probarse y superar retos
por sí mismo, de apoyarlo sin sobreprotegerlo.
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I. El cuidado de la autoestima
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Cultivar una idea positiva de nosotros mismos beneficia enormemente a
nuestra familia. Aceptarnos, apreciarnos, felicitarnos cuando logramos algo
bien hecho nos vuelve más capaces de fortalecer nuestra seguridad y la de
nuestros hijos.
Tome una hoja de papel y anote seis cualidades que aprecia en usted. ¿Cuáles
de esas cualidades hacen de usted una persona especial? ¿Qué es lo que
usted puede ofrecer a otros? Sea sincero, es un texto sólo para usted.
Anote seis cualidades de su hijo que usted aprecie. ¿En qué es único su hijo
para usted? ¿Qué es lo que su hijo da a la familia en forma especial? A su
hijo le hace mucho bien el reconocimiento que usted le da.
El niño construye su autoestima a través de lo que percibe
Guía de Padres
El niño absorbe, de manera muy profunda, las
descripciones que hacemos de su carácter y habilidades
Nuestras palabras deciden, en un alto grado, la clase de
persona que llegará a ser. Si le decimos: “Eres un tonto, un
flojo, un antipático”, el niño se comportará de acuerdo con
esos atributos y crecerá pensando que no vale nada. Los
calificativos, las burlas o los apodos deforman la autoimagen
del niño, lo desconciertan, lo avergüenzan y lo lastiman.
Incluso los elogios afectan la seguridad del niño
Aunque el elogio parece positivo, afecta de manera desfavorable
su autoestima. El niño que se acostumbra al elogio, acaba
por necesitarlo ante cualquier esfuerzo que realice, por
pequeño que sea; su satisfacción dependerá de las opiniones
ajenas y no será capaz de apreciar por sí mismo su valía ni
de tener un juicio propio acerca de lo que realiza.
Existe una gran diferencia entre estímulo y elogio
El elogio se enfoca en la persona. Es decirle al niño: “Eres
el mejor niño del mundo, eres tan inteligente, tan bueno, tan
amable”. O: “Te quiero mucho por haber comido toda la sopa”.
El niño duda: ¿Qué pasará cuando me porte mal, cuando no
entienda algo difícil o cuando esté de malas? ¿Me querrán
mis papás cuando no tenga hambre?
En cambio, el estímulo no se dirige al niño ni a su carácter
o cualidades sino a sus acciones, a las tareas que lleva a
cabo y a su satisfacción por realizarlas.
El elogio califica al niño y le pone condiciones: “Eres estupendo
porque haces esto”. El estímulo aprecia sus acciones y lo
anima, pero no lo juzga: “Es estupendo que hagas esto. Te
felicito”.
La diferencia es sutil pero muy importante.
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La niña absorbe las descripciones que hacemos de sus habilidades
“Hoy te vestiste más rápido que ayer”
Somos los modelos que el niño trata de imitar
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sus primeros pasos, subir una escalera o poner la pieza del
rompecabezas, aumenta la confianza en sus capacidades.
Dejemos que sea de él el gusto y no exageremos en nuestro
entusiasmo para aplaudirlo. Simplemente podemos decir: “Y
lo hiciste tú solito. Felicidades”. Entre más obstáculos haya
vencido, más fuerte será y más capacidad adquirirá.
Es difícil para los padres no intervenir y dejar que
nuestro niño falle y se frustre antes de lograr lo que
desea
Si estamos ansiosos por ayudarle, si tratamos de enseñarle
cada detalle en vez de dejar que él lo descubra, le quitamos
parte del triunfo.
Nuestra responsabilidad y privilegio es acompañarlo, apoyarlo
sin sobreprotegerlo; estar presentes sin hacer las cosas por
él; animarlo a confiar en sus ideas y a enfrentar las dificultades.
Nuestra propia autoestima es el mejor recurso para lograr
todo esto.
Para ayudar a nuestro hijo a construir una autoestima
alta es indispensable trabajar en nuestra propia
valoración
A ninguna edad hay que dar por sentada la autoestima. Las
críticas y reveses (como las dificultades económicas, los
problemas en las relaciones, las pérdidas o enfermedades)
la ponen en riesgo. Por eso es necesario que revisemos con
frecuencia la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que
la modifiquemos si no nos satisface y que nos arriesguemos
a luchar por lo que en verdad anhelamos. Cultivar nuestra
autoestima le hará un enorme bien a toda la familia.
Para estimular al niño, basta describir su conducta y
demostrarle lo satisfechos o agradecidos que estamos
por ella
“Qué ordenados tienes tus juguetes. Así podrás encontrarlos
cuando quieras usarlos. Te felicito”. “Gracias por ayudarme
a levantar la mesa. Así acabaremos más rápido y podremos
jugar juntos durante más tiempo”. “Qué bien jugaron tu
amiguita y tú. No se pelearon en toda la tarde y tú le prestaste
la pelota. Te debes sentir contenta”.
El niño, o la niña, entonces piensa: “Mis papás aprecian lo que
hago”. Como nos referimos a sus acciones, sus ideas o su
esfuerzo, sin cuestionar su valor personal, él tampoco lo pone
en duda y no teme equivocarse. Los errores le sirven para
aprender, sabe que puede volver a intentarlo.
Estimular a nuestro hijo no significa negar sus fallas
El niño pierde el respeto por la opinión de quien no sabe
distinguir algo bien hecho de un trabajo descuidado o
defectuoso. Él tiene bien claro qué tanto se esforzó y cuál
fue el resultado. Sin ocultar sus errores, podemos hacerle
apreciar lo que sí funcionó y reconocer los aspectos positivos:
“Hoy te vestiste más rápido que ayer.” “Pusiste dos ruedas
a tu carro, sólo faltan las otras dos”. “Agradezco tu esfuerzo por
ayudar”. “Te felicito porque tu lápiz está en su estuche y tu ropa
en el cajón. Ya sólo falta guardar tus juguetes y tu goma”.
Cada vez que el pequeño intenta y consigue algo solo,
su confianza se fortalece
El niño necesita experimentar el logro para obtener la seguridad
que lo hará aceptar situaciones en las que no necesariamente
tenga éxito. Cuando consigue hacer ruido con la sonaja, dar
Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la
familia
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Déjelo probar y descubrir cómo resolver problemasDemuestre su afecto y respeto
Motívelo a superar obstáculos
Hágale apreciar lo que hizo bienPruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Revise lo que piensa y lo que dice de su hijo.
No etiquete a su hijo: “Eres un miedoso, eres egoísta”.
Los niños tienden a actuar de acuerdo con lo que
esperamos de ellos.
Aprecie los aspectos positivos de su hijo.
Reconozca sus logros, pero no le mienta sobre sus
errores.
Déjelo probar, equivocarse y descubrir cómo resolver
los problemas y lograr lo que desea.
Motívelo a superar obstáculos y a realizar mayores
esfuerzos, siempre dentro de sus posibilidades.
Nutra y cuide su propia autoestima.
Alcanzar la autonomía significa ser capaz de pensar, decidir y actuar por uno mismo
La autonomía consiste en hacernos cargo de nuestra vida, actuar según nuestros valores y
convicciones; es lo contrario a dejarnos gobernar por los demás.
Autonomía no significa hacer lo que queramos en el momento en que se nos antoje
Autonomía también es ser responsables, tomar en cuenta las consecuencias de nuestras
acciones, no echar la culpa a otros de lo que nos pasa. Es reconocer nuestras necesidades y
nuestros deseos, pero también considerar las necesidades y los puntos de vista de las personas
afectadas por nuestra conducta.
La autonomía no puede estar separada del respeto y la consideración a los demás
El niño pequeño no es capaz de entender que sus actos afectan a otras personas. Todavía no
puede controlar sus impulsos, así que necesita ciertos límites que lo hagan sentir seguro. Es
indispensable nuestra autoridad para ayudarlo a conseguir el equilibrio entre su libertad y su
responsabilidad, y la claridad para escoger entre varias opciones sin exponerse ni hacer daño
a otros.
A medida que crezca, irá dándose cuenta de que se siente mejor y sus relaciones son más
satisfactorias si, además de cuidarse a sí mismo, toma en cuenta y respeta los derechos de
los demás. Este proceso no es fácil para él. Sólo nuestro cariño, paciencia y comprensión le
harán sentir que vale la pena.
El desarrollo de la autonomía es un largo proceso que se da junto con la evolución
de todos los demás aspectos de la vida
Para ser autónomo es indispensable ser independiente en cierta medida. El niño tiene un impulso
natural a resolver las cosas por su cuenta: comer solo, vestirse, bañarse, ponerse los zapatos.
Buscar su independencia es una tendencia
sana y poderosa que lo acercará al logro de
la autonomía.
El niño ha de empezar muy temprano a
ensayar pequeñas decisiones para
después tomar las que serán realmente
importantes
El niño necesita aprender a reconocer qué es
en verdad lo que quiere y no sólo lo que otros
esperan que haga. Pero también necesita
aprender cuándo es posible obtener lo que
desea y cuándo tiene que esperar o renunciar;
en qué situaciones puede decidir y cuándo
debe obedecer.
A medida que crece y se vuelve más capaz,
podremos dejarlo tomar más decisiones y
ofrecerle un mayor número de posibilidades
para elegir. Es bueno que él vaya asumiendo
riesgos en cuestiones que no implican un
peligro para él o para los demás; que sepa
que cada vez que elige se produce una
consecuencia que él tendrá que asumir.
Podemos guiarlo para tomar decisiones
adecuadas, pero tenemos que dejarlo elegir.
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Se considera usted una persona independiente? ¿En qué es independiente?
¿Qué es lo que limita su independencia?
¿Qué significa para usted la autonomía? Describa sus tres principales deseos
en la vida. ¿Qué está haciendo para que se hagan realidad?
Tratar de conseguir la independencia es una tendencia sana
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Guía de Padres
II. El camino hacia la libertad
Posiblemente nuestro hijo, en el proceso de buscar la
autonomía, no muestre las características de un niño
modelo
¡Qué bueno! Un niño modelo no siempre es feliz ni tampoco
sabe distinguir entre lo que él piensa y desea de lo que le
imponen otros. Un niño que hace siempre lo que esperamos
de él quizá se sienta intimidado, atemorizado, y no viva la
infancia con plenitud.
Los niños no siempre son limpios, discretos y respetuosos;
a veces se rebelan y desobedecen a los adultos, manifiestan
conductas inadecuadas o molestan a sus hermanos. Todo
esto es natural.
Para que el niño aprenda lo que es mejor para él y para los que
le rodean, necesita probar distintas conductas, comprender
que algunas serán aceptadas y en otras verá que sus padres
intervenimos para corregirlo. Poco a poco, con nuestra ayuda
respetuosa, aprenderá a reconocer y elegir los compor-
tamientos que lo harán sentir más feliz y satisfecho.
Uno de los objetivos principales de la educación es la
autonomía, y nuestro papel como padres es guiar al
niño para que logre alcanzarla plenamente
El pequeño está iniciando apenas su camino hacia la libertad.
En este viaje, va a ir descubriendo quién es él, hacia dónde
va, qué quiere lograr y cuáles son los valores que le servirán
de guía.
Quizá el niño se equivoque muchas veces, tal vez se sienta
confundido y temeroso o tenga que enfrentar el dolor y la
frustración. Los padres no podemos ni debemos protegerlo
de las durezas y dificultades inevitables del crecimiento, pero
sí debemos darle las herramientas para resistirlas y superarlas.
Si le permitimos y lo animamos a luchar por sus anhelos, irá
ganando, a cada paso, satisfacciones, alegría, afectos,
conciencia y autonomía.
Nosotros podemos ser sus acompañantes gozosos en la
conquista de su libertad.
Tenemos que dejarlo elegir
Los niños a veces se rebelan y
desobedecen a los adultos
La pequeña va a ir descubriendo qué quiere lograr
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97
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
No haga por su hijo lo que él ya puede hacer.
Ayude a su niño a tomar en cuenta sus necesidades pero
también las de los demás.
Guíelo, pero deje que tome sus propias decisiones en
asuntos que no lo pongan en peligro.
Enseñe al pequeño a ser libre, pero también responsable.
No exija a su niño un comportamiento modelo. Déjelo
probar distintas conductas para que él descubra cuáles
son las que lo hacen sentir más satisfecho.
Piense en el futuro de su hijo. Prepárelo para la autonomía
no para la sumisión o el servilismo.
Enséñelo a asumir las consecuencias de sus actos y a
aprender de sus errores.
No haga por su hijo lo que él ya puede hacer
Ayúdele a tomar en cuenta las necesidades
de los demás
Guíela, pero deje que tome sus decisiones
Prepárelo para la autonomía
Los valores constituyen una guía que da sentido a la vida
Establecemos nuestros valores a partir de nuestra idea de lo que es el ser humano.
Una persona que piensa que el hombre es un ser orientado al compromiso y al amor no tendrá
los valores de alguien que piense que el hombre debe buscar su propio beneficio a costa de
los demás.
Quizá no estemos conscientes de nuestra idea personal de ser humano o no la hemos puesto
en palabras, pero existe en nosotros, da origen a nuestros valores y se manifiesta en nuestro
comportamiento y relaciones. Vale la pena reflexionar y tratar de precisarla.
Cada persona es única y es responsable de definir sus propios valores
Nadie puede hacerlo por ella. Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer.
Existen valores o principios universales que se han vivido en distintas épocas y culturas, y que
nos sirven como orientación para tomar decisiones. El amor, la verdad, la valentía, la bondad,
la responsabilidad y la amistad, son algunos de ellos.
Lo que cada uno tenemos que descubrir por nuestra cuenta es cómo aplicarlos en las circunstancias
concretas en las cuales vivimos y qué orden de importancia hemos de darles en cada situación.
Hacer conscientes nuestros verdaderos valores es un paso indispensable para educar
éticamente a nuestros hijos
Tenemos que revisar a fondo qué es verdaderamente valioso para nosotros y reconocerlo en
la manera en que vivimos las experiencias de todos los días. Los valores se conocen por las
acciones.
El niño pequeño aprende los valores observando cómo se comportan las personas a su alrededor.
Durante los primeros años de nuestro hijo, su educación ética consiste fundamentalmente en
tener claros nuestros valores, vivirlos con sinceridad, y mostrarle cómo decidimos y nos
responsabilizamos por nuestras decisiones.
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III. Los padres y los valores
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los valores son nuestra guía para actuar y para relacionarnos con los demás.
Los valores se ordenan según la importancia que demos a cada uno de ellos.
De esta forma, cuando parece darse un conflicto entre dos valores, es posible
hacer una elección y decidir lo mejor en cada circunstancia.
¿Cuáles son los valores esenciales para usted? Escriba un valor en cada
tarjeta. Por ejemplo: sinceridad, amor, generosidad, riqueza, libertad.
Acomódelos por orden de importancia. Separe los tres primeros, los que
sean fundamentales para usted. Anote dos acciones que haya realizado y
que expresen cada uno de esos tres valores.
Por ejemplo, si para usted la honestidad es un valor, escriba:
“El vendedor se equivocó al darme el cambio y me regresó dinero de más.
Yo me di cuenta y se lo devolví”.
“La maestra creyó que yo había regalado el libro para la biblioteca del salón.
Yo aclaré que lo habíamos comprado entre tres personas y mencioné sus
nombres”.
Pida a su pareja o a cualquier otra persona que colabore con usted en la
educación de su hijo que realice el mismo ejercicio.
Compartan sus valores principales. ¿Son parecidos? ¿Son los valores con
que están educando al niño?
Guía de Padres
Por eso es tan importante ser congruentes
entre lo que pensamos, lo que decimos y lo
que hacemos.
Algunas veces, los valores que
defendemos con palabras no son los
mismos que expresamos con nuestra
conducta
Decir "no pegues" pegando es dar mensajes
contradictorios.
El niño es muy sensible a las inconsistencias,
se desconcierta, se enoja, y más tarde puede
perder confianza y respeto por lo que
intentemos enseñarle.
Nuestro hijo aprende a actuar y a tratar a
los demás como nos ve actuar y como lo
tratamos.
Los niños pequeños son imitadores.
Gracias a eso, los padres tenemos a
nuestra disposición una poderosa
herramienta para comunicarles nuestros
valores
Podemos convertirnos conscientemente en
modelos de los comportamientos, hábitos y actitudes que
deseamos que nuestro hijo adopte.
El niño se identifica con sus padres, es decir, quiere ser como
ellos. No es que diga: “voy a ser como mi papá (o mi mamá),
voy a portarme igual que ellos”. No. Lo que sucede es que,
sin darse cuenta, va haciendo suyos los valores que observa.
Si lo hemos tratado con cariño, respeto y comprensión, su
comportamiento se va ajustando de manera natural al cariño,
el respeto y la comprensión. Si para nosotros es importante
realizar un proyecto que sirva a otros, si somos constantes
y no nos rendimos ante las primeras dificultades, es muy
probable que nuestro hijo adopte como valores la solidaridad
y la constancia.
Además de imitarnos, el niño dirige su conducta hacia
lo que los padres valoramos porque quiere nuestro
amor y nuestra aprobación
Sus esfuerzos por agradarnos son un primer paso en el
desarrollo de su capacidad de juzgar y decidir. Falta todavía
un largo camino para llegar a la autonomía, pero por el
momento, el niño está listo para aprender qué es lo que
consideramos valioso.
Muchas veces, el niño se adapta a nuestros valores y disfruta
dándonos gusto, pero en ciertas ocasiones necesita ensayar
diferentes conductas.
La rebeldía es otra manera de descubrir los valores
El desarrollo ético de un niño es mucho más complejo que
una simple lista aprendida de memoria de lo que se debe
hacer y lo que no se debe hacer.
El niño también prueba, mide, reta, quiere saber qué pasa
cuando desobedece o cuando se comporta de manera distinta
a la que se acostumbra en casa.
La rebeldía es un intento normal de investigar quién es él,
cuál es su lugar, cómo debe convivir con los demás; es una
forma de ir teniendo claros los verdaderos valores de la
familia. El niño aprende con más profundidad y eficacia si los
ha descubierto por sí mismo, incluso actuando en contra de
ellos.
Aunque el ejemplo es la manera más eficiente de
enseñar a los niños, no es la única
Los niños también necesitan que les marquemos límites
precisos y que los orientemos con claridad y firmeza. Necesitan
límites, disciplina y reconocer a la autoridad.
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El niño quiere saber qué pasa cuando desobedece
100
Procure ser congruente en sus palabras y acciones
Sea un modelo de los hábitos que desea
que su hija adopte
Entienda la rebeldía de su niñoNo imponga sus órdenes
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Defina su idea personal de ser humano y cuáles valores
se desprenden de esa idea.
Investigue a través de conversaciones y lecturas cuáles
son los valores o principios universales.
Piense cuáles de esos valores ha adoptado usted y cómo
los aplica en las circunstancias concretas de su vida.
Reflexione sobre el orden de importancia que da a sus
valores. Esto lo ayudará a decidir cuando tenga la impresión
de que dos valores están en conflicto.
Procure ser lo más congruente posible en sus pensamientos,
palabras y acciones.
Trate a su hijo como quiere que él trate a los demás.
Sea un modelo consciente de los comportamientos, hábitos
y actitudes que desea que su hijo adopte.
Entienda la rebeldía de su niño. Es otra manera que él
tiene de descubrir valores.
La palabra disciplina viene de discípulo: el que aprende de un maestro
Esencialmente la disciplina es una forma de aprender del niño —y una manera de enseñar de
los padres— las conductas más productivas y satisfactorias para él y para las personas que le
rodean. Disciplinar al niño quiere decir fijar límites a su conducta y establecer reglas de
convivencia.
La disciplina es un proyecto de enseñanza a largo plazo. Durante los años que van desde la
infancia hasta la adolescencia, el niño necesita la autoridad, el amor y el ejemplo de sus padres
para orientarse en su camino hacia la autonomía.
La disciplina es una expresión de amor a nuestros hijos y una responsabilidad
fundamental de los padres
La disciplina es una expresión de amor porque supone un gran trabajo y control personal,
mantener la serenidad para guiar a nuestro hijo y resolver los conflictos sin agredirlo o faltarle
al respeto.
Es también una gran responsabilidad porque el niño todavía es incapaz de controlar sus impulsos,
y carece de un criterio suficientemente desarrollado para decidir y responder por las consecuencias
de sus actos en gran parte de las situaciones que se le presentan.
El niño necesita tiempo, madurez, libertad de experimentar y una buena guía para
construir su criterio y sus propias normas
En la medida en que el niño vaya dominando un mayor número de habilidades físicas, emocionales
e intelectuales, estará mejor preparado para decidir por sí mismo, pero mientras lo logra, son
indispensables ciertos límites acompañados de nuestro afecto, comprensión y apoyo.
Los límites y las reglas tienen la función de preservar la seguridad del niño y de evitar
que su conducta afecte de manera negativa a los demás
Los límites le dan confianza para actuar y para relacionarse socialmente pues le permiten
conocer lo que los demás aceptan y lo que no. Por eso, es necesario explicarle las normas y
sus razones de manera breve y sencilla, y comprobar si nos ha entendido bien.
El niño debe saber exactamente qué es lo que esperamos de él. Para eso, tenemos que ser
constantes y congruentes. Si los padres aplicamos la disciplina de acuerdo con los cambios de
nuestros estados de ánimo —a veces le permitimos hacer ciertas cosas, pero otras no—, el
niño sufrirá una gran inseguridad y mostrará rechazo y confusión.
El niño suele aceptar las reglas si son claras, justas y razonables
Si son arbitrarias, si sólo son ocurrencias o caprichos nuestros, le causan enojo, rebeldía y le
hacen perdernos respeto. No es sostenible hacer que obedezca “porque soy tu padre” o “porque
eres pequeño”.
Tampoco es razonable pedir que obedezca inmediatamente, que cierre el libro, o deje de jugar
o de ver televisión en el instante en que se lo ordenamos. A nadie le gusta ser interrumpido
cuando está haciendo algo interesante.
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los reglas que usted impone a su hijo son guías que lo orientarán para
encontrar, más adelante, sus propias normas en la vida. Es importante
pensarlas bien y aplicarlas de manera consistente.
¿Tiene usted claras las reglas que se aplican en su familia? Si comparte con
su pareja o con otra persona la educación de su hijo, ¿se han puesto de
acuerdo en los principios y los límites que le plantean? ¿Cuáles son? ¿Qué
métodos utilizan para disciplinarlo?
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Guía de Padres
IV. La disciplina. Una cara del amor
Si estamos enseñando al niño a ser
independiente y responsable, tenemos que
darle oportunidad de decidir, dentro de ciertos
márgenes, cuándo y cómo hacer las cosas:
“Cuando termine el programa”, “Cuando la
manecilla larga del reloj llegue al número tres”;
“Las papas sí, las zanahorias no”. Así, el
pequeño sentirá que respetamos su tiempo
y su autonomía y aprenderá a colaborar con
más gusto.
Los límites y las reglas deben indicar al
niño no sólo lo que no puede hacer, sino
sobre todo lo que sí puede
Si nos piden en este momento: “no piense
en un gato”, seguramente lo primero que
haremos es pensar en un gato. Lo mismo pasa
con el niño. En vez de que le pongamos
restricciones: “no toques, no pegues, no hagas
ruido”, es mejor que le demos otras
posibilidades de actuar.
Para el pequeño es más fácil realizar una acción
concreta que controlarse para dejar de hacer
algo. Es mucho más efectivo decirle lo que sí puede hacer:
“Dentro de la casa tratamos de caminar despacio”; “Nos
entendemos mejor si hablamos suave”; “La tierra es para las
macetas”; “Dame la mano para cruzar la calle.”
Procuremos dar a nuestro hijo muy pocas órdenes,
fijar algunas reglas esenciales y darle oportunidad de
actuar libremente en todo lo demás
Si gastamos la energía y la autoridad en asuntos que no
valen la pena, no tendremos la fuerza suficiente para lo
fundamental. El niño aprende mejor las reglas importantes
—como no tocar la estufa, salirse de la casa o asomarse por
la ventana— si no están mezcladas con un gran número de
prohibiciones.
Es más efectivo crear un ambiente seguro y quitar del alcance
del pequeño los objetos valiosos o peligrosos hasta que él
sepa cuidarlos, que vigilarlo y controlarlo constantemente.
Las cuestiones en las que el pequeño no afecta a otros ni se
pone en riesgo son oportunidades de aprender a decidir y a
observar las consecuencias de su conducta.
Un ambiente seguro, ordenado y estructurado en casa
es una gran ayuda para evitar conflictos, pero es mejor
aun si lo hacemos divertido e interesante
Los niños aburridos, los que no tienen estímulos atractivos
a su alrededor, son los que presentan más a menudo conductas
conflictivas. Conviene planear juegos entretenidos que inviten
al niño a investigar y a aprender. Cuanto más podamos
organizar el entorno del niño y proponerle actividades
diferentes, menos va a retarnos y a rebelarse, y más va a
poder decidir, inventar y actuar por su cuenta.
El fin último de los padres es desaparecer como autoridades,
abrir horizontes a nuestro hijo y dejar que se convierta en
el único dueño de su vida: un ser feliz, satisfecho y útil a los
demás.
102
Es más efectivo quitar los objetos valiosos que
controlarlo
Un ambiente seguro y estructurado es una
gran ayuda
Sea claro en el mensaje: “No le pegues a tu hermana porque
le duele”
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Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Marque a su hijo límites claros y congruentes.
Comente con él los límites para que los entienda y
comprenda el porqué de cada uno.
Sea claro en los mensajes que envía a su hijo. Por ejemplo,
muchas veces decimos: "No te portes mal" y eso para el
niño es algo muy vago; mejor dígale: "No le pegues a tu
hermana porque le duele”.
Cuando su niño haga algo inadecuado procure reflexionar
con él por qué sucedió, cómo entiende él la situación y
qué podrían hacer usted y él para solucionarla.
Recuerde que usted es un modelo para su niño.
Sea consistente. No puede tener usted un día un
comportamiento y al día siguiente prohibírselo a su hijo.
Si el niño utiliza su energía para probar hasta dónde puede
llegar en vez de emplearla en aprendizajes más creativos,
revise si los límites que le marca son claros y si es usted
firme para hacerlos respetar.
Cuando su hijo cometa actos de indisciplina converse con
él para que asuma su responsabilidad y piense qué pudo
haber hecho para evitar el error.
Sea congruente, usted es un modelo para su
niña
Sea claro en los mensajes que envía
Comente los límites para que los entienda
No puede tener usted un día un comportamiento
y al día siguiente prohibírselo
Cometemos dos tipos de equivocaciones al disciplinar a nuestro hijo
Consentirlo y dejarlo hacer lo que quiera, o exigirle un comportamiento maduro cuando aún
no está preparado son dos errores muy frecuentes. A veces pasamos de un extremo a otro, y
eso le puede causar más confusión al niño.
Algunos padres tenemos miedo de perder el amor de nuestro hijo si ejercemos la
autoridad
Tal vez no nos atrevemos a marcar límites porque no deseamos imponerle una educación tan
dura como la que nosotros recibimos.
Sin embargo, esto es hacer vivir al niño en un mundo irreal. Si nos doblegamos a sus caprichos
y él no tiene que responsabilizarse de su conducta ni considerar los sentimientos o necesidades
de los demás, no podrá aprender a ponerse de acuerdo ni a llegar a tratos justos; no sabrá
cómo relacionarse y se sentirá incapaz.
Ceder a los reclamos, gritos, llantos o ruegos del niño y cambiar nuestras decisiones para
satisfacer sus deseos lo tendrá contento por un rato, pero en el fondo nos perderá el respeto
y no se sentirá ni cuidado ni protegido.
El pequeño no sólo admite nuestra autoridad sino que la busca y la provoca. Cuando no encuentra
límites, se vuelve cada vez más desafiante: necesita probar hasta dónde le permitimos llegar.
Los padres muy exigentes tampoco favorecemos la autonomía y la seguridad de
nuestro hijo
Si somos muy duros con él, el niño vivirá con miedo e irá abandonando sus propios deseos
para obedecer a los demás. Podrá mostrarse
débil y dependiente, o agresivo y desafiante,
pero en los dos casos irá guardando
sentimientos tan destructivos para él como
la tristeza y el resentimiento.
¿Cómo encontrar el equilibrio al
disciplinar?
Hay que tomar en cuenta la personalidad de
nuestro hijo y saber que el niño es lo que
importa. La disciplina debe adaptarse a sus
características y no al revés.
Cada niño es único. Incluso en la misma
familia no podemos aplicar la misma disciplina
a niños diferentes. Un pequeño sensible y
frágil requiere menos fuerza que un niño
fuerte y activo; un niño con un mayor
desarrollo del lenguaje necesita más
explicaciones.
También es importante comprender el
momento por el que está pasando el niño y
observar si se siente cansado, enfermo,
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V. Cómo y cuándo disciplinar
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿A qué edad piensa que es necesario empezar a disciplinar al niño?
¿Cuándo es conveniente darle explicaciones?
¿Cómo debe ir modificándose la disciplina a medida que el niño crece?
¿Qué tipo de disciplina necesita su hijo? ¿Responde mejor si lo trata
con suavidad o requiere que le marque los límites con más firmeza?
Guía de Padres
Otra manera de desalentar las conductas negativas es ignorarlas
angustiado, triste o temeroso; si necesita más suavidad o
más firmeza; si ya superó una etapa y está iniciando la
siguiente, si ahora requiere reglas y hábitos más adecuados
a sus nuevas habilidades.
Para ser eficaz, la disciplina ha de ajustarse a la edad
del niño
Los padres tenemos que observar a nuestro hijo, calcular
qué puede lograr y qué no, y evitar exigirle algo para lo que
no está preparado. Es inútil pedir a un niño de esta edad que
se siente tranquilo y callado en una visita formal a su tía, o
que sepa todas las reglas de cortesía a los tres años.
Necesitamos saber qué podemos enseñarle en cada momento
de su desarrollo.
En los primeros ocho meses, el bebé no requiere
disciplina propiamente dicha
Lo que debemos hacer es ayudarlo a establecer las rutinas
de higiene, sueño y alimentación. El niño necesita aprender
a poner orden en sus hábitos y horarios, y eso lo logra más
con nuestros cuidados que con disciplina.
¿Cuándo empezar a disciplinar?
La primera vez que el niño acerca la mano a un objeto
prohibido o hace algo que sabe que no nos gusta y se asegura
de que lo estamos mirando, es claro que está pidiendo límites
y necesita que le ayudemos a controlarse. Es el momento de
aplicar la disciplina.
Este tipo de comportamientos coincide con el gateo, alrededor
de los ocho o nueve meses, y se intensifica cuando el pequeño
aprende a caminar. La independencia que adquiere al poder
moverse de un sitio a otro le produce una enorme satisfacción,
pero también le da miedo; quiere explorarlo todo, pero no
sabe hasta dónde llegar. Entonces se asusta y nos provoca
para que le marquemos las fronteras que él no tiene claras
todavía.
105
La rebeldía del niño pequeño es una
expresión sana de su crecimiento y una
forma de aprender a comportarse
Si comprendemos su proceso, será más
sencillo marcarle límites claros y hacerlo de
manera tranquila, sin enojarnos con él.
La disciplina que establezcamos ha de ser
directa y amorosa. Podríamos llamar su
atención hacia otra actividad interesante, y
si no resultara, quitarlo físicamente de donde
está, con firmeza y suavidad, pues hasta que
su lenguaje se desarrolle más ampliamente,
no es posible razonar con él.
A partir de los dos años, conviene
acompañar la disciplina con una
explicación
Cuando comienza una conducta negativa del
niño es necesario detenerla de inmediato:
cargarlo, sentarlo en una silla, llevarlo a otro
lugar hasta que se calme, sentarnos junto a
él unos minutos y después explicarle por qué
no aceptamos lo que hizo y por qué es
necesario que le ayudemos a controlarse.
El niño tiene que saber cómo afecta su comportamiento a
otros o a él mismo, y qué puede hacer para solucionar el
problema. “Te quiero mucho, pero no puedo permitir que
rompas los juguetes de tu hermana. ¿Qué vas a hacer ahora
para que ella no esté triste?”
Es fundamental distinguir claramente entre el rechazo de la
conducta errónea y la aceptación y amor a nuestro hijo.
Después de disciplinarlo, las caricias y abrazos nos hacen
mucho bien tanto al niño como a los padres.
Lo importante es que el niño se sienta cada vez más
seguro y capaz de tomar sus propias decisiones y de
convivir en armonía con otras personas.
El niño tiene que aprender a respetar las situaciones peligrosas
No siempre podrá convencerlo de lo que debe
hacer
106
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
En cada etapa del desarrollo del niño, ensaye formas
distintas de disciplinarlo.
No se preocupe por malcriar a su bebé. Antes de los ocho
meses no requiere disciplina, sólo orden y hábitos estables.
No renuncie a su autoridad. El niño necesita límites claros
y firmes.
Procure dar a su hijo muy pocas órdenes y limitarlas a
cuestiones importantes.
Si su hijo tiene dos años o más, es necesaria una explicación
breve del porqué de la disciplina.
Observe a su hijo. Anote lo que le gusta y lo que le
molesta. Use lo que sepa de él para motivarlo y disciplinarlo.
Revise su forma de disciplinar. Sea sensible a la manera
en que el niño la recibe. Si no le da resultado, cambie a
otra.
Separe con claridad su rechazo a la conducta equivocada
del niño de su amor incondicional por él.
Explique al niño las normas de su casa y enséñelo a
respetarlas.
La niña necesita límites claros y firmes
Revise su forma de disciplinar
Es necesaria una explicación breve de la
disciplina
Observe a su hijo para motivarlo y disciplinarlo
Castigar significa causar sufrimiento a otra persona para que cambie su comportamiento
El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores métodos que los padres podemos
usar. El castigo físico lastima al niño y el castigo emocional, como humillarlo o amenazarlo,
puede limitar su inteligencia y además disminuir seriamente su autoestima y seguridad.
Los castigos severos producen frustración, enojo, deseos de venganza, miedo y resistencia a
colaborar.
El castigo impide sólo temporalmente una conducta. En cuanto desaparece la vigilancia,
el niño vuelve a hacer lo mismo
El niño castigado severamente no aprende a controlarse sino sólo a evitar el castigo. Si lo
encerramos dos horas en el baño por pegarle a su hermanito, la próxima vez se asegurará de
que nadie lo descubra. Pero seguirá pegando.
Existen varias formas de castigar
El castigo físico como pegar, zarandear o pellizcar, además de ser peligroso para el niño, es
un gran abuso. Nada justifica maltratarlo.
Imaginemos lo que significa para un niño pequeño que sus padres perdamos el control y
actuemos en forma violenta. Para él los golpes significan que sus papás somos más grandes
y nos aprovechamos de eso; que él vive en peligro pues no puede defenderse, y que sus padres
creemos en la violencia y la fuerza para resolver los conflictos. El niño que ha sido golpeado
aprende a ser violento.
La burla o el menosprecio a los hijos son prácticas tan destructivas como ineficaces. No nos
damos cuenta del daño que causamos al niño con los insultos: “Eres un niño malo”, “¿Cómo
puedes ser tan tonto?”, “Ahí viene el cochino de la casa”. Las frases despectivas etiquetan al
niño, empobrecen el concepto de sí mismo, y bajan su autoestima. La humillación no educa
nunca.
Los chantajes emocionales no ayudan al
niño a tener un buen concepto de sí mismo.
El niño se asusta y se siente culpable cuando
escucha frases como: “Estoy triste porque no
levantaste tus juguetes”. “Me voy a enfermar
de tantos corajes que me haces pasar”. Sin
embargo, cuando crece, deja de tomarlas en
serio pues sabe que son falsas.
Los premios tampoco ayudan al niño a
convertirse en una persona responsable. “Si
te acabas la sopa te compraré una muñeca.”
“Si levantas la mesa, te daré un dulce”. Desde
luego, las recompensas sí funcionan en el
momento. El problema es que, al usarlas con
frecuencia, el niño crece esperando que alguien
lo premie por cada acción que realiza, y no
aprende a ser responsable e independiente.
107
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Cuando usted era niño, ¿alguna vez fue castigado? ¿Le pegaron sus padres
para disciplinarlo? ¿Recuerda qué sentía en esas ocasiones? ¿Cree usted que
le sirvieron esos castigos o le hubiera gustado que lo disciplinaran de otra
forma?
Disciplinar es enseñar, no castigar
Guía de Padres
VI. ¿Son necesarios los
castigos y los golpes?
Cuando el niño actúa solamente por un beneficio externo,
pierde la oportunidad de sentir satisfacción por el logro
personal.
Las amenazas atemorizan al niño y son inútiles para enseñarle
cómo conducirse. “Si vuelves a hacer eso, te va a ir muy
mal”, “La próxima vez que contestes así, te voy a lavar la
boca con jabón”. Las promesas tampoco sirven: “Prométeme
que nunca volverás a comer galletas antes de la cena”.
La razón por la que es inútil decirle al niño lo que le va a
pasar es que al día siguiente ya no recuerda lo que prometió
o lo que no debía hacer.
Retirarle el afecto es una de las formas más agresivas
de castigar al niño
La posibilidad de que sus padres lo dejemos de querer o lo
abandonemos es angustiosa y amenazante. Decir a nuestro
hijo: “No te quiero nada, vete de aquí”. O: “Ya no te soporto,
te voy a regalar con el señor que recoge la basura”, le causa
terror y además es un engaño pues ni lo vamos a dejar de
querer ni lo vamos a abandonar.
Esta manera cruel de castigar no funciona para educar. El
niño se asusta tanto que no puede pensar. El peligro de perder
el cariño y el amparo de sus padres, lo hace sentir tan
inseguro que en el futuro tratará de ocultar sus emociones
y los deseos que a sus padres parecen inadecuados, y perderá
su espontaneidad, su entusiasmo y su alegría.
Desde luego que es difícil mantener siempre la calma.
Es inevitable que los padres nos enojemos de vez en
cuando
Cuando esto nos suceda, conviene decirlo con claridad: “Estoy
enojado. Eso que hiciste me molestó”. Darnos tiempo para
tranquilizarnos en lugar de reaccionar con regaños o gritos,
alejarnos del niño hasta que la molestia
desaparezca y estemos en condiciones de
hablar con él. Un padre enojado no es un buen
maestro ni es capaz de escuchar las razones
del niño para ayudarle a aprovechar la
experiencia y aprender de ella.
Si alguna vez actuamos impulsiva o
violentamente, podemos hacer algo para
resolver la situación: podemos pedir
perdón al niño
Si esto es ocasional, no resulta grave. Pero
es inútil tratar de engañar al niño argumen-
tando que lo golpeamos “por su propio bien”.
Esto es falso y él lo sabe. Resulta más sincero
decirle: “Me disgusté contigo y por eso te
pegué. Ahora me doy cuenta de que estaba
enojado por otras cosas, lo siento mucho”.
Sin embargo, las disculpas pierden su efecto educativo
cuando los golpes o gritos se repiten con frecuencia
Pudiera ser que algunos padres hayamos aprendido a actuar
de manera agresiva si siendo niños recibimos golpes o castigos
severos. Es necesario reconocerlo y ser conscientes del daño
y el dolor que eso nos causó para no repetirlo con nuestros
hijos. Es posible llegar a controlar las tendencias violentas
si lo decidimos y si solicitamos la ayuda necesaria, incluso
el apoyo de algún especialista.
Si lo que buscamos es el desarrollo ético de nuestro
hijo, debemos evitar ofenderlo, hacerlo sentir rechazado
y mucho menos golpearlo
La meta es que el niño incorpore y haga suyos los límites,
las normas y los valores, y no estar permanentemente sujeto
a una autoridad que lo vigile, lo controle y lo sancione.
Tenemos a nuestra disposición métodos positivos de disciplinar
al niño y de enseñarle a ser responsable.
108
Debe sentirse querida a pesar de sus errores
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Exprese sus sentimientos con energía pero no agreda a
su hijo.
Manifieste con claridad lo que espera de su hijo.
Trate de identificar con sinceridad los motivos por los que
siente el impulso de castigar o golpear a su hijo.
Pida disculpas cuando se haya excedido en el enojo o en
el castigo. Su hijo se sentirá reconfortado si usted se
muestra arrepentido y trata en verdad de no repetir la
misma conducta.
No dé al niño órdenes arbitrarias, inadecuadas o ilógicas.
Trate de evitar los premios como forma cotidiana de
estimular a su hijo.
Procure ser coherente con lo que usted hace y lo que le
pide a su hijo que haga.
Ámelo, quiéralo mucho y dígaselo con palabras y con
hechos. Eso hará que se sienta seguro.
Enseñe a su hijo a resolver los conflictos mediante el
diálogo, nunca con violencia.
Nada justifica el maltrato al niño. Nunca le pegue, lo
humille, lo encierre o lo deje sin comer.
109
No agreda a su hijo Identifique el impulso que lo lleva a castigar
Pida disculpas cuando sea necesario
Evite usar los premios como una forma
cotidiana de estímulo
Desde pequeño, el niño tiene la capacidad de observar cuáles son las consecuencias
de sus actos
Si los padres le permitimos vivir el efecto de lo que hace, es decir, la consecuencia natural de
sus acciones, el niño aprenderá a controlarse. Si la consecuencia de su comportamiento resulta
agradable, el niño va a repetirla; si le molesta, va a decidir hacer otra cosa. La condición es
que no lo protejamos ni le impidamos conocer los efectos de su conducta.
Las consecuencias naturales producen un aprendizaje claro y directo y un cambio
mucho más rápido en el comportamiento del niño que cualquier discurso, amenaza
o castigo
Un niño que pega a un amigo provoca que éste
le conteste el golpe o que ya no quiera jugar
con él. Si el pequeño no se duerme temprano,
va a estar cansado al día siguiente; si rompe
su muñeco porque está enojado, no va a tener
con qué jugar.
Por supuesto que se necesita prudencia y
sentido común para enseñar al niño a asumir
las consecuencias naturales de sus actos.
Cuando ponen en peligro al niño, será necesario
evitarlas a toda costa, pero cuando simplemente
son incómodas para él, es bueno hacerse a
un lado y dejar que ocurran.
La vida se encarga de poner al alcance de
los padres las consecuencias naturales,
pero no siempre son suficientes para
disciplinar
A veces el niño no se ve afectado directamente
por lo que hace, pues las consecuencias de
sus acciones perjudican a otras personas pero
no a él. Entonces necesitamos buscar otras
consecuencias. Pero esas consecuencias tienen
que ser lógicas, es decir, deben estar
relacionadas con lo que hizo el niño.
110
VII. Consecuencias naturales y
consecuencias lógicas
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Las acciones de la columna del lado izquierdo tienen una consecuencia. Búsquela en
la columna derecha y trace una línea para unir cada causa con su efecto.
Acción Consecuencia
No come a la hora de la comida Se ve sucio, con aspecto desagradable
Su hermano le pega Le duele el estómago
Guarda los juguetes en su lugar Tiene hambre antes de la hora de cenar
Come una caja entera de chocolates Llora, se defiende y le pega a él
Rompe los libros Encuentra siempre con qué jugar
No se baña Sus papás no pueden leerle cuentos
Así como usted identificó la consecuencia de cada acción, permitir al niño vivir el
resultado de su conducta puede darle claridad para aprender a comportarse de manera
adecuada.
Guía de Padres
Busque consecuencias lógicas para disciplinar al niño
Lo que justifica la aplicación de consecuencias lógicas
es que comprenda cómo afectan sus acciones a los
demás y encuentre una manera de reparar el daño
causado
Las consecuencias tienen que ser positivas, ayudarle a hacer
algo útil para arreglar el problema. Si entró a la casa con los
zapatos enlodados, la solución será limpiar el piso. Es muy
importante encontrar consecuencias que ayuden al niño a
aprender y a cambiar su comportamiento; que produzcan
algo positivo, y que se relacionen directamente con su acción
equivocada.
Existen varias maneras de aplicar las consecuencias
lógicas
Quitarle al niño el objeto que ha usado mal cuando le
da en la cabeza a su hermano con el trenecito, la consecuencia
lógica es que el juguete va a estar guardado durante todo el
día.
Aislarlo de los demás si muerde a sus compañeros tendrá
que permanecer solo hasta que se tranquilice. Es importante
que él mismo decida cuando está listo para regresar a jugar
con los otros niños.
Utilizar la consecuencia directa de la acción al niño que
diga mentiras pidámosle que aclare lo sucedido.
Propiciar un acuerdo entre el niño y los que han sido
perjudicados por él pues cuando el niño entiende el punto
de vista de los demás, quiere remediar el daño por su propia
voluntad. Así, si se comió el dulce de su primo, va a aceptar
darle el suyo.
Explicar las razones por las que desaprobamos su
conducta haciéndole ver con claridad cómo él o alguien más
ha sido afectado por lo que él hizo.
111
Existen también algunas condiciones para aplicar las
consecuencias lógicas
Separar la acción de la persona concentrándonos en la
conducta sin descalificar al niño. La consecuencia tiene que
ver con una acción, no con la personalidad del pequeño.
Ser constantes y congruentes aplicando las consecuencias
siempre de la misma manera. Cuando un día sucede una
cosa y al siguiente no pasa nada, el niño no puede entender
cuál es el resultado de sus acciones.
Aplicarlas en el momento pues si el niño no vive las
consecuencias cuando acaba de suceder el hecho, ya no
podrá aprender de ellas, pues no recordará lo que hizo y no
lo asociará con las consecuencias.
Que la consecuencia tenga proporción y se relacione
con lo que hizo el niño si sacó las herramientas del cajón
de su papá e hizo un tiradero, va a tener que ayudar a guardar
todo en lugar de salir a jugar ese día. Pero no es razonable
que se quede sin jugar toda la semana.
Que la consecuencia no cause un dolor
excesivo al niño pues no debemos privar al
niño de algo que sea muy importante para él.
Si le prometimos desde hace un mes pasar el
día en el campo, tendremos que buscar una
consecuencia acorde con lo que hizo, pero no
dejarlo en casa. Un castigo tan severo puede
hacerlo sentir maltratado, enojado o resentido
con nosotros.
En la aplicación de consecuencias lógicas
lo único indispensable es una relación de
amor y de respeto entre el niño y sus
padres
La disciplina amorosa y bien aplicada fortalece
la autoestima del niño y le hace confiar en su
capacidad de decidir correctamente y de lograr
las cosas por sí mismo.
Es importante que conozca las consecuencias en el momento
Si sacó las cosas del cajón, que ayude a
guardarlas
112
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Ayude a su hijo a relacionar sus actos con las consecuencias
que estos provocan.
Permítale afrontar las consecuencias.
No lo sobreproteja. Quizá sea difícil para ambos sufrir
efectos desagradables, pero, a la larga, su hijo aprenderá
de la mejor y tal vez la única manera que puede hacerlo:
por su propia experiencia.
No le diga al niño: “Te lo dije”, después de haber cometido
algún error.
Trate de resolver los problemas junto con su hijo. Él tiene
ideas que pueden ser muy valiosas.
Después de castigarlo o regañarlo no le diga: “Es por tu
bien”.
No lo mime. Esto provocará que su hijo se vuelva
voluntarioso y dependiente de los demás.
No lo sobreproteja
Ayude a su hija a relacionar sus actos con
las consecuencias
No caiga en la tentación de decir: “Te lo dije”
Permítale afrontar las consecuencias
Cuando el niño tiene que superar una etapa difícil de su desarrollo, aparecen
manifestaciones de rebeldía y agresividad
Esto significa que está progresando. Al pequeño le cuesta trabajo abandonar las costumbres
que tenía cuando era bebé, pero siente la urgencia de ser independiente y enfrentar los retos
del crecimiento.
Cuando los padres ponemos límites a su impulso de libertad, el niño se rebela. Si no consigue
hacer su voluntad en ese preciso instante, expresa su inconformidad con un enojo extremo:
llora, pega, rompe cosas, grita, patalea, se tira al piso. Hace berrinches.
Es imposible evitar los berrinches, no vale la pena intentarlo. Mientras más tratemos
de tranquilizar al niño, más fuerte va a gritar
Él necesita más bien que reconozcamos sus sentimientos: “Ya sé que quieres comerte los dulces
y estás enojado porque no te lo permito en este momento. Los dulces son para después de
comer. Vamos a escoger un caramelo de cada color y a ponerlos en el frasco para que los tomes
al terminar la comida”.
Escucharlo y comprender su enojo, no significa darle lo que quiere o hacer todo lo
que él pide
Si lo complacemos para que deje de llorar, le enseñamos el camino para conseguir lo que desea;
si nos enojamos con la pataleta, sabrá que logró afectarnos y esa es una forma de obtener
atención; pero lo peor que podemos hacer
para tratar de calmar al niño es golpearlo,
eso lo excita aún más.
¿Qué hacer entonces?
Cuando sabemos que los berrinches son parte
del desarrollo y conocemos algunas herra-
mientas para manejarlos, nos sentiremos más
tranquilos y seremos más eficaces.
Éstas son algunas posibilidades:
Dar opciones cuando el niño es pequeño y
el berrinche apenas comienza, podemos
distraer su atención hacia otra cosa. Es una
táctica que funciona algunas veces, pero no
muy a menudo.
Comprender si la pataleta ya arrancó, hay
que intentar comunicarle a nuestro hijo que
comprendemos su enojo: “Entiendo que estás
disgustado porque...” o “Lo siento mucho, ya
sé que quieres tenerlo, a mí también me
gustaría dártelo. Te propongo ahorrar juntos
para poder comprarlo...”
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Alguna vez ha perdido usted el control y ha gritado o azotado la puerta?
¿Cómo se sintió? ¿Satisfecho? ¿Aliviado de haber podido expresar su enojo?
¿Molesto consigo mismo por haber dicho o hecho cosas que no considera
adecuadas?
¿En qué circunstancias hace berrinches su hijo? ¿Cómo resuelve usted la
situación? ¿Qué siente cuando su niño se tira al suelo o grita y están presentes
otras personas?
113
Guía de Padres
VIII. Berrinches y pataletas
Mientras más lo calme, más fuerte va a gritar
Desde pequeño tiene que aprender a resolver los desequilibrios
que trae el crecimiento y la lucha por la independencia. El
capítulo VII del apartado Aprender a vivir juntos (pág. 25)
sugiere algunas formas de cuidar y educar la vida emocional
del niño.
Solamente que el niño sea agresivo la mayor parte del
tiempo o sus arranques de violencia sean muy intensos,
conviene intervenir más a fondo
Por ello conviene preguntarnos la razón de su comportamiento:
¿Hay algo que le está haciendo sufrir? ¿Qué le da miedo?
¿Se siente abandonado o solo? ¿Existen problemas o tensión
en la familia? ¿Cómo le va en la escuela? ¿Le estamos
exigiendo demasiado? ¿Está celoso? ¿Sobreprotegido? Es
necesario averiguar qué le sucede para ayudarlo desde la
raíz del problema. O buscar ayuda profesional.
114
Controlar lo más probable es que el niño siga gritando,
entonces tenemos que ayudarlo a controlarse: cargarlo con
firmeza pero con cariño para mantenerlo quieto y decirle que
cuando se calme podremos hablar.
Ignorar el niño no puede pelear por mucho tiempo si no
tiene un contrincante que le responda. Podemos ignorar el
berrinche y acompañar al niño en el problema de diversas
maneras: quedarnos junto a él sin decir nada y esperar hasta
que el llanto baje de intensidad; seguir con nuestras actividades
después de decirle: “Cuando acabes de llorar, me gustaría
ayudarte a solucionar esto”; asegurarnos de que el pequeño
no pueda lastimarse o hacer daño a otros y dejarlo patalear
en otro cuarto unos minutos (sin encerrarlo).
Cualquier método para ignorar el berrinche funciona, si no
agredimos al niño y si le demostramos que estamos de su
lado.
Consolar en cuanto el pequeño se tranquilice, debemos
abrazarlo, acariciarlo y ayudarle a encontrar una solución.
Hablar después de los dos años, cuando el niño sea capaz
de entender, tratemos de explicarle que comprendemos lo
difícil que es no poder hacer o tener las cosas que quiere. Él
se está preparando para que cuando sea más grande pueda
decidir lo que le conviene hacer o tener y lo que no. Mientras
crece, a veces está bien protestar, aunque perder el control
puede llevarlo a lastimarse y a sentirse mal.
El problema se complica cuando el niño hace la rabieta
enfrente de los amigos, en la calle o en el mercado
El niño hace pataletas en lugares públicos cuando ha tenido
muchos estímulos, está cansado o quiere más atención. En
estas ocasiones se agrega otro factor negativo: el público.
El niño cuenta con testigos, y sabe que la vergüenza de sus
papás le da la ventaja a él. Para los padres, lo queramos o
no, el “qué dirán” es una presión adicional. Tenemos que
estar preparados y siempre conscientes de que lo importante
es educar a nuestro hijo, no recolectar buenas opiniones de
los vecinos.
Debemos mantener la calma y manejarlo igual que en el caso
de un berrinche “privado”. Podemos quedarnos en el mismo
sitio o quizá prefiramos sacarlo del lugar y acompañarlo a
donde pueda llorar a su gusto. Cuando se calme, abrazarlo,
consolarlo, escucharlo y reconocer sus necesidades.
El niño tiene derecho a estar en desacuerdo, a protestar
y a luchar por lo que quiere
Una vez que aprenda a emplear las palabras para expresar
su posición y para defenderla, no tendrá que recurrir a las
lágrimas ni a los gritos.
Pero si no le permitimos expresar su frustración, su enojo y
rebeldía en los primeros años, llegará a la adolescencia o a
edad adulta sin haber logrado manejar esos sentimientos.
Respete la conducta de su hijo
115
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Respete y comprenda la conducta de su hijo.
No trate de tranquilizar al niño cuando está emberrinchado,
más bien demuestre que comprende sus sentimientos y
deje que él se calme.
No responda a las rabietas, pero consuele de inmediato
a su hijo en cuanto esté sereno.
Nunca le dé al niño lo que le pida a gritos o con llantos.
Trate de conservar la calma. Si usted también pierde el
control, el niño no podrá aprender a manejar los conflictos
de manera adecuada.
Después de la rabieta hable con su niño para hacerle
entender lo que le pasa y cómo resolverlo.
Acepte los berrinches como algo natural en la vida del
niño y en la suya.
Ayude al niño a reconocer sus sentimientos de enojo,
tristeza y frustración, y enséñele a manejarlos
adecuadamente sin rabietas ni berrinches.
Acepte los berrinches como algo normal
Trate de conservar la calma
Nunca le dé al niño lo que pida con llantos
Descubrir a nuestro hijo mentir, robar o hacer trampa puede preocuparnos, sin
embargo estas conductas son normales en los niños pequeños
Si recordamos nuestra infancia, quizá encontremos haber actuado de manera similar y nos será
más fácil entender que estos comportamientos tienen una razón de ser.
Lo que puede complicar la situación es nuestra actitud. Si nos asustamos y reaccionamos en
forma violenta y exagerada podemos provocar que nuestro hijo se sienta avergonzado. La culpa
viene a partir de nuestros reproches, pues él no sabe que está haciendo algo indebido.
MENTIRAS
Hay muchas razones por las que el niño puede mentir de vez en cuando
Los niños pequeños no siempre tienen la capacidad para distinguir entre la realidad y la fantasía,
o entre lo que pasó y lo que les hubiera gustado que sucediera, y suelen inventar historias
fantásticas en las que expresan sus deseos. Estas fantasías no son mentiras. La imaginación
es un signo de salud en el niño de esta edad.
Cuando el niño usa la imaginación fuera del juego y exagera con explicaciones
fantasiosas, conviene hacerle ver que en realidad las cosas no son o no sucedieron
exactamente así
Esto es simplemente para ayudarlo a aclarar sus ideas, no para corregirlo, pues la intención
del pequeño suele estar muy lejos de engañar. Debemos explicarle por qué es conveniente
decir la verdad. Puede ser útil el cuento del pastorcito que siempre gritaba para divertirse:
“¡Ahí viene el lobo. Se come mis ovejas!” De tanto mentir, el día que el lobo llegó, nadie le
creyó. A los niños les gusta esa historia. Vale la pena platicar sobre ella.
Las mentiras más frecuentes son las que dice el niño para cubrir algo que le salió mal
Cuando rompe un plato, lo más probable es que diga: “Yo no fui”. Esto no es una mentira, lo
que significa es que no fue su intención romperlo. Acorralarlo para que diga "la verdad" o
acusarlo: “Tú rompiste este plato, ¿verdad? Eres un torpe”, lo atemoriza y le hace perder la
oportunidad de aprender algo positivo de la experiencia como podría ser aprender a cuidar las
cosas delicadas.
Si en cambio le decimos con tranquilidad: “El plato está roto. ¿Qué crees que pasó?”, es más
fácil que acepte lo que sucedió y que podamos encontrar juntos una solución: pegar las piezas
del plato o ahorrar para comprar otro.
Cuando el niño nos diga la verdad, es importante no regañarlo ni castigarlo para que no pierda
la confianza en nosotros y sea sincero.
Una de las razones por las que el niño miente es que escucha a sus padres decir cosas
que no son ciertas
A veces, los adultos mentimos por comodidad, para no quedar mal, o para no herir los
sentimientos de los demás. Un ejemplo: la tía, que es realmente gorda, pregunta: ¿Verdad que
se me nota que he bajado de peso? El niño nos ha escuchado comentar la gordura de la tía y
sin embargo ahora decimos: ”Sí, tía, te ves mucho más delgada”.
El pequeño no es capaz de distinguir y de entender las “mentiras piadosas”, así que es mejor
acostumbrarnos a otro tipo de respuestas: “¿Y cuántos kilos has bajado, tía?”
116
Guía de Padres
IX. Mentir, robar y hacer trampa
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Recuerda haber dicho mentiras cuando usted era pequeño? ¿O tomar alguna
cosa que no era suya? ¿Sabe por qué lo hizo? ¿Cómo se sintió? ¿Qué hicieron
sus padres? Actualmente, ¿dice alguna mentira de vez en cuando? Si es así,
¿qué es lo que le impide decir la verdad?
Si el niño toma constantemente las cosas
de los demás y las esconde para quedarse
con ellas, busquemos las razones
Consideremos que quizás esté tratando de
conseguir algo que él siente que le hace falta.
Lo más probable es que sea cariño o aprobación.
En lugar de enojarnos con él, debemos darle lo
que necesita: amor y comprensión. Si su
conducta no se corrige podemos pedir la ayuda
de un especialista.
HACER TRAMPA
El niño pequeño no está interesado en
hacer trampa, lo que quiere es ganar y
divertirse
Tendrán que pasar los primeros años para ser
capaz de jugar según las normas y competir
abiertamente. Por ahora, es tan grande su deseo
de ganar que cualquier medio es aceptable.
Debemos explicarle que para jugar y divertirse
es necesario obedecer las reglas, y que las
trampas hacen que los demás no quieran seguir
participando. Jugando el niño aprende a respetar
las reglas y a relacionarse con los demás.ROBO
El niño pequeño no tiene un sentido de la propiedad
bien desarrollado
Piensa que todo es suyo, que por jugar un rato con el osito
de su primo ya le pertenece, así que lo natural es echárselo
a la bolsa. Cuando toma las pertenencias de otra persona,
por lo general no tiene la intención de hacer daño o perjudicar
a otro sino saber qué se siente tener ese objeto especial.
Esto no es robar, simplemente es una manera muy común
de ver las cosas a esta edad.
Comprender los motivos del niño nos permite reaccionar
con tranquilidad y enseñar más eficazmente a nuestro
hijo a respetar las posesiones de los demás
Si descubrimos que el niño ha tomado algo ajeno, no conviene
escandalizarnos, decirle que es un ladrón o atemorizarlo con
la amenaza de la cárcel. Simplemente hacerle saber que no
es correcto tomar las cosas de otras personas y preguntarle
qué cree que debe hacer para solucionar el asunto.
Es indispensable pagar o devolverlo a su dueño
Aun cuando sea penoso, debemos acompañarlo a la tienda
o a la casa del amiguito para pedir una disculpa, y ser
consistentes cada vez que esto suceda. Cuando el niño pida
las cosas en vez de tomarlas, felicitarlo y demostrarle lo
orgulloso que estamos de él.
Conviene no darle una importancia especial al dinero, para
él es igual un lápiz que una moneda, no tiene todavía el
concepto de su valor.
117
Al niño le interesa ganar y divertirse
No lo regañemos ni le digamos que es un ladrón
Si tomó algo, simplemente hagámosle saber que no es
correcto y regresémoslo
118
No se asuste si toma cosas ajenas
Ayúdelo a devolverlo y a disculparse
Nunca lo califique ni lo amenace
Corríjalo con suavidad, cariño y respeto
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
No se asuste ni se preocupe demasiado si su hijo dice
alguna mentira o toma alguna cosa que no le pertenece.
Corríjalo con suavidad, cariño y respeto, y hágale saber
por qué es incorrecto lo que hizo.
Explíquele por qué es conveniente decir la verdad. Es
necesario tener la confianza de los demás.
No intente acorralarlo para que diga la verdad, mejor
enséñele a hacerse responsable de sus actos.
Trate de no mentir o decir cosas inexactas. Usted es el
modelo de su hijo.
Nunca califique a su niño de ladrón ni utilice amenazas
desproporcionadas. Siempre que su niño tome algo de
otra persona, ayúdelo a devolverlo y a pedir disculpas.
El miedo es un fenómeno universal e inevitable
Experimentarlo en una medida razonable, es algo positivo y hasta indispensable pues el miedo
nos pone en alerta y nos da fuerza para enfrentar el peligro.
Los niños pasan por periodos —especialmente entre los dos y los seis años— en que sus
temores son más intensos.
Es frecuente que teman a los animales —perros, gatos, insectos—, a la oscuridad y a los seres
que creen que aparecen en la noche —brujas, fantasmas, monstruos—, a los fenómenos
naturales como truenos y relámpagos, a la guerra y la violencia. Estos miedos son normales,
surgen en momentos de aprendizajes importantes, cuando el pequeño tiene que enfrentar un
nuevo paso en su camino a la independencia.
En la edad preescolar, la imaginación es especialmente rica, y el niño suele explicarse
lo que sucede de acuerdo con sus fantasías y no según juicios apoyados en la realidad
El pequeño puede imaginar que las ramas del árbol que ve por su ventana son agitadas por
un gigante, en vez de pensar que se mueven por la acción del viento. Estas explicaciones
mágicas son causas importantes de los temores del niño pequeño.
Los padres no podemos evitar que nuestro hijo sienta miedo, pero sí podemos ayudarle
a manejarlo
Quizá en esta etapa no lo convenzan del todo nuestras explicaciones, pero con el tiempo va
a entenderlas y a sentirse más tranquilo.
Por ahora, tenemos que ser comprensivos y
tranquilizarlo cuando esté asustado, demostrarle
que en cualquier momento cuenta con nuestro
apoyo, que vamos a cuidar siempre de su
seguridad y que lo tomamos en serio.
El miedo del niño es real
Es importante escuchar con atención y respeto
a nuestro hijo. Si nos dice que vio un monstruo,
no debemos decir que es una tontería tener
miedo, y si él nos lo pide, conviene acom-
pañarlo con tranquilidad a buscar al monstruo
debajo de la cama o detrás de la puerta, y
explicarle que, aunque él y nosotros sabemos
que no existen tales seres, a veces nos los
imaginamos y tenemos miedo de que
aparezcan.
Burlarnos de él, enojarnos, llamarlo miedoso,
forzarlo a que enfrente su temor si él no está
preparado o decirle:“Hazle un cariñito al perro,
no muerde”, “Anda, dale la mano al payaso,
no te va a hacer nada”, lo pone en una situación
de desamparo y lo aterroriza aún más.
119
Guía de Padres
X. Miedos y pesadillas
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
El miedo es algo natural y todos podemos experimentarlo en cualquier etapa
de la vida.
¿Recuerda haber tenido miedos en su infancia? ¿A qué le tenía miedo?
¿Cómo lo trataban sus padres cuando estaba asustado? ¿Cómo le hubiera
gustado que reaccionaran?
¿Tiene algún miedo ahora? ¿Cuál? ¿Qué hace al respecto? ¿Quién le ayuda?
¿Cómo reacciona usted ante los miedos de su hijo?
El miedo es un fenómeno universal e inevitable
Cuando el temor es demasiado grande
y lo sobrepasa, el pequeño no podrá
aprender a manejarlo
Sólo que el niño desee vencer el miedo y esté
seguro de que nosotros no vamos a permitir
que nada ni nadie le haga daño, va a armarse
de valor para enfrentarlo. Si no es así, conviene
esperar a que esté listo. No se trata de mimarlo
pues eso le quita la oportunidad de superar
el miedo, pero sí de ayudarle a encontrar
maneras de manejarlo.
Si nuestro hijo se siente protegido y
comprendido, es probable que sus miedos
sean menos intensos y que se anime a
enfrentarlos. Lo que quiere un niño es
ser “grande”
Cuando logra superar sus temores, siente una
gran satisfacción. Al atreverse a tocar con el
dedo la cola del gato, piensa: “Cuando era
chiquito, le tenía miedo a los gatos, pero ya
no”. Los padres debemos ser solidarios: “Qué
bien que hoy pudiste controlar tu miedo. Te
felicito”. Desde luego que el pequeño no está tan seguro de
no volver a sentir temor, pero haberlo vencido en una ocasión
le hace confiar en que en el futuro va a tener más fuerza y
valor.
Existen recursos variados a nuestra disposición para
manejar el miedo de nuestro hijo
Debemos buscar el más adecuado para cada niño: dejar que
coloque muñecos formados cerca de la puerta para “cuidarlo”;
que duerma con un osito; que invente “palabras mágicas”
contra sus temores.
Otra manera de aliviar los miedos es dibujarlos. Verlos en el
papel, hechos por él mismo, los hace menos amenazantes.
Los libros de cuentos le ayudan a hablar de lo que siente y
liberan su angustia. Al escuchar historias sobre la lucha de
héroes que vencen a los villanos, el niño deposita sus
emociones en personajes externos. Los finales felices lo
tranquilizan y le dan confianza en que las cosas terminan
bien.
Los relatos inventados acerca de los niños que sienten miedo
y lo resuelven le dan ánimos, y más todavía cuando el
personaje principal tiene su mismo nombre.
También es recomendable que el pequeño tenga oportunidad
de crear sus propias historias. Estas narraciones pueden ser
un indicador muy útil para saber lo que preocupa a nuestro
hijo de las situaciones concretas que está viviendo.
Los miedos infantiles pueden intensificarse cuando el
niño vive conflictos en la familia
Es como si la tensión en casa le diera el material para sus
fantasías y la realidad le confirmara que sí hay razones para
temer.
Con el fin de evitar la ansiedad del niño, conviene hablar con
él y admitir que existen problemas, darle una explicación que
pueda comprender, pero con la verdad.
En caso de que el niño sienta con frecuencia miedo a
demasiadas cosas, no se atreva a tratar de solucionar ningún
reto o no sea capaz de acercarse a otros niños, es conveniente
ayudarlo a fondo y buscar ayuda profesional.
Un mecanismo natural por el que el niño elabora y se
deshace de sus temores son las pesadillas
Los sueños son parte de la vida interior de las personas, son
mecanismos normales para transformar las emociones en
imágenes más manejables. Casi todos los niños tienen
pesadillas, sobre todo en la etapa preescolar. No hay por qué
preocuparse. En el capítulo VII del apartado Aprender a
conocer (pág. 69), se hacen recomendaciones para atender
las pesadillas.
Para reducir la ansiedad del niño, es necesario proporcionarle
un ambiente tranquilo y seguro en casa durante el día y
acompañarlo a la cama con cuentos felices y caricias para
que se duerma con pensamientos agradables.
La mejor protección para el niño es saber que en cualquier
momento puede contar con nosotros, que lo vamos a escuchar,
entender y apoyar.
120
Si se despierta con pesadillas no lo deje solo
121
Seleccione los programas de televisión
No exponga a su hijo a situaciones violentas
Ayudémosle a buscar el monstruo para que
se tranquilice
Entienda a su niño y platique con él
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
No exponga a su hijo a situaciones violentas dentro o
fuera de la casa.
Seleccione los programas de televisión que ve su hijo.
Si su niño se despierta en la noche, acuda inmediatamente;
si el pequeño se levanta y va a su cuarto, regréselo a la
cama y quédese con él un rato.
No se burle de los miedos del niño, lo haría sentirse
desprotegido.
Mantenga encendida una luz suave para que el niño no
vea la total oscuridad y se aterrorice en la noche.
Los miedos y las pesadillas son reales. Los niños los viven
con mucha intensidad. Entienda a su niño, créale y platique
con él las veces que sea necesario.
El niño debe cenar alimentos ligeros para evitar problemas
digestivos que pudieran causarle trastornos en el sueño.
El juego es la actividad principal del niño
Hasta hace muy poco se creía que jugar era un simple entretenimiento, un descanso del estudio
o de otras actividades más serias. Sin embargo, en la actualidad, todos aquellos que se dedican
a la educación reconocen la enorme y vital importancia del juego para el niño.
El niño juega por una necesidad interna
Nadie tiene que enseñarle a jugar. El juego es la manera más natural de utilizar sus capacidades,
de manifestar su impulso natural de explorar, descubrir y crear. El juego es indispensable para
asegurar el pleno desarrollo del niño pues todas las áreas de su personalidad están involucradas
en esta actividad.
El juego ofrece al niño la oportunidad de utilizar y descubrir su cuerpo
Al jugar, el niño practica habilidades motoras y se pone a prueba a sí mismo. El buen control
de su cuerpo hace que el niño se sienta pleno, autónomo y satisfecho. Cuando hace ruido con
una sonaja, pasa agua de un recipiente a otro, logra treparse a un árbol, adquiere la sensación
de que actuar es importante, de que él tiene control sobre lo que sucede. En los capítulos II,
III y IV del apartado Aprender a conocer (pág. 50, 55 y 59), se ofrecen sugerencias para jugar
con nuestro hijo desde sus primeros días.
A través del juego el pequeño aprende casi todo, el juego es su primer maestro
Al jugar, el niño investiga activamente su medio ambiente. Cuando maneja y observa los
objetos, prueba sus ideas para comprender el mundo, construye su pensamiento y desarrolla
su inteligencia. Los juegos del niño muestran la manera como ve y entiende lo que sucede a
su alrededor: cómo se mueven las arañas, cómo vuelan los aviones, cómo se trabaja en una
fábrica, cómo crecen las plantas, qué pasa con el agua y la tierra cuando se mezclan.
El juego es la mejor manera de aprender
a relacionarse con los demás
Desde muy pequeño, el bebé empieza a
interactuar con otros niños, pero a partir de
los tres años aumenta su interés por jugar
con ellos. Sus proyectos de juego se vuelven
más complejos y requieren de más
participantes. Jugar a la casita, al circo, al
doctor o a la maestra le permite ensayar
papeles de la vida adulta y al mismo tiempo
desarrollar un sinfín de capacidades. Su
lenguaje se enriquece ante la necesidad de
comunicarse mejor.
Ningún niño puede disfrutar de una vida social
adecuada a menos que haya adquirido la
habilidad de jugar con otros niños. Esta habilidad
comienza a desarrollarse en casa. Los juegos
en familia resultan estimulantes para el niño
durante muchos años. Por eso, jugar con
nuestro hijo es una de la actividades más
importantes que podemos realizar. También
una de las más divertidas.
122
Guía de Padres
XI. El juego. Actividad
primordial del niño
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Observe jugar a su hijo durante todo un día. ¿Qué tanta imaginación despliega?
¿Juega con personas, cosas o animales inventados? ¿Qué sentimientos, ideas
y experiencias expresa en sus juegos?
El juego es la mejor manera de relacionarse con los demás
Jugando, el niño empieza a pensar y a imaginar
A partir del preescolar, y gracias al desarrollo del lenguaje,
el niño no sólo percibe lo que está frente a él sino que puede
representar los objetos “en su cabeza”.
La fantasía del niño preescolar habita su vida diaria. Para él,
una cajita es un camión, una lata amarrada con una cuerda
es un perro que lo sigue.
Este juego en que el niño se imagina cosas se llama
juego simbólico
Jugando, el pequeño tiene oportunidad de conocer y explorar
un mundo más allá de su casa y de su comunidad. El niño
en edad preescolar ya no se conforma con manejar los objetos
con las manos o llevárselos a la boca como cuando era
chiquito, sino que pone en las cosas con que juega una parte
de sí mismo: su imaginación.
La fantasía le da al niño el poder de crear mundos imaginarios
y de expresar sus ideas sobre el mundo como él lo entiende
o como le gustaría que fuera. Al jugar, sabe que es él mismo
quien ha creado ese mundo en su imaginación. Cuando cree
que no entendemos que sus personajes son inventados, nos
dice para tranquilizarnos “es un juego”, y se ríe.
Su imaginación no lo aleja de la realidad, sino lo conecta
con ella
Imaginar es una forma muy importante de conocer. Pero el
niño necesita alimentar su fantasía con experiencias reales,
de personas diferentes, de pláticas y de paisajes.
Para ayudarle a pensar, a imaginar y a jugar mejor, es
importante enriquecer su experiencia social, dejar que nos
acompañe al mercado, al campo, al trabajo, a alguna visita.
Ahí aparecerán preguntas y temas interesantes para utilizar
en el juego: cómo funcionan los camiones, de dónde viene
la lana, de qué están hechos los dulces, por qué se echa
abono a la tierra, etcétera.
El niño juega porque sabe que no puede dominar a su
gusto el mundo de los adultos
El niño se retira a jugar a otro espacio en el que él tiene el
poder, en el que las cosas son como él decide. Un espacio en
el que él puede ser grande y fuerte, en el que se convierte
en elefante, cartero o príncipe, en el que todo es posible.
El juego de fantasía es una actividad libre y flexible en la que
no existen metas ni normas preestablecidas. El niño
simplemente prueba sus ideas una y otra vez y se divierte
mientras encuentra lo que busca. Es él mismo quien dicta
las reglas y tiene la libertad de cambiarlas en cualquier
momento. No existe una manera correcta o incorrecta de
jugar.
Otra ventaja del juego simbólico es que permite al niño
expresar sus sentimientos
Si está enojado, pelea con enemigos imaginarios; si su
hermano está enfermo, juega al doctor y en su fantasía lo
alivia; si necesita ser acariciado, arrulla a su osito. Brincar
y correr le ayuda a mostrar su alegría; jugar a las luchas
descarga la angustia de haber presenciado un hecho violento.
123
Cuando nos ha pasado algo grave, los adultos necesitamos
platicarlo varias veces. El niño pequeño no lo habla, pero sí
lo juega y lo representa con acciones.
Es muy importante permitir estos juegos para que el niño
pueda dejar atrás lo que lo hace sentir triste o asustado. Ésta
es la etapa en que un muñeco de trapo o una cobijita le dan
al niño seguridad y consuelo cuando se siente mal. Acomodar
a su muñeco junto a él al irse a dormir y darle órdenes de
cómo comportarse le hace sentir que es él quien domina la
situación.
El niño necesita ser activo en lo que pasa y en lo que siente,
y la mejor manera de ser activo es jugar.
El juego es esencial para la supervivencia de la especie
humana, merece un lugar de honor no sólo en la vida del
niño sino en la de todos nosotros.
Un muñequito o una cobijita le dan seguridad
124
En el juego, ella es la que mandaJuegue a lo que él quiera y como él diga
Quite las cosas peligrosas del lugar donde juega
No limite a su hija
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Anime a su niño a jugar y juegue con él.
Juegue a lo que su hijo quiera y como él diga. En el juego,
el niño es el que manda.
Aleje los objetos peligrosos del lugar donde juega su niño.
Dele diferentes materiales para jugar como botes, envases
de plástico con tapa, cucharas, coladeras, cacerolas,
palitos, trapos, piedritas. Todo sirve para desarrollar la
imaginación y la creatividad.
No limite a su hijo. Niños y niñas juegan igual a las
muñecas o a los cochecitos.
Establezca un tiempo para jugar. No lo interrumpa, el
juego es lo más importante que los niños hacen para
aprender.
A través del juego el niño conoce su cultura. Enseñe al
niño juegos tradicionales.
125
Guía de Padres
XII. Desarrollo de la creatividad
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Juegue con su pareja o con alguien cercano:
¿Cuántas maneras diferentes encuentran de utilizar un ladrillo en dos
minutos?
Apunte cada uno en un papel tres palabras que les gusten (sin decirlas al
otro). Al terminar, cambien los papeles. Con las palabras del otro, inventen
un poema o un pequeño cuento.
Observe estas cuatro figuras y escoja la que, según usted, es diferente a
todas las demás.
Si escogió la figura b, ha seleccionado la respuesta adecuada. Felicidades.
Si eligió la figura c, tiene toda la razón, es la única que no puede dividirse
en dos partes iguales. La figura a es la única que no tiene puntas. Muy bien.
La d es la única que combina una línea recta y una curva. Bravo.
La solución siempre puede ser correcta. Lo importante es el punto de vista
de cada quien.
a b
c d
En todas las actividades del ser humano puede existir
creatividad
Somos creativos cuando nos sentimos plenamente satisfechos
con lo que estamos haciendo, ya sea cocinar, pintar, coser,
fabricar un mueble, inventar una canción, contar una historia.
Somos creativos cuando actuamos con un sentido de aventura,
cuando nos arriesgamos en terrenos desconocidos sin saber
qué va a ocurrir, cuando intentamos de distintas maneras la
misma actividad, cuando nos damos la libertad de disfrutar
y divertirnos.
Todo esto hace el niño cuando juega, por eso el juego es la
actividad creativa por excelencia.
El niño es creativo por naturaleza
Al jugar, el niño relaciona ideas, objetos o situaciones que
aparentemente no tienen nada que ver, propone soluciones
originales a los problemas sin miedo a equivocarse, disfruta
con sus ocurrencias y su buen humor. Para jugar y crear sólo
necesita estímulos y libertad.
El desarrollo de la creatividad del niño requiere libertad
y amplias experiencias con personas y con objetos
A los padres nos corresponde fomentar estas experiencias.
Enseñarle a percibir con todos los sentidos: la forma de una
hoja o el color de una flor; el murmullo del agua o el canto
de los grillos; la textura de una tela o del pelo de un gato;
el olor a tierra mojada o a mandarinas recién abiertas.
El contacto con el arte es una manera excelente de alimentar
la creatividad del niño.
La belleza enriquece su experiencia y alegra su vida. Hay que
ayudarle a apreciar lo hermoso de las cosas comunes
—de los árboles, los animales o los mercados— y exponerlo
a obras de arte como pinturas, esculturas, música y literatura.
Un niño que disfruta de oportunidades para ver, escuchar,
tocar y gozar va reuniendo elementos para inventar y actuar
de manera creativa.
Desde muy temprana edad, el niño está
listo para crear
Pintar, construir, cantar, bailar, inventar
cuentos, hacer música, son actividades que,
además de proporcionarle un gran placer,
ensanchan su sensibilidad, su manera de ver
el mundo, su originalidad y flexibilidad.
El niño necesita muchos y variados materiales
para crear y expresarse, para investigar y
experimentar. Le sirven tambores, campanas,
panderos, ollas y sartenes; crayones y lápices,
pinturas líquidas o engrudo coloreado con
pinturas vegetales para usar con las manos,
con pinceles o brochas; papeles de colores,
bloques, plastilina, tierra, agua. Cada elemento
lo invita a comunicar sus ideas sobre sí mismo
y sobre el mundo.
Para el niño es mucho más importante disfrutar el
proceso que hacerlo “bien”
Al niño le gusta producir ritmos y sonidos; inventar formas
y mezclar colores. Por eso, es mejor no intervenir y menos
decirle cómo debería hacerlo, sólo apoyarlo cuando lo necesite,
guiarlo para aprovechar mejor los materiales y para manejarlos
con cierto orden. No existe lo correcto o incorrecto en el
trabajo creativo.
Hay que animar al niño a producir ideas aunque éstas
parezcan a veces disparatadas
Aceptar cualquier ocurrencia sin criticarla. Nunca decirle:
“Eso no se hace así” o “eso es una tontería” o “las cosas no
ocurren de esa manera”, pues estos comentarios le quitan al
niño las ganas de inventar e investigar.
Cualquier pregunta del niño puede aprovecharse para
estimular su creatividad
Si nuestro hijo preguntara: “¿Por qué las casas tienen
ventanas?”, le podríamos dar una respuesta común: “Porque
necesitamos ventilarlas y ver hacia afuera”. Pero, qué tal si
contestáramos: “¿Tú, qué crees que pasaría si nuestra casa
no tuviera ventanas?” Con esta nueva pregunta le daríamos
oportunidad de crear imágenes y soluciones, ya sea reales,
fantasiosas o divertidas.
O si quisiera saber: “¿Para qué sirve este clip?”, en vez de
darle la contestación obvia, la que no exige esfuerzo: “Para
tener hojas juntas”, podemos utilizarla para estimular su
creatividad: “¿Tú, para qué crees?”, y cuando responda algo,
decirle, “¿Y para qué más?” El niño tratará de pensar: “Para
colgar esferas de navidad, para hacer una cadena, para
perforar, para adornar, para hacer muñecos de alambre”. Lo
importante es disfrutar las respuestas, no criticar ninguna y
jugar a ponerlas en práctica.
126
Permita al niño desarrollar su potencial creativo
127
Para ser creativo, hay que buscar una segunda, una
tercera y una cuarta opción diferente
Si pensamos que no existe una respuesta correcta, sino que
cada situación puede resolverse usando diversas opciones,
podremos actuar de manera creativa, y al mismo tiempo
daremos al niño la oportunidad de desarrollar todo su potencial
e impulso imaginativo.
Todos los padres tenemos al alcance juegos sencillos
para imaginar
-Preguntar: “Qué pasaría si”: “... los niños tuvieran alas”,
“...las plantas caminaran”, “...los papás se hicieran chiquitos
y tuvieran que obedecer a sus hijos”, “... a los borregos les
crecieran hojas”.
-Recortar papel de colores en distintas formas y crear diseños
sobre la mesa.
-Jugar al teatro, inventando entre todos la obra y los
personajes.
-Construir una historia en grupo: cada uno dice una frase y
el otro la continúa. Podemos empezar por: “Había una vez...”.
-Dar explicaciones mágicas o absurdas de la cosas: las víboras
se arrastran porque tienen un resorte dentro.
-Ofrecer respuestas locas a preguntas serias: “¿Por qué las
cebras son rayadas?”
-Inventar historias exageradísimas de lo que ha hecho cada
uno; agrandar nuestras travesuras o lo que nos sucedió la
semana pasada.
La creatividad es una forma de vivir que nos hace más
productivos y más felices.
Dense la libertad de divertirse con su niño
Jueguen al mundo al revés
El niño creativo posee alta autoestima
128
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Motive a su niño a encontrar diversas soluciones a una
misma situación.
Valore y respete la espontaneidad del niño; eso desarrollará
positivamente su creatividad.
Permita a su niño expresarse con entera libertad, deje
que él plantee sus propias ideas.
Nunca critique lo que invente o cree su niño.
Disfrute y déjelo disfrutar de sus ocurrencias, chistes e
invenciones.
Comparta las risas y la diversión con su niño.
Estimule a su hijo para explorar su entorno y propicie sus
relaciones con diferentes personas.
Cambie objetos de lugar, de color, de uso. Sorprenda a
su niño de manera juguetona.
Planee y reserve un tiempo para jugar e inventar junto
con su hijo.
Aprecie las expresiones creativas del niño, sin elogiarlo.
Dese oportunidades a usted mismo de ser creativo sin
criticarse ni limitarse.
Enseñe a su hijo a apreciar la belleza en las cosas sencillas
de su ambiente.
Propicie muchas experiencias para que el niño desarrolle
sus sentidos.
Tenga a la mano materiales como lápices, papeles, revistas
viejas, plastilina, estambre, piedritas, hojas secas y toda
clase de objetos con los que el niño pueda crear.
Deje que el niño plantee sus propias ideas
Reserve un tiempo para inventar junto con
su hijo
Disfrute y déjelo disfrutar de sus ocurrencias
Valore y respete la espontaneidad del niño

G1 terceraparte

  • 1.
    90 APRENDER A SER Elniño llega al mundo para ser libre y feliz Desde que nace, el pequeño cuenta con el impulso natural de crecer como persona, de realizar lo que verdaderamente es y de vivir una existencia útil, generosa, responsable y significativa. Desde muy pronto se inicia su camino hacia la libertad El pequeño va descubriendo qué es el mundo, quién es él, qué quiere hacer, dónde está su lugar y cuáles son sus valores. Esos descubrimientos le darán un pensamiento y un juicio propios, que le permitirán decidir por sí mismo lo que debe hacer en las diferentes circunstancias de su vida y le darán un sentido de pertenencia y compromiso con su familia, con su comunidad, con su país y con la especie humana. Este desarrollo completo y armonioso del niño se logra gracias al apoyo y amor de los padres En nosotros recae la responsabilidad y el gran privilegio de cuidar su cuerpo, su inteligencia y su sensibilidad. Nosotros somos los encargados de favorecer sus primeros contactos con el conocimiento, la belleza y la espiritualidad; de enseñarlo a relacionarse solidariamente y a superar las adversidades; de llevarlo de la mano hasta que sea independiente. Cada niño es único y valioso Los padres hemos de observar, aceptar, respetar y apreciar su manera especial de ser, sus cualidades y limitaciones, sus gustos, necesidades y deseos; darle la libertad de pensar, sentir, jugar y fantasear para que sus capacidades alcancen la plenitud. El niño tiene el derecho de ser aceptado por los que lo rodean, de experimentar el gozo de ser él mismo; tiene el derecho de desplegar toda la riqueza de su ser, de expresarla y ofrecerla a los demás. Un mundo en constante cambio necesita la contribución de cada uno de sus habitantes El progreso de las sociedades se basa en la diversidad de sus miembros, en que cada uno aporte sus ideas, sus sentimientos, sus sueños y su esfuerzo. Para ello, es indispensable cultivar y fortalecer la autoestima y la autonomía de las personas, sean niños o adultos; esforzarnos para que el entusiasmo, el trabajo, la imaginación, la creatividad y los sueños de todos transformen el planeta en un mejor sitio para vivir. Guía de Padres
  • 2.
    Autoestima es elvalor que nos damos a nosotros mismos Una autoestima alta nos hace estar satisfechos de lo que somos. Es una combinación de confianza, respeto y aprecio por nosotros mismos. Una persona con autoestima alta está convencida de que tiene algo que ofrecer a los demás, que lo que hace es importante y que es capaz de lograr lo que se propone Se siente responsable y hábil, trata de hacer las cosas lo mejor posible, pero no busca la perfección ni necesita la aprobación de otros. Si se equivoca o vive circunstancias difíciles, se mantiene firme y centrada en su objetivo. Su constancia le hace crecer y progresar. La persona con una autoestima débil, en cambio, cree que no es valiosa Suele sentirse deprimida y triste con su vida, deja pasar las oportunidades pues cree que no las merece o que no puede con ellas, no tiene la fuerza necesaria para luchar por sus sueños, no confía en que puede tomar decisiones para cambiar y se resigna sin esperanza. Una persona con baja autoestima a veces trata de impresionar a los demás para esconder su falta de confianza; incluso puede comportarse de manera agresiva para compensar su inseguridad. Los primeros años de vida son los más importantes en el desarrollo de la autoestima La formación de la personalidad del niño está íntimamente relacionada con la imagen que él se forme de sí mismo. Esta imagen depende de lo que percibe que los demás piensan de él y de lo que logra hacer por él mismo. Por lo tanto, los padres tenemos a nuestro alcance dos recursos para fomentar la autoestima de nuestro hijo. El primero es cuidar la forma en que valoramos al niño, las expresiones y las palabras que utilizamos para referirnos a él, y el segundo es darle oportunidades de probarse y superar retos por sí mismo, de apoyarlo sin sobreprotegerlo. 91 I. El cuidado de la autoestima EJERCICIO DE REFLEXIÓN Cultivar una idea positiva de nosotros mismos beneficia enormemente a nuestra familia. Aceptarnos, apreciarnos, felicitarnos cuando logramos algo bien hecho nos vuelve más capaces de fortalecer nuestra seguridad y la de nuestros hijos. Tome una hoja de papel y anote seis cualidades que aprecia en usted. ¿Cuáles de esas cualidades hacen de usted una persona especial? ¿Qué es lo que usted puede ofrecer a otros? Sea sincero, es un texto sólo para usted. Anote seis cualidades de su hijo que usted aprecie. ¿En qué es único su hijo para usted? ¿Qué es lo que su hijo da a la familia en forma especial? A su hijo le hace mucho bien el reconocimiento que usted le da. El niño construye su autoestima a través de lo que percibe Guía de Padres
  • 3.
    El niño absorbe,de manera muy profunda, las descripciones que hacemos de su carácter y habilidades Nuestras palabras deciden, en un alto grado, la clase de persona que llegará a ser. Si le decimos: “Eres un tonto, un flojo, un antipático”, el niño se comportará de acuerdo con esos atributos y crecerá pensando que no vale nada. Los calificativos, las burlas o los apodos deforman la autoimagen del niño, lo desconciertan, lo avergüenzan y lo lastiman. Incluso los elogios afectan la seguridad del niño Aunque el elogio parece positivo, afecta de manera desfavorable su autoestima. El niño que se acostumbra al elogio, acaba por necesitarlo ante cualquier esfuerzo que realice, por pequeño que sea; su satisfacción dependerá de las opiniones ajenas y no será capaz de apreciar por sí mismo su valía ni de tener un juicio propio acerca de lo que realiza. Existe una gran diferencia entre estímulo y elogio El elogio se enfoca en la persona. Es decirle al niño: “Eres el mejor niño del mundo, eres tan inteligente, tan bueno, tan amable”. O: “Te quiero mucho por haber comido toda la sopa”. El niño duda: ¿Qué pasará cuando me porte mal, cuando no entienda algo difícil o cuando esté de malas? ¿Me querrán mis papás cuando no tenga hambre? En cambio, el estímulo no se dirige al niño ni a su carácter o cualidades sino a sus acciones, a las tareas que lleva a cabo y a su satisfacción por realizarlas. El elogio califica al niño y le pone condiciones: “Eres estupendo porque haces esto”. El estímulo aprecia sus acciones y lo anima, pero no lo juzga: “Es estupendo que hagas esto. Te felicito”. La diferencia es sutil pero muy importante. 92 La niña absorbe las descripciones que hacemos de sus habilidades “Hoy te vestiste más rápido que ayer” Somos los modelos que el niño trata de imitar
  • 4.
    93 sus primeros pasos,subir una escalera o poner la pieza del rompecabezas, aumenta la confianza en sus capacidades. Dejemos que sea de él el gusto y no exageremos en nuestro entusiasmo para aplaudirlo. Simplemente podemos decir: “Y lo hiciste tú solito. Felicidades”. Entre más obstáculos haya vencido, más fuerte será y más capacidad adquirirá. Es difícil para los padres no intervenir y dejar que nuestro niño falle y se frustre antes de lograr lo que desea Si estamos ansiosos por ayudarle, si tratamos de enseñarle cada detalle en vez de dejar que él lo descubra, le quitamos parte del triunfo. Nuestra responsabilidad y privilegio es acompañarlo, apoyarlo sin sobreprotegerlo; estar presentes sin hacer las cosas por él; animarlo a confiar en sus ideas y a enfrentar las dificultades. Nuestra propia autoestima es el mejor recurso para lograr todo esto. Para ayudar a nuestro hijo a construir una autoestima alta es indispensable trabajar en nuestra propia valoración A ninguna edad hay que dar por sentada la autoestima. Las críticas y reveses (como las dificultades económicas, los problemas en las relaciones, las pérdidas o enfermedades) la ponen en riesgo. Por eso es necesario que revisemos con frecuencia la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que la modifiquemos si no nos satisface y que nos arriesguemos a luchar por lo que en verdad anhelamos. Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la familia. Para estimular al niño, basta describir su conducta y demostrarle lo satisfechos o agradecidos que estamos por ella “Qué ordenados tienes tus juguetes. Así podrás encontrarlos cuando quieras usarlos. Te felicito”. “Gracias por ayudarme a levantar la mesa. Así acabaremos más rápido y podremos jugar juntos durante más tiempo”. “Qué bien jugaron tu amiguita y tú. No se pelearon en toda la tarde y tú le prestaste la pelota. Te debes sentir contenta”. El niño, o la niña, entonces piensa: “Mis papás aprecian lo que hago”. Como nos referimos a sus acciones, sus ideas o su esfuerzo, sin cuestionar su valor personal, él tampoco lo pone en duda y no teme equivocarse. Los errores le sirven para aprender, sabe que puede volver a intentarlo. Estimular a nuestro hijo no significa negar sus fallas El niño pierde el respeto por la opinión de quien no sabe distinguir algo bien hecho de un trabajo descuidado o defectuoso. Él tiene bien claro qué tanto se esforzó y cuál fue el resultado. Sin ocultar sus errores, podemos hacerle apreciar lo que sí funcionó y reconocer los aspectos positivos: “Hoy te vestiste más rápido que ayer.” “Pusiste dos ruedas a tu carro, sólo faltan las otras dos”. “Agradezco tu esfuerzo por ayudar”. “Te felicito porque tu lápiz está en su estuche y tu ropa en el cajón. Ya sólo falta guardar tus juguetes y tu goma”. Cada vez que el pequeño intenta y consigue algo solo, su confianza se fortalece El niño necesita experimentar el logro para obtener la seguridad que lo hará aceptar situaciones en las que no necesariamente tenga éxito. Cuando consigue hacer ruido con la sonaja, dar Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la familia
  • 5.
    94 Déjelo probar ydescubrir cómo resolver problemasDemuestre su afecto y respeto Motívelo a superar obstáculos Hágale apreciar lo que hizo bienPruebe algunas de las siguientes recomendaciones Revise lo que piensa y lo que dice de su hijo. No etiquete a su hijo: “Eres un miedoso, eres egoísta”. Los niños tienden a actuar de acuerdo con lo que esperamos de ellos. Aprecie los aspectos positivos de su hijo. Reconozca sus logros, pero no le mienta sobre sus errores. Déjelo probar, equivocarse y descubrir cómo resolver los problemas y lograr lo que desea. Motívelo a superar obstáculos y a realizar mayores esfuerzos, siempre dentro de sus posibilidades. Nutra y cuide su propia autoestima.
  • 6.
    Alcanzar la autonomíasignifica ser capaz de pensar, decidir y actuar por uno mismo La autonomía consiste en hacernos cargo de nuestra vida, actuar según nuestros valores y convicciones; es lo contrario a dejarnos gobernar por los demás. Autonomía no significa hacer lo que queramos en el momento en que se nos antoje Autonomía también es ser responsables, tomar en cuenta las consecuencias de nuestras acciones, no echar la culpa a otros de lo que nos pasa. Es reconocer nuestras necesidades y nuestros deseos, pero también considerar las necesidades y los puntos de vista de las personas afectadas por nuestra conducta. La autonomía no puede estar separada del respeto y la consideración a los demás El niño pequeño no es capaz de entender que sus actos afectan a otras personas. Todavía no puede controlar sus impulsos, así que necesita ciertos límites que lo hagan sentir seguro. Es indispensable nuestra autoridad para ayudarlo a conseguir el equilibrio entre su libertad y su responsabilidad, y la claridad para escoger entre varias opciones sin exponerse ni hacer daño a otros. A medida que crezca, irá dándose cuenta de que se siente mejor y sus relaciones son más satisfactorias si, además de cuidarse a sí mismo, toma en cuenta y respeta los derechos de los demás. Este proceso no es fácil para él. Sólo nuestro cariño, paciencia y comprensión le harán sentir que vale la pena. El desarrollo de la autonomía es un largo proceso que se da junto con la evolución de todos los demás aspectos de la vida Para ser autónomo es indispensable ser independiente en cierta medida. El niño tiene un impulso natural a resolver las cosas por su cuenta: comer solo, vestirse, bañarse, ponerse los zapatos. Buscar su independencia es una tendencia sana y poderosa que lo acercará al logro de la autonomía. El niño ha de empezar muy temprano a ensayar pequeñas decisiones para después tomar las que serán realmente importantes El niño necesita aprender a reconocer qué es en verdad lo que quiere y no sólo lo que otros esperan que haga. Pero también necesita aprender cuándo es posible obtener lo que desea y cuándo tiene que esperar o renunciar; en qué situaciones puede decidir y cuándo debe obedecer. A medida que crece y se vuelve más capaz, podremos dejarlo tomar más decisiones y ofrecerle un mayor número de posibilidades para elegir. Es bueno que él vaya asumiendo riesgos en cuestiones que no implican un peligro para él o para los demás; que sepa que cada vez que elige se produce una consecuencia que él tendrá que asumir. Podemos guiarlo para tomar decisiones adecuadas, pero tenemos que dejarlo elegir. EJERCICIO DE REFLEXIÓN ¿Se considera usted una persona independiente? ¿En qué es independiente? ¿Qué es lo que limita su independencia? ¿Qué significa para usted la autonomía? Describa sus tres principales deseos en la vida. ¿Qué está haciendo para que se hagan realidad? Tratar de conseguir la independencia es una tendencia sana 95 Guía de Padres II. El camino hacia la libertad
  • 7.
    Posiblemente nuestro hijo,en el proceso de buscar la autonomía, no muestre las características de un niño modelo ¡Qué bueno! Un niño modelo no siempre es feliz ni tampoco sabe distinguir entre lo que él piensa y desea de lo que le imponen otros. Un niño que hace siempre lo que esperamos de él quizá se sienta intimidado, atemorizado, y no viva la infancia con plenitud. Los niños no siempre son limpios, discretos y respetuosos; a veces se rebelan y desobedecen a los adultos, manifiestan conductas inadecuadas o molestan a sus hermanos. Todo esto es natural. Para que el niño aprenda lo que es mejor para él y para los que le rodean, necesita probar distintas conductas, comprender que algunas serán aceptadas y en otras verá que sus padres intervenimos para corregirlo. Poco a poco, con nuestra ayuda respetuosa, aprenderá a reconocer y elegir los compor- tamientos que lo harán sentir más feliz y satisfecho. Uno de los objetivos principales de la educación es la autonomía, y nuestro papel como padres es guiar al niño para que logre alcanzarla plenamente El pequeño está iniciando apenas su camino hacia la libertad. En este viaje, va a ir descubriendo quién es él, hacia dónde va, qué quiere lograr y cuáles son los valores que le servirán de guía. Quizá el niño se equivoque muchas veces, tal vez se sienta confundido y temeroso o tenga que enfrentar el dolor y la frustración. Los padres no podemos ni debemos protegerlo de las durezas y dificultades inevitables del crecimiento, pero sí debemos darle las herramientas para resistirlas y superarlas. Si le permitimos y lo animamos a luchar por sus anhelos, irá ganando, a cada paso, satisfacciones, alegría, afectos, conciencia y autonomía. Nosotros podemos ser sus acompañantes gozosos en la conquista de su libertad. Tenemos que dejarlo elegir Los niños a veces se rebelan y desobedecen a los adultos La pequeña va a ir descubriendo qué quiere lograr 96
  • 8.
    97 Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones No haga por su hijo lo que él ya puede hacer. Ayude a su niño a tomar en cuenta sus necesidades pero también las de los demás. Guíelo, pero deje que tome sus propias decisiones en asuntos que no lo pongan en peligro. Enseñe al pequeño a ser libre, pero también responsable. No exija a su niño un comportamiento modelo. Déjelo probar distintas conductas para que él descubra cuáles son las que lo hacen sentir más satisfecho. Piense en el futuro de su hijo. Prepárelo para la autonomía no para la sumisión o el servilismo. Enséñelo a asumir las consecuencias de sus actos y a aprender de sus errores. No haga por su hijo lo que él ya puede hacer Ayúdele a tomar en cuenta las necesidades de los demás Guíela, pero deje que tome sus decisiones Prepárelo para la autonomía
  • 9.
    Los valores constituyenuna guía que da sentido a la vida Establecemos nuestros valores a partir de nuestra idea de lo que es el ser humano. Una persona que piensa que el hombre es un ser orientado al compromiso y al amor no tendrá los valores de alguien que piense que el hombre debe buscar su propio beneficio a costa de los demás. Quizá no estemos conscientes de nuestra idea personal de ser humano o no la hemos puesto en palabras, pero existe en nosotros, da origen a nuestros valores y se manifiesta en nuestro comportamiento y relaciones. Vale la pena reflexionar y tratar de precisarla. Cada persona es única y es responsable de definir sus propios valores Nadie puede hacerlo por ella. Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer. Existen valores o principios universales que se han vivido en distintas épocas y culturas, y que nos sirven como orientación para tomar decisiones. El amor, la verdad, la valentía, la bondad, la responsabilidad y la amistad, son algunos de ellos. Lo que cada uno tenemos que descubrir por nuestra cuenta es cómo aplicarlos en las circunstancias concretas en las cuales vivimos y qué orden de importancia hemos de darles en cada situación. Hacer conscientes nuestros verdaderos valores es un paso indispensable para educar éticamente a nuestros hijos Tenemos que revisar a fondo qué es verdaderamente valioso para nosotros y reconocerlo en la manera en que vivimos las experiencias de todos los días. Los valores se conocen por las acciones. El niño pequeño aprende los valores observando cómo se comportan las personas a su alrededor. Durante los primeros años de nuestro hijo, su educación ética consiste fundamentalmente en tener claros nuestros valores, vivirlos con sinceridad, y mostrarle cómo decidimos y nos responsabilizamos por nuestras decisiones. 98 III. Los padres y los valores EJERCICIO DE REFLEXIÓN Los valores son nuestra guía para actuar y para relacionarnos con los demás. Los valores se ordenan según la importancia que demos a cada uno de ellos. De esta forma, cuando parece darse un conflicto entre dos valores, es posible hacer una elección y decidir lo mejor en cada circunstancia. ¿Cuáles son los valores esenciales para usted? Escriba un valor en cada tarjeta. Por ejemplo: sinceridad, amor, generosidad, riqueza, libertad. Acomódelos por orden de importancia. Separe los tres primeros, los que sean fundamentales para usted. Anote dos acciones que haya realizado y que expresen cada uno de esos tres valores. Por ejemplo, si para usted la honestidad es un valor, escriba: “El vendedor se equivocó al darme el cambio y me regresó dinero de más. Yo me di cuenta y se lo devolví”. “La maestra creyó que yo había regalado el libro para la biblioteca del salón. Yo aclaré que lo habíamos comprado entre tres personas y mencioné sus nombres”. Pida a su pareja o a cualquier otra persona que colabore con usted en la educación de su hijo que realice el mismo ejercicio. Compartan sus valores principales. ¿Son parecidos? ¿Son los valores con que están educando al niño? Guía de Padres
  • 10.
    Por eso estan importante ser congruentes entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Algunas veces, los valores que defendemos con palabras no son los mismos que expresamos con nuestra conducta Decir "no pegues" pegando es dar mensajes contradictorios. El niño es muy sensible a las inconsistencias, se desconcierta, se enoja, y más tarde puede perder confianza y respeto por lo que intentemos enseñarle. Nuestro hijo aprende a actuar y a tratar a los demás como nos ve actuar y como lo tratamos. Los niños pequeños son imitadores. Gracias a eso, los padres tenemos a nuestra disposición una poderosa herramienta para comunicarles nuestros valores Podemos convertirnos conscientemente en modelos de los comportamientos, hábitos y actitudes que deseamos que nuestro hijo adopte. El niño se identifica con sus padres, es decir, quiere ser como ellos. No es que diga: “voy a ser como mi papá (o mi mamá), voy a portarme igual que ellos”. No. Lo que sucede es que, sin darse cuenta, va haciendo suyos los valores que observa. Si lo hemos tratado con cariño, respeto y comprensión, su comportamiento se va ajustando de manera natural al cariño, el respeto y la comprensión. Si para nosotros es importante realizar un proyecto que sirva a otros, si somos constantes y no nos rendimos ante las primeras dificultades, es muy probable que nuestro hijo adopte como valores la solidaridad y la constancia. Además de imitarnos, el niño dirige su conducta hacia lo que los padres valoramos porque quiere nuestro amor y nuestra aprobación Sus esfuerzos por agradarnos son un primer paso en el desarrollo de su capacidad de juzgar y decidir. Falta todavía un largo camino para llegar a la autonomía, pero por el momento, el niño está listo para aprender qué es lo que consideramos valioso. Muchas veces, el niño se adapta a nuestros valores y disfruta dándonos gusto, pero en ciertas ocasiones necesita ensayar diferentes conductas. La rebeldía es otra manera de descubrir los valores El desarrollo ético de un niño es mucho más complejo que una simple lista aprendida de memoria de lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. El niño también prueba, mide, reta, quiere saber qué pasa cuando desobedece o cuando se comporta de manera distinta a la que se acostumbra en casa. La rebeldía es un intento normal de investigar quién es él, cuál es su lugar, cómo debe convivir con los demás; es una forma de ir teniendo claros los verdaderos valores de la familia. El niño aprende con más profundidad y eficacia si los ha descubierto por sí mismo, incluso actuando en contra de ellos. Aunque el ejemplo es la manera más eficiente de enseñar a los niños, no es la única Los niños también necesitan que les marquemos límites precisos y que los orientemos con claridad y firmeza. Necesitan límites, disciplina y reconocer a la autoridad. 99 El niño quiere saber qué pasa cuando desobedece
  • 11.
    100 Procure ser congruenteen sus palabras y acciones Sea un modelo de los hábitos que desea que su hija adopte Entienda la rebeldía de su niñoNo imponga sus órdenes Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Defina su idea personal de ser humano y cuáles valores se desprenden de esa idea. Investigue a través de conversaciones y lecturas cuáles son los valores o principios universales. Piense cuáles de esos valores ha adoptado usted y cómo los aplica en las circunstancias concretas de su vida. Reflexione sobre el orden de importancia que da a sus valores. Esto lo ayudará a decidir cuando tenga la impresión de que dos valores están en conflicto. Procure ser lo más congruente posible en sus pensamientos, palabras y acciones. Trate a su hijo como quiere que él trate a los demás. Sea un modelo consciente de los comportamientos, hábitos y actitudes que desea que su hijo adopte. Entienda la rebeldía de su niño. Es otra manera que él tiene de descubrir valores.
  • 12.
    La palabra disciplinaviene de discípulo: el que aprende de un maestro Esencialmente la disciplina es una forma de aprender del niño —y una manera de enseñar de los padres— las conductas más productivas y satisfactorias para él y para las personas que le rodean. Disciplinar al niño quiere decir fijar límites a su conducta y establecer reglas de convivencia. La disciplina es un proyecto de enseñanza a largo plazo. Durante los años que van desde la infancia hasta la adolescencia, el niño necesita la autoridad, el amor y el ejemplo de sus padres para orientarse en su camino hacia la autonomía. La disciplina es una expresión de amor a nuestros hijos y una responsabilidad fundamental de los padres La disciplina es una expresión de amor porque supone un gran trabajo y control personal, mantener la serenidad para guiar a nuestro hijo y resolver los conflictos sin agredirlo o faltarle al respeto. Es también una gran responsabilidad porque el niño todavía es incapaz de controlar sus impulsos, y carece de un criterio suficientemente desarrollado para decidir y responder por las consecuencias de sus actos en gran parte de las situaciones que se le presentan. El niño necesita tiempo, madurez, libertad de experimentar y una buena guía para construir su criterio y sus propias normas En la medida en que el niño vaya dominando un mayor número de habilidades físicas, emocionales e intelectuales, estará mejor preparado para decidir por sí mismo, pero mientras lo logra, son indispensables ciertos límites acompañados de nuestro afecto, comprensión y apoyo. Los límites y las reglas tienen la función de preservar la seguridad del niño y de evitar que su conducta afecte de manera negativa a los demás Los límites le dan confianza para actuar y para relacionarse socialmente pues le permiten conocer lo que los demás aceptan y lo que no. Por eso, es necesario explicarle las normas y sus razones de manera breve y sencilla, y comprobar si nos ha entendido bien. El niño debe saber exactamente qué es lo que esperamos de él. Para eso, tenemos que ser constantes y congruentes. Si los padres aplicamos la disciplina de acuerdo con los cambios de nuestros estados de ánimo —a veces le permitimos hacer ciertas cosas, pero otras no—, el niño sufrirá una gran inseguridad y mostrará rechazo y confusión. El niño suele aceptar las reglas si son claras, justas y razonables Si son arbitrarias, si sólo son ocurrencias o caprichos nuestros, le causan enojo, rebeldía y le hacen perdernos respeto. No es sostenible hacer que obedezca “porque soy tu padre” o “porque eres pequeño”. Tampoco es razonable pedir que obedezca inmediatamente, que cierre el libro, o deje de jugar o de ver televisión en el instante en que se lo ordenamos. A nadie le gusta ser interrumpido cuando está haciendo algo interesante. EJERCICIO DE REFLEXIÓN Los reglas que usted impone a su hijo son guías que lo orientarán para encontrar, más adelante, sus propias normas en la vida. Es importante pensarlas bien y aplicarlas de manera consistente. ¿Tiene usted claras las reglas que se aplican en su familia? Si comparte con su pareja o con otra persona la educación de su hijo, ¿se han puesto de acuerdo en los principios y los límites que le plantean? ¿Cuáles son? ¿Qué métodos utilizan para disciplinarlo? 101 Guía de Padres IV. La disciplina. Una cara del amor
  • 13.
    Si estamos enseñandoal niño a ser independiente y responsable, tenemos que darle oportunidad de decidir, dentro de ciertos márgenes, cuándo y cómo hacer las cosas: “Cuando termine el programa”, “Cuando la manecilla larga del reloj llegue al número tres”; “Las papas sí, las zanahorias no”. Así, el pequeño sentirá que respetamos su tiempo y su autonomía y aprenderá a colaborar con más gusto. Los límites y las reglas deben indicar al niño no sólo lo que no puede hacer, sino sobre todo lo que sí puede Si nos piden en este momento: “no piense en un gato”, seguramente lo primero que haremos es pensar en un gato. Lo mismo pasa con el niño. En vez de que le pongamos restricciones: “no toques, no pegues, no hagas ruido”, es mejor que le demos otras posibilidades de actuar. Para el pequeño es más fácil realizar una acción concreta que controlarse para dejar de hacer algo. Es mucho más efectivo decirle lo que sí puede hacer: “Dentro de la casa tratamos de caminar despacio”; “Nos entendemos mejor si hablamos suave”; “La tierra es para las macetas”; “Dame la mano para cruzar la calle.” Procuremos dar a nuestro hijo muy pocas órdenes, fijar algunas reglas esenciales y darle oportunidad de actuar libremente en todo lo demás Si gastamos la energía y la autoridad en asuntos que no valen la pena, no tendremos la fuerza suficiente para lo fundamental. El niño aprende mejor las reglas importantes —como no tocar la estufa, salirse de la casa o asomarse por la ventana— si no están mezcladas con un gran número de prohibiciones. Es más efectivo crear un ambiente seguro y quitar del alcance del pequeño los objetos valiosos o peligrosos hasta que él sepa cuidarlos, que vigilarlo y controlarlo constantemente. Las cuestiones en las que el pequeño no afecta a otros ni se pone en riesgo son oportunidades de aprender a decidir y a observar las consecuencias de su conducta. Un ambiente seguro, ordenado y estructurado en casa es una gran ayuda para evitar conflictos, pero es mejor aun si lo hacemos divertido e interesante Los niños aburridos, los que no tienen estímulos atractivos a su alrededor, son los que presentan más a menudo conductas conflictivas. Conviene planear juegos entretenidos que inviten al niño a investigar y a aprender. Cuanto más podamos organizar el entorno del niño y proponerle actividades diferentes, menos va a retarnos y a rebelarse, y más va a poder decidir, inventar y actuar por su cuenta. El fin último de los padres es desaparecer como autoridades, abrir horizontes a nuestro hijo y dejar que se convierta en el único dueño de su vida: un ser feliz, satisfecho y útil a los demás. 102 Es más efectivo quitar los objetos valiosos que controlarlo Un ambiente seguro y estructurado es una gran ayuda Sea claro en el mensaje: “No le pegues a tu hermana porque le duele”
  • 14.
    103 Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones Marque a su hijo límites claros y congruentes. Comente con él los límites para que los entienda y comprenda el porqué de cada uno. Sea claro en los mensajes que envía a su hijo. Por ejemplo, muchas veces decimos: "No te portes mal" y eso para el niño es algo muy vago; mejor dígale: "No le pegues a tu hermana porque le duele”. Cuando su niño haga algo inadecuado procure reflexionar con él por qué sucedió, cómo entiende él la situación y qué podrían hacer usted y él para solucionarla. Recuerde que usted es un modelo para su niño. Sea consistente. No puede tener usted un día un comportamiento y al día siguiente prohibírselo a su hijo. Si el niño utiliza su energía para probar hasta dónde puede llegar en vez de emplearla en aprendizajes más creativos, revise si los límites que le marca son claros y si es usted firme para hacerlos respetar. Cuando su hijo cometa actos de indisciplina converse con él para que asuma su responsabilidad y piense qué pudo haber hecho para evitar el error. Sea congruente, usted es un modelo para su niña Sea claro en los mensajes que envía Comente los límites para que los entienda No puede tener usted un día un comportamiento y al día siguiente prohibírselo
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    Cometemos dos tiposde equivocaciones al disciplinar a nuestro hijo Consentirlo y dejarlo hacer lo que quiera, o exigirle un comportamiento maduro cuando aún no está preparado son dos errores muy frecuentes. A veces pasamos de un extremo a otro, y eso le puede causar más confusión al niño. Algunos padres tenemos miedo de perder el amor de nuestro hijo si ejercemos la autoridad Tal vez no nos atrevemos a marcar límites porque no deseamos imponerle una educación tan dura como la que nosotros recibimos. Sin embargo, esto es hacer vivir al niño en un mundo irreal. Si nos doblegamos a sus caprichos y él no tiene que responsabilizarse de su conducta ni considerar los sentimientos o necesidades de los demás, no podrá aprender a ponerse de acuerdo ni a llegar a tratos justos; no sabrá cómo relacionarse y se sentirá incapaz. Ceder a los reclamos, gritos, llantos o ruegos del niño y cambiar nuestras decisiones para satisfacer sus deseos lo tendrá contento por un rato, pero en el fondo nos perderá el respeto y no se sentirá ni cuidado ni protegido. El pequeño no sólo admite nuestra autoridad sino que la busca y la provoca. Cuando no encuentra límites, se vuelve cada vez más desafiante: necesita probar hasta dónde le permitimos llegar. Los padres muy exigentes tampoco favorecemos la autonomía y la seguridad de nuestro hijo Si somos muy duros con él, el niño vivirá con miedo e irá abandonando sus propios deseos para obedecer a los demás. Podrá mostrarse débil y dependiente, o agresivo y desafiante, pero en los dos casos irá guardando sentimientos tan destructivos para él como la tristeza y el resentimiento. ¿Cómo encontrar el equilibrio al disciplinar? Hay que tomar en cuenta la personalidad de nuestro hijo y saber que el niño es lo que importa. La disciplina debe adaptarse a sus características y no al revés. Cada niño es único. Incluso en la misma familia no podemos aplicar la misma disciplina a niños diferentes. Un pequeño sensible y frágil requiere menos fuerza que un niño fuerte y activo; un niño con un mayor desarrollo del lenguaje necesita más explicaciones. También es importante comprender el momento por el que está pasando el niño y observar si se siente cansado, enfermo, 104 V. Cómo y cuándo disciplinar EJERCICIO DE REFLEXIÓN ¿A qué edad piensa que es necesario empezar a disciplinar al niño? ¿Cuándo es conveniente darle explicaciones? ¿Cómo debe ir modificándose la disciplina a medida que el niño crece? ¿Qué tipo de disciplina necesita su hijo? ¿Responde mejor si lo trata con suavidad o requiere que le marque los límites con más firmeza? Guía de Padres Otra manera de desalentar las conductas negativas es ignorarlas
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    angustiado, triste otemeroso; si necesita más suavidad o más firmeza; si ya superó una etapa y está iniciando la siguiente, si ahora requiere reglas y hábitos más adecuados a sus nuevas habilidades. Para ser eficaz, la disciplina ha de ajustarse a la edad del niño Los padres tenemos que observar a nuestro hijo, calcular qué puede lograr y qué no, y evitar exigirle algo para lo que no está preparado. Es inútil pedir a un niño de esta edad que se siente tranquilo y callado en una visita formal a su tía, o que sepa todas las reglas de cortesía a los tres años. Necesitamos saber qué podemos enseñarle en cada momento de su desarrollo. En los primeros ocho meses, el bebé no requiere disciplina propiamente dicha Lo que debemos hacer es ayudarlo a establecer las rutinas de higiene, sueño y alimentación. El niño necesita aprender a poner orden en sus hábitos y horarios, y eso lo logra más con nuestros cuidados que con disciplina. ¿Cuándo empezar a disciplinar? La primera vez que el niño acerca la mano a un objeto prohibido o hace algo que sabe que no nos gusta y se asegura de que lo estamos mirando, es claro que está pidiendo límites y necesita que le ayudemos a controlarse. Es el momento de aplicar la disciplina. Este tipo de comportamientos coincide con el gateo, alrededor de los ocho o nueve meses, y se intensifica cuando el pequeño aprende a caminar. La independencia que adquiere al poder moverse de un sitio a otro le produce una enorme satisfacción, pero también le da miedo; quiere explorarlo todo, pero no sabe hasta dónde llegar. Entonces se asusta y nos provoca para que le marquemos las fronteras que él no tiene claras todavía. 105 La rebeldía del niño pequeño es una expresión sana de su crecimiento y una forma de aprender a comportarse Si comprendemos su proceso, será más sencillo marcarle límites claros y hacerlo de manera tranquila, sin enojarnos con él. La disciplina que establezcamos ha de ser directa y amorosa. Podríamos llamar su atención hacia otra actividad interesante, y si no resultara, quitarlo físicamente de donde está, con firmeza y suavidad, pues hasta que su lenguaje se desarrolle más ampliamente, no es posible razonar con él. A partir de los dos años, conviene acompañar la disciplina con una explicación Cuando comienza una conducta negativa del niño es necesario detenerla de inmediato: cargarlo, sentarlo en una silla, llevarlo a otro lugar hasta que se calme, sentarnos junto a él unos minutos y después explicarle por qué no aceptamos lo que hizo y por qué es necesario que le ayudemos a controlarse. El niño tiene que saber cómo afecta su comportamiento a otros o a él mismo, y qué puede hacer para solucionar el problema. “Te quiero mucho, pero no puedo permitir que rompas los juguetes de tu hermana. ¿Qué vas a hacer ahora para que ella no esté triste?” Es fundamental distinguir claramente entre el rechazo de la conducta errónea y la aceptación y amor a nuestro hijo. Después de disciplinarlo, las caricias y abrazos nos hacen mucho bien tanto al niño como a los padres. Lo importante es que el niño se sienta cada vez más seguro y capaz de tomar sus propias decisiones y de convivir en armonía con otras personas. El niño tiene que aprender a respetar las situaciones peligrosas No siempre podrá convencerlo de lo que debe hacer
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    106 Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones En cada etapa del desarrollo del niño, ensaye formas distintas de disciplinarlo. No se preocupe por malcriar a su bebé. Antes de los ocho meses no requiere disciplina, sólo orden y hábitos estables. No renuncie a su autoridad. El niño necesita límites claros y firmes. Procure dar a su hijo muy pocas órdenes y limitarlas a cuestiones importantes. Si su hijo tiene dos años o más, es necesaria una explicación breve del porqué de la disciplina. Observe a su hijo. Anote lo que le gusta y lo que le molesta. Use lo que sepa de él para motivarlo y disciplinarlo. Revise su forma de disciplinar. Sea sensible a la manera en que el niño la recibe. Si no le da resultado, cambie a otra. Separe con claridad su rechazo a la conducta equivocada del niño de su amor incondicional por él. Explique al niño las normas de su casa y enséñelo a respetarlas. La niña necesita límites claros y firmes Revise su forma de disciplinar Es necesaria una explicación breve de la disciplina Observe a su hijo para motivarlo y disciplinarlo
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    Castigar significa causarsufrimiento a otra persona para que cambie su comportamiento El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores métodos que los padres podemos usar. El castigo físico lastima al niño y el castigo emocional, como humillarlo o amenazarlo, puede limitar su inteligencia y además disminuir seriamente su autoestima y seguridad. Los castigos severos producen frustración, enojo, deseos de venganza, miedo y resistencia a colaborar. El castigo impide sólo temporalmente una conducta. En cuanto desaparece la vigilancia, el niño vuelve a hacer lo mismo El niño castigado severamente no aprende a controlarse sino sólo a evitar el castigo. Si lo encerramos dos horas en el baño por pegarle a su hermanito, la próxima vez se asegurará de que nadie lo descubra. Pero seguirá pegando. Existen varias formas de castigar El castigo físico como pegar, zarandear o pellizcar, además de ser peligroso para el niño, es un gran abuso. Nada justifica maltratarlo. Imaginemos lo que significa para un niño pequeño que sus padres perdamos el control y actuemos en forma violenta. Para él los golpes significan que sus papás somos más grandes y nos aprovechamos de eso; que él vive en peligro pues no puede defenderse, y que sus padres creemos en la violencia y la fuerza para resolver los conflictos. El niño que ha sido golpeado aprende a ser violento. La burla o el menosprecio a los hijos son prácticas tan destructivas como ineficaces. No nos damos cuenta del daño que causamos al niño con los insultos: “Eres un niño malo”, “¿Cómo puedes ser tan tonto?”, “Ahí viene el cochino de la casa”. Las frases despectivas etiquetan al niño, empobrecen el concepto de sí mismo, y bajan su autoestima. La humillación no educa nunca. Los chantajes emocionales no ayudan al niño a tener un buen concepto de sí mismo. El niño se asusta y se siente culpable cuando escucha frases como: “Estoy triste porque no levantaste tus juguetes”. “Me voy a enfermar de tantos corajes que me haces pasar”. Sin embargo, cuando crece, deja de tomarlas en serio pues sabe que son falsas. Los premios tampoco ayudan al niño a convertirse en una persona responsable. “Si te acabas la sopa te compraré una muñeca.” “Si levantas la mesa, te daré un dulce”. Desde luego, las recompensas sí funcionan en el momento. El problema es que, al usarlas con frecuencia, el niño crece esperando que alguien lo premie por cada acción que realiza, y no aprende a ser responsable e independiente. 107 EJERCICIO DE REFLEXIÓN Cuando usted era niño, ¿alguna vez fue castigado? ¿Le pegaron sus padres para disciplinarlo? ¿Recuerda qué sentía en esas ocasiones? ¿Cree usted que le sirvieron esos castigos o le hubiera gustado que lo disciplinaran de otra forma? Disciplinar es enseñar, no castigar Guía de Padres VI. ¿Son necesarios los castigos y los golpes?
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    Cuando el niñoactúa solamente por un beneficio externo, pierde la oportunidad de sentir satisfacción por el logro personal. Las amenazas atemorizan al niño y son inútiles para enseñarle cómo conducirse. “Si vuelves a hacer eso, te va a ir muy mal”, “La próxima vez que contestes así, te voy a lavar la boca con jabón”. Las promesas tampoco sirven: “Prométeme que nunca volverás a comer galletas antes de la cena”. La razón por la que es inútil decirle al niño lo que le va a pasar es que al día siguiente ya no recuerda lo que prometió o lo que no debía hacer. Retirarle el afecto es una de las formas más agresivas de castigar al niño La posibilidad de que sus padres lo dejemos de querer o lo abandonemos es angustiosa y amenazante. Decir a nuestro hijo: “No te quiero nada, vete de aquí”. O: “Ya no te soporto, te voy a regalar con el señor que recoge la basura”, le causa terror y además es un engaño pues ni lo vamos a dejar de querer ni lo vamos a abandonar. Esta manera cruel de castigar no funciona para educar. El niño se asusta tanto que no puede pensar. El peligro de perder el cariño y el amparo de sus padres, lo hace sentir tan inseguro que en el futuro tratará de ocultar sus emociones y los deseos que a sus padres parecen inadecuados, y perderá su espontaneidad, su entusiasmo y su alegría. Desde luego que es difícil mantener siempre la calma. Es inevitable que los padres nos enojemos de vez en cuando Cuando esto nos suceda, conviene decirlo con claridad: “Estoy enojado. Eso que hiciste me molestó”. Darnos tiempo para tranquilizarnos en lugar de reaccionar con regaños o gritos, alejarnos del niño hasta que la molestia desaparezca y estemos en condiciones de hablar con él. Un padre enojado no es un buen maestro ni es capaz de escuchar las razones del niño para ayudarle a aprovechar la experiencia y aprender de ella. Si alguna vez actuamos impulsiva o violentamente, podemos hacer algo para resolver la situación: podemos pedir perdón al niño Si esto es ocasional, no resulta grave. Pero es inútil tratar de engañar al niño argumen- tando que lo golpeamos “por su propio bien”. Esto es falso y él lo sabe. Resulta más sincero decirle: “Me disgusté contigo y por eso te pegué. Ahora me doy cuenta de que estaba enojado por otras cosas, lo siento mucho”. Sin embargo, las disculpas pierden su efecto educativo cuando los golpes o gritos se repiten con frecuencia Pudiera ser que algunos padres hayamos aprendido a actuar de manera agresiva si siendo niños recibimos golpes o castigos severos. Es necesario reconocerlo y ser conscientes del daño y el dolor que eso nos causó para no repetirlo con nuestros hijos. Es posible llegar a controlar las tendencias violentas si lo decidimos y si solicitamos la ayuda necesaria, incluso el apoyo de algún especialista. Si lo que buscamos es el desarrollo ético de nuestro hijo, debemos evitar ofenderlo, hacerlo sentir rechazado y mucho menos golpearlo La meta es que el niño incorpore y haga suyos los límites, las normas y los valores, y no estar permanentemente sujeto a una autoridad que lo vigile, lo controle y lo sancione. Tenemos a nuestra disposición métodos positivos de disciplinar al niño y de enseñarle a ser responsable. 108 Debe sentirse querida a pesar de sus errores
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    Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones Exprese sus sentimientos con energía pero no agreda a su hijo. Manifieste con claridad lo que espera de su hijo. Trate de identificar con sinceridad los motivos por los que siente el impulso de castigar o golpear a su hijo. Pida disculpas cuando se haya excedido en el enojo o en el castigo. Su hijo se sentirá reconfortado si usted se muestra arrepentido y trata en verdad de no repetir la misma conducta. No dé al niño órdenes arbitrarias, inadecuadas o ilógicas. Trate de evitar los premios como forma cotidiana de estimular a su hijo. Procure ser coherente con lo que usted hace y lo que le pide a su hijo que haga. Ámelo, quiéralo mucho y dígaselo con palabras y con hechos. Eso hará que se sienta seguro. Enseñe a su hijo a resolver los conflictos mediante el diálogo, nunca con violencia. Nada justifica el maltrato al niño. Nunca le pegue, lo humille, lo encierre o lo deje sin comer. 109 No agreda a su hijo Identifique el impulso que lo lleva a castigar Pida disculpas cuando sea necesario Evite usar los premios como una forma cotidiana de estímulo
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    Desde pequeño, elniño tiene la capacidad de observar cuáles son las consecuencias de sus actos Si los padres le permitimos vivir el efecto de lo que hace, es decir, la consecuencia natural de sus acciones, el niño aprenderá a controlarse. Si la consecuencia de su comportamiento resulta agradable, el niño va a repetirla; si le molesta, va a decidir hacer otra cosa. La condición es que no lo protejamos ni le impidamos conocer los efectos de su conducta. Las consecuencias naturales producen un aprendizaje claro y directo y un cambio mucho más rápido en el comportamiento del niño que cualquier discurso, amenaza o castigo Un niño que pega a un amigo provoca que éste le conteste el golpe o que ya no quiera jugar con él. Si el pequeño no se duerme temprano, va a estar cansado al día siguiente; si rompe su muñeco porque está enojado, no va a tener con qué jugar. Por supuesto que se necesita prudencia y sentido común para enseñar al niño a asumir las consecuencias naturales de sus actos. Cuando ponen en peligro al niño, será necesario evitarlas a toda costa, pero cuando simplemente son incómodas para él, es bueno hacerse a un lado y dejar que ocurran. La vida se encarga de poner al alcance de los padres las consecuencias naturales, pero no siempre son suficientes para disciplinar A veces el niño no se ve afectado directamente por lo que hace, pues las consecuencias de sus acciones perjudican a otras personas pero no a él. Entonces necesitamos buscar otras consecuencias. Pero esas consecuencias tienen que ser lógicas, es decir, deben estar relacionadas con lo que hizo el niño. 110 VII. Consecuencias naturales y consecuencias lógicas EJERCICIO DE REFLEXIÓN Las acciones de la columna del lado izquierdo tienen una consecuencia. Búsquela en la columna derecha y trace una línea para unir cada causa con su efecto. Acción Consecuencia No come a la hora de la comida Se ve sucio, con aspecto desagradable Su hermano le pega Le duele el estómago Guarda los juguetes en su lugar Tiene hambre antes de la hora de cenar Come una caja entera de chocolates Llora, se defiende y le pega a él Rompe los libros Encuentra siempre con qué jugar No se baña Sus papás no pueden leerle cuentos Así como usted identificó la consecuencia de cada acción, permitir al niño vivir el resultado de su conducta puede darle claridad para aprender a comportarse de manera adecuada. Guía de Padres Busque consecuencias lógicas para disciplinar al niño
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    Lo que justificala aplicación de consecuencias lógicas es que comprenda cómo afectan sus acciones a los demás y encuentre una manera de reparar el daño causado Las consecuencias tienen que ser positivas, ayudarle a hacer algo útil para arreglar el problema. Si entró a la casa con los zapatos enlodados, la solución será limpiar el piso. Es muy importante encontrar consecuencias que ayuden al niño a aprender y a cambiar su comportamiento; que produzcan algo positivo, y que se relacionen directamente con su acción equivocada. Existen varias maneras de aplicar las consecuencias lógicas Quitarle al niño el objeto que ha usado mal cuando le da en la cabeza a su hermano con el trenecito, la consecuencia lógica es que el juguete va a estar guardado durante todo el día. Aislarlo de los demás si muerde a sus compañeros tendrá que permanecer solo hasta que se tranquilice. Es importante que él mismo decida cuando está listo para regresar a jugar con los otros niños. Utilizar la consecuencia directa de la acción al niño que diga mentiras pidámosle que aclare lo sucedido. Propiciar un acuerdo entre el niño y los que han sido perjudicados por él pues cuando el niño entiende el punto de vista de los demás, quiere remediar el daño por su propia voluntad. Así, si se comió el dulce de su primo, va a aceptar darle el suyo. Explicar las razones por las que desaprobamos su conducta haciéndole ver con claridad cómo él o alguien más ha sido afectado por lo que él hizo. 111 Existen también algunas condiciones para aplicar las consecuencias lógicas Separar la acción de la persona concentrándonos en la conducta sin descalificar al niño. La consecuencia tiene que ver con una acción, no con la personalidad del pequeño. Ser constantes y congruentes aplicando las consecuencias siempre de la misma manera. Cuando un día sucede una cosa y al siguiente no pasa nada, el niño no puede entender cuál es el resultado de sus acciones. Aplicarlas en el momento pues si el niño no vive las consecuencias cuando acaba de suceder el hecho, ya no podrá aprender de ellas, pues no recordará lo que hizo y no lo asociará con las consecuencias. Que la consecuencia tenga proporción y se relacione con lo que hizo el niño si sacó las herramientas del cajón de su papá e hizo un tiradero, va a tener que ayudar a guardar todo en lugar de salir a jugar ese día. Pero no es razonable que se quede sin jugar toda la semana. Que la consecuencia no cause un dolor excesivo al niño pues no debemos privar al niño de algo que sea muy importante para él. Si le prometimos desde hace un mes pasar el día en el campo, tendremos que buscar una consecuencia acorde con lo que hizo, pero no dejarlo en casa. Un castigo tan severo puede hacerlo sentir maltratado, enojado o resentido con nosotros. En la aplicación de consecuencias lógicas lo único indispensable es una relación de amor y de respeto entre el niño y sus padres La disciplina amorosa y bien aplicada fortalece la autoestima del niño y le hace confiar en su capacidad de decidir correctamente y de lograr las cosas por sí mismo. Es importante que conozca las consecuencias en el momento Si sacó las cosas del cajón, que ayude a guardarlas
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    112 Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones Ayude a su hijo a relacionar sus actos con las consecuencias que estos provocan. Permítale afrontar las consecuencias. No lo sobreproteja. Quizá sea difícil para ambos sufrir efectos desagradables, pero, a la larga, su hijo aprenderá de la mejor y tal vez la única manera que puede hacerlo: por su propia experiencia. No le diga al niño: “Te lo dije”, después de haber cometido algún error. Trate de resolver los problemas junto con su hijo. Él tiene ideas que pueden ser muy valiosas. Después de castigarlo o regañarlo no le diga: “Es por tu bien”. No lo mime. Esto provocará que su hijo se vuelva voluntarioso y dependiente de los demás. No lo sobreproteja Ayude a su hija a relacionar sus actos con las consecuencias No caiga en la tentación de decir: “Te lo dije” Permítale afrontar las consecuencias
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    Cuando el niñotiene que superar una etapa difícil de su desarrollo, aparecen manifestaciones de rebeldía y agresividad Esto significa que está progresando. Al pequeño le cuesta trabajo abandonar las costumbres que tenía cuando era bebé, pero siente la urgencia de ser independiente y enfrentar los retos del crecimiento. Cuando los padres ponemos límites a su impulso de libertad, el niño se rebela. Si no consigue hacer su voluntad en ese preciso instante, expresa su inconformidad con un enojo extremo: llora, pega, rompe cosas, grita, patalea, se tira al piso. Hace berrinches. Es imposible evitar los berrinches, no vale la pena intentarlo. Mientras más tratemos de tranquilizar al niño, más fuerte va a gritar Él necesita más bien que reconozcamos sus sentimientos: “Ya sé que quieres comerte los dulces y estás enojado porque no te lo permito en este momento. Los dulces son para después de comer. Vamos a escoger un caramelo de cada color y a ponerlos en el frasco para que los tomes al terminar la comida”. Escucharlo y comprender su enojo, no significa darle lo que quiere o hacer todo lo que él pide Si lo complacemos para que deje de llorar, le enseñamos el camino para conseguir lo que desea; si nos enojamos con la pataleta, sabrá que logró afectarnos y esa es una forma de obtener atención; pero lo peor que podemos hacer para tratar de calmar al niño es golpearlo, eso lo excita aún más. ¿Qué hacer entonces? Cuando sabemos que los berrinches son parte del desarrollo y conocemos algunas herra- mientas para manejarlos, nos sentiremos más tranquilos y seremos más eficaces. Éstas son algunas posibilidades: Dar opciones cuando el niño es pequeño y el berrinche apenas comienza, podemos distraer su atención hacia otra cosa. Es una táctica que funciona algunas veces, pero no muy a menudo. Comprender si la pataleta ya arrancó, hay que intentar comunicarle a nuestro hijo que comprendemos su enojo: “Entiendo que estás disgustado porque...” o “Lo siento mucho, ya sé que quieres tenerlo, a mí también me gustaría dártelo. Te propongo ahorrar juntos para poder comprarlo...” EJERCICIO DE REFLEXIÓN ¿Alguna vez ha perdido usted el control y ha gritado o azotado la puerta? ¿Cómo se sintió? ¿Satisfecho? ¿Aliviado de haber podido expresar su enojo? ¿Molesto consigo mismo por haber dicho o hecho cosas que no considera adecuadas? ¿En qué circunstancias hace berrinches su hijo? ¿Cómo resuelve usted la situación? ¿Qué siente cuando su niño se tira al suelo o grita y están presentes otras personas? 113 Guía de Padres VIII. Berrinches y pataletas Mientras más lo calme, más fuerte va a gritar
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    Desde pequeño tieneque aprender a resolver los desequilibrios que trae el crecimiento y la lucha por la independencia. El capítulo VII del apartado Aprender a vivir juntos (pág. 25) sugiere algunas formas de cuidar y educar la vida emocional del niño. Solamente que el niño sea agresivo la mayor parte del tiempo o sus arranques de violencia sean muy intensos, conviene intervenir más a fondo Por ello conviene preguntarnos la razón de su comportamiento: ¿Hay algo que le está haciendo sufrir? ¿Qué le da miedo? ¿Se siente abandonado o solo? ¿Existen problemas o tensión en la familia? ¿Cómo le va en la escuela? ¿Le estamos exigiendo demasiado? ¿Está celoso? ¿Sobreprotegido? Es necesario averiguar qué le sucede para ayudarlo desde la raíz del problema. O buscar ayuda profesional. 114 Controlar lo más probable es que el niño siga gritando, entonces tenemos que ayudarlo a controlarse: cargarlo con firmeza pero con cariño para mantenerlo quieto y decirle que cuando se calme podremos hablar. Ignorar el niño no puede pelear por mucho tiempo si no tiene un contrincante que le responda. Podemos ignorar el berrinche y acompañar al niño en el problema de diversas maneras: quedarnos junto a él sin decir nada y esperar hasta que el llanto baje de intensidad; seguir con nuestras actividades después de decirle: “Cuando acabes de llorar, me gustaría ayudarte a solucionar esto”; asegurarnos de que el pequeño no pueda lastimarse o hacer daño a otros y dejarlo patalear en otro cuarto unos minutos (sin encerrarlo). Cualquier método para ignorar el berrinche funciona, si no agredimos al niño y si le demostramos que estamos de su lado. Consolar en cuanto el pequeño se tranquilice, debemos abrazarlo, acariciarlo y ayudarle a encontrar una solución. Hablar después de los dos años, cuando el niño sea capaz de entender, tratemos de explicarle que comprendemos lo difícil que es no poder hacer o tener las cosas que quiere. Él se está preparando para que cuando sea más grande pueda decidir lo que le conviene hacer o tener y lo que no. Mientras crece, a veces está bien protestar, aunque perder el control puede llevarlo a lastimarse y a sentirse mal. El problema se complica cuando el niño hace la rabieta enfrente de los amigos, en la calle o en el mercado El niño hace pataletas en lugares públicos cuando ha tenido muchos estímulos, está cansado o quiere más atención. En estas ocasiones se agrega otro factor negativo: el público. El niño cuenta con testigos, y sabe que la vergüenza de sus papás le da la ventaja a él. Para los padres, lo queramos o no, el “qué dirán” es una presión adicional. Tenemos que estar preparados y siempre conscientes de que lo importante es educar a nuestro hijo, no recolectar buenas opiniones de los vecinos. Debemos mantener la calma y manejarlo igual que en el caso de un berrinche “privado”. Podemos quedarnos en el mismo sitio o quizá prefiramos sacarlo del lugar y acompañarlo a donde pueda llorar a su gusto. Cuando se calme, abrazarlo, consolarlo, escucharlo y reconocer sus necesidades. El niño tiene derecho a estar en desacuerdo, a protestar y a luchar por lo que quiere Una vez que aprenda a emplear las palabras para expresar su posición y para defenderla, no tendrá que recurrir a las lágrimas ni a los gritos. Pero si no le permitimos expresar su frustración, su enojo y rebeldía en los primeros años, llegará a la adolescencia o a edad adulta sin haber logrado manejar esos sentimientos.
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    Respete la conductade su hijo 115 Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Respete y comprenda la conducta de su hijo. No trate de tranquilizar al niño cuando está emberrinchado, más bien demuestre que comprende sus sentimientos y deje que él se calme. No responda a las rabietas, pero consuele de inmediato a su hijo en cuanto esté sereno. Nunca le dé al niño lo que le pida a gritos o con llantos. Trate de conservar la calma. Si usted también pierde el control, el niño no podrá aprender a manejar los conflictos de manera adecuada. Después de la rabieta hable con su niño para hacerle entender lo que le pasa y cómo resolverlo. Acepte los berrinches como algo natural en la vida del niño y en la suya. Ayude al niño a reconocer sus sentimientos de enojo, tristeza y frustración, y enséñele a manejarlos adecuadamente sin rabietas ni berrinches. Acepte los berrinches como algo normal Trate de conservar la calma Nunca le dé al niño lo que pida con llantos
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    Descubrir a nuestrohijo mentir, robar o hacer trampa puede preocuparnos, sin embargo estas conductas son normales en los niños pequeños Si recordamos nuestra infancia, quizá encontremos haber actuado de manera similar y nos será más fácil entender que estos comportamientos tienen una razón de ser. Lo que puede complicar la situación es nuestra actitud. Si nos asustamos y reaccionamos en forma violenta y exagerada podemos provocar que nuestro hijo se sienta avergonzado. La culpa viene a partir de nuestros reproches, pues él no sabe que está haciendo algo indebido. MENTIRAS Hay muchas razones por las que el niño puede mentir de vez en cuando Los niños pequeños no siempre tienen la capacidad para distinguir entre la realidad y la fantasía, o entre lo que pasó y lo que les hubiera gustado que sucediera, y suelen inventar historias fantásticas en las que expresan sus deseos. Estas fantasías no son mentiras. La imaginación es un signo de salud en el niño de esta edad. Cuando el niño usa la imaginación fuera del juego y exagera con explicaciones fantasiosas, conviene hacerle ver que en realidad las cosas no son o no sucedieron exactamente así Esto es simplemente para ayudarlo a aclarar sus ideas, no para corregirlo, pues la intención del pequeño suele estar muy lejos de engañar. Debemos explicarle por qué es conveniente decir la verdad. Puede ser útil el cuento del pastorcito que siempre gritaba para divertirse: “¡Ahí viene el lobo. Se come mis ovejas!” De tanto mentir, el día que el lobo llegó, nadie le creyó. A los niños les gusta esa historia. Vale la pena platicar sobre ella. Las mentiras más frecuentes son las que dice el niño para cubrir algo que le salió mal Cuando rompe un plato, lo más probable es que diga: “Yo no fui”. Esto no es una mentira, lo que significa es que no fue su intención romperlo. Acorralarlo para que diga "la verdad" o acusarlo: “Tú rompiste este plato, ¿verdad? Eres un torpe”, lo atemoriza y le hace perder la oportunidad de aprender algo positivo de la experiencia como podría ser aprender a cuidar las cosas delicadas. Si en cambio le decimos con tranquilidad: “El plato está roto. ¿Qué crees que pasó?”, es más fácil que acepte lo que sucedió y que podamos encontrar juntos una solución: pegar las piezas del plato o ahorrar para comprar otro. Cuando el niño nos diga la verdad, es importante no regañarlo ni castigarlo para que no pierda la confianza en nosotros y sea sincero. Una de las razones por las que el niño miente es que escucha a sus padres decir cosas que no son ciertas A veces, los adultos mentimos por comodidad, para no quedar mal, o para no herir los sentimientos de los demás. Un ejemplo: la tía, que es realmente gorda, pregunta: ¿Verdad que se me nota que he bajado de peso? El niño nos ha escuchado comentar la gordura de la tía y sin embargo ahora decimos: ”Sí, tía, te ves mucho más delgada”. El pequeño no es capaz de distinguir y de entender las “mentiras piadosas”, así que es mejor acostumbrarnos a otro tipo de respuestas: “¿Y cuántos kilos has bajado, tía?” 116 Guía de Padres IX. Mentir, robar y hacer trampa EJERCICIO DE REFLEXIÓN ¿Recuerda haber dicho mentiras cuando usted era pequeño? ¿O tomar alguna cosa que no era suya? ¿Sabe por qué lo hizo? ¿Cómo se sintió? ¿Qué hicieron sus padres? Actualmente, ¿dice alguna mentira de vez en cuando? Si es así, ¿qué es lo que le impide decir la verdad?
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    Si el niñotoma constantemente las cosas de los demás y las esconde para quedarse con ellas, busquemos las razones Consideremos que quizás esté tratando de conseguir algo que él siente que le hace falta. Lo más probable es que sea cariño o aprobación. En lugar de enojarnos con él, debemos darle lo que necesita: amor y comprensión. Si su conducta no se corrige podemos pedir la ayuda de un especialista. HACER TRAMPA El niño pequeño no está interesado en hacer trampa, lo que quiere es ganar y divertirse Tendrán que pasar los primeros años para ser capaz de jugar según las normas y competir abiertamente. Por ahora, es tan grande su deseo de ganar que cualquier medio es aceptable. Debemos explicarle que para jugar y divertirse es necesario obedecer las reglas, y que las trampas hacen que los demás no quieran seguir participando. Jugando el niño aprende a respetar las reglas y a relacionarse con los demás.ROBO El niño pequeño no tiene un sentido de la propiedad bien desarrollado Piensa que todo es suyo, que por jugar un rato con el osito de su primo ya le pertenece, así que lo natural es echárselo a la bolsa. Cuando toma las pertenencias de otra persona, por lo general no tiene la intención de hacer daño o perjudicar a otro sino saber qué se siente tener ese objeto especial. Esto no es robar, simplemente es una manera muy común de ver las cosas a esta edad. Comprender los motivos del niño nos permite reaccionar con tranquilidad y enseñar más eficazmente a nuestro hijo a respetar las posesiones de los demás Si descubrimos que el niño ha tomado algo ajeno, no conviene escandalizarnos, decirle que es un ladrón o atemorizarlo con la amenaza de la cárcel. Simplemente hacerle saber que no es correcto tomar las cosas de otras personas y preguntarle qué cree que debe hacer para solucionar el asunto. Es indispensable pagar o devolverlo a su dueño Aun cuando sea penoso, debemos acompañarlo a la tienda o a la casa del amiguito para pedir una disculpa, y ser consistentes cada vez que esto suceda. Cuando el niño pida las cosas en vez de tomarlas, felicitarlo y demostrarle lo orgulloso que estamos de él. Conviene no darle una importancia especial al dinero, para él es igual un lápiz que una moneda, no tiene todavía el concepto de su valor. 117 Al niño le interesa ganar y divertirse No lo regañemos ni le digamos que es un ladrón Si tomó algo, simplemente hagámosle saber que no es correcto y regresémoslo
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    118 No se asustesi toma cosas ajenas Ayúdelo a devolverlo y a disculparse Nunca lo califique ni lo amenace Corríjalo con suavidad, cariño y respeto Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones No se asuste ni se preocupe demasiado si su hijo dice alguna mentira o toma alguna cosa que no le pertenece. Corríjalo con suavidad, cariño y respeto, y hágale saber por qué es incorrecto lo que hizo. Explíquele por qué es conveniente decir la verdad. Es necesario tener la confianza de los demás. No intente acorralarlo para que diga la verdad, mejor enséñele a hacerse responsable de sus actos. Trate de no mentir o decir cosas inexactas. Usted es el modelo de su hijo. Nunca califique a su niño de ladrón ni utilice amenazas desproporcionadas. Siempre que su niño tome algo de otra persona, ayúdelo a devolverlo y a pedir disculpas.
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    El miedo esun fenómeno universal e inevitable Experimentarlo en una medida razonable, es algo positivo y hasta indispensable pues el miedo nos pone en alerta y nos da fuerza para enfrentar el peligro. Los niños pasan por periodos —especialmente entre los dos y los seis años— en que sus temores son más intensos. Es frecuente que teman a los animales —perros, gatos, insectos—, a la oscuridad y a los seres que creen que aparecen en la noche —brujas, fantasmas, monstruos—, a los fenómenos naturales como truenos y relámpagos, a la guerra y la violencia. Estos miedos son normales, surgen en momentos de aprendizajes importantes, cuando el pequeño tiene que enfrentar un nuevo paso en su camino a la independencia. En la edad preescolar, la imaginación es especialmente rica, y el niño suele explicarse lo que sucede de acuerdo con sus fantasías y no según juicios apoyados en la realidad El pequeño puede imaginar que las ramas del árbol que ve por su ventana son agitadas por un gigante, en vez de pensar que se mueven por la acción del viento. Estas explicaciones mágicas son causas importantes de los temores del niño pequeño. Los padres no podemos evitar que nuestro hijo sienta miedo, pero sí podemos ayudarle a manejarlo Quizá en esta etapa no lo convenzan del todo nuestras explicaciones, pero con el tiempo va a entenderlas y a sentirse más tranquilo. Por ahora, tenemos que ser comprensivos y tranquilizarlo cuando esté asustado, demostrarle que en cualquier momento cuenta con nuestro apoyo, que vamos a cuidar siempre de su seguridad y que lo tomamos en serio. El miedo del niño es real Es importante escuchar con atención y respeto a nuestro hijo. Si nos dice que vio un monstruo, no debemos decir que es una tontería tener miedo, y si él nos lo pide, conviene acom- pañarlo con tranquilidad a buscar al monstruo debajo de la cama o detrás de la puerta, y explicarle que, aunque él y nosotros sabemos que no existen tales seres, a veces nos los imaginamos y tenemos miedo de que aparezcan. Burlarnos de él, enojarnos, llamarlo miedoso, forzarlo a que enfrente su temor si él no está preparado o decirle:“Hazle un cariñito al perro, no muerde”, “Anda, dale la mano al payaso, no te va a hacer nada”, lo pone en una situación de desamparo y lo aterroriza aún más. 119 Guía de Padres X. Miedos y pesadillas EJERCICIO DE REFLEXIÓN El miedo es algo natural y todos podemos experimentarlo en cualquier etapa de la vida. ¿Recuerda haber tenido miedos en su infancia? ¿A qué le tenía miedo? ¿Cómo lo trataban sus padres cuando estaba asustado? ¿Cómo le hubiera gustado que reaccionaran? ¿Tiene algún miedo ahora? ¿Cuál? ¿Qué hace al respecto? ¿Quién le ayuda? ¿Cómo reacciona usted ante los miedos de su hijo? El miedo es un fenómeno universal e inevitable
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    Cuando el temores demasiado grande y lo sobrepasa, el pequeño no podrá aprender a manejarlo Sólo que el niño desee vencer el miedo y esté seguro de que nosotros no vamos a permitir que nada ni nadie le haga daño, va a armarse de valor para enfrentarlo. Si no es así, conviene esperar a que esté listo. No se trata de mimarlo pues eso le quita la oportunidad de superar el miedo, pero sí de ayudarle a encontrar maneras de manejarlo. Si nuestro hijo se siente protegido y comprendido, es probable que sus miedos sean menos intensos y que se anime a enfrentarlos. Lo que quiere un niño es ser “grande” Cuando logra superar sus temores, siente una gran satisfacción. Al atreverse a tocar con el dedo la cola del gato, piensa: “Cuando era chiquito, le tenía miedo a los gatos, pero ya no”. Los padres debemos ser solidarios: “Qué bien que hoy pudiste controlar tu miedo. Te felicito”. Desde luego que el pequeño no está tan seguro de no volver a sentir temor, pero haberlo vencido en una ocasión le hace confiar en que en el futuro va a tener más fuerza y valor. Existen recursos variados a nuestra disposición para manejar el miedo de nuestro hijo Debemos buscar el más adecuado para cada niño: dejar que coloque muñecos formados cerca de la puerta para “cuidarlo”; que duerma con un osito; que invente “palabras mágicas” contra sus temores. Otra manera de aliviar los miedos es dibujarlos. Verlos en el papel, hechos por él mismo, los hace menos amenazantes. Los libros de cuentos le ayudan a hablar de lo que siente y liberan su angustia. Al escuchar historias sobre la lucha de héroes que vencen a los villanos, el niño deposita sus emociones en personajes externos. Los finales felices lo tranquilizan y le dan confianza en que las cosas terminan bien. Los relatos inventados acerca de los niños que sienten miedo y lo resuelven le dan ánimos, y más todavía cuando el personaje principal tiene su mismo nombre. También es recomendable que el pequeño tenga oportunidad de crear sus propias historias. Estas narraciones pueden ser un indicador muy útil para saber lo que preocupa a nuestro hijo de las situaciones concretas que está viviendo. Los miedos infantiles pueden intensificarse cuando el niño vive conflictos en la familia Es como si la tensión en casa le diera el material para sus fantasías y la realidad le confirmara que sí hay razones para temer. Con el fin de evitar la ansiedad del niño, conviene hablar con él y admitir que existen problemas, darle una explicación que pueda comprender, pero con la verdad. En caso de que el niño sienta con frecuencia miedo a demasiadas cosas, no se atreva a tratar de solucionar ningún reto o no sea capaz de acercarse a otros niños, es conveniente ayudarlo a fondo y buscar ayuda profesional. Un mecanismo natural por el que el niño elabora y se deshace de sus temores son las pesadillas Los sueños son parte de la vida interior de las personas, son mecanismos normales para transformar las emociones en imágenes más manejables. Casi todos los niños tienen pesadillas, sobre todo en la etapa preescolar. No hay por qué preocuparse. En el capítulo VII del apartado Aprender a conocer (pág. 69), se hacen recomendaciones para atender las pesadillas. Para reducir la ansiedad del niño, es necesario proporcionarle un ambiente tranquilo y seguro en casa durante el día y acompañarlo a la cama con cuentos felices y caricias para que se duerma con pensamientos agradables. La mejor protección para el niño es saber que en cualquier momento puede contar con nosotros, que lo vamos a escuchar, entender y apoyar. 120 Si se despierta con pesadillas no lo deje solo
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    121 Seleccione los programasde televisión No exponga a su hijo a situaciones violentas Ayudémosle a buscar el monstruo para que se tranquilice Entienda a su niño y platique con él Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones No exponga a su hijo a situaciones violentas dentro o fuera de la casa. Seleccione los programas de televisión que ve su hijo. Si su niño se despierta en la noche, acuda inmediatamente; si el pequeño se levanta y va a su cuarto, regréselo a la cama y quédese con él un rato. No se burle de los miedos del niño, lo haría sentirse desprotegido. Mantenga encendida una luz suave para que el niño no vea la total oscuridad y se aterrorice en la noche. Los miedos y las pesadillas son reales. Los niños los viven con mucha intensidad. Entienda a su niño, créale y platique con él las veces que sea necesario. El niño debe cenar alimentos ligeros para evitar problemas digestivos que pudieran causarle trastornos en el sueño.
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    El juego esla actividad principal del niño Hasta hace muy poco se creía que jugar era un simple entretenimiento, un descanso del estudio o de otras actividades más serias. Sin embargo, en la actualidad, todos aquellos que se dedican a la educación reconocen la enorme y vital importancia del juego para el niño. El niño juega por una necesidad interna Nadie tiene que enseñarle a jugar. El juego es la manera más natural de utilizar sus capacidades, de manifestar su impulso natural de explorar, descubrir y crear. El juego es indispensable para asegurar el pleno desarrollo del niño pues todas las áreas de su personalidad están involucradas en esta actividad. El juego ofrece al niño la oportunidad de utilizar y descubrir su cuerpo Al jugar, el niño practica habilidades motoras y se pone a prueba a sí mismo. El buen control de su cuerpo hace que el niño se sienta pleno, autónomo y satisfecho. Cuando hace ruido con una sonaja, pasa agua de un recipiente a otro, logra treparse a un árbol, adquiere la sensación de que actuar es importante, de que él tiene control sobre lo que sucede. En los capítulos II, III y IV del apartado Aprender a conocer (pág. 50, 55 y 59), se ofrecen sugerencias para jugar con nuestro hijo desde sus primeros días. A través del juego el pequeño aprende casi todo, el juego es su primer maestro Al jugar, el niño investiga activamente su medio ambiente. Cuando maneja y observa los objetos, prueba sus ideas para comprender el mundo, construye su pensamiento y desarrolla su inteligencia. Los juegos del niño muestran la manera como ve y entiende lo que sucede a su alrededor: cómo se mueven las arañas, cómo vuelan los aviones, cómo se trabaja en una fábrica, cómo crecen las plantas, qué pasa con el agua y la tierra cuando se mezclan. El juego es la mejor manera de aprender a relacionarse con los demás Desde muy pequeño, el bebé empieza a interactuar con otros niños, pero a partir de los tres años aumenta su interés por jugar con ellos. Sus proyectos de juego se vuelven más complejos y requieren de más participantes. Jugar a la casita, al circo, al doctor o a la maestra le permite ensayar papeles de la vida adulta y al mismo tiempo desarrollar un sinfín de capacidades. Su lenguaje se enriquece ante la necesidad de comunicarse mejor. Ningún niño puede disfrutar de una vida social adecuada a menos que haya adquirido la habilidad de jugar con otros niños. Esta habilidad comienza a desarrollarse en casa. Los juegos en familia resultan estimulantes para el niño durante muchos años. Por eso, jugar con nuestro hijo es una de la actividades más importantes que podemos realizar. También una de las más divertidas. 122 Guía de Padres XI. El juego. Actividad primordial del niño EJERCICIO DE REFLEXIÓN Observe jugar a su hijo durante todo un día. ¿Qué tanta imaginación despliega? ¿Juega con personas, cosas o animales inventados? ¿Qué sentimientos, ideas y experiencias expresa en sus juegos? El juego es la mejor manera de relacionarse con los demás
  • 34.
    Jugando, el niñoempieza a pensar y a imaginar A partir del preescolar, y gracias al desarrollo del lenguaje, el niño no sólo percibe lo que está frente a él sino que puede representar los objetos “en su cabeza”. La fantasía del niño preescolar habita su vida diaria. Para él, una cajita es un camión, una lata amarrada con una cuerda es un perro que lo sigue. Este juego en que el niño se imagina cosas se llama juego simbólico Jugando, el pequeño tiene oportunidad de conocer y explorar un mundo más allá de su casa y de su comunidad. El niño en edad preescolar ya no se conforma con manejar los objetos con las manos o llevárselos a la boca como cuando era chiquito, sino que pone en las cosas con que juega una parte de sí mismo: su imaginación. La fantasía le da al niño el poder de crear mundos imaginarios y de expresar sus ideas sobre el mundo como él lo entiende o como le gustaría que fuera. Al jugar, sabe que es él mismo quien ha creado ese mundo en su imaginación. Cuando cree que no entendemos que sus personajes son inventados, nos dice para tranquilizarnos “es un juego”, y se ríe. Su imaginación no lo aleja de la realidad, sino lo conecta con ella Imaginar es una forma muy importante de conocer. Pero el niño necesita alimentar su fantasía con experiencias reales, de personas diferentes, de pláticas y de paisajes. Para ayudarle a pensar, a imaginar y a jugar mejor, es importante enriquecer su experiencia social, dejar que nos acompañe al mercado, al campo, al trabajo, a alguna visita. Ahí aparecerán preguntas y temas interesantes para utilizar en el juego: cómo funcionan los camiones, de dónde viene la lana, de qué están hechos los dulces, por qué se echa abono a la tierra, etcétera. El niño juega porque sabe que no puede dominar a su gusto el mundo de los adultos El niño se retira a jugar a otro espacio en el que él tiene el poder, en el que las cosas son como él decide. Un espacio en el que él puede ser grande y fuerte, en el que se convierte en elefante, cartero o príncipe, en el que todo es posible. El juego de fantasía es una actividad libre y flexible en la que no existen metas ni normas preestablecidas. El niño simplemente prueba sus ideas una y otra vez y se divierte mientras encuentra lo que busca. Es él mismo quien dicta las reglas y tiene la libertad de cambiarlas en cualquier momento. No existe una manera correcta o incorrecta de jugar. Otra ventaja del juego simbólico es que permite al niño expresar sus sentimientos Si está enojado, pelea con enemigos imaginarios; si su hermano está enfermo, juega al doctor y en su fantasía lo alivia; si necesita ser acariciado, arrulla a su osito. Brincar y correr le ayuda a mostrar su alegría; jugar a las luchas descarga la angustia de haber presenciado un hecho violento. 123 Cuando nos ha pasado algo grave, los adultos necesitamos platicarlo varias veces. El niño pequeño no lo habla, pero sí lo juega y lo representa con acciones. Es muy importante permitir estos juegos para que el niño pueda dejar atrás lo que lo hace sentir triste o asustado. Ésta es la etapa en que un muñeco de trapo o una cobijita le dan al niño seguridad y consuelo cuando se siente mal. Acomodar a su muñeco junto a él al irse a dormir y darle órdenes de cómo comportarse le hace sentir que es él quien domina la situación. El niño necesita ser activo en lo que pasa y en lo que siente, y la mejor manera de ser activo es jugar. El juego es esencial para la supervivencia de la especie humana, merece un lugar de honor no sólo en la vida del niño sino en la de todos nosotros. Un muñequito o una cobijita le dan seguridad
  • 35.
    124 En el juego,ella es la que mandaJuegue a lo que él quiera y como él diga Quite las cosas peligrosas del lugar donde juega No limite a su hija Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Anime a su niño a jugar y juegue con él. Juegue a lo que su hijo quiera y como él diga. En el juego, el niño es el que manda. Aleje los objetos peligrosos del lugar donde juega su niño. Dele diferentes materiales para jugar como botes, envases de plástico con tapa, cucharas, coladeras, cacerolas, palitos, trapos, piedritas. Todo sirve para desarrollar la imaginación y la creatividad. No limite a su hijo. Niños y niñas juegan igual a las muñecas o a los cochecitos. Establezca un tiempo para jugar. No lo interrumpa, el juego es lo más importante que los niños hacen para aprender. A través del juego el niño conoce su cultura. Enseñe al niño juegos tradicionales.
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    125 Guía de Padres XII.Desarrollo de la creatividad EJERCICIO DE REFLEXIÓN Juegue con su pareja o con alguien cercano: ¿Cuántas maneras diferentes encuentran de utilizar un ladrillo en dos minutos? Apunte cada uno en un papel tres palabras que les gusten (sin decirlas al otro). Al terminar, cambien los papeles. Con las palabras del otro, inventen un poema o un pequeño cuento. Observe estas cuatro figuras y escoja la que, según usted, es diferente a todas las demás. Si escogió la figura b, ha seleccionado la respuesta adecuada. Felicidades. Si eligió la figura c, tiene toda la razón, es la única que no puede dividirse en dos partes iguales. La figura a es la única que no tiene puntas. Muy bien. La d es la única que combina una línea recta y una curva. Bravo. La solución siempre puede ser correcta. Lo importante es el punto de vista de cada quien. a b c d
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    En todas lasactividades del ser humano puede existir creatividad Somos creativos cuando nos sentimos plenamente satisfechos con lo que estamos haciendo, ya sea cocinar, pintar, coser, fabricar un mueble, inventar una canción, contar una historia. Somos creativos cuando actuamos con un sentido de aventura, cuando nos arriesgamos en terrenos desconocidos sin saber qué va a ocurrir, cuando intentamos de distintas maneras la misma actividad, cuando nos damos la libertad de disfrutar y divertirnos. Todo esto hace el niño cuando juega, por eso el juego es la actividad creativa por excelencia. El niño es creativo por naturaleza Al jugar, el niño relaciona ideas, objetos o situaciones que aparentemente no tienen nada que ver, propone soluciones originales a los problemas sin miedo a equivocarse, disfruta con sus ocurrencias y su buen humor. Para jugar y crear sólo necesita estímulos y libertad. El desarrollo de la creatividad del niño requiere libertad y amplias experiencias con personas y con objetos A los padres nos corresponde fomentar estas experiencias. Enseñarle a percibir con todos los sentidos: la forma de una hoja o el color de una flor; el murmullo del agua o el canto de los grillos; la textura de una tela o del pelo de un gato; el olor a tierra mojada o a mandarinas recién abiertas. El contacto con el arte es una manera excelente de alimentar la creatividad del niño. La belleza enriquece su experiencia y alegra su vida. Hay que ayudarle a apreciar lo hermoso de las cosas comunes —de los árboles, los animales o los mercados— y exponerlo a obras de arte como pinturas, esculturas, música y literatura. Un niño que disfruta de oportunidades para ver, escuchar, tocar y gozar va reuniendo elementos para inventar y actuar de manera creativa. Desde muy temprana edad, el niño está listo para crear Pintar, construir, cantar, bailar, inventar cuentos, hacer música, son actividades que, además de proporcionarle un gran placer, ensanchan su sensibilidad, su manera de ver el mundo, su originalidad y flexibilidad. El niño necesita muchos y variados materiales para crear y expresarse, para investigar y experimentar. Le sirven tambores, campanas, panderos, ollas y sartenes; crayones y lápices, pinturas líquidas o engrudo coloreado con pinturas vegetales para usar con las manos, con pinceles o brochas; papeles de colores, bloques, plastilina, tierra, agua. Cada elemento lo invita a comunicar sus ideas sobre sí mismo y sobre el mundo. Para el niño es mucho más importante disfrutar el proceso que hacerlo “bien” Al niño le gusta producir ritmos y sonidos; inventar formas y mezclar colores. Por eso, es mejor no intervenir y menos decirle cómo debería hacerlo, sólo apoyarlo cuando lo necesite, guiarlo para aprovechar mejor los materiales y para manejarlos con cierto orden. No existe lo correcto o incorrecto en el trabajo creativo. Hay que animar al niño a producir ideas aunque éstas parezcan a veces disparatadas Aceptar cualquier ocurrencia sin criticarla. Nunca decirle: “Eso no se hace así” o “eso es una tontería” o “las cosas no ocurren de esa manera”, pues estos comentarios le quitan al niño las ganas de inventar e investigar. Cualquier pregunta del niño puede aprovecharse para estimular su creatividad Si nuestro hijo preguntara: “¿Por qué las casas tienen ventanas?”, le podríamos dar una respuesta común: “Porque necesitamos ventilarlas y ver hacia afuera”. Pero, qué tal si contestáramos: “¿Tú, qué crees que pasaría si nuestra casa no tuviera ventanas?” Con esta nueva pregunta le daríamos oportunidad de crear imágenes y soluciones, ya sea reales, fantasiosas o divertidas. O si quisiera saber: “¿Para qué sirve este clip?”, en vez de darle la contestación obvia, la que no exige esfuerzo: “Para tener hojas juntas”, podemos utilizarla para estimular su creatividad: “¿Tú, para qué crees?”, y cuando responda algo, decirle, “¿Y para qué más?” El niño tratará de pensar: “Para colgar esferas de navidad, para hacer una cadena, para perforar, para adornar, para hacer muñecos de alambre”. Lo importante es disfrutar las respuestas, no criticar ninguna y jugar a ponerlas en práctica. 126 Permita al niño desarrollar su potencial creativo
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    127 Para ser creativo,hay que buscar una segunda, una tercera y una cuarta opción diferente Si pensamos que no existe una respuesta correcta, sino que cada situación puede resolverse usando diversas opciones, podremos actuar de manera creativa, y al mismo tiempo daremos al niño la oportunidad de desarrollar todo su potencial e impulso imaginativo. Todos los padres tenemos al alcance juegos sencillos para imaginar -Preguntar: “Qué pasaría si”: “... los niños tuvieran alas”, “...las plantas caminaran”, “...los papás se hicieran chiquitos y tuvieran que obedecer a sus hijos”, “... a los borregos les crecieran hojas”. -Recortar papel de colores en distintas formas y crear diseños sobre la mesa. -Jugar al teatro, inventando entre todos la obra y los personajes. -Construir una historia en grupo: cada uno dice una frase y el otro la continúa. Podemos empezar por: “Había una vez...”. -Dar explicaciones mágicas o absurdas de la cosas: las víboras se arrastran porque tienen un resorte dentro. -Ofrecer respuestas locas a preguntas serias: “¿Por qué las cebras son rayadas?” -Inventar historias exageradísimas de lo que ha hecho cada uno; agrandar nuestras travesuras o lo que nos sucedió la semana pasada. La creatividad es una forma de vivir que nos hace más productivos y más felices. Dense la libertad de divertirse con su niño Jueguen al mundo al revés El niño creativo posee alta autoestima
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    128 Pruebe algunas delas siguientes recomendaciones Motive a su niño a encontrar diversas soluciones a una misma situación. Valore y respete la espontaneidad del niño; eso desarrollará positivamente su creatividad. Permita a su niño expresarse con entera libertad, deje que él plantee sus propias ideas. Nunca critique lo que invente o cree su niño. Disfrute y déjelo disfrutar de sus ocurrencias, chistes e invenciones. Comparta las risas y la diversión con su niño. Estimule a su hijo para explorar su entorno y propicie sus relaciones con diferentes personas. Cambie objetos de lugar, de color, de uso. Sorprenda a su niño de manera juguetona. Planee y reserve un tiempo para jugar e inventar junto con su hijo. Aprecie las expresiones creativas del niño, sin elogiarlo. Dese oportunidades a usted mismo de ser creativo sin criticarse ni limitarse. Enseñe a su hijo a apreciar la belleza en las cosas sencillas de su ambiente. Propicie muchas experiencias para que el niño desarrolle sus sentidos. Tenga a la mano materiales como lápices, papeles, revistas viejas, plastilina, estambre, piedritas, hojas secas y toda clase de objetos con los que el niño pueda crear. Deje que el niño plantee sus propias ideas Reserve un tiempo para inventar junto con su hijo Disfrute y déjelo disfrutar de sus ocurrencias Valore y respete la espontaneidad del niño