Una de las mayores alegrías que puede experimentar una persona es tener la libertad
de ser ella misma
Cuando somos capaces de vivir en armonía con nuestra naturaleza y de ser verdaderos y
espontáneos, nos sentimos contentos, ligeros, satisfechos y nos manifestamos a los demás de
manera afectuosa y abierta.
En esos momentos en que somos sencillos, sinceros y creativos, las cosas funcionan mejor,
sentimos entusiasmo, gratitud, y nos acercamos al amor.
Por eso, un aspecto fundamental de la educación de nuestros hijos es guiarlos para que realicen
y expresen lo que verdaderamente son.
El trabajo principal del y la adolescente es precisamente aprender a ser
En esta etapa, nuestro hijo tiene que despedirse del niño que ha sido y lanzarse a la tarea de
convertirse en adulto a través de un largo proceso que lo llevará a descubrir quién es, qué
quiere hacer con su vida y cuáles son sus valores.
Para lograrlo, debe ensayar aspectos diferentes de su nueva identidad, fortalecer su independencia,
desarrollar un pensamiento y un juicio propio, poner a prueba las creencias, ideas, normas y
valores familiares, y decidir por sí mismo el proyecto personal que dará sentido a su vida.
Tiene que reconocerse como una persona valiosa, útil, capaz de comprometerse con su vocación
y de aprovechar sus fuerzas y capacidades para empezar a construir con las pequeñas acciones
de todos los días, ese ideal que lo ilusiona.
Los padres tenemos el privilegio de ser acompañantes de nuestro hijo en la conquista
de su libertad y de sí mismo
Recorrer el camino de la adolescencia requiere de valor y entereza, requiere también de la
cercanía, orientación y apoyo de personas amorosas que respeten y promuevan la libertad de
pensar, sentir, imaginar y actuar del joven, para que sus inteligencias y talentos alcancen la
plenitud.
Es un verdadero regalo para los padres —aunque no siempre sencillo y agradable— poder
apreciar el despliegue de la personalidad de nuestro hijo o hija, ese ser único e irrepetible con
una misión en la que nadie lo puede sustituir.
Un mundo en constante cambio necesita la contribución de cada uno de sus habitantes
El progreso de las sociedades se basa en la diversidad de sus miembros, en que cada uno
aporte sus ideas, su esfuerzo y sus sueños particulares. Para ello, es indispensable cultivar y
fortalecer la autoestima y la autonomía de las personas: jóvenes y adultos, hombres y mujeres;
esforzarnos para que el entusiasmo, el trabajo, la imaginación, la creatividad, el amor y los
sueños de todos transformen esta tierra en un mejor sitio para vivir.
Guía de Padres
96
APRENDER A SER
Todos necesitamos construir un concepto personal flexible que nos permita rehacer
nuestra imagen según vayamos evolucionando, así como reconocernos en los continuos
cambios
La identidad supone la percepción de que seguimos siendo la misma persona aunque se
transformen nuestras emociones, apariencia, conductas o circunstancias.
Asumir una identidad nos permite saber quiénes somos, hacia dónde nos dirigimos y qué
queremos hacer con nuestra vida; nos hace reconocernos en un cuerpo físico y sentir que
somos parte de una familia, un grupo de amigos, una comunidad y una época.
La principal tarea de la adolescencia es la de establecer una identidad
Al llegar a la secundaria, el chico se enfrenta a la pérdida de su cualidad de niño: ya no es, ni
quiere ser, el pequeño que trataba de imitar a sus padres y se guiaba por sus opiniones, ahora
se siente grande, necesita imperiosamente
separarse de ellos para encontrar su propia
individualidad y su propio espacio.
El adolescente tiene que construir un concepto
de sí mismo que le permita reconocerse en
la sucesión de cambios que está experi-
mentando, y también crear una imagen que
le ayude a pensar en la persona en que desea
convertirse.
Para descubrir a ese ser dentro de sí y
encontrar las características y posibilidades
que lo hacen único e irrepetible, es natural
que el chico se vuelva más reflexivo y penetre
a una forma nueva de intimidad.
En el largo proceso de investigación de
sí mismo, el adolescente suele pasar por
periodos de confusión y ansiedad
reflejados en esa pregunta fundamental
que tiene urgencia de contestar: “¿Quién
soy?”
Llegar a una respuesta es un quehacer
complejo —quizá de toda la vida—, y el
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La identidad es la sensación de ser uno mismo, es lo que nos permite
diferenciarnos de los demás y reconocernos como una persona única.
¿Qué concepto tiene de usted mismo? Describa cuáles son sus características
personales. ¿Qué piensa de ellas?
Observe las nuevas conductas de su hijo. ¿Qué le llama la atención?
¿Cuál ha sido su mayor cambio al llegar a la adolescencia? ¿Qué es lo que
más le gusta ahora de su hijo? ¿Qué le molesta? ¿Qué es lo que extraña del
niño que está dejando de ser?
¿Quiénes fueron sus "ídolos" en la adolescencia? ¿Qué era lo que le llamaba
la atención de cada uno?
Invite a su hijo a realizar el análisis de las personas a las que admira. Permita
que sea él quien reflexione.
97
Guía de Padres
El adolescente debe construir un concepto de sí mismo que
le permita cambiar y reconocerse a la vez
I. En busca de identidad
adolescente no sabe bien cómo empezar a
emprenderlo. Es común que nos confronte
constantemente, que ponga en tela de juicio
y se aleje de comportamientos, ideas, reglas
y valores de la familia, que pruebe conceptos
nuevos y ensaye diferentes lenguajes,
actividades, aficiones o vestimentas.
El espejo vuelve a tener importancia en estos
años. Observarse con detenimiento se
convierte en una necesidad, ya que el
adolescente debe rehacer una imagen de sí.
Es difícil que en esta etapa tengamos claro
cómo es, qué quiere, qué siente; cuáles son
sus fuerzas y debilidades, y además
enfrentarnos a la exigencia de asumir un
nuevo papel en la familia y en la sociedad.
Cualquier transformación de la
personalidad cambia las relaciones y la
comunicación
El crecimiento y la construcción de sí mismo
obligan al adolescente a replantear
profundamente su situación frente a los otros,
especialmente su familia. El joven va conformando su identidad
a base de reflexiones, del contacto con los demás y de
interactuar con su medio.
El adolescente vive una contradicción inquietante entre
el deseo de ser único y la necesidad de ser como los
otros
Al mismo tiempo que lucha por ser él mismo, por no ser copia
de nadie y, desde luego, por no parecerse a ninguno de sus
padres, el adolescente examina modelos a imitar fuera de la
familia.
Observa a los compañeros, y adopta sus vestimentas y sus
conductas para diferenciarse de los adultos. Los amigos
actúan como reflejos en los que se ve y se conforma a sí
mismo, sobre todo “ése” a quien él y su grupo consideran
especialmente exitoso.
También se aproxima a los adultos que admira: maestros,
deportistas, líderes, cantantes, escritores o artistas. Busca
en ellos las cualidades que le gustaría tener y que considera
útiles y valiosas para poder establecer su lugar en el mundo,
su escala de valores, sus metas, ideales y comportamientos.
Es importante estimular las identificaciones que enriquecen
la personalidad del adolescente, pero también enseñarle a
ser crítico y realista. Sin descalificar a su ídolo ni cuestionarlo
directamente, ya que eso es algo que el chico no suele estar
dispuesto a hacer, podemos mostrarle la manera en que se
construyen estas figuras: cómo se exhiben sistemáticamente
las virtudes y se pasan por alto los defectos; tratar de que
descubra a la persona completa, que valore aquello en que
ha destacado sin olvidarse de que sigue siendo un ser humano
con limitaciones, igual que todos.
Los padres debemos entender que esta exploración de
nuestro hijo o hija es indispensable para consolidar su
identidad
Hemos de comprender que su alejamiento no necesariamente
significa un rechazo personal hacia nosotros, sino un esfuerzo
saludable para crecer. Tenemos que renunciar a esa grata
sensación de ver la admiración en los ojos de nuestro niño
y observar su deseo de ser como nosotros. La adolescencia
exige precisamente alejarse de los padres, dejar de idealizarlos
y buscar otras figuras a quien parecerse. Ahora es mucho
más atractivo lo de fuera.
Este proceso puede ser motivo de conflictos, ya que no
siempre nos resulta fácil ni estamos preparados para tolerar
la separación y los reproches, y no siempre el adolescente
los formula de manera adecuada.
El adolescente se observa constantemente al espejo pues
necesita rehacer una imagen de sí mismo
98
Es común que el adolescente quiera ser único y
ser como los otros
Por lo general, los padres también
estamos viviendo una crisis de identidad
en este tiempo, así que las críticas de
nuestro hijo pueden sernos de gran
utilidad
Los reclamos del adolescente pueden ser una
excelente oportunidad de aprendizaje, nos
sirven para revisar con seriedad el concepto
que hemos construido de nosotros mismos
y la imagen que proyectamos a los demás.
Desde luego se requiere madurez y serenidad
para distinguir entre la forma, quizá irrespetuosa
y agresiva del adolescente y el fondo de verdad
que existe en sus palabras.
honestamente en qué tiene razón, valorar
cuáles de sus juicios son parciales, y qué
conviene cambiar en nuestra forma de actuar,
de expresarnos y relacionarnos con él.
Necesitamos propiciar momentos de
comunicación para aclarar nuestra posición,
aceptar los errores y mostrarnos sinceramente.
Nuestra honradez y veracidad abren puertas
de acercamiento con los hijos para toda la
vida. La simulación y el engaño pueden
cerrarlas.
Tenemos que admitir que no somos los únicos guías
de nuestro hijo o hija, sino que todo el ambiente,
incluyendo a otras personas que ni siquiera conocemos,
lo educa activamente
Si algunos padres nos sentimos lastimados cuando nuestro
hijo nos rechaza en favor de sus amigos, la situación es más
penosa cuando busca la cercanía y confianza de otros adultos.
Cuando el chico pasa la mayor parte del tiempo en casa de
un amigo y nos damos cuenta de que no sólo lo mantiene
ahí el amigo, sino también el padre o la madre del amigo, y
que habla con ellos de temas que no le interesa tratar con
nosotros, es natural que nos sintamos heridos y nos
preguntemos por qué escucha con más apertura las opiniones
de esa gente extraña y no las nuestras.
Lo hace precisamente porque ellos no son sus padres, porque
sus valores no le provocan conflicto ya que no son los que
él ha vivido en su niñez. Los puntos de vista de otras personas
le dan oportunidad de probar lo diferente y lo desconocido,
y él se siente en libertad de aceptarlos o no.
Estas relaciones son en verdad valiosas para nuestro hijo.
En su impulso por crecer y conocerse a sí mismo, necesita
la experiencia y sabiduría de una gama amplia de jóvenes y
adultos. Mientras más personas tolerantes y cariñosas
encuentre en su camino, mejores recursos obtendrá para su
vida de adulto.
Por eso, los padres hemos de entender y aceptar que el
adolescente entregue su afecto y su lealtad a otros y se apoye
en ellos para avanzar en su viaje hacia la plena identidad,
pero también tenemos que estar conscientes de que, si revisa
y contrapone nuestros valores y enseñanzas con otros distintos,
es precisamente porque seguimos siendo modelos
fundamentales para él y todavía es nuestra responsabilidad
presentarle un ejemplo congruente y positivo de ser humano.
99
Entendamos y aceptemos que nuestro hijo
entregue su afecto a otros
Los reclamos del adolescente pueden ser una excelente
oportunidad de aprendizaje personal
Cree en su casa un ambiente de confianza
y aceptación
Acepte y promueva las relaciones de su hijo
con otras personas
Respete los momentos de aislamiento de
su hijo
Marque límites para que formule los
reclamos de forma respetuosa
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Cree en su casa un ambiente de confianza y aceptación
tanto para su hijo como para los amigos de su hijo, pero
no intente ser un amigo más entre ellos.
Acepte y promueva las relaciones de su hijo con otras
personas, jóvenes o adultos.
Favorezca la relación del adolescente con personas que
usted estime y que puedan enriquecer su personalidad,
pero también enséñele a ser realista para valorarlas.
Ayude a su hijo a crear una imagen de sí mismo que lo
acerque al ideal de persona que quiere ser.
No interprete el alejamiento de su hijo como un rechazo
hacia usted. Es un esfuerzo saludable para crecer.
Respete los momentos de aislamiento de su hijo, los ratos
en que aparentemente no hace nada son muy valiosos
para su reflexión.
Trate de prepararse para recibir con serenidad los reclamos
del adolescente y marque límites para que los formule de
manera respetuosa.
Aproveche las críticas del adolescente para revisar con
seriedad el concepto que tiene de usted mismo y qué le
conviene cambiar en su forma de actuar y de relacionarse
con él.
Propicie momentos de comunicación para aclarar sus
puntos de vista, aceptar sus errores y ser sincero con su
hijo.
Recuerde que, aunque su hijo no lo admita, usted sigue
siendo un modelo fundamental para él. Procure ser un
buen ejemplo, acorde con sus convicciones.
100
La autoestima está íntimamente relacionada con la identidad
Los seres humanos no sólo construimos un concepto y una imagen propios, sino que buscamos
estar a gusto con ellos, necesitamos apreciar y disfrutar la manera de ser que nos caracteriza.
Ese aprecio es lo que llamamos autoestima.
La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos
Es conocernos, aceptarnos y querernos, es estar contentos con lo que hacemos y con lo que
somos. La autoestima nos hace sentir que podemos lograr lo que nos proponemos y que
tenemos algo que ofrecer a los demás.
La persona con autoestima alta se siente segura; aprecia sus talentos y también reconoce sus
limitaciones. No se compara con los demás ni requiere la aprobación ajena para sentirse bien.
La autoestima es sumamente frágil. Cuidarla es una labor de toda la vida
Cuando el niño es pequeño es fundamental cuidar su autoestima porque su personalidad está
en formación, cuando es adolescente necesitamos reforzarla porque se encuentra en un momento
crucial para su desarrollo en el que forja su identidad y define sus cualidades.
II. El cuidado de la autoestima
101
Guía de Padres
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
De las frases siguientes, cuáles son las que describen lo
que usted siente con más frecuencia.
Muchas veces he deseado ser otra persona.
Hay muchas cosas en mí que
cambiaría totalmente.
En casa suelo estar enojado y molesto
con los demás.
Me cuesta mucho acostumbrarme
a lo nuevo.
Suelo ceder con facilidad y renunciar
a lo que deseo.
Nadie toma en cuenta mis opiniones.
Con frecuencia me desagrada el trabajo
que realizo.
No me cambiaría por nadie.
Estoy satisfecho con mi manera de ser
aunque también espero mejorar en
algunos aspectos.
Mi familia está a gusto y se divierte
conmigo.
Me entusiasma vivir situaciones que me
saquen de la rutina.
Defiendo mis derechos cuando los
considero justos.
La gente suele aceptar mis ideas.
Disfruto mi trabajo y lo hago lo mejor que
puedo.
Observe si la mayor parte de sus respuestas corresponde a la columna
izquierda o derecha. Si se siente más identificado con la columna derecha
es razonable pensar que su autoestima es alta; si sus sentimientos se
asemejan a los de la columna izquierda puede ser que necesite hacer algo
para aceptarse y quererse más.
La mayor parte de los adolescentes suelen
experimentar una gran vulnerabilidad
emocional hacia casi todo: el fracaso, el ridículo
y, sobre todo, el rechazo. Continuamente se
preguntan: “¿Cómo me veo? ¿Me gusto o no?
¿Soy capaz o no?” Un buen número de los
comportamientos y actitudes del adolescente
e, incluso, su mismo desarrollo, dependen de
cómo se ve a sí mismo.
El joven se cuestiona la opinión y aprecio
de sí mismo que ha creado en el pasado
La autoestima es una experiencia íntima, es
el resultado de los pensamientos, sentimientos
y sensaciones sobre sí mismo que ha ido
elaborando a lo largo de su vida y que lo han
llevado a sentirse cómodo y en paz consigo
mismo o, por el contrario, a juzgarse, censurarse
y experimentar el doloroso sentimiento de no
ser lo que quisiera.
Una autoestima alta es uno de los
recursos más valiosos con que puede
contar una persona
Un adolescente con una autoestima positiva aprende con
mayor eficacia, desarrolla relaciones más profundas y
satisfactorias, se siente más seguro y capaz de aprovechar
las oportunidades, trabaja más productivamente, es
autosuficiente y tiene mayor claridad en sus objetivos y
metas.
Si la autoestima es una experiencia tan subjetiva y
privada, ¿qué podemos hacer los padres para ayudar
a nuestro hijo a cuidarla y fortalecerla?
Un requisito indispensable para apoyar a nuestro hijo es trabajar
sobre nuestra propia autoestima. Si no estamos satisfechos
con quienes somos es difícil comunicarle al adolescente nuestro
aprecio y confianza. Nadie da lo que no tiene.
El desequilibrio que supone para los padres la adolescencia
de los hijos es una excelente oportunidad para rehacer nuestra
imagen y fortalecer el valor que nos damos. Es tiempo de
atendernos físicamente: alimentarnos bien, descansar, hacer
ejercicio, arreglarnos; descubrir nuevas capacidades; realizar
lo que en verdad nos interesa; buscar actividades que nos
satisfagan como estudiar algo nuevo, hacer artesanías, música,
pintura, viajes, excursiones; divertirnos, reírnos y disfrutar
de la vida.
Es momento también de apuntalar nuestros vínculos, buscar
a los amigos y familiares, dedicarles tiempo, dar y recibir
afecto y reconocimiento. Si vivimos en pareja, necesitamos
apoyarnos mutuamente, hacer un esfuerzo especial por
apreciarnos, respetarnos y crear un frente común a las duras
críticas del adolescente.
Sólo sintiéndonos contentos y satisfechos podremos ofrecer
a nuestro hijo la independencia, la orientación y el respaldo
que necesita para desarrollar su autoestima.
La autoestima no puede modificarse directamente. Para
impulsarla, los padres tenemos que atender varios
aspectos
El adolescente requiere:
-Sentirse querido y respetado, establecer relaciones
cercanas y satisfactorias
Una buena autoestima se manifiesta en la capacidad del chico
para expresar abiertamente sus emociones y pensamientos
sin buscar ser el único centro de atención; escuchar a otros
y comprender puntos de vista distintos al suyo; ser sensible
a las necesidades de los demás y estar dispuesto a ayudar.
Una adolescente con una autoestima positiva tiene mayor
claridad en sus objetivos y metas
102
Para un adolescente es primordial ser
aceptado por sus iguales
La autoestima alta le da la posibilidad de estar abierto a los
demás, pero también de no estar de acuerdo ni someterse
a ellos; si el adolescente se siente bien consigo mismo tiene
mayores recursos para saber lo que quiere y lo que no quiere
hacer y para mantenerse firme al defender sus ideas y sus
derechos.
Con el fin de ayudar a nuestro hijo a desarrollar su capacidad
de hacer amigos y llevarse bien con otros, es recomendable
revisar el capítulo VIII del apartado Aprender a vivir juntos.
Pero no sólo los amigos son importantes para el adolescente.
Los padres seguimos siendo fuente fundamental de amor,
consuelo, fortaleza, identificación y seguridad. Una manera
de cuidar la autoestima de nuestro hijo es prestarle atención,
demostrarle afecto en lo que decimos y hacemos, escucharlo
y compartir nuestros sentimientos, manifestar interés por
sus asuntos, sus logros y preocupaciones, compartir aficiones,
pasar tiempo a solas con él.
Nuestro hijo necesita sentir que pertenece y tiene un lugar
especial en su familia, que para nosotros es importante e
insustituible; precisa estar seguro de que nuestro amor no
depende de lo que haga sino de lo que es; de que, aunque
le pongamos límites, y en ocasiones rechacemos su conducta,
estaremos siempre presentes y dispuestos a hablar con él,
para apoyarlo y acogerlo con cariño.
El amor es el ingrediente esencial de una familia armoniosa,
es el mensaje más significativo que el adolescente quiere
recibir de sus padres.
-Sentirse único y valioso, reconocer las cualidades que
lo hacen especial y experimentar el respeto y la
aprobación de los demás
En buena parte, el adolescente crea el concepto de sí mismo
a partir de lo que percibe que otros piensan de él y
comparándose con quienes lo rodean. Si no se siente seguro,
el chico se preocupa exageradamente por la idea que los
demás se forman de él y vive pendiente de las opiniones
ajenas.
El adolescente suele ser vulnerable a los comentarios con
que lo describimos y a las expectativas sobre su desempeño;
nuestros calificativos son espejos que deforman la imagen
que se hace de sí mismo e influyen de manera importante
en la clase de ser humano en que se convertirá.
El adolescente necesita contar con nuestra confianza aun
cuando falle. Ante un error conviene establecer acuerdos
sobre nuevos límites y oportunidades para repararlo. Palabras
como: “No llegarás a ninguna parte” o “No puedo volver a
confiar en ti” pueden desanimarlo y herirlo profundamente.
Cualquier etiqueta es un juicio sobre su persona, y los juicios
siempre son una expresión de poder y una amenaza. Los
juicios negativos: “Eres torpe, rebelde, descuidado, grosero,
inútil”, lo avergüenzan, lo ofenden, lo lastiman. Los elogios
tampoco sirven para fortalecer su autoestima. Un juicio
positivo es una presión y una exigencia velada.
Es muy diferente juzgar un acto que una persona. Es distinto
apreciar de manera objetiva una conducta específica, un
esfuerzo o un logro de nuestro hijo, que hablar de su carácter
o habilidades. No es lo mismo decir: “Felicidades por el gol.
Qué bueno que ayudaste a ganar a tu equipo” que adularlo:
“Eres un deportista maravilloso, el mejor goleador de tu
escuela”. Tampoco es igual decir: “Gracias por dejarme leer
tu trabajo de literatura. Me interesó tu opinión y se me antojó
leer el libro que comentaste para platicar contigo” que calificar
o comparar: “Eres la más brillante e inteligente de tus
hermanos”.
Es el mismo adolescente quien tiene que medir sus
capacidades; a los padres sólo nos toca ayudarle a valorar
sus logros reales, concretos, y, cuando sea oportuno, hacerle
ver, con firmeza y claridad, los errores que conviene corregir.
Concentrarnos en los hechos y no en la persona deja a salvo
su autoestima, le da el estímulo para seguir esforzándose y
la claridad para reconocer sus habilidades y limitaciones.
Un asunto que preocupa profundamente a la mayoría de los
adolescentes es su imagen física; les interesa más que
cualquier otro aspecto de su personalidad. Aunque a primera
vista pudiera parecer un asunto superficial o de vanidad, la
apariencia de un adolescente es la manifestación de lo que
él reconoce como propio.
No lo enjuiciemos ni lo amenacemos
La apariencia es lo que el chico reconoce
como propio
103
Las chicas pueden pasarse horas poniéndose de acuerdo en
la manera de vestirse para la fiesta, y los muchachos dedican
un buen tiempo a pensar en cómo verse diferentes: tal vez
se rapen, se pinten el pelo de colores o se pongan aretes o
sombreros extravagantes. La imagen que desean proyectar
ante los otros definirá su estilo de aderezarse.
Es necesario entender que los ensayos en su apariencia —ropa,
peinado, adornos, colores— corresponden a la exploración
de las diversas posibilidades de su personalidad. Si es
necesario, los padres podemos orientar a nuestro hijo sobre
cómo presentarse en ocasiones especiales, o poner ciertos
límites cuando su atuendo puede causarle problemas, pero
no tenemos el derecho de imponer al adolescente la manera
de arreglarse. Interferir en ello es como decirle quién debe
ser y cómo ser.
Tampoco es conveniente asumir que no tiene importancia
“¿Qué tienen de malo esos pantalones? Tu hermano los usó
dos años y estuvo muy contento” o “Hay problemas peores
que tener la nariz larga, dale gracias a la vida que es sólo
eso” o “Nada más son tres granitos. Si no te fijas, ni los ves.
Además la fiesta es de noche”. En el capítulo V del apartado
Aprender a vivir juntos se incluyen sugerencias que podrían
ser útiles para escuchar a nuestro hijo y acompañar este tipo
de sentimientos.
-Sentirse hábil y capaz de hacer bien las cosas y de
afrontar responsabilidades
La autoestima se refuerza cada vez que intentamos y
conseguimos algo, cada vez que obtenemos algo por nosotros
mismos.
El adolescente necesita experimentar la sensación que le
haga exclamar: "¡Lo logré!" para hacerse de recursos interiores
que le ayuden a aceptar situaciones en las que no
necesariamente tenga éxito.
Como el chico se encuentra en un proceso de aprendizaje y
evolución, el conquistar algo que antes consideraba inalcanzable
cambia radicalmente su visión, lo hace sentirse
con nuevas fuerzas y capaz de probarse en
otros retos. Mientras más hábil se considere,
podrá actuar con mayor independencia y
responsabilidad, y más satisfecho estará con
él mismo.
Los padres debemos animar a nuestro hijo
a enfrentar las dificultades, y ofrecerle las
oportunidades y recursos que le permitan
influir sobre su vida de una forma positiva.
Si le evitamos o le resolvemos los problemas,
si lo sobreprotegemos o lo limitamos, jamás
podrá tener la experiencia gratificante y
formativa de conseguir las cosas por sí mismo,
y se sentirá cada vez más inseguro y desvalido.
Un adolescente con baja autoestima ni siquiera
intenta llevar a cabo una tarea porque está
convencido de que va a fracasar. Para qué
intentarlo.
En cambio, cuando lo ayudamos a templar
su carácter y su voluntad, a desarrollar la
paciencia, perseverancia y autodisciplina,
podrá superar los errores y las frustraciones hasta conseguir
lo que se ha propuesto. Si tiene un concepto positivo de sí
mismo ganado con su propio esfuerzo, será más fácil que se
entusiasme con nuevos proyectos, que pueda desarrollar
ideas, inventar y crear.
Si el adolescente desarrolla una buena autoestima podrá
entrar en la vida adulta con buena parte de los recursos
necesarios para llevar una vida productiva, amorosa y
satisfactoria.
104
El conquistar algo que antes consideraba inalcanzable cambia
radicalmente su visión
Dejemos que nuestros hijos exploren las
diversas posibilidades de su personalidad
No ponga etiquetas a su hijo
Fortalezca sus relaciones
Diviértase y disfrute de la vida Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Para apoyar a su hijo, trabaje seriamente en fortalecer
su propia autoestima. Nadie da lo que no tiene.
Atiéndase físicamente: aliméntese bien, descanse, haga
ejercicio; busque actividades que le satisfagan; diviértase
y disfrute de la vida.
Fortalezca sus relaciones, busque a sus amigos y familiares,
intercambie afecto y reconocimiento con ellos.
Haga un esfuerzo especial por acercarse más a su pareja,
por darse aprecio y respeto, apoyarse mutuamente y
crear un frente común a las críticas del adolescente.
Haga sentir a su hijo querido y respetado.
Ayúdelo a desarrollar habilidades para hacer amigos.
Dé a su hijo la libertad de no estar de acuerdo con usted,
así aprenderá a no someterse a otros y a defender sus
ideas y sus derechos.
Asegúrese de que su hijo sepa que tiene un lugar especial
en su familia y que para usted es único y valioso.
No ponga etiquetas al chico, ya sean positivas o negativas;
no le diga: “eres un irresponsable, eres muy inteligente,
eres egoísta”.
Reconozca sus logros.
Motívelo a superar obstáculos y a realizar mayores
esfuerzos, siempre dentro de sus posibilidades.
Ayude a su hijo a fijarse metas alcanzables y a evaluarse
en forma realista.
Aprecie sus logros y esfuerzos de manera objetiva y
sincera, no le mienta sobre sus errores.
Concéntrese en los hechos, no en la persona.
Mencione lo menos posible la apariencia de su hijo.
No imponga al adolescente la manera de arreglarse. Sólo
acuerde con él algunos límites cuando su atuendo pueda
causarle problemas.
Evite la actitud de no tiene importancia cuando su hijo se
sienta insatisfecho con su imagen física.
Hágalo sentirse capaz de hacer bien las cosas y de afrontar
responsabilidades.
Anime a su hijo a fijarse metas, a esforzarse por alcanzarlas
y enfrentar las dificultades con valor y perseverancia.
No proteja a su hijo de los problemas ni se los solucione;
muestre confianza en que él sabrá resolverlos.
Permítale tener la experiencia de conseguir las cosas por
sí mismo y también de fracasar y volver a intentar.
105
Autonomía significa pensar y actuar por nosotros mismos
Una persona que ejerce su autonomía es reflexiva y consciente, toma en cuenta diferentes
puntos de vista y adopta, con sentido crítico, el que más le convence. Sabe distinguir la conducta
aceptable de la que no lo es y tiene el valor de expresar sus convicciones y actuar de acuerdo
con ellas.
La verdadera autonomía no puede estar separada de la responsabilidad, del respeto
y la reciprocidad
Una persona autónoma no permite que los demás decidan por ella, actúa con libertad, pero
también es responsable: toma en cuenta las consecuencias de sus acciones, se hace cargo de
ellas y no culpa a otros de lo que le sucede.
Tampoco hace lo que se le antoja en el momento en que se le ocurre; reconoce con claridad
sus necesidades reales y las satisface, pero
también se interesa por el bienestar y derechos
de los demás.
El desarrollo de la autonomía es un
proceso que se da junto con la evolución
de todos los demás aspectos de la vida
Al llegar a la secundaria, la manera de pensar
del adolescente sufre una transformación:
empieza a manejar ideas abstractas acerca
de lo correcto y lo incorrecto y las negociaciones
con los padres se convierten en discusiones
sobre principios. Ahora analiza los conceptos
para defender sus derechos: “Soy una persona
libre y yo decido si estudio o no” “Justicia es
tratar a todos por igual, así que tengo derecho,
igual que ustedes, a salir a la hora que quiera
y con quien yo decida”.
El adolescente intenta con toda seriedad
volverse adulto, posee un poderoso impulso
para hacer las cosas sin ayuda y ya ha
desarrollado muchas de las habilidades que
lo hacen capaz de resolver por sí mismo gran
Guía de Padres
III. El camino hacia la autonomía
106
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
La autonomía es probablemente el objetivo principal de la educación. Sin
embargo, para los padres constituye todo un reto saber qué tanta libertad
e independencia requiere un hijo en los distintos momentos de su desarrollo.
¿Qué significa para usted ser libre? ¿En qué aspectos de su vida manifiesta
su libertad? ¿Se siente cómodo cuando los demás miembros de su familia,
especialmente sus hijos, deciden y actúan con independencia? ¿Cómo
reacciona cuando la decisión que toman no coincide con lo que usted piensa?
Haga una lista de las actividades en las que su hijo actúa por iniciativa
propia.
Haga otra con las actividades en las que usted impone su criterio, y una
tercera en las que existe un acuerdo entre ambos.
¿Siente que están equilibradas?
Evalúe cuáles de la primera y la segunda lista podrían pasar a la tercera.
Autonomía significa pensar y actuar por nosotros mismos
parte de sus asuntos. Quizá se equivoque
muchas veces, tal vez se llegue a sentir
confundido, frustrado o temeroso, pero
necesita probar sus fuerzas para conseguir
su autonomía. Ésa es la meta.
Los adolescentes están en lucha
constante
Los chicos de secundaria quiere ser libres en
sus ideas, en sus relaciones, en sus actividades;
desea vivir a su antojo, andar solos por el
mundo, no tener que dar cuenta a nadie de
tareas escolares o de horarios de llegada, pero
al mismo tiempo, precisan que alguien pague
sus gastos, les proporcione ropa limpia y
comida caliente, y también que les niegue el
permiso para hacer algo que los pone en riesgo
—aunque digan lo contrario—.
Quieren a sus padres cerca, cuando ellos los
necesitan, pero el resto del tiempo prefieren
marcar distancia.
Esta combinación no funciona: para tener plena
libertad hay que aceptar las responsabilidades
que supone hacerse cargo de uno mismo. En
la medida en que el adolescente se vuelve autosuficiente,
estará listo para asumir su independencia. Dar y recibir,
obligaciones y derechos, forman parte de una misma realidad,
la realidad de la autonomía.
La capacidad para el ejercicio de la libertad, se alcanza
gradualmente con el esfuerzo personal, el aprendizaje
y la experiencia
Todo ser humano recorre un largo camino para llegar a la
autonomía. Ser autónomo no se logra de la noche a la mañana,
ni tampoco es labor de una persona. Es el trabajo largo —a
veces penoso y otras muy gratificante— sobre nosotros
mismos, apoyados por el cariño y aceptación de las personas
que nos acompañan en el proceso de desarrollo a lo largo de
toda la vida.
Al adolescente le atraen los retos, necesita probar su capacidad,
su inteligencia y creatividad, convertir sus deseos en proyectos
concretos y experimentar la satisfacción de llevarlos a cabo
por una decisión personal y con el propio esfuerzo.
La libertad es algo que padres y adolescentes tenemos
que conquistar juntos
El adolescente necesita luchar para desprenderse gradualmente
de nuestra autoridad y protección, y los padres tenemos que
luchar para aceptar la separación, abandonar el control y
vencer el miedo de permitir a nuestro hijo decidir y actuar
por su cuenta.
Con el fin de probar su independencia, el adolescente se
involucra a veces en problemas que lo rebasan. Es muy
importante que los padres dejemos que nuestro hijo o hija
viva las consecuencias de lo que hace, que las afronte y las
repare. Nuestro papel no es resolver la situación, sino ayudarlo
a solucionarla usando sus propios recursos y capacidades.
Hacerse responsable es la única forma de aprender a ser
libre.
El adolescente no puede exigir libertad si no está dispuesto
a asumir la responsabilidad, y los padres no podemos pedirle
responsabilidad si no le hemos dado libertad para actuar y
decidir.
La libertad es un valor que todos apreciamos, pero cuando
lo aplicamos a las circunstancias concretas la cuestión no
resulta tan sencilla. Los padres hemos de preguntarnos con
toda honestidad: ¿Realmente queremos que nuestro hijo sea
libre? ¿En qué? ¿Cómo? ¿Aceptamos de verdad las consecuencias
de su autonomía? ¿A qué debemos renunciar? ¿Cuáles son
Enseñémosle que para tener plena libertad hay que aceptar las
responsabilidades
Es sano que quieran ser libres en sus ideas,
en sus relaciones y en sus actividades
107
nuestros miedos ante los riesgos de su libertad?
Incluso cuando decidimos promover su
autonomía, muchas veces nos encontramos
en apuros cuando tenemos enfrente a nuestro
hijo adolescente y pensamos: “Quiero que
sea capaz e independiente, pero ¿qué tan
preparado está para hacerse cargo de esta
situación? Y yo, ¿qué tan preparado para
dejarlo hacer?”
Sólo permaneciendo cerca de nuestro hijo
y observándolo con atención nos daremos
cuenta de cómo van evolucionando sus
capacidades
El adolescente se encuentra en constante
cambio, y acompañarlo nos exige una actitud
vigilante y flexible para que su libertad avance
al mismo ritmo que su responsabilidad.
El camino de la dependencia a la independencia
se transita con más tranquilidad si los cambios
en los límites, expectativas y permisos siguen
de cerca los progresos del adolescente y no
se basan en ideas preconcebidas o factores
externos. No podemos dar a nuestro hijo un
nuevo privilegio simplemente porque llega su cumpleaños,
si no se encuentra internamente preparado para obtenerlo.
Igual que su ropa, las normas deben cambiar cuando ya no
responden a sus necesidades.
Si llegamos a acuerdos con el adolescente en cuanto a los
asuntos y la medida en que puede actuar por sí mismo, y
además tiene la opción de recurrir a nuestro apoyo cuando
lo necesite, se sentirá confiado para avanzar sin temor. Pero
si la libertad llega de golpe, el chico puede experimentarla
como descuido o rechazo. Sentirse expuesto por completo a
sus propias fuerzas quizá le dé miedo, lo paralice o lo exponga
a cometer errores innecesarios.
Algunos padres logran este delicado equilibrio, pero la mayoría
a veces tomamos decisiones equivocadas y tenemos que
pensar y repensar qué hacer en cada situación.
Lo importante es crear un espacio para dialogar; no olvidar
los límites, sino establecerlos en común y cuidar que se
respeten con una responsabilidad aceptada y compartida.
Los educadores han comprobado que toda ayuda
innecesaria prestada a un niño o a un adolescente
retrasa y obstaculiza su crecimiento
Descubrirle a nuestro hijo lo que él puede averiguar, obligarlo
a obedecer sin chistar, ignorar sus opiniones, actuar por él
y cuidar que no fracase en nada, es sobreprotegerlo.
La sobreprotección se percibe como desconfianza, es un
mensaje que le dice al o a la adolescente: “Eres incapaz de
resolver las cosas por tu propio esfuerzo, así que yo tengo
que hacerme cargo de ti”.
Un chico sobreprotegido suele volverse pasivo, miedoso y
dependiente. No se atreve a adquirir destrezas nuevas, a
intentar acciones que no ha probado ni a disfrutar los desafíos.
Y podría suceder que, cuando los padres no estemos presentes,
se sienta perdido y nos sustituya por otras personas, o bien
por la fantasía, el alcohol u otros medios de evasión.
Educar para la autonomía supone que los padres nos
esforzamos para actuar con libertad, responsabilidad
e independencia
Un requisito fundamental para promover la autonomía de
nuestro hijo es desarrollar nuestra propia autonomía.
Aunque en esta etapa nuestro hijo nos cuestione en forma
continua; y precisamente porque nos cuestiona, resulta
indispensable actuar como modelos. Para enseñar a nuestros
hijos a comportarse de manera responsable e independiente
necesitamos comprometernos cada vez más con nuestros
proyectos, decidir con prudencia y hacernos cargo de nuestra
vida.
La sobreprotección la percibe como
desconfianza
Nuestro hijo necesita una actitud vigilante y flexible de nuestra
parte
108
No le pida responsabilidad si no le ha dado
libertad para actuar
Según su madurez, permítale que aprenda a
manejar su libertad
No sobreproteja a su hijo
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Recuerde que, ante el cuestionamiento constante del
adolescente, es indispensable actuar como modelo y
desarrollar su propia autonomía.
Observe si suele reflexionar con detenimiento y sentido
crítico antes de adoptar sus puntos de vista en asuntos
importantes para usted.
Piense qué tan abiertamente expresa y defiende sus
convicciones, y si actúa de acuerdo con ellas.
Revise si usted se hace responsable de las consecuencias
de sus acciones o culpa a otros de lo que le sucede.
Pregúntese si realmente quiere que su hijo sea libre, si
le da miedo o acepta de verdad las consecuencias de su
autonomía.
No le pida responsabilidad a su hijo si no le ha dado
libertad para actuar y decidir.
No le resuelva los problemas, proporciónele las
herramientas para que él lo haga; deje que él viva las
consecuencias y las repare.
Observe a su hijo con atención y, poco a poco, según
madure, permítale que aprenda a manejar su libertad.
No le ofrezca nuevos privilegios simplemente porque
cumple años si no ha demostrado que está preparado
para ellos.
No sobreproteja a su hijo. La sobreprotección lo hace
sentir inútil e impide su desarrollo.
No le dé ninguna ayuda en lo que él sea capaz de realizar.
Cree espacios para dialogar con su hijo, establezcan reglas
en común, deje que él opine y decida, pero sobre todo
crea en él.
109
No le ofrezca nuevos privilegios
simplemente porque cumple años
Decidir es un proceso que nos conviene conocer bien, ya que de nuestras elecciones
dependerán muchas consecuencias importantes cuya responsabilidad habremos de
asumir
Si observamos cómo suelen decidir las diferentes personas a nuestro alrededor, es posible que
distingamos varios estilos de hacerlo.
Hay quienes son impulsivas, actúan primero y después reflexionan, o bien, se lamentan por
no haber previsto las consecuencias; otras son indecisas, piensan tanto las cosas que dejan
pasar las oportunidades y acaban por no decidir; las personas rígidas ni siquiera se plantean
distintas opciones, actúan siempre de la misma manera y pierden ocasiones de mejorar. Quizá
quienes están mejor preparadas para decidir sean las personas prudentes, es decir, las que
reflexionan con detenimiento y actúan con firmeza, las que saben lo que quieren, averiguan
cómo conseguirlo, analizan las situaciones, miden los riesgos y se comprometen con su elección.
El adolescente tiene que aprender a tomar decisiones con prudencia para poder elegir
las opciones que apoyen mejor su desarrollo, su bienestar y la armonía en sus
relaciones
El adolescente tiene que darse cuenta de que si él no decide, otros lo harán por él; que decidir
conscientemente le produce satisfacción, le
da control sobre su vida y lo acerca a sus
sueños. También debe saber que no es posible
tener todo, que al elegir también renuncia,
que al optar por algo que considera valioso,
pierde aquello que no escogió. Aceptar esta
condición de la libertad es un paso muy
importante en su camino a la autonomía.
Decidir es un proceso complejo y abarca
varios pasos que conviene seguir
conscientemente
ayudar a nuestro hijo a crecer en libertad y
responsabilidad podemos orientarlo para que
sea capaz de tomar decisiones acertadas y
obtener los resultados que espera. Enseguida
se presentan algunas sugerencias. Quizá
algunas le resulten útiles:
1. Definir el problema u objetivo
El solo hecho de reconocer y definir el asunto
con claridad, plantearlo en forma sencilla,
concreta y específica, es un gran paso para
su solución o logro.
La clave es tratar de descubrir lo que realmente
Guía de Padres
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Tomar decisiones es una acción tan común y cotidiana que a veces la
realizamos sin darnos cuenta.
¿Recuerda usted haber tomado decisiones en las últimas fechas?
¿Cuáles son los pasos que sigue para tomar decisiones importantes?
¿Quién decide en los asuntos de su familia?
¿Qué oportunidades le ofrece a su hijo para intervenir en las decisiones
familiares? ¿Piensa que él puede aportar algo valioso?
¿Su hijo sabe decidir con prudencia?
La adolescente tiene que darse cuenta de que si ella no decide,
otros lo harán en su lugar
110
IV. Aprender a decidir
darle algunas sugerencias como: “Qué te
parece si...”, pero hay que hacerlo después
de que él haya hecho sus propuestas y reducir
nuestras sugerencias al mínimo.
4. Hacer una lista de las ventajas y
desventajas de las diferentes opciones
El chico tiene que prever cuáles son las
consecuencias —a corto, mediano y largo
plazos— que se pueden derivar de elegir cada
una de las opciones, saber qué puede ocurrir
si se decide por una u otra. Por ejemplo: su
grupo de teatro tiene que ensayar todos los
días de la semana anterior al estreno de la
obra. Si decide participar, no podrá asistir a
la escuela, y pronto vendrá el tiempo de
exámenes; no tendrá completos los apuntes,
perderá el “hilo” en la clase de matemáticas,
se retrasará en las tareas y trabajos… Pero
si falta a los ensayos no tendrá oportunidad
de actuar en la obra de teatro.
Qué pasaría si:
-Participara en los ensayos y le pidiera permiso
a un compañero de copiar sus apuntes.
-Se pusiera de acuerdo con los maestros para entregar
trabajos por anticipado o con retraso.
-Dejara de ir a uno de los ensayos para dedicar el día al
estudio y más tarde trabajara con otro de los actores en su
casa.
5. Elegir una solución
“¿Cuál idea será mejor...?” Conviene que el chico discuta con
alguien y compare las diferentes opciones, calcule la
probabilidad de éxito de cada una y después escoja la que
le parezca más adecuada.
Decidir es un proceso en el que las elecciones no son correctas
o incorrectas. Cada una implica aspectos positivos y negativos,
y es un derecho personal optar por la que nos parezca mejor.
6. Llevar a la práctica la decisión y establecer un
compromiso
desea o lo aflige, pues a menudo lo que parece ser el problema
o la meta no lo es.
Hablar con los padres o con otras personas, y sentirse
comprendido, puede ayudar al adolescente a poner en claro
sus sentimientos y a entender mejor la cuestión que ha de
decidir.
2. Analizar el asunto
Es decir, examinarlo más a fondo, recoger toda la información
disponible sobre el tema, conocer varios puntos de vista y
diferentes formas de enfocarlo.
Si se trata de un problema, el adolescente ha de intentar
descubrir su verdadera causa e identificar cuál es su parte
en el asunto. Sólo cuando él asume su responsabilidad, en
vez de culpar a otros, adquiere el poder de hacer algo para
resolverlo.
3. Explorar las opciones o las posibles soluciones al
problema
El adolescente podría empezar por preguntarse: “Si quiero
lograr esto, ¿qué tengo que hacer?”
Quizá convenga ayudar a nuestro hijo a descubrir que en
esta vida no todo es blanco o negro, sino que existe una
gama de grises muy variada, que es posible vivir cada situación
de distintas maneras, según lo decidamos, y que una dificultad
puede tener muchos arreglos.
Para tener a la vista el mayor número de elecciones posibles,
es muy útil animar al adolescente a anotar cualquier idea
que llegue a su mente, no importa qué tan loca o impráctica
parezca; de lo que se trata es de que sea creativo y disfrute
del proceso. A esta técnica se le llama “lluvia de ideas” y la
única regla es no criticar ni descalificar ninguna aportación.
Si al adolescente no se le ocurren buenas ideas, podríamos
Hacer una lista lo ayuda a decidir
Conviene explorar las posibles soluciones
111
Tomada la decisión, queda un último paso:
hay que llevarla a cabo. Ser consecuente con
ella y responsabilizarse de las consecuencias.
El adolescente tiene que encontrar el momento
para actuar, la forma de hacerlo, el lugar y
la situación apropiados, hacer el esfuerzo para
lograr su meta o resolver la dificultad.
padres, si él nos pide apoyo, podemos ayudarlo
a anticipar los posibles obstáculos, a tener
claro qué recursos tiene para llegar a la meta
o a la solución, qué personas están
involucradas en el asunto y quiénes pueden
ayudarlo.
Cuando el chico establece un compromiso,
conviene que fije un plazo para revisar los
resultados obtenidos y verificar si de verdad
consiguió lo que se proponía o resolvió el
problema, y qué consecuencias se derivaron
de lo que hizo.
7. Examinar los efectos de las acciones
No siempre resultan las cosas como pensamos.
Tampoco existen garantías de que la decisión
del adolescente sea perfecta, pero equivocarse
es también una manera de ejercer la libertad y de aprender
a decidir. Los padres tenemos que respetar las elecciones de
nuestro hijo sin intervenir y mucho menos decir: “¡Te lo dije!”
o “¡Ya lo sabía...!”
El proceso de decidir supone revisar las consecuencias de las
acciones realizadas y, si el primer intento no fue satisfactorio,
plantear otra solución y modificarla las veces que sea necesario.
8. Reconocer y agradecer la ayuda de los demás en la
solución del asunto
Desarrollar la gratitud le da al adolescente la capacidad de
apreciar y darse cuenta del afecto y solidaridad que lo rodea.
Reflexionar sobre sus valores personales y sobre las
situaciones complejas que podría enfrentar le da al
adolescente oportunidad de decidir por anticipado y
con mejores bases
Es común que el adolescente tenga que asumir decisiones
en circunstancias de riesgo o con consecuencias decisivas
para su vida, por ejemplo: consumir o no alcohol o drogas,
tener o no relaciones sexuales, empezar a trabajar o continuar
sus estudios, etcétera. Si ha pensado seriamente en estos
y otros temas, y ha decidido conscientemente qué es lo mejor
para él —quizá utilizando las sugerencias de este capítulo—,
al enfrentarse a momentos críticos o de presión de sus padres,
tendrá mayor claridad para saber qué es lo que en verdad
quiere, y más fuerza para sostener su decisión.
Puede ser útil establecer por escrito “contratos personales”.
Después de reflexionar, analizar, cuestionar, conversar y
discutir los temas importantes para él, el chico tendrá mejores
recursos para fijarse metas concretas y comprometerse con
ellas.
Reflexionar sobre sus valores le posibilitará
fijarse metas y comprometerse con ellas
Orientémoslo y respetémoslo en su proceso de elección
112
Cada vez que usted interviene está
limitando su autonomía
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Permita que su hijo aprenda a decidir para que otros no
lo hagan por él.
Tenga en cuenta que cada vez que usted interviene en lo
que él puede decidir, está limitando su autonomía.
Hágale ver a su hijo que al elegir también renuncia, que
no se puede tener todo.
Oriente al adolescente para que sea capaz de decidir con
prudencia y obtener lo que de verdad desea. Respete sus
decisiones.
Trate de practicar los pasos para decidir antes de
enseñárselos a su hijo:
•Definir el problema u objetivo
•Analizarlo
•Explorar las opciones o las posibles soluciones sin
criticar ni descalificar ninguna
•Hacer una lista de las ventajas y desventajas de
las diferentes opciones
•Elegir una solución
•Llevar a la práctica la decisión, establecer un
compromiso y responsabilizarse de las consecuencias
•Fijar un plazo para revisar los resultados
•Si el primer intento no fue satisfactorio, plantear
otra solución
•Reconocer y agradecer la ayuda de los demás
Anime a su hijo a reflexionar y a decidir por anticipado sobre
las situaciones complejas a las que podría enfrentarse.
Promueva el que su hijo establezca “contratos personales”
por escrito para fijarse metas.
Permita que participe en las decisiones familiares.
Recuerde que debe darle el ejemplo de decidir
conscientemente, responsabilizarse por las decisiones y
esforzarse en enmendar los errores.
Oriente a su hijo para que decida con prudencia
y obtenga lo que desea
Aprenderá a reconocer y agradecer la ayuda
de los demás
113
La disciplina es una manera de preparar al o la adolescente para la libertad
La disciplina es un recurso de los padres para ayudar a nuestro hijo a madurar y a volverse
independiente, a desarrollar su autocontrol, a convivir en armonía y a aprovechar su energía
y talentos para conseguir lo que es importante para él.
La disciplina es un proceso de aprendizaje del adolescente y no una forma de ejercer el poder,
controlar a nuestro hijo y mucho menos causarle daño.
La disciplina es una expresión de amor a los hijos y una responsabilidad fundamental
de los padres
Nuestro hijo aún requiere nuestra guía y autoridad para orientarse en su camino hacia la
autonomía. Mientras el adolescente no cuente
con un criterio suficientemente desarrollado,
nos corresponde a los padres ejercer la
autoridad hasta que él llegue a ser su propio
conductor.
Aunque nos sorprenda, los adolescentes
necesitan y valoran la disciplina
Aunque nuestro hijo proteste y afirme que
la disciplina y los límites no deberían existir
y que son inventos nuestros para someterlo,
en realidad los necesita, son un faro para
orientarse, le dan seguridad y la sensación
de que está cuidado, de que lo amamos y nos
interesa.
Desde luego, esto no significa que nece-
sariamente respete las reglas sino que, incluso
al romperlas, sabe que están ahí y se mide
con ellas. Son su marco de referencia.
Guía de Padres
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Ninguna de las tareas de la paternidad es más difícil que la disciplina. El
ejercicio de la autoridad se da en medio de una lucha difícil, y a veces
dolorosa, pero es indispensable para orientar al adolescente y ayudarlo a
lograr sus objetivos y a ejercer la autonomía.
¿Qué es para usted la disciplina?
¿Cómo era la disciplina en su casa? ¿Funcionaba?
¿Cómo aplica la disciplina a su hijo? ¿Cuál cree que es el mejor sistema para
disciplinar a un adolescente? ¿En qué ha cambiado la forma de disciplinar
a su hijo ahora que está en secundaria?
Haga una lista de las reglas que le gustaría que adoptara su hijo. Discútalas
en familia. Seleccione las que piensa que son verdaderamente imprescindibles
para un buen funcionamiento del ambiente familiar y para el desarrollo de
su hijo.
La disciplina es una manera de preparar al adolescente para
la libertad
114
V. La disciplina.
Una guía para el adolescente
música, salir con sus amigos, ver televisión
o practicar su deporte favorito, no suelen
tener relación con su falta y lo privan de esas
actividades personales y recreativas que tanta
falta le hacen para desarrollarse.
El castigo emocional, como insultar al
adolescente, gritarle, humillarlo o amenazarlo,
puede limitar sus capacidades y dañar su
autoestima.
El castigo físico, además, es un gran abuso,
ninguna situación justifica golpear a un hijo.
Los golpes, igual que la humillación, pueden
impedir momentáneamente un compor-
tamiento, sirven para que el chico trate de
evitar el castigo, pero no favorece la reflexión.
Los castigos severos le producen dolor, enojo,
frustración, resentimiento, deseos de venganza
y miedo; impulsan su rebeldía, hacen que
nuestro hijo nos pierda el afecto y el respeto,
lo llevan a esconderse, a mentir y lo alejan
de nosotros. Cuando imponemos nuestra
autoridad de forma rígida y dura, el adolescente
no se hace responsable, no aprende a ser
autónomo ni a colaborar con un grupo
aportando y defendiendo sus ideas.
¿Cómo aplicar una disciplina que guíe y eduque a
nuestro hijo y le dé seguridad para decidir y actuar?
En un hogar en el cual se maneja la disciplina con apertura,
afecto y respeto, las normas no se imponen desde arriba,
por los padres, sino que surgen del acuerdo entre los diferentes
miembros de la familia, de las personas que las tienen que
cumplir.
Uno de los métodos con el que muchos padres han obtenido
resultados positivos es la aplicación de consecuencias naturales
y lógicas.
Aplicar consecuencias naturales es dejar que el adolescente
viva el resultado de sus actos. Los padres no tenemos que
intervenir, sólo dejar que sucedan las cosas. Por supuesto,
Los padres podemos hacer mucho daño al adolescente
si renunciamos a ejercer la autoridad
Para tratar de evitar conflictos y enfrentamientos, lo más fácil
es decir: “Ya eres grande, haz lo que quieras”. “Las
calificaciones son asunto tuyo”. “Tú sabrás qué amigos escoges
y a qué hora llegas”. Pero el amor y la responsabilidad exigen
que los padres actuemos con firmeza y tengamos el valor de
hacer cumplir las reglas aun cuando nuestro hijo se enoje y
nos reclame.
Si dejamos que el adolescente haga lo que quiera, ¿cómo
aprenderá a fijarse metas y cumplirlas? Si permitimos que
nuestro hijo nos falte al respeto y nos menosprecie, ¿cómo
sabrá relacionarse con otras personas? Si no marcamos límites
cuando nos pone a prueba para experimentar hasta dónde
le permitimos llegar, ¿cómo logrará pasar de la rebeldía y el
desafío a la verdadera autonomía?
Tenemos que ser conscientes de que, a veces, el deseo de
ser aceptados por el grupo empuja a los jovencitos a situaciones
que no desean. Por ejemplo, ir a una excursión con muchachos
que no conoce bien, puede causar temor a nuestra hija. Ella
se siente halagada de que la inviten, pero también insegura,
así que pedirá el permiso esperando que no se lo demos.
Claro que se enojará cuando le neguemos el permiso, pero
en el fondo se sentirá aliviada y protegida.
Desentendernos de nuestro hijo o hija cuando es incapaz de
calcular o evitar el peligro o la inconveniencia de algunas
acciones, es dejar que aprenda con golpes innecesarios,
demasiado duros y tal vez irreparables.
Una cosa es ejercer la autoridad y otra muy distinta
castigar o maltratar a nuestro hijo
El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores
métodos para disciplinar. Sanciones como prohibirle escuchar
No desatendamos el cumplimiento de las reglas sólo para evitar un
conflicto
Dejemos que viva las consecuencias naturales
de sus acciones
115
se necesita sentido común al utilizar las
consecuencias naturales. Si permitimos al
chico de secundaria salir a cualquier hora de
la noche y relacionarse con bandas o grupos
que consumen drogas, las consecuencias
pueden ser muy graves, pero si lo dejamos
descuidar su ropa, simplemente va a ser
incómodo para él no tener con qué vestirse.
A veces, las consecuencias naturales no afectan
directamente al adolescente sino a otras
personas. Entonces hay que aplicar
consecuencias lógicas, es decir consecuencias
que guarden relación con lo que hizo el
adolescente de modo que comprenda cómo
afectan sus acciones a los demás y reflexione
sobre la necesidad de cambiar su
comportamiento y de hacer algo útil para
solucionar el problema que causó.
Por ejemplo, si pierde o maltrata un objeto
de otra persona, deberá hacer lo necesario
para reponerlo; si gasta el dinero de sus útiles
en otra cosa, tendrá que trabajar para
compensarlo.
Existen algunas condiciones para aplicar las
consecuencias lógicas
-En primer lugar, es indispensable una relación de amor
y comprensión entre padres e hijos pues el adolescente
estará más dispuesto a aceptar y asumir compromisos si lo
tratamos con respeto y le tenemos confianza.
-Cuando padre y madre están presentes, tienen que
ponerse de acuerdo para decidir los límites y la manera
de aplicar las consecuencias podemos estar en desacuerdo
con la disciplina del otro, pero hay que hablarlo a fondo para
presentar un frente común al adolescente. No hacemos ningún
bien a nuestro hijo si le decimos: “aunque tu papá dijo que
no, yo sí te dejo, pero no le digas” o “voy a tratar de
convencerlo”.
-Definir las reglas y consecuencias en forma firme y
clara para que sean entendidas por todos pues si decimos
al adolescente que tiene que volver temprano a casa, él
puede interpretar de modo diferente lo que significa “temprano”.
Es mejor precisar: “a las tres debes estar de regreso”.
-Es fundamental elegir una consecuencia que tenga
relación y corresponda a la magnitud de lo que hizo el
adolescente si definimos con claridad: ésta es la falta, ésta
es la consecuencia. Cuando el adolescente participe en la
decisión de fijar los límites y prever las consecuencias, él
mismo sabrá cómo aplicarlas; estará consciente de que debe
reponer lo que perdió, limpiar lo que ensució, no asistir a la
reunión del sábado si la semana anterior salió sin avisar.
-Aplicar la consecuencia inmediatamente para que sea
más eficaz y, sólo cuando la falta es grave, conviene reducir
algunos privilegios que el adolescente ya había conseguido
por un tiempo más o menos largo.
-Tener cuidado de que la consecuencia no cause un
dolor excesivo al adolescente pues aunque a veces es
necesario aplicar consecuencias importantes para él, vigilemos
que no le impidan disfrutar y desarrollarse. Si, por ejemplo,
ha estado preparando con sus compañeros una excursión
durante varias semanas, tendremos que buscar una
consecuencia que no sea prohibirle participar.
-No gastar la energía y la autoridad en pequeñeces,
pues no tendremos la fuerza suficiente para lo
fundamental hay que escoger las "batallas" y sólo confrontar
al adolescente con cuestiones importantes, pero en ésas ser
firmes y presentar una posición clara y bien fundamentada.
En cambio, las situaciones intrascendentes se pueden ignorar
o negociar: “¿qué crees que debemos hacer para resolver
este problema?”, “¿cómo podríamos ponernos de acuerdo?”.
Definir las reglas y consecuencias en forma
firme y clara para que sean entendidas
Si maltrata un objeto de otra persona deberá hacer lo necesario
para reponerlo
116
reconocerlo y ser conscientes del daño y el dolor que eso nos
causó, para no repetirlo con nuestros hijos.
Si llegamos a gritar o a golpear al adolescente, tenemos la
posibilidad de aceptar el hecho, pedir perdón y hacer lo
posible por remediarlo. Las disculpas tienen un efecto educativo
sólo cuando los golpes o gritos no se repiten con frecuencia.
Si queremos que nuestros hijos se comporten de manera
adecuada y responsable, tenemos que ser los primeros en
practicar la autodisciplina, dominar nuestros impulsos violentos,
respetar a los demás y actuar de acuerdo a nuestros valores.
Si nos resulta imposible controlar nuestra agresión es urgente
que busquemos el apoyo de un especialista o de un grupo
de ayuda.
-La serenidad es la clave para aplicar las consecuencias
y debemos de combinar la firmeza y el afecto; expresar
nuestra buena voluntad, y al mismo tiempo hacer que el
chico cumpla las reglas y compromisos establecidos: “Tú
tienes la obligación de estudiar y no la cumpliste. Si necesitas
clases para ponerte al corriente, debes trabajar para pagarlas”.
-No discutir ni dejarnos convencer una vez que hayamos
definido con nuestro hijo una regla y su consecuencia, por
más que proteste o ruegue, tenemos que ser firmes en su
cumplimiento. Dos días sin televisión tiene que ser dos días
sin televisión. Es él quien decidió no respetar lo acordado.
Si los argumentos del adolescente son razonables, podemos
revisar después la regla, considerar si han cambiado las
circunstancias y ponernos de acuerdo con él para modificarla.
-No juzgar al adolescente sino describir la acción con
pocas palabras, claras y concisas “Tu calificación es muy
baja, ¿qué vas a hacer para pasar?” “Tu hermana necesita
una pluma, ¿qué puedes hacer para reponer la que le perdiste?
-Ser constantes, congruentes y aplicar las consecuencias
siempre de la misma manera: cuando un día estamos atentos
a que nuestro hijo viva una consecuencia y al día siguiente
nos olvidamos, él también se olvidará de cumplir con sus
compromisos.
Si el adolescente percibe que todo depende de nuestro humor,
estará más pendiente de nosotros que de comportarse
responsablemente.
Quizá pensemos que esta manera de ver la disciplina
es poco realista y que supone un ambiente familiar
ideal en el que todo el tiempo se vive el amor, el
equilibrio y la sensatez
Por supuesto que no es así. Todos los padres perdemos el
control y reaccionamos impulsivamente de vez en cuando.
Quizá aprendimos a actuar de manera agresiva porque
nosotros mismos recibimos golpes y castigos. Necesitamos
Si nos resulta imposible controlar nuestra agresión es urgente
que busquemos el apoyo de un especialista
No lo juzguemos, sólo describamos la
acción con pocas palabras, claras y concisas
117
No tenga miedo de ejercer la autoridad
Nunca maltrate a su hijo con humillaciones,
amenazas y mucho menos golpes
Actúe con firmeza aunque su hijo se enoje Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Utilice la disciplina para ayudar a su hijo a madurar y a
volverse independiente, no para controlarlo o imponer su
voluntad.
No tenga miedo de ejercer la autoridad. Actúe con firmeza
y haga cumplir las reglas aunque su hijo se enoje y le
reclame.
Nunca maltrate a su hijo con humillaciones, amenazas y
mucho menos golpes.
Procure no castigar al adolescente prohibiéndole actividades
recreativas que sean importantes para él. Son necesarias
para su desarrollo sano y completo.
Trate de manejar la disciplina con apertura, afecto y
respeto; póngase de acuerdo con su hijo en las normas
familiares.
Escuche a su hijo, y si muestra una posición lógica, acepte
sus propuestas.
Negocie los límites de acuerdo con la edad y la madurez
de su hijo.
Diga “sí” siempre que sea posible, pero también “no” en
las ocasiones en que sea apropiado. Así, si sucede algo
realmente grave o que pone en peligro físico o moral a
su hijo, usted estará en excelente posición para usar su
—todavía— poderosa influencia.
No desgaste su autoridad en la manera de vestirse de su
hijo o en la hora de hacer la tarea, guárdela para los
casos en que exista una situación inconveniente o peligrosa
para su hijo.
118
Decida con su pareja el modo de aplicar las
consecuencias
Si usted y su pareja tienen diferencias sobre
la idea de disciplina, platíquenlo en privado
Elija consecuencias proporcionales a lo que
hizo su hijo
Aplique consecuencias naturales y lógicas de modo que
el adolescente reflexione sobre su comportamiento. Decida
de acuerdo con su pareja cómo aplicar las consecuencias.
Si usted y su pareja tienen diferencias sobre la idea de
disciplina, platíquenlo en privado, nunca con su hijo
enfrente.
Especifique las reglas y consecuencias en forma firme y
clara para que sean entendidas por todos.
Elija consecuencias que se relacionen y tengan proporción
con lo que hizo el adolescente: ésta es la falta, ésta es
la consecuencia.
Tenga cuidado de que la consecuencia no cause un dolor
excesivo al chico.
Combine la firmeza y el afecto al disciplinar a su hijo. La
serenidad es la clave para aplicar las consecuencias.
No discuta ni se deje convencer. Una vez que haya definido
con su hijo una regla y su consecuencia, sea firme en su
cumplimiento.
No juzgue al adolescente, simplemente describa la acción
e invítelo a remediarla.
Sea constante y congruente. Aplique las consecuencias
siempre de la misma manera y no dependiendo de su
humor.
Si llegara a gritar o golpear al adolescente, pida disculpas
y trate de que estas conductas no se repitan.
Practique la autodisciplina, esfuércese por dominar sus
impulsos violentos. Si no es capaz de controlarse, pida
apoyo a un especialista o participe en un grupo de ayuda.
Aplique las consecuencias siempre de la
misma manera y no dependiendo de su humor
Si no es capaz de controlarse, participe en
un grupo de ayuda
119
Un valor es algo que pensamos que merece la pena, que es deseable y bueno en la
vida
Los valores nos motivan a actuar y a vivir de determinada manera, a buscar lo que juzgamos
mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Definir nuestros valores con detalle y profundidad
nos da poder sobre nuestros actos, desconocerlos nos deja a merced de otros y de las
circunstancias.
Establecemos los valores a partir de nuestro concepto de lo que es el ser humano
No vivimos igual si pensamos que los demás son nuestros semejantes, compañeros con quienes
compartir e intercambiar de manera solidaria ideas, experiencias y afecto, que si los consideramos
como posibles enemigos a los que hay que atacar para defendernos, o como meros instrumentos
para obtener lo que deseamos.
A veces el concepto que hemos elaborado de lo que es el ser humano se basa en tradiciones
de nuestra cultura, creencias o prejuicios. No siempre nos hemos tomado el trabajo de reflexionar
y fundamentar nuestras opiniones.
La adolescencia de nuestro hijo, con sus críticas y cuestionamientos, es una oportunidad
excelente para revisar nuestras ideas y
actitudes ante la vida, para reconsiderar qué
es lo que en verdad es importante y beneficioso
para una persona; cuál es el ideal hacia donde
queremos dirigirnos y qué valores queremos
transmitir a nuestro adolescente.
Los valores se desarrollan en la
convivencia con otros seres humanos
Desde que nace, una persona está expuesta
a las creencias, concepciones, normas y
aspiraciones de su grupo social, en especial
de su familia.
Los padres ofrecemos a nuestro hijo un modelo
de relaciones humanas y le transmitimos
valores, consciente e inconscientemente, a
través de las conversaciones que sostenemos,
los límites que marcamos y sobre todo, de
nuestras actitudes y comportamientos.
Los valores se conocen por las acciones que
los expresan y por la manera en que tratamos
a otros. Un valor que no se practica no es
un valor real. Si los valores que defendemos
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
Los valores constituyen nuestra orientación para actuar y para relacionarnos
con los demás. Es importante ser conscientes de cuáles son los valores que
guían nuestra vida y que hemos transmitido a nuestros hijos.
Identifique los cinco valores más importantes para usted.
Describa cómo ha vivido usted, en la práctica, esos valores. Mencione, por
cada valor, dos acciones que haya realizado recientemente.
Pida a su hijo que anote los cinco valores más importantes que haya aprendido
de usted y cuáles son las acciones que él ha observado que manifiestan esos
valores.
Comparen ambas listas y comenten las semejanzas y diferencias.
Un valor es algo que pensamos que merece la pena, que es
deseable y bueno en la vida
120
Guía de Padres
VI. Valores en conflicto
con palabras no son los mismos que expresamos con nuestra
conducta de todos los días, habría que revisar qué es en
verdad lo que estamos transmitiendo a nuestro hijo. Alguien
dijo alguna vez: “lo que haces habla tan alto que no puedo
escuchar lo que me dices”.
Los valores dependen de las circunstancias y
características de cada familia y son recibidos de manera
diferente por cada uno de los hijos
El adolescente recibe de nosotros los mensajes que conforman
el clima ético en la familia. Si el ambiente que vivimos en
casa es de agresividad o egoísmo, será difícil esperar de
nuestro hijo solidaridad y respeto; si nos esforzamos por
realizar nuestros proyectos, podremos confiar razonablemente
en que él cumpla con sus obligaciones en la escuela.
Sin embargo, a los padres sólo nos corresponde ser guías y
promotores respetuosos de la libertad de nuestro hijo. El
adolescente no adopta nuestros valores por la sencilla razón
de que lo sean. Los valores se viven, se proponen, pero no
se pueden imponer; cada hijo es único y responderá a ellos
de manera personal. La elección de los propios valores es
labor y responsabilidad de cada quien.
La adolescencia es el mejor momento para establecer
un código de valores propio, elegido por uno mismo
Al llegar a la adolescencia, el joven se abre al mundo con
mayor amplitud y vulnerabilidad. El influjo del medio que lo
rodea es decisivo en este momento, pues se enfrenta por
primera vez en forma independiente a concepciones y formas
de vida nuevas y diferentes. Empieza a comparar los valores
de su familia con los de sus amigos, maestros o miembros
de las organizaciones a las que pertenece. Seguir aceptando
dócilmente y sin discutir nuestras opiniones y valores no lo
lleva al crecimiento ni a la autonomía; necesita
examinarlos, criticarlos, reflexionar sobre ellos
y rechazarlos o reconocerlos como propios.
Es probable que recupere algunos o la mayor
parte de nuestros valores, pero sólo podrá
hacerlo con madurez, si los ha cuestionado.
Nuestro papel como padres es propiciar una
atmósfera de confianza y apertura para que
se dé el diálogo maduro, inteligente y
respetuoso; es favorecer los encuentros de
nuestro hijo con sus maestros, amigos,
compañeros y otras personas que puedan
enriquecer su visión y ayudarle a formar un
criterio bien fundamentado para decidir y
juzgar.
El adolescente se enfrenta constan-
temente a la necesidad de tomar
decisiones relacionadas con valores
A veces, ante una situación concreta, el
adolescente tiene que elegir entre dos o más
valores que en apariencia son contradictorios.
Por ejemplo, puede ser que deba decidir si
revela o no la confidencia de su amigo acerca
del uso de drogas. Si lo hace, faltará a la lealtad pues le
prometió guardar el secreto. Si calla, fallaría en su
responsabilidad pues es probable que el amigo se involucre
cada vez más en el problema e induzca a otros compañeros.
Esta situación puede ocasionarle dificultades y sentimientos
de angustia, ya que no le es sencillo distinguir con claridad
cuál debe ser la elección entre un valor y otro. Necesita
jerarquizarlos para que el conflicto se resuelva.
Los valores se ordenan según la importancia que demos
a cada uno de ellos
No todos los valores tienen la misma calidad o importancia,
sino que existen según una jerarquía, es decir, un orden que
coloca a unos por encima de otros. El problema es que no
es posible encontrar una jerarquía que sirva para todas las
situaciones y todas las personas.
Propongámosle que jerarquice sus valores para que pueda
afrontar situaciones en las que éstos se contradigan
La adolescencia es el mejor momento para
establecer un código de valores propio
121
En cada circunstancia es indispensable
reflexionar con cuidado y honestidad, y aplicar
nuestro criterio para elegir el valor que haga
el mayor bien a los involucrados en el
problema, el que nos ayude a hacernos más
plenamente humanos y nos acerque a la vida,
a la conciencia y al amor.
El juicio ético y el pensamiento se
desarrollan paralelamente
ya no suele definir lo correcto o incorrecto
por su relación con las consecuencias, el
agrado o el disgusto de sus padres. Ahora
puede hacer juicios más elaborados en los
que toma en cuenta no sólo la acción sino
también las intenciones del que la realizó. La
intención es lo que, para él, determina si una
conducta es buena o mala.
Al madurar su razonamiento, empieza a definir
la validez de los principios y valores éticos
independientemente de quien los defienda.
También juzga si las reglas morales concretas
están de acuerdo con los principios abstractos
más universales.
Algunos de los valores que el adolescente suele defender con
más ardor son la justicia, la igualdad de derechos, el respeto
por la dignidad de los seres humanos, la amistad, la lealtad
y, más que nada, la libertad.
Los padres hemos de tener muy clara la meta final de la
educación ética: la autonomía, entendida como libertad
responsable, y también comprender el grado de desarrollo
de nuestro hijo. El adolescente aún está lejos de alcanzar el
ideal de la ética madura, es decir, la ética de quien desea
tratar a los demás como le gustaría ser tratado a él, de quien
se esfuerza por tomar en cuenta el punto de vista de todos
los afectados por una situación y que ejerce, en lo posible,
la libertad de vivir según un ideal personal libre de presiones
externas.
No todos los seres humanos tienen la suerte de alcanzar esa
etapa en la que reconocen la unidad con los demás y con la
naturaleza, y aceptan la responsabilidad de sus actos para
hacer un mundo mejor. Para lograrlo requieren, en sus años
de formación, del cuidado, la compañía, el ejemplo y la guía
amorosa de sus padres.
Permita que participe en las decisiones familiares
122
Al madurar su razonamiento, empieza a definir
la validez de los principios y valores
El juicio ético y el pensamiento se desarrollan
paralelamente
Note si sus acciones transmiten los mismos
valores que sus palabras
Trate de definir sus valores con el mayor
detalle y profundidad que le sea posible
Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
Intente crear una descripción de lo que es para usted el
ser humano.
Trate de definir sus valores con el mayor detalle y
profundidad posible.
Revise su propia autonomía en cuestiones éticas. ¿Por qué
piensa lo que piensa y valora lo que valora? ¿En qué se basa?
Note si sus acciones transmiten los mismos valores que
sus palabras y consejos. Haga lo posible por actuar de
acuerdo con lo que dice.
Observe cuáles son los valores que ha propuesto a su familia
y cómo ha respondido a ellos cada uno de sus hijos.
Propicie un ambiente de confianza y apertura para que
su hijo dialogue con usted sobre los valores, para que los
examine, los analice y los critique. Así podrá rechazarlos
o aceptarlos conscientemente.
Favorezca los encuentros de su hijo con sus maestros,
amigos, compañeros y otras personas que puedan ayudarle
a fundamentar su criterio para decidir y juzgar con
inteligencia y honestidad.
Apoye a su hijo para que establezca su propia jerarquía
de los valores y sepa aplicarla a las situaciones concretas
a las que se enfrente.
Recuerde que la autonomía es el objetivo final de la
educación.
No exija a su hijo un comportamiento ético totalmente
maduro, pero oriéntelo para que se acerque a él.
Ayúdelo a comprender a fondo las ideas en las que cree.
Hable con él de su escala de valores. Si le pregunta por
sus convicciones, conteste honestamente.
No sea incongruente entre lo que hace y lo
que dice
Ayúdelo a comprender a fondo las ideas en
las que cree
123
Guía de Padres
El adolescente vive un intenso periodo de búsqueda que lo llevará a encontrarse
consigo mismo y a decidir qué valores orientarán su vida
La adolescencia es una etapa de reflexión en la que el chico se plantea cuestiones fundamentales:
“¿Cuál es mi mayor deseo?” “¿Por qué y para qué existo?” Estas preguntas son una señal de
que le llegó el tiempo de empezar a dar respuestas, de buscar qué quiere hacer, cómo espera
vivir y cuál es el sentido de su vida.
Los profundos cambios en sí mismo y en las relaciones con su ambiente le provocan
un gran desequilibrio
El adolescente enfrenta la tensión entre lo que era y lo que es, entre lo que ha logrado y lo
que le falta por hacer, entre lo que percibe de la realidad y lo que él piensa que debería ser.
Este desequilibrio, signo de su salud y vitalidad, es precisamente lo que lo lleva a buscar el
sentido de su existencia. El joven no tiene que eliminar la tensión, sino utilizarla como impulso
para esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena.
En el interior de cada persona existe una vocación
En todos hay un llamado a ser de cierta manera, a realizar una tarea, a defender un principio,
a crear una obra o a entregar un afecto.
La vocación no es simplemente elegir un oficio o profesión: ser jardinero, maestra, médico o
científica; no es algo que se decide un día y de una vez para siempre, sino que se va descubriendo
y definiendo en las vivencias y decisiones diarias, en los encuentros con otros, en los nuevos
aprendizajes y las pequeñas realizaciones concretas.
La vocación, más bien, es una manera de vivir, una actitud atenta y consciente y una respuesta
a lo que se nos va planteando y exigiendo
cada día. Ser fiel a nuestra vocación es lo que
da sentido a la vida.
Las transformaciones que vivimos los
padres durante la adolescencia de los
hijos nos exigen revisar y, a veces,
replantear el sentido de nuestra propia
vida
El proyecto personal nunca es un producto
acabado, sino un proceso que avanza o
retrocede, cambia, toma nuevos bríos o nuevos
rumbos. Los desajustes que trae la
adolescencia de nuestro hijo pueden ser
oportunidades para los padres de pensar a
fondo si lo que hacemos y lo que hemos
elegido corresponde a lo que queremos
actualmente, si el camino recorrido nos ha
llevado a donde queríamos ir o es necesario
orientarlo en otra dirección. Quizá sea útil
preguntarnos: ¿disfruto mi trabajo?, ¿quiero
aprender algo nuevo?, ¿existe en mí un anhelo
sin realizar?, ¿qué puedo hacer para
conseguirlo?
EJERCICIO DE REFLEXIÓN
¿Piensa que es importante su existencia para los demás o para el mundo?
¿Por qué?
¿Tiene usted un proyecto que lo entusiasme? ¿Se esfuerza por realizarlo?
¿Tiene su hijo una meta personal? ¿Lucha por alcanzarla?
¿Qué hace su familia por la comunidad?
En el interior de cada persona existe una vocación
124
VII. Encontrar el sentido de la vida
No lo ayudamos cuando le decimos: “Cómo
me gustaría que más adelante te hicieras
cargo de mi negocio de bordados”. “Qué
satisfecho estaría si tú estudiaras la carrera
de contador que yo no pude acabar”. “Si no
estudias para maestra, olvídate de que ayude
a pagar los libros o los útiles”.
Al adolescente no lo benefician las presiones
o los consejos; lo que necesita son estímulos:
que lo pongamos en contacto con experiencias
variadas y personas diferentes, lo escuchemos,
lo ayudemos a percibir y a desarrollar sus
talentos y habilidades.
Para responder a su vocación, el
adolescente necesita aclarar sus ideas,
elegir sus valores y reconocer sus fuerzas
y debilidades
A lo largo de la etapa secundaria y conforme
madura su pensamiento, el chico o chica va
dejando atrás las fantasías —ser actor de cine,
escritora famosa o presidente de la República—
y va conformando objetivos más realistas.
Además de las metas, considera los planes
y estrategias que lo llevarán a conseguirlas, los obstáculos
que habrá de enfrentar y las oportunidades y capacidades
que posee para alcanzarlas.
El adolescente podrá seguir su vocación y crear un proyecto
de vida en la medida en que se sienta útil y capaz, se valore
a sí mismo, sepa que tiene algo especial que aportar a su
familia y a su comunidad y se vea como una persona única
con una misión que sólo él puede cumplir.
Una manera de ayudar a nuestro hijo o hija a construir
el sentido de su vida con autonomía y entereza es
mostrarle que es posible hacerlo
Si tomamos en serio nuestra libertad de elegir un proyecto
y de trabajar por hacerlo realidad, podremos enseñar al
adolescente que cada día y cada situación plantea retos que
hemos de resolver, y que cada respuesta que damos es
importante, marca una diferencia, pero no es perfecta ni
definitiva.
Le podremos mostrar que, a veces, un proyecto se cumple,
otras se agota, se modifica o se renueva. Un proyecto es algo
vivo y flexible que nos exige constantemente decidir, actuar,
rectificar, y también nos abre a posibilidades y experiencias,
a conocimientos nuevos, a encuentros humanos significativos
y a capacidades personales insospechadas.
Nadie puede decirle a otro cuál es el sentido de su vida
No existe un sentido de la vida para todos los seres humanos,
sino un sentido de cada vida que es diferente, único y específico
para cada quien. Partiendo de los desafíos de su realidad y
experiencia, el adolescente tiene que hallar su camino en la
intimidad de sí mismo e ir respondiendo de acuerdo a sus
propias razones e inclinaciones.
Para alcanzar la autonomía y hacerse adulto, el
adolescente tiene que crear su proyecto personal en
vez de aceptar simplemente lo que otros desean para
él
Los padres no podemos endosarle nuestros sueños a un hijo
para que él los realice. Es importante ser cuidadosos al
comunicarle nuestras expectativas. No decirle, ni siquiera
sugerirle, cuál debe ser su proyecto. Él debe hallarlo por sí
mismo y hacerse responsable de su elección.
Lo que necesita son estímulos y que lo pongamos en contacto
con experiencias variadas
El adolescente debe encontrar su proyecto y
hacerse responsable de su elección
125
La responsabilidad de los padres es ayudar a nuestro
hijo a asumir una actitud crítica hacia sí mismo y hacia
su entorno social
El adolescente es capaz de percibir con gran finura y sensibilidad
lo que sucede a su alrededor y descubrir las injusticias y
contradicciones de la sociedad en la que vive. La pobreza, la
ignorancia, la discriminación, la crueldad y la violencia, lo
afectan profundamente.
Los padres tenemos la opción de aprovechar este rechazo e
inconformidad natural del adolescente para orientarlo hacia
una actitud de compromiso. El sentido de la vida es un desafío
que va más allá de la persona; puede estar en la naturaleza,
en los otros o en la comunidad; se expresa en el servicio, el
cuidado, la solidaridad, el afecto y en las pequeñas acciones
de todos los días. No tiene que esperar a que las condiciones
sean propicias para decidirse a trabajar por lo que valora,
sino empezar a crearlas desde su lugar y con sus posibilidades.
Tenemos que fortalecer en nuestro hijo la esperanza de que
puede influir en su medio, contribuir a mejorar su mundo y
ayudar a que las relaciones entre los seres humanos sean
menos violentas, más generosas y fraternas. No hacen falta
grandes quehaceres para lograrlo, basta un pequeño gesto
para aliviar el dolor y hacer un poco más luminosa la vida de
una persona; bastan unas cuantas palabras y buena fe para
aclarar malos entendidos; basta su entusiasmo y esfuerzo
cotidiano; basta su alegría para contagiar a otros.
Y cuando a él le toque enfrentar el sufrimiento y se le impongan
condiciones que no eligió, aún puede encontrar sentido en
decidir su actitud personal y la manera de vivir eso que le
sucede.
Acompañémoslo, sin interferir, en la búsqueda
del sentido de su existencia
Es capaz de percibir las injusticias y
contradicciones a su alrededor
El sentido de la vida se expresa en el
servicio, el cuidado y la solidaridad
126
Propicie en su familia un sentido de
compromiso con su comunidad
No pida a su hijo que él realice lo que
usted quiere o lo que no pudo lograr
Anímelo a luchar por sus metas Pruebe algunas de las siguientes
recomendaciones
No intente eliminar la inconformidad y rebeldía del adolescente,
anímelo a utilizar la tensión que le producen como impulso
para esforzarse y luchar por una meta que valga la pena.
Aproveche su propio momento de desarrollo y la crisis que
le plantea la adolescencia de su hijo, para revisar el sentido
de su vida.
Pregúntese si está trabajando en lo que le gusta, si le interesa
aprender algo nuevo, si hay algún sueño que anhela realizar.
Piense qué puede hacer para conseguir lo que quiere.
Plantee sus proyectos con una actitud flexible y trabaje todos
los días para materializarlos.
No pida a su hijo que él realice lo que usted quiere o lo que
no pudo lograr.
Ayude a su hijo a percibir y a desarrollar sus talentos y
habilidades.
Ofrézcale oportunidades de sentirse útil y capaz.
Propicie en su familia una actitud crítica hacia el entorno
social y un sentido de compromiso.
Participen juntos en proyectos a favor de la naturaleza, de
servicio a otros, de apoyo a la comunidad.
Apoye el sentido de equipo de su hijo, el deseo de trabajar
por los demás y ocasionalmente reflexione con él sobre los
valores del grupo al que pertenece.
Participen juntos en proyectos a favor de la
naturaleza
127
PARA TERMINAR
La adolescencia de nuestro hijo es un periodo de profundas transformaciones para él y para
nosotros. Es un tiempo en que los padres solemos sentir la necesidad de hacer un alto y revisar
nuestros valores, relaciones y proyectos; de reflexionar sobre lo que hemos hecho con nuestra
vida y lo que queremos lograr en el futuro. Educar a un hijo es más que nada educarnos a
nosotros.
En el primer apartado de la Guía de padres, Aprender a vivir juntos, hemos encontrado
sugerencias para comunicarnos con nuestro hijo o hija adolescente y compartir la vida en
familia con mayor serenidad, alegría y profundidad.
Quizá hayamos aprendido maneras nuevas de escucharnos, de expresar nuestras necesidades
y sentimientos, de resolver los conflictos en un ambiente de afecto y comprensión. Tal vez
hayamos adquirido algunas herramientas para construir una relación más satisfactoria y amorosa
con nuestros hijos.
Hemos reflexionado sobre la necesidad del adolescente de privacidad e independencia, y lo que
significa la amistad y el descubrimiento del amor en esta etapa. Tal vez hayan sido útiles las
sugerencias para orientar al adolescente hacia una sexualidad alegre y responsable, y hacia
una relación de pareja plena, comprometida y feliz.
Los capítulos del apartado Aprender a conocer y a hacer nos han sugerido revisar junto con
nuestro hijo o hija las prácticas familiares y renovar los hábitos con el fin de hacer más agradable,
satisfactoria y saludable la vida cotidiana.
Nos han invitado a disfrutar el desarrollo del pensamiento del adolescente y observar cómo
se va acercando a un razonamiento complejo y maduro.
Nos han ofrecido herramientas para estimular y acompañar a nuestro hijo en su trabajo escolar,
ayudarlo a definir sus talentos, inteligencias y habilidades; sugerirle técnicas de estudio, y
propiciar la costumbre placentera de leer y escribir.
El tercer apartado de la Guía, Aprender a ser, nos ha ofrecido reflexiones que pueden ser
útiles para ayudar a nuestro hijo a crecer como persona, a convertirse en un ser auténtico,
responsable y autónomo. Nos ha propuesto ideas que quizá nos hayan hecho sentir mayor
aprecio por nosotros y por cada uno de los miembros de la familia, y puesto en alerta para
cuidar, con nuestras palabras y estímulos, la autoestima de todos.
Hemos encontrado ideas que podrían orientarnos en la definición de nuestros valores personales
y en la manera de compartirlos con nuestro hijo; en el uso de la disciplina como enseñanza,
como un apoyo para que el adolescente vaya haciéndose cargo de sus decisiones, para que
asuma las consecuencias de sus actos y llegue a convertirse en dueño de su destino.
Este apartado nos ha invitado a crear nuestros proyectos personales, a dejar ir a nuestro hijo
y acompañarlo, sin interferir, en la búsqueda de su vocación y del sentido de su existencia.
Toda la Guía es un llamado a crear, en esta etapa difícil, estimulante y maravillosa, una amistad
con nuestro hijo o hija que dure toda la vida.
128
La adolescencia es una etapa de gran vulnerabilidad
Los adolescentes están expuestos a circunstancias que pueden poner en riesgo su bienestar,
su salud e incluso su vida.
La búsqueda de identidad, la revisión de las normas familiares para encontrar sus propios
valores y la necesidad de aceptación por parte de sus amigos o amigas los hacen sumamente
sensibles a las influencias de su entorno.
La adolescencia es un periodo de probar nuevas vivencias y de probarse a sí mismo
Muchos adolescentes experimentan con el alcohol, tabaco u otras drogas por curiosidad, para
pertenecer al grupo de pares o para sentirse adultos. Como a esta edad se sienten indestructibles
y poderosos, no suelen prever las consecuencias a futuro de sus acciones ni admiten el riesgo
de una adicción.
¿Qué son el alcoholismo y la drogadicción?
La drogadicción y el alcoholismo se caracterizan por el uso repetido y compulsivo de una
sustancia que produce alteraciones en el sistema nervioso. Según la sustancia, la persona vive
diferentes efectos. Algunos de ellos pueden ser: relajamiento, excitación, bienestar, hiperactividad,
agresividad, inconsciencia o insensibilidad. El alcoholismo produce en la persona una necesidad
de beber tal que no es capaz de controlarse. El exceso de alcohol baja sus defensas y su
conciencia; le produce cierto descanso o alivio, le ayuda a escapar de la realidad, y lo lleva a
realizar acciones a las que de otro modo no se atrevería.
El consumo de alcohol o drogas pasa por varias etapas:
Experimentación. Los chicos o chicas prueban estas sustancias para saber qué se siente o
por la presión de sus amigos, y se sabe que, por lo general comienzan a hacerlo entre los diez
y los dieciséis años.
Uso. El adolescente bebe en las reuniones sociales para divertirse y ser aceptado por sus
iguales, o bien consume alguna droga esporádicamente con su grupo, pero el resto del tiempo
se mantiene alejado de estas sustancias.
Abuso. El muchacho busca el alcohol o la
droga; ya no asiste a una fiesta si no va a
consumirlos. Suele beber o drogarse para
aliviar tensiones, relajarse o tener sensaciones
agradables. Hacerlo en privado es un signo
muy claro de que existen problemas serios.
En el caso de la bebida, puede suceder que
el adolescente desarrolle una gran tolerancia
al alcohol, que aguante beber en abundancia
sin emborracharse. Esta situación es engañosa,
puede darle prestigio y la admiración de sus
compañeros, pero es un momento de enorme
riesgo.
Adicción. Si el chico o la chica siguen
bebiendo, lo harán cada vez con más frecuencia
y en mayor cantidad hasta que su cuerpo
empiece a necesitar el alcohol y el efecto sea
más intenso aun cuando beba menos. En la
adicción, el adolescente pierde completamente
el control, se obsesiona por la bebida, descuida
sus estudios, sus relaciones, su aspecto e
higiene, la comida y la salud. El adolescente
bebe a cualquier hora y necesita hacerlo antes
de irse a la fiesta o reunión. Presenta síntomas
129
Guía de Padres
SIGNOS DE ALARMA.
ALCOHOLISMO Y DROGADICCIÓN
El muchacho busca el alcohol o la droga; ya no asiste a una fiesta
si no va a consumirlos.
físicos como temblores, calambres, complicaciones en el
hígado o pérdida de peso. En el caso de la droga, la adicción
se da cuando el chico la requiere para sentirse bien, cuando
su cuerpo la necesita de tal manera que sufre un grave
desequilibrio si no la consume y por lo tanto no puede pensar
en otra cosa.
¿Cómo podemos darnos cuenta si un adolescente está
consumiendo alcohol o drogas?
Los padres necesitamos estar bien informados sobre el tema
de las adicciones, saber que cualquier adolescente está
expuesto a ellas, incluso nuestro hijo o hija. Por eso, hemos
de mantenernos cerca de ellos, atentos a ciertas señales que
podrían indicar la existencia de algún problema. Por ejemplo
si:
–El adolescente presenta un cambio paulatino en su conducta
que después se vuelve muy notable, no importa cuál.
–Pasa bruscamente de un estado de ánimo a otro, o reacciona
excesivamente ante cualquier contrariedad.
–Se muestra enojado, resentido, agresivo ya sea verbal o
físicamente.
–Está frecuentemente de mal humor, triste, nervioso o
deprimido. Quiere dormir a toda hora y puede hablar de
suicidio directa o indirectamente. La depresión suele ser muy
grave en la adolescencia, y es indispensable atenderla de
inmediato.
–Su autoestima es más baja de lo que solía ser.
–Cambia sus hábitos de sueño y alimentación.
–Se modifica su rendimiento en la escuela. Empieza a tener
problemas por faltas de asistencia, castigos, expulsiones,
llamadas de los maestros a los padres.
–Sus amigos comienzan a ser diferentes.
–Empieza a estar fuera de casa durante periodos más largos
sin un motivo aparente.
–Pasa más tiempo solo del que acostumbraba.
No siempre es fácil distinguir las señales de alarma de
los comportamientos normales del adolescente
Es natural que los sentimientos del adolescente sean variables
y a veces descontrolados, que su rendimiento académico
baje en algunos momentos o que su autoestima pase por
periodos críticos. La presencia de cualquiera de estas
situaciones por sí sola no indica que el chico está consumiendo
alcohol o drogas, pero sí que debemos darle más atención
y enterarnos con más detalle de sus actividades fuera de
casa y de los grupos en los que participa.
Desde luego, si percibimos los olores característicos del
alcohol, el petate quemado, los solventes u otros, en el cuarto,
la ropa o la persona del adolescente; si encontramos restos
de las sustancias o instrumentos —latas de bebidas,
encendedores, etc.— con los que se consumen, debemos
actuar de inmediato.
Los padres podemos ayudar mejor a nuestro hijo en
las primeras etapas del consumo, antes de que se dé
la adicción
Los adolescentes que consumen alcohol o drogas no provienen
necesariamente de hogares conflictivos o desintegrados;
muchas veces se trata de chicos en cuyas familias no se
acostumbra hablar de los problemas o de los sentimientos,
y no logran expresar lo que les sucede ni obtener el consuelo
o la orientación que requieren en un momento dado.
Es fundamental que no cerremos los ojos o neguemos la
realidad por el temor, la vergüenza y el dolor que suelen
causarnos estas situaciones. El que un adolescente llegue a
usar alcohol o drogas no significa que seamos malos padres,
sino que tenemos que revisar y cambiar nuestra comunicación
con él para ofrecerle el apoyo necesario.
Se requiere una gran valentía, entereza y amor para enfrentar
con serenidad, decisión y eficacia estas situaciones. Después,
si el proceso avanza, será mucho más difícil rescatar al
muchacho.
La adicción se identifica por otros signos que se agregan
a los anteriores:
–El chico pierde de manera importante su capacidad de atención,
de concentrarse y de hablar, se vuelve olvidadizo y torpe.
–Puede perder el sueño y el apetito. A veces, sin embargo,
come una gran cantidad de carbohidratos —dulces, pan,
refrescos— para recuperar energía.
–Disminuye la comunicación con su familia y se niega a hablar
de sus actividades.
–Pierde el interés en las diversiones, deportes o actividades
que antes le gustaban. Se muestra cansado, aburrido,
indiferente ante cualquier cosa.
–A veces se aficiona obsesivamente a cierto tipo de música.
–Prefiere estar solo, se aísla de los demás, incluso de sus
amigos.
130
Tenemos que revisar y cambiar nuestra
comunicación con él
Los padres debemos estar atentos a ciertas
señales que podrían indicar un problema
–Cambia completamente su grupo de compañeros. Ésta es
una indicación muy importante. Sus amigos de toda la vida
ya no están cerca pues podrían interferir con su adicción.
–Rompe frecuentemente las reglas de la casa: llega tarde,
miente, roba, se rebela ante cualquier autoridad, rechaza los
valores de la familia.
–A veces presenta un comportamiento sexual promiscuo.
–Descuida su higiene personal, se ve sucio y desaliñado; se
viste con ropas y adornos extraños.
–Dispone de mayor cantidad de dinero que la acostumbrada
o de objetos valiosos sin que pueda aclarar la forma en que
los consiguió.
–Roba dinero u objetos de la casa.
Cuando un muchacho ha desarrollado dependencia del
alcohol o de alguna droga, es muy difícil que pueda
dejarlos sin ayuda profesional
Para que el adolescente esté dispuesto a reconocer su problema
y someterse a un tratamiento en una institución o con un
terapeuta especializado en adicciones, es fundamental el
apoyo, cariño y aceptación de los padres. Nuestro papel es
hacerlo sentir querido y valioso, y mostrarle que confiamos
en él. Desde luego, resulta indispensable que participemos
en los programas para familias con el fin de aprender a tratar
al chico de manera realmente eficaz. Esto se vuelve todavía
más importante si algún otro miembro de la familia sufre un
problema similar. Sin embargo, como en cualquier enfermedad,
es mejor prevenir y resolver antes de que el adolescente
llegue a la adicción.
¿Qué podemos hacer los padres para prevenir el
alcoholismo y la drogadicción?
Es inútil tratar de aislar o proteger a nuestros hijos de una
realidad en la que existen las drogas y el alcohol. Lo que sí
podemos es propiciar en ellos un pensamiento claro, un
criterio propio y la capacidad de distinguir y decidir entre lo
que los daña y lo que los beneficia. Para ello es necesario
actuar en varios aspectos:
Información. Aprender lo que podamos sobre el tema junto
con el adolescente, conseguir publicaciones y discutir con él
los datos correctos y precisos acerca del consumo de alcohol
y drogas, sus características y efectos, y los problemas
derivados del comercio de estas substancias.
Podemos también organizar conferencias y reuniones con
otros padres y jóvenes para discutir el tema más
profundamente.
Comunicación. Mantener con nuestro hijo una comunicación
cercana, abierta y respetuosa. Aprender a escucharlo y a
dialogar con él, compartir ideas y sentimientos, hablar de los
asuntos que a él le interesen, aceptar las diferencias de
opinión y ofrecer nuestros puntos de vista sin imponerlos.
Estar en contacto con la escuela, conocer a sus maestros,
sus amigos y sus aficiones.
Estímulos. Fomentar un ambiente interesante en casa,
proponer actividades en familia divertidas y enriquecedoras,
propiciar la participación del adolescente en grupos culturales,
deportivos o de servicio a la comunidad.
Autoestima. Aceptar y apreciar a nuestro hijo como una
persona única y valiosa. Un chico que se siente seguro y bien
consigo mismo tiene más posibilidades de tomar decisiones
razonadas y prudentes sin someterse a las presiones de los
compañeros.
Disciplina. Establecer una disciplina firme y respetuosa,
normas claras y coherentes apropiadas a la madurez de
nuestro hijo y aplicar consecuencias cuando no se cumplan.
Evitar ser autoritarios o demasiado permisivos, fijar límites
con los que el adolescente se sienta protegido, por ejemplo:
no puede asistir a una fiesta en la que no esté presente un
adulto responsable; debe evitar subirse a un coche que
conduzca alguien que haya bebido; tiene que cumplir con los
horarios establecidos y avisar de cualquier cambio en sus
planes. En la etapa en la que cursa la secundaria, todavía es
recomendable llevar y recoger al adolescente de los lugares
de reunión y establecer acuerdos con otros padres acerca de
los permisos, los límites y la supervisión de las reuniones.
Un aspecto fundamental al aplicar la disciplina es actuar como
modelos. Nuestras actitudes y hábitos respecto al tabaco,
alcohol y otras drogas influyen de manera muy importante
en su conducta.
Valores. Reflexionar junto con nuestro hijo sobre nuestros
principios y el sentido de la vida, ayudarle a aclarar sus
propios valores. Tratar de expresar con nuestras acciones lo
que decimos con palabras.
Apoyo. Actuar ante la primera señal de que pudiera existir
algún problema con alcohol o drogas. Hablar con nuestro hijo
o pedir ayuda a algún familiar o amigo que lo aprecie para
que intervenga. Tenemos que lograr que el adolescente se
separe de los grupos y ambientes que favorecen el consumo
de las sustancias. Si la situación no se resuelve, es
indispensable consultar a un especialista en adicciones o
acudir a alguna institución dedicada a la solución de estos
problemas, y aceptar que toda la familia debe participar para
apoyar al chico.
Es conveniente investigar en la escuela, las instituciones de
salud o preguntar a personas que hayan tenido alguna
experiencia en el asunto cuáles son las opciones que están
a nuestro alcance. Si no nos sentimos satisfechos con la que
elegimos, podemos cambiar, pero no abandonar el tratamiento.
Lo importante en todos los casos es ser conscientes de cómo
nos relacionamos con nuestra familia y en particular con
nuestro hijo. La Guía de Padres, en sus diferentes capítulos,
intenta darnos elementos para reflexionar y para tomar
decisiones que nos ayuden a encontrar maneras armoniosas
y disfrutables de convivir, de apoyarnos y demostrarnos cariño.
131
Apreciar y aceptar a nuestro hijo como una
persona única y valiosa
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134
135
COORDINACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
Y AUTORA DE LOS TEXTOS
Norma Romero Ibarrola
ASESORÍA E INVESTIGACIÓN:
Alicia Molina Argudín
Patricia Romero Ybarrola
Gabriel Ortiz
Gloria Rivas
Maite Plazas Belausteguigoitia
Diana Molina Argudín
Elda Molina
Miuriel del Olmo
Gabriela Ruiz
María Teresa Novoa
Cristina Barros
136
TITULAR:
Editorial Infantil y Educación, S.A. de C.V.
con la colaboración remunerada de
Norma Romero Ibarrola.
G3 terceraparte

G3 terceraparte

  • 1.
    Una de lasmayores alegrías que puede experimentar una persona es tener la libertad de ser ella misma Cuando somos capaces de vivir en armonía con nuestra naturaleza y de ser verdaderos y espontáneos, nos sentimos contentos, ligeros, satisfechos y nos manifestamos a los demás de manera afectuosa y abierta. En esos momentos en que somos sencillos, sinceros y creativos, las cosas funcionan mejor, sentimos entusiasmo, gratitud, y nos acercamos al amor. Por eso, un aspecto fundamental de la educación de nuestros hijos es guiarlos para que realicen y expresen lo que verdaderamente son. El trabajo principal del y la adolescente es precisamente aprender a ser En esta etapa, nuestro hijo tiene que despedirse del niño que ha sido y lanzarse a la tarea de convertirse en adulto a través de un largo proceso que lo llevará a descubrir quién es, qué quiere hacer con su vida y cuáles son sus valores. Para lograrlo, debe ensayar aspectos diferentes de su nueva identidad, fortalecer su independencia, desarrollar un pensamiento y un juicio propio, poner a prueba las creencias, ideas, normas y valores familiares, y decidir por sí mismo el proyecto personal que dará sentido a su vida. Tiene que reconocerse como una persona valiosa, útil, capaz de comprometerse con su vocación y de aprovechar sus fuerzas y capacidades para empezar a construir con las pequeñas acciones de todos los días, ese ideal que lo ilusiona. Los padres tenemos el privilegio de ser acompañantes de nuestro hijo en la conquista de su libertad y de sí mismo Recorrer el camino de la adolescencia requiere de valor y entereza, requiere también de la cercanía, orientación y apoyo de personas amorosas que respeten y promuevan la libertad de pensar, sentir, imaginar y actuar del joven, para que sus inteligencias y talentos alcancen la plenitud. Es un verdadero regalo para los padres —aunque no siempre sencillo y agradable— poder apreciar el despliegue de la personalidad de nuestro hijo o hija, ese ser único e irrepetible con una misión en la que nadie lo puede sustituir. Un mundo en constante cambio necesita la contribución de cada uno de sus habitantes El progreso de las sociedades se basa en la diversidad de sus miembros, en que cada uno aporte sus ideas, su esfuerzo y sus sueños particulares. Para ello, es indispensable cultivar y fortalecer la autoestima y la autonomía de las personas: jóvenes y adultos, hombres y mujeres; esforzarnos para que el entusiasmo, el trabajo, la imaginación, la creatividad, el amor y los sueños de todos transformen esta tierra en un mejor sitio para vivir. Guía de Padres 96 APRENDER A SER
  • 2.
    Todos necesitamos construirun concepto personal flexible que nos permita rehacer nuestra imagen según vayamos evolucionando, así como reconocernos en los continuos cambios La identidad supone la percepción de que seguimos siendo la misma persona aunque se transformen nuestras emociones, apariencia, conductas o circunstancias. Asumir una identidad nos permite saber quiénes somos, hacia dónde nos dirigimos y qué queremos hacer con nuestra vida; nos hace reconocernos en un cuerpo físico y sentir que somos parte de una familia, un grupo de amigos, una comunidad y una época. La principal tarea de la adolescencia es la de establecer una identidad Al llegar a la secundaria, el chico se enfrenta a la pérdida de su cualidad de niño: ya no es, ni quiere ser, el pequeño que trataba de imitar a sus padres y se guiaba por sus opiniones, ahora se siente grande, necesita imperiosamente separarse de ellos para encontrar su propia individualidad y su propio espacio. El adolescente tiene que construir un concepto de sí mismo que le permita reconocerse en la sucesión de cambios que está experi- mentando, y también crear una imagen que le ayude a pensar en la persona en que desea convertirse. Para descubrir a ese ser dentro de sí y encontrar las características y posibilidades que lo hacen único e irrepetible, es natural que el chico se vuelva más reflexivo y penetre a una forma nueva de intimidad. En el largo proceso de investigación de sí mismo, el adolescente suele pasar por periodos de confusión y ansiedad reflejados en esa pregunta fundamental que tiene urgencia de contestar: “¿Quién soy?” Llegar a una respuesta es un quehacer complejo —quizá de toda la vida—, y el EJERCICIO DE REFLEXIÓN La identidad es la sensación de ser uno mismo, es lo que nos permite diferenciarnos de los demás y reconocernos como una persona única. ¿Qué concepto tiene de usted mismo? Describa cuáles son sus características personales. ¿Qué piensa de ellas? Observe las nuevas conductas de su hijo. ¿Qué le llama la atención? ¿Cuál ha sido su mayor cambio al llegar a la adolescencia? ¿Qué es lo que más le gusta ahora de su hijo? ¿Qué le molesta? ¿Qué es lo que extraña del niño que está dejando de ser? ¿Quiénes fueron sus "ídolos" en la adolescencia? ¿Qué era lo que le llamaba la atención de cada uno? Invite a su hijo a realizar el análisis de las personas a las que admira. Permita que sea él quien reflexione. 97 Guía de Padres El adolescente debe construir un concepto de sí mismo que le permita cambiar y reconocerse a la vez I. En busca de identidad
  • 3.
    adolescente no sabebien cómo empezar a emprenderlo. Es común que nos confronte constantemente, que ponga en tela de juicio y se aleje de comportamientos, ideas, reglas y valores de la familia, que pruebe conceptos nuevos y ensaye diferentes lenguajes, actividades, aficiones o vestimentas. El espejo vuelve a tener importancia en estos años. Observarse con detenimiento se convierte en una necesidad, ya que el adolescente debe rehacer una imagen de sí. Es difícil que en esta etapa tengamos claro cómo es, qué quiere, qué siente; cuáles son sus fuerzas y debilidades, y además enfrentarnos a la exigencia de asumir un nuevo papel en la familia y en la sociedad. Cualquier transformación de la personalidad cambia las relaciones y la comunicación El crecimiento y la construcción de sí mismo obligan al adolescente a replantear profundamente su situación frente a los otros, especialmente su familia. El joven va conformando su identidad a base de reflexiones, del contacto con los demás y de interactuar con su medio. El adolescente vive una contradicción inquietante entre el deseo de ser único y la necesidad de ser como los otros Al mismo tiempo que lucha por ser él mismo, por no ser copia de nadie y, desde luego, por no parecerse a ninguno de sus padres, el adolescente examina modelos a imitar fuera de la familia. Observa a los compañeros, y adopta sus vestimentas y sus conductas para diferenciarse de los adultos. Los amigos actúan como reflejos en los que se ve y se conforma a sí mismo, sobre todo “ése” a quien él y su grupo consideran especialmente exitoso. También se aproxima a los adultos que admira: maestros, deportistas, líderes, cantantes, escritores o artistas. Busca en ellos las cualidades que le gustaría tener y que considera útiles y valiosas para poder establecer su lugar en el mundo, su escala de valores, sus metas, ideales y comportamientos. Es importante estimular las identificaciones que enriquecen la personalidad del adolescente, pero también enseñarle a ser crítico y realista. Sin descalificar a su ídolo ni cuestionarlo directamente, ya que eso es algo que el chico no suele estar dispuesto a hacer, podemos mostrarle la manera en que se construyen estas figuras: cómo se exhiben sistemáticamente las virtudes y se pasan por alto los defectos; tratar de que descubra a la persona completa, que valore aquello en que ha destacado sin olvidarse de que sigue siendo un ser humano con limitaciones, igual que todos. Los padres debemos entender que esta exploración de nuestro hijo o hija es indispensable para consolidar su identidad Hemos de comprender que su alejamiento no necesariamente significa un rechazo personal hacia nosotros, sino un esfuerzo saludable para crecer. Tenemos que renunciar a esa grata sensación de ver la admiración en los ojos de nuestro niño y observar su deseo de ser como nosotros. La adolescencia exige precisamente alejarse de los padres, dejar de idealizarlos y buscar otras figuras a quien parecerse. Ahora es mucho más atractivo lo de fuera. Este proceso puede ser motivo de conflictos, ya que no siempre nos resulta fácil ni estamos preparados para tolerar la separación y los reproches, y no siempre el adolescente los formula de manera adecuada. El adolescente se observa constantemente al espejo pues necesita rehacer una imagen de sí mismo 98 Es común que el adolescente quiera ser único y ser como los otros
  • 4.
    Por lo general,los padres también estamos viviendo una crisis de identidad en este tiempo, así que las críticas de nuestro hijo pueden sernos de gran utilidad Los reclamos del adolescente pueden ser una excelente oportunidad de aprendizaje, nos sirven para revisar con seriedad el concepto que hemos construido de nosotros mismos y la imagen que proyectamos a los demás. Desde luego se requiere madurez y serenidad para distinguir entre la forma, quizá irrespetuosa y agresiva del adolescente y el fondo de verdad que existe en sus palabras. honestamente en qué tiene razón, valorar cuáles de sus juicios son parciales, y qué conviene cambiar en nuestra forma de actuar, de expresarnos y relacionarnos con él. Necesitamos propiciar momentos de comunicación para aclarar nuestra posición, aceptar los errores y mostrarnos sinceramente. Nuestra honradez y veracidad abren puertas de acercamiento con los hijos para toda la vida. La simulación y el engaño pueden cerrarlas. Tenemos que admitir que no somos los únicos guías de nuestro hijo o hija, sino que todo el ambiente, incluyendo a otras personas que ni siquiera conocemos, lo educa activamente Si algunos padres nos sentimos lastimados cuando nuestro hijo nos rechaza en favor de sus amigos, la situación es más penosa cuando busca la cercanía y confianza de otros adultos. Cuando el chico pasa la mayor parte del tiempo en casa de un amigo y nos damos cuenta de que no sólo lo mantiene ahí el amigo, sino también el padre o la madre del amigo, y que habla con ellos de temas que no le interesa tratar con nosotros, es natural que nos sintamos heridos y nos preguntemos por qué escucha con más apertura las opiniones de esa gente extraña y no las nuestras. Lo hace precisamente porque ellos no son sus padres, porque sus valores no le provocan conflicto ya que no son los que él ha vivido en su niñez. Los puntos de vista de otras personas le dan oportunidad de probar lo diferente y lo desconocido, y él se siente en libertad de aceptarlos o no. Estas relaciones son en verdad valiosas para nuestro hijo. En su impulso por crecer y conocerse a sí mismo, necesita la experiencia y sabiduría de una gama amplia de jóvenes y adultos. Mientras más personas tolerantes y cariñosas encuentre en su camino, mejores recursos obtendrá para su vida de adulto. Por eso, los padres hemos de entender y aceptar que el adolescente entregue su afecto y su lealtad a otros y se apoye en ellos para avanzar en su viaje hacia la plena identidad, pero también tenemos que estar conscientes de que, si revisa y contrapone nuestros valores y enseñanzas con otros distintos, es precisamente porque seguimos siendo modelos fundamentales para él y todavía es nuestra responsabilidad presentarle un ejemplo congruente y positivo de ser humano. 99 Entendamos y aceptemos que nuestro hijo entregue su afecto a otros Los reclamos del adolescente pueden ser una excelente oportunidad de aprendizaje personal
  • 5.
    Cree en sucasa un ambiente de confianza y aceptación Acepte y promueva las relaciones de su hijo con otras personas Respete los momentos de aislamiento de su hijo Marque límites para que formule los reclamos de forma respetuosa Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Cree en su casa un ambiente de confianza y aceptación tanto para su hijo como para los amigos de su hijo, pero no intente ser un amigo más entre ellos. Acepte y promueva las relaciones de su hijo con otras personas, jóvenes o adultos. Favorezca la relación del adolescente con personas que usted estime y que puedan enriquecer su personalidad, pero también enséñele a ser realista para valorarlas. Ayude a su hijo a crear una imagen de sí mismo que lo acerque al ideal de persona que quiere ser. No interprete el alejamiento de su hijo como un rechazo hacia usted. Es un esfuerzo saludable para crecer. Respete los momentos de aislamiento de su hijo, los ratos en que aparentemente no hace nada son muy valiosos para su reflexión. Trate de prepararse para recibir con serenidad los reclamos del adolescente y marque límites para que los formule de manera respetuosa. Aproveche las críticas del adolescente para revisar con seriedad el concepto que tiene de usted mismo y qué le conviene cambiar en su forma de actuar y de relacionarse con él. Propicie momentos de comunicación para aclarar sus puntos de vista, aceptar sus errores y ser sincero con su hijo. Recuerde que, aunque su hijo no lo admita, usted sigue siendo un modelo fundamental para él. Procure ser un buen ejemplo, acorde con sus convicciones. 100
  • 6.
    La autoestima estáíntimamente relacionada con la identidad Los seres humanos no sólo construimos un concepto y una imagen propios, sino que buscamos estar a gusto con ellos, necesitamos apreciar y disfrutar la manera de ser que nos caracteriza. Ese aprecio es lo que llamamos autoestima. La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos Es conocernos, aceptarnos y querernos, es estar contentos con lo que hacemos y con lo que somos. La autoestima nos hace sentir que podemos lograr lo que nos proponemos y que tenemos algo que ofrecer a los demás. La persona con autoestima alta se siente segura; aprecia sus talentos y también reconoce sus limitaciones. No se compara con los demás ni requiere la aprobación ajena para sentirse bien. La autoestima es sumamente frágil. Cuidarla es una labor de toda la vida Cuando el niño es pequeño es fundamental cuidar su autoestima porque su personalidad está en formación, cuando es adolescente necesitamos reforzarla porque se encuentra en un momento crucial para su desarrollo en el que forja su identidad y define sus cualidades. II. El cuidado de la autoestima 101 Guía de Padres EJERCICIO DE REFLEXIÓN De las frases siguientes, cuáles son las que describen lo que usted siente con más frecuencia. Muchas veces he deseado ser otra persona. Hay muchas cosas en mí que cambiaría totalmente. En casa suelo estar enojado y molesto con los demás. Me cuesta mucho acostumbrarme a lo nuevo. Suelo ceder con facilidad y renunciar a lo que deseo. Nadie toma en cuenta mis opiniones. Con frecuencia me desagrada el trabajo que realizo. No me cambiaría por nadie. Estoy satisfecho con mi manera de ser aunque también espero mejorar en algunos aspectos. Mi familia está a gusto y se divierte conmigo. Me entusiasma vivir situaciones que me saquen de la rutina. Defiendo mis derechos cuando los considero justos. La gente suele aceptar mis ideas. Disfruto mi trabajo y lo hago lo mejor que puedo. Observe si la mayor parte de sus respuestas corresponde a la columna izquierda o derecha. Si se siente más identificado con la columna derecha es razonable pensar que su autoestima es alta; si sus sentimientos se asemejan a los de la columna izquierda puede ser que necesite hacer algo para aceptarse y quererse más.
  • 7.
    La mayor partede los adolescentes suelen experimentar una gran vulnerabilidad emocional hacia casi todo: el fracaso, el ridículo y, sobre todo, el rechazo. Continuamente se preguntan: “¿Cómo me veo? ¿Me gusto o no? ¿Soy capaz o no?” Un buen número de los comportamientos y actitudes del adolescente e, incluso, su mismo desarrollo, dependen de cómo se ve a sí mismo. El joven se cuestiona la opinión y aprecio de sí mismo que ha creado en el pasado La autoestima es una experiencia íntima, es el resultado de los pensamientos, sentimientos y sensaciones sobre sí mismo que ha ido elaborando a lo largo de su vida y que lo han llevado a sentirse cómodo y en paz consigo mismo o, por el contrario, a juzgarse, censurarse y experimentar el doloroso sentimiento de no ser lo que quisiera. Una autoestima alta es uno de los recursos más valiosos con que puede contar una persona Un adolescente con una autoestima positiva aprende con mayor eficacia, desarrolla relaciones más profundas y satisfactorias, se siente más seguro y capaz de aprovechar las oportunidades, trabaja más productivamente, es autosuficiente y tiene mayor claridad en sus objetivos y metas. Si la autoestima es una experiencia tan subjetiva y privada, ¿qué podemos hacer los padres para ayudar a nuestro hijo a cuidarla y fortalecerla? Un requisito indispensable para apoyar a nuestro hijo es trabajar sobre nuestra propia autoestima. Si no estamos satisfechos con quienes somos es difícil comunicarle al adolescente nuestro aprecio y confianza. Nadie da lo que no tiene. El desequilibrio que supone para los padres la adolescencia de los hijos es una excelente oportunidad para rehacer nuestra imagen y fortalecer el valor que nos damos. Es tiempo de atendernos físicamente: alimentarnos bien, descansar, hacer ejercicio, arreglarnos; descubrir nuevas capacidades; realizar lo que en verdad nos interesa; buscar actividades que nos satisfagan como estudiar algo nuevo, hacer artesanías, música, pintura, viajes, excursiones; divertirnos, reírnos y disfrutar de la vida. Es momento también de apuntalar nuestros vínculos, buscar a los amigos y familiares, dedicarles tiempo, dar y recibir afecto y reconocimiento. Si vivimos en pareja, necesitamos apoyarnos mutuamente, hacer un esfuerzo especial por apreciarnos, respetarnos y crear un frente común a las duras críticas del adolescente. Sólo sintiéndonos contentos y satisfechos podremos ofrecer a nuestro hijo la independencia, la orientación y el respaldo que necesita para desarrollar su autoestima. La autoestima no puede modificarse directamente. Para impulsarla, los padres tenemos que atender varios aspectos El adolescente requiere: -Sentirse querido y respetado, establecer relaciones cercanas y satisfactorias Una buena autoestima se manifiesta en la capacidad del chico para expresar abiertamente sus emociones y pensamientos sin buscar ser el único centro de atención; escuchar a otros y comprender puntos de vista distintos al suyo; ser sensible a las necesidades de los demás y estar dispuesto a ayudar. Una adolescente con una autoestima positiva tiene mayor claridad en sus objetivos y metas 102 Para un adolescente es primordial ser aceptado por sus iguales
  • 8.
    La autoestima altale da la posibilidad de estar abierto a los demás, pero también de no estar de acuerdo ni someterse a ellos; si el adolescente se siente bien consigo mismo tiene mayores recursos para saber lo que quiere y lo que no quiere hacer y para mantenerse firme al defender sus ideas y sus derechos. Con el fin de ayudar a nuestro hijo a desarrollar su capacidad de hacer amigos y llevarse bien con otros, es recomendable revisar el capítulo VIII del apartado Aprender a vivir juntos. Pero no sólo los amigos son importantes para el adolescente. Los padres seguimos siendo fuente fundamental de amor, consuelo, fortaleza, identificación y seguridad. Una manera de cuidar la autoestima de nuestro hijo es prestarle atención, demostrarle afecto en lo que decimos y hacemos, escucharlo y compartir nuestros sentimientos, manifestar interés por sus asuntos, sus logros y preocupaciones, compartir aficiones, pasar tiempo a solas con él. Nuestro hijo necesita sentir que pertenece y tiene un lugar especial en su familia, que para nosotros es importante e insustituible; precisa estar seguro de que nuestro amor no depende de lo que haga sino de lo que es; de que, aunque le pongamos límites, y en ocasiones rechacemos su conducta, estaremos siempre presentes y dispuestos a hablar con él, para apoyarlo y acogerlo con cariño. El amor es el ingrediente esencial de una familia armoniosa, es el mensaje más significativo que el adolescente quiere recibir de sus padres. -Sentirse único y valioso, reconocer las cualidades que lo hacen especial y experimentar el respeto y la aprobación de los demás En buena parte, el adolescente crea el concepto de sí mismo a partir de lo que percibe que otros piensan de él y comparándose con quienes lo rodean. Si no se siente seguro, el chico se preocupa exageradamente por la idea que los demás se forman de él y vive pendiente de las opiniones ajenas. El adolescente suele ser vulnerable a los comentarios con que lo describimos y a las expectativas sobre su desempeño; nuestros calificativos son espejos que deforman la imagen que se hace de sí mismo e influyen de manera importante en la clase de ser humano en que se convertirá. El adolescente necesita contar con nuestra confianza aun cuando falle. Ante un error conviene establecer acuerdos sobre nuevos límites y oportunidades para repararlo. Palabras como: “No llegarás a ninguna parte” o “No puedo volver a confiar en ti” pueden desanimarlo y herirlo profundamente. Cualquier etiqueta es un juicio sobre su persona, y los juicios siempre son una expresión de poder y una amenaza. Los juicios negativos: “Eres torpe, rebelde, descuidado, grosero, inútil”, lo avergüenzan, lo ofenden, lo lastiman. Los elogios tampoco sirven para fortalecer su autoestima. Un juicio positivo es una presión y una exigencia velada. Es muy diferente juzgar un acto que una persona. Es distinto apreciar de manera objetiva una conducta específica, un esfuerzo o un logro de nuestro hijo, que hablar de su carácter o habilidades. No es lo mismo decir: “Felicidades por el gol. Qué bueno que ayudaste a ganar a tu equipo” que adularlo: “Eres un deportista maravilloso, el mejor goleador de tu escuela”. Tampoco es igual decir: “Gracias por dejarme leer tu trabajo de literatura. Me interesó tu opinión y se me antojó leer el libro que comentaste para platicar contigo” que calificar o comparar: “Eres la más brillante e inteligente de tus hermanos”. Es el mismo adolescente quien tiene que medir sus capacidades; a los padres sólo nos toca ayudarle a valorar sus logros reales, concretos, y, cuando sea oportuno, hacerle ver, con firmeza y claridad, los errores que conviene corregir. Concentrarnos en los hechos y no en la persona deja a salvo su autoestima, le da el estímulo para seguir esforzándose y la claridad para reconocer sus habilidades y limitaciones. Un asunto que preocupa profundamente a la mayoría de los adolescentes es su imagen física; les interesa más que cualquier otro aspecto de su personalidad. Aunque a primera vista pudiera parecer un asunto superficial o de vanidad, la apariencia de un adolescente es la manifestación de lo que él reconoce como propio. No lo enjuiciemos ni lo amenacemos La apariencia es lo que el chico reconoce como propio 103
  • 9.
    Las chicas puedenpasarse horas poniéndose de acuerdo en la manera de vestirse para la fiesta, y los muchachos dedican un buen tiempo a pensar en cómo verse diferentes: tal vez se rapen, se pinten el pelo de colores o se pongan aretes o sombreros extravagantes. La imagen que desean proyectar ante los otros definirá su estilo de aderezarse. Es necesario entender que los ensayos en su apariencia —ropa, peinado, adornos, colores— corresponden a la exploración de las diversas posibilidades de su personalidad. Si es necesario, los padres podemos orientar a nuestro hijo sobre cómo presentarse en ocasiones especiales, o poner ciertos límites cuando su atuendo puede causarle problemas, pero no tenemos el derecho de imponer al adolescente la manera de arreglarse. Interferir en ello es como decirle quién debe ser y cómo ser. Tampoco es conveniente asumir que no tiene importancia “¿Qué tienen de malo esos pantalones? Tu hermano los usó dos años y estuvo muy contento” o “Hay problemas peores que tener la nariz larga, dale gracias a la vida que es sólo eso” o “Nada más son tres granitos. Si no te fijas, ni los ves. Además la fiesta es de noche”. En el capítulo V del apartado Aprender a vivir juntos se incluyen sugerencias que podrían ser útiles para escuchar a nuestro hijo y acompañar este tipo de sentimientos. -Sentirse hábil y capaz de hacer bien las cosas y de afrontar responsabilidades La autoestima se refuerza cada vez que intentamos y conseguimos algo, cada vez que obtenemos algo por nosotros mismos. El adolescente necesita experimentar la sensación que le haga exclamar: "¡Lo logré!" para hacerse de recursos interiores que le ayuden a aceptar situaciones en las que no necesariamente tenga éxito. Como el chico se encuentra en un proceso de aprendizaje y evolución, el conquistar algo que antes consideraba inalcanzable cambia radicalmente su visión, lo hace sentirse con nuevas fuerzas y capaz de probarse en otros retos. Mientras más hábil se considere, podrá actuar con mayor independencia y responsabilidad, y más satisfecho estará con él mismo. Los padres debemos animar a nuestro hijo a enfrentar las dificultades, y ofrecerle las oportunidades y recursos que le permitan influir sobre su vida de una forma positiva. Si le evitamos o le resolvemos los problemas, si lo sobreprotegemos o lo limitamos, jamás podrá tener la experiencia gratificante y formativa de conseguir las cosas por sí mismo, y se sentirá cada vez más inseguro y desvalido. Un adolescente con baja autoestima ni siquiera intenta llevar a cabo una tarea porque está convencido de que va a fracasar. Para qué intentarlo. En cambio, cuando lo ayudamos a templar su carácter y su voluntad, a desarrollar la paciencia, perseverancia y autodisciplina, podrá superar los errores y las frustraciones hasta conseguir lo que se ha propuesto. Si tiene un concepto positivo de sí mismo ganado con su propio esfuerzo, será más fácil que se entusiasme con nuevos proyectos, que pueda desarrollar ideas, inventar y crear. Si el adolescente desarrolla una buena autoestima podrá entrar en la vida adulta con buena parte de los recursos necesarios para llevar una vida productiva, amorosa y satisfactoria. 104 El conquistar algo que antes consideraba inalcanzable cambia radicalmente su visión Dejemos que nuestros hijos exploren las diversas posibilidades de su personalidad
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    No ponga etiquetasa su hijo Fortalezca sus relaciones Diviértase y disfrute de la vida Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Para apoyar a su hijo, trabaje seriamente en fortalecer su propia autoestima. Nadie da lo que no tiene. Atiéndase físicamente: aliméntese bien, descanse, haga ejercicio; busque actividades que le satisfagan; diviértase y disfrute de la vida. Fortalezca sus relaciones, busque a sus amigos y familiares, intercambie afecto y reconocimiento con ellos. Haga un esfuerzo especial por acercarse más a su pareja, por darse aprecio y respeto, apoyarse mutuamente y crear un frente común a las críticas del adolescente. Haga sentir a su hijo querido y respetado. Ayúdelo a desarrollar habilidades para hacer amigos. Dé a su hijo la libertad de no estar de acuerdo con usted, así aprenderá a no someterse a otros y a defender sus ideas y sus derechos. Asegúrese de que su hijo sepa que tiene un lugar especial en su familia y que para usted es único y valioso. No ponga etiquetas al chico, ya sean positivas o negativas; no le diga: “eres un irresponsable, eres muy inteligente, eres egoísta”. Reconozca sus logros. Motívelo a superar obstáculos y a realizar mayores esfuerzos, siempre dentro de sus posibilidades. Ayude a su hijo a fijarse metas alcanzables y a evaluarse en forma realista. Aprecie sus logros y esfuerzos de manera objetiva y sincera, no le mienta sobre sus errores. Concéntrese en los hechos, no en la persona. Mencione lo menos posible la apariencia de su hijo. No imponga al adolescente la manera de arreglarse. Sólo acuerde con él algunos límites cuando su atuendo pueda causarle problemas. Evite la actitud de no tiene importancia cuando su hijo se sienta insatisfecho con su imagen física. Hágalo sentirse capaz de hacer bien las cosas y de afrontar responsabilidades. Anime a su hijo a fijarse metas, a esforzarse por alcanzarlas y enfrentar las dificultades con valor y perseverancia. No proteja a su hijo de los problemas ni se los solucione; muestre confianza en que él sabrá resolverlos. Permítale tener la experiencia de conseguir las cosas por sí mismo y también de fracasar y volver a intentar. 105
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    Autonomía significa pensary actuar por nosotros mismos Una persona que ejerce su autonomía es reflexiva y consciente, toma en cuenta diferentes puntos de vista y adopta, con sentido crítico, el que más le convence. Sabe distinguir la conducta aceptable de la que no lo es y tiene el valor de expresar sus convicciones y actuar de acuerdo con ellas. La verdadera autonomía no puede estar separada de la responsabilidad, del respeto y la reciprocidad Una persona autónoma no permite que los demás decidan por ella, actúa con libertad, pero también es responsable: toma en cuenta las consecuencias de sus acciones, se hace cargo de ellas y no culpa a otros de lo que le sucede. Tampoco hace lo que se le antoja en el momento en que se le ocurre; reconoce con claridad sus necesidades reales y las satisface, pero también se interesa por el bienestar y derechos de los demás. El desarrollo de la autonomía es un proceso que se da junto con la evolución de todos los demás aspectos de la vida Al llegar a la secundaria, la manera de pensar del adolescente sufre una transformación: empieza a manejar ideas abstractas acerca de lo correcto y lo incorrecto y las negociaciones con los padres se convierten en discusiones sobre principios. Ahora analiza los conceptos para defender sus derechos: “Soy una persona libre y yo decido si estudio o no” “Justicia es tratar a todos por igual, así que tengo derecho, igual que ustedes, a salir a la hora que quiera y con quien yo decida”. El adolescente intenta con toda seriedad volverse adulto, posee un poderoso impulso para hacer las cosas sin ayuda y ya ha desarrollado muchas de las habilidades que lo hacen capaz de resolver por sí mismo gran Guía de Padres III. El camino hacia la autonomía 106 EJERCICIO DE REFLEXIÓN La autonomía es probablemente el objetivo principal de la educación. Sin embargo, para los padres constituye todo un reto saber qué tanta libertad e independencia requiere un hijo en los distintos momentos de su desarrollo. ¿Qué significa para usted ser libre? ¿En qué aspectos de su vida manifiesta su libertad? ¿Se siente cómodo cuando los demás miembros de su familia, especialmente sus hijos, deciden y actúan con independencia? ¿Cómo reacciona cuando la decisión que toman no coincide con lo que usted piensa? Haga una lista de las actividades en las que su hijo actúa por iniciativa propia. Haga otra con las actividades en las que usted impone su criterio, y una tercera en las que existe un acuerdo entre ambos. ¿Siente que están equilibradas? Evalúe cuáles de la primera y la segunda lista podrían pasar a la tercera. Autonomía significa pensar y actuar por nosotros mismos
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    parte de susasuntos. Quizá se equivoque muchas veces, tal vez se llegue a sentir confundido, frustrado o temeroso, pero necesita probar sus fuerzas para conseguir su autonomía. Ésa es la meta. Los adolescentes están en lucha constante Los chicos de secundaria quiere ser libres en sus ideas, en sus relaciones, en sus actividades; desea vivir a su antojo, andar solos por el mundo, no tener que dar cuenta a nadie de tareas escolares o de horarios de llegada, pero al mismo tiempo, precisan que alguien pague sus gastos, les proporcione ropa limpia y comida caliente, y también que les niegue el permiso para hacer algo que los pone en riesgo —aunque digan lo contrario—. Quieren a sus padres cerca, cuando ellos los necesitan, pero el resto del tiempo prefieren marcar distancia. Esta combinación no funciona: para tener plena libertad hay que aceptar las responsabilidades que supone hacerse cargo de uno mismo. En la medida en que el adolescente se vuelve autosuficiente, estará listo para asumir su independencia. Dar y recibir, obligaciones y derechos, forman parte de una misma realidad, la realidad de la autonomía. La capacidad para el ejercicio de la libertad, se alcanza gradualmente con el esfuerzo personal, el aprendizaje y la experiencia Todo ser humano recorre un largo camino para llegar a la autonomía. Ser autónomo no se logra de la noche a la mañana, ni tampoco es labor de una persona. Es el trabajo largo —a veces penoso y otras muy gratificante— sobre nosotros mismos, apoyados por el cariño y aceptación de las personas que nos acompañan en el proceso de desarrollo a lo largo de toda la vida. Al adolescente le atraen los retos, necesita probar su capacidad, su inteligencia y creatividad, convertir sus deseos en proyectos concretos y experimentar la satisfacción de llevarlos a cabo por una decisión personal y con el propio esfuerzo. La libertad es algo que padres y adolescentes tenemos que conquistar juntos El adolescente necesita luchar para desprenderse gradualmente de nuestra autoridad y protección, y los padres tenemos que luchar para aceptar la separación, abandonar el control y vencer el miedo de permitir a nuestro hijo decidir y actuar por su cuenta. Con el fin de probar su independencia, el adolescente se involucra a veces en problemas que lo rebasan. Es muy importante que los padres dejemos que nuestro hijo o hija viva las consecuencias de lo que hace, que las afronte y las repare. Nuestro papel no es resolver la situación, sino ayudarlo a solucionarla usando sus propios recursos y capacidades. Hacerse responsable es la única forma de aprender a ser libre. El adolescente no puede exigir libertad si no está dispuesto a asumir la responsabilidad, y los padres no podemos pedirle responsabilidad si no le hemos dado libertad para actuar y decidir. La libertad es un valor que todos apreciamos, pero cuando lo aplicamos a las circunstancias concretas la cuestión no resulta tan sencilla. Los padres hemos de preguntarnos con toda honestidad: ¿Realmente queremos que nuestro hijo sea libre? ¿En qué? ¿Cómo? ¿Aceptamos de verdad las consecuencias de su autonomía? ¿A qué debemos renunciar? ¿Cuáles son Enseñémosle que para tener plena libertad hay que aceptar las responsabilidades Es sano que quieran ser libres en sus ideas, en sus relaciones y en sus actividades 107
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    nuestros miedos antelos riesgos de su libertad? Incluso cuando decidimos promover su autonomía, muchas veces nos encontramos en apuros cuando tenemos enfrente a nuestro hijo adolescente y pensamos: “Quiero que sea capaz e independiente, pero ¿qué tan preparado está para hacerse cargo de esta situación? Y yo, ¿qué tan preparado para dejarlo hacer?” Sólo permaneciendo cerca de nuestro hijo y observándolo con atención nos daremos cuenta de cómo van evolucionando sus capacidades El adolescente se encuentra en constante cambio, y acompañarlo nos exige una actitud vigilante y flexible para que su libertad avance al mismo ritmo que su responsabilidad. El camino de la dependencia a la independencia se transita con más tranquilidad si los cambios en los límites, expectativas y permisos siguen de cerca los progresos del adolescente y no se basan en ideas preconcebidas o factores externos. No podemos dar a nuestro hijo un nuevo privilegio simplemente porque llega su cumpleaños, si no se encuentra internamente preparado para obtenerlo. Igual que su ropa, las normas deben cambiar cuando ya no responden a sus necesidades. Si llegamos a acuerdos con el adolescente en cuanto a los asuntos y la medida en que puede actuar por sí mismo, y además tiene la opción de recurrir a nuestro apoyo cuando lo necesite, se sentirá confiado para avanzar sin temor. Pero si la libertad llega de golpe, el chico puede experimentarla como descuido o rechazo. Sentirse expuesto por completo a sus propias fuerzas quizá le dé miedo, lo paralice o lo exponga a cometer errores innecesarios. Algunos padres logran este delicado equilibrio, pero la mayoría a veces tomamos decisiones equivocadas y tenemos que pensar y repensar qué hacer en cada situación. Lo importante es crear un espacio para dialogar; no olvidar los límites, sino establecerlos en común y cuidar que se respeten con una responsabilidad aceptada y compartida. Los educadores han comprobado que toda ayuda innecesaria prestada a un niño o a un adolescente retrasa y obstaculiza su crecimiento Descubrirle a nuestro hijo lo que él puede averiguar, obligarlo a obedecer sin chistar, ignorar sus opiniones, actuar por él y cuidar que no fracase en nada, es sobreprotegerlo. La sobreprotección se percibe como desconfianza, es un mensaje que le dice al o a la adolescente: “Eres incapaz de resolver las cosas por tu propio esfuerzo, así que yo tengo que hacerme cargo de ti”. Un chico sobreprotegido suele volverse pasivo, miedoso y dependiente. No se atreve a adquirir destrezas nuevas, a intentar acciones que no ha probado ni a disfrutar los desafíos. Y podría suceder que, cuando los padres no estemos presentes, se sienta perdido y nos sustituya por otras personas, o bien por la fantasía, el alcohol u otros medios de evasión. Educar para la autonomía supone que los padres nos esforzamos para actuar con libertad, responsabilidad e independencia Un requisito fundamental para promover la autonomía de nuestro hijo es desarrollar nuestra propia autonomía. Aunque en esta etapa nuestro hijo nos cuestione en forma continua; y precisamente porque nos cuestiona, resulta indispensable actuar como modelos. Para enseñar a nuestros hijos a comportarse de manera responsable e independiente necesitamos comprometernos cada vez más con nuestros proyectos, decidir con prudencia y hacernos cargo de nuestra vida. La sobreprotección la percibe como desconfianza Nuestro hijo necesita una actitud vigilante y flexible de nuestra parte 108
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    No le pidaresponsabilidad si no le ha dado libertad para actuar Según su madurez, permítale que aprenda a manejar su libertad No sobreproteja a su hijo Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Recuerde que, ante el cuestionamiento constante del adolescente, es indispensable actuar como modelo y desarrollar su propia autonomía. Observe si suele reflexionar con detenimiento y sentido crítico antes de adoptar sus puntos de vista en asuntos importantes para usted. Piense qué tan abiertamente expresa y defiende sus convicciones, y si actúa de acuerdo con ellas. Revise si usted se hace responsable de las consecuencias de sus acciones o culpa a otros de lo que le sucede. Pregúntese si realmente quiere que su hijo sea libre, si le da miedo o acepta de verdad las consecuencias de su autonomía. No le pida responsabilidad a su hijo si no le ha dado libertad para actuar y decidir. No le resuelva los problemas, proporciónele las herramientas para que él lo haga; deje que él viva las consecuencias y las repare. Observe a su hijo con atención y, poco a poco, según madure, permítale que aprenda a manejar su libertad. No le ofrezca nuevos privilegios simplemente porque cumple años si no ha demostrado que está preparado para ellos. No sobreproteja a su hijo. La sobreprotección lo hace sentir inútil e impide su desarrollo. No le dé ninguna ayuda en lo que él sea capaz de realizar. Cree espacios para dialogar con su hijo, establezcan reglas en común, deje que él opine y decida, pero sobre todo crea en él. 109 No le ofrezca nuevos privilegios simplemente porque cumple años
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    Decidir es unproceso que nos conviene conocer bien, ya que de nuestras elecciones dependerán muchas consecuencias importantes cuya responsabilidad habremos de asumir Si observamos cómo suelen decidir las diferentes personas a nuestro alrededor, es posible que distingamos varios estilos de hacerlo. Hay quienes son impulsivas, actúan primero y después reflexionan, o bien, se lamentan por no haber previsto las consecuencias; otras son indecisas, piensan tanto las cosas que dejan pasar las oportunidades y acaban por no decidir; las personas rígidas ni siquiera se plantean distintas opciones, actúan siempre de la misma manera y pierden ocasiones de mejorar. Quizá quienes están mejor preparadas para decidir sean las personas prudentes, es decir, las que reflexionan con detenimiento y actúan con firmeza, las que saben lo que quieren, averiguan cómo conseguirlo, analizan las situaciones, miden los riesgos y se comprometen con su elección. El adolescente tiene que aprender a tomar decisiones con prudencia para poder elegir las opciones que apoyen mejor su desarrollo, su bienestar y la armonía en sus relaciones El adolescente tiene que darse cuenta de que si él no decide, otros lo harán por él; que decidir conscientemente le produce satisfacción, le da control sobre su vida y lo acerca a sus sueños. También debe saber que no es posible tener todo, que al elegir también renuncia, que al optar por algo que considera valioso, pierde aquello que no escogió. Aceptar esta condición de la libertad es un paso muy importante en su camino a la autonomía. Decidir es un proceso complejo y abarca varios pasos que conviene seguir conscientemente ayudar a nuestro hijo a crecer en libertad y responsabilidad podemos orientarlo para que sea capaz de tomar decisiones acertadas y obtener los resultados que espera. Enseguida se presentan algunas sugerencias. Quizá algunas le resulten útiles: 1. Definir el problema u objetivo El solo hecho de reconocer y definir el asunto con claridad, plantearlo en forma sencilla, concreta y específica, es un gran paso para su solución o logro. La clave es tratar de descubrir lo que realmente Guía de Padres EJERCICIO DE REFLEXIÓN Tomar decisiones es una acción tan común y cotidiana que a veces la realizamos sin darnos cuenta. ¿Recuerda usted haber tomado decisiones en las últimas fechas? ¿Cuáles son los pasos que sigue para tomar decisiones importantes? ¿Quién decide en los asuntos de su familia? ¿Qué oportunidades le ofrece a su hijo para intervenir en las decisiones familiares? ¿Piensa que él puede aportar algo valioso? ¿Su hijo sabe decidir con prudencia? La adolescente tiene que darse cuenta de que si ella no decide, otros lo harán en su lugar 110 IV. Aprender a decidir
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    darle algunas sugerenciascomo: “Qué te parece si...”, pero hay que hacerlo después de que él haya hecho sus propuestas y reducir nuestras sugerencias al mínimo. 4. Hacer una lista de las ventajas y desventajas de las diferentes opciones El chico tiene que prever cuáles son las consecuencias —a corto, mediano y largo plazos— que se pueden derivar de elegir cada una de las opciones, saber qué puede ocurrir si se decide por una u otra. Por ejemplo: su grupo de teatro tiene que ensayar todos los días de la semana anterior al estreno de la obra. Si decide participar, no podrá asistir a la escuela, y pronto vendrá el tiempo de exámenes; no tendrá completos los apuntes, perderá el “hilo” en la clase de matemáticas, se retrasará en las tareas y trabajos… Pero si falta a los ensayos no tendrá oportunidad de actuar en la obra de teatro. Qué pasaría si: -Participara en los ensayos y le pidiera permiso a un compañero de copiar sus apuntes. -Se pusiera de acuerdo con los maestros para entregar trabajos por anticipado o con retraso. -Dejara de ir a uno de los ensayos para dedicar el día al estudio y más tarde trabajara con otro de los actores en su casa. 5. Elegir una solución “¿Cuál idea será mejor...?” Conviene que el chico discuta con alguien y compare las diferentes opciones, calcule la probabilidad de éxito de cada una y después escoja la que le parezca más adecuada. Decidir es un proceso en el que las elecciones no son correctas o incorrectas. Cada una implica aspectos positivos y negativos, y es un derecho personal optar por la que nos parezca mejor. 6. Llevar a la práctica la decisión y establecer un compromiso desea o lo aflige, pues a menudo lo que parece ser el problema o la meta no lo es. Hablar con los padres o con otras personas, y sentirse comprendido, puede ayudar al adolescente a poner en claro sus sentimientos y a entender mejor la cuestión que ha de decidir. 2. Analizar el asunto Es decir, examinarlo más a fondo, recoger toda la información disponible sobre el tema, conocer varios puntos de vista y diferentes formas de enfocarlo. Si se trata de un problema, el adolescente ha de intentar descubrir su verdadera causa e identificar cuál es su parte en el asunto. Sólo cuando él asume su responsabilidad, en vez de culpar a otros, adquiere el poder de hacer algo para resolverlo. 3. Explorar las opciones o las posibles soluciones al problema El adolescente podría empezar por preguntarse: “Si quiero lograr esto, ¿qué tengo que hacer?” Quizá convenga ayudar a nuestro hijo a descubrir que en esta vida no todo es blanco o negro, sino que existe una gama de grises muy variada, que es posible vivir cada situación de distintas maneras, según lo decidamos, y que una dificultad puede tener muchos arreglos. Para tener a la vista el mayor número de elecciones posibles, es muy útil animar al adolescente a anotar cualquier idea que llegue a su mente, no importa qué tan loca o impráctica parezca; de lo que se trata es de que sea creativo y disfrute del proceso. A esta técnica se le llama “lluvia de ideas” y la única regla es no criticar ni descalificar ninguna aportación. Si al adolescente no se le ocurren buenas ideas, podríamos Hacer una lista lo ayuda a decidir Conviene explorar las posibles soluciones 111
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    Tomada la decisión,queda un último paso: hay que llevarla a cabo. Ser consecuente con ella y responsabilizarse de las consecuencias. El adolescente tiene que encontrar el momento para actuar, la forma de hacerlo, el lugar y la situación apropiados, hacer el esfuerzo para lograr su meta o resolver la dificultad. padres, si él nos pide apoyo, podemos ayudarlo a anticipar los posibles obstáculos, a tener claro qué recursos tiene para llegar a la meta o a la solución, qué personas están involucradas en el asunto y quiénes pueden ayudarlo. Cuando el chico establece un compromiso, conviene que fije un plazo para revisar los resultados obtenidos y verificar si de verdad consiguió lo que se proponía o resolvió el problema, y qué consecuencias se derivaron de lo que hizo. 7. Examinar los efectos de las acciones No siempre resultan las cosas como pensamos. Tampoco existen garantías de que la decisión del adolescente sea perfecta, pero equivocarse es también una manera de ejercer la libertad y de aprender a decidir. Los padres tenemos que respetar las elecciones de nuestro hijo sin intervenir y mucho menos decir: “¡Te lo dije!” o “¡Ya lo sabía...!” El proceso de decidir supone revisar las consecuencias de las acciones realizadas y, si el primer intento no fue satisfactorio, plantear otra solución y modificarla las veces que sea necesario. 8. Reconocer y agradecer la ayuda de los demás en la solución del asunto Desarrollar la gratitud le da al adolescente la capacidad de apreciar y darse cuenta del afecto y solidaridad que lo rodea. Reflexionar sobre sus valores personales y sobre las situaciones complejas que podría enfrentar le da al adolescente oportunidad de decidir por anticipado y con mejores bases Es común que el adolescente tenga que asumir decisiones en circunstancias de riesgo o con consecuencias decisivas para su vida, por ejemplo: consumir o no alcohol o drogas, tener o no relaciones sexuales, empezar a trabajar o continuar sus estudios, etcétera. Si ha pensado seriamente en estos y otros temas, y ha decidido conscientemente qué es lo mejor para él —quizá utilizando las sugerencias de este capítulo—, al enfrentarse a momentos críticos o de presión de sus padres, tendrá mayor claridad para saber qué es lo que en verdad quiere, y más fuerza para sostener su decisión. Puede ser útil establecer por escrito “contratos personales”. Después de reflexionar, analizar, cuestionar, conversar y discutir los temas importantes para él, el chico tendrá mejores recursos para fijarse metas concretas y comprometerse con ellas. Reflexionar sobre sus valores le posibilitará fijarse metas y comprometerse con ellas Orientémoslo y respetémoslo en su proceso de elección 112
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    Cada vez queusted interviene está limitando su autonomía Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Permita que su hijo aprenda a decidir para que otros no lo hagan por él. Tenga en cuenta que cada vez que usted interviene en lo que él puede decidir, está limitando su autonomía. Hágale ver a su hijo que al elegir también renuncia, que no se puede tener todo. Oriente al adolescente para que sea capaz de decidir con prudencia y obtener lo que de verdad desea. Respete sus decisiones. Trate de practicar los pasos para decidir antes de enseñárselos a su hijo: •Definir el problema u objetivo •Analizarlo •Explorar las opciones o las posibles soluciones sin criticar ni descalificar ninguna •Hacer una lista de las ventajas y desventajas de las diferentes opciones •Elegir una solución •Llevar a la práctica la decisión, establecer un compromiso y responsabilizarse de las consecuencias •Fijar un plazo para revisar los resultados •Si el primer intento no fue satisfactorio, plantear otra solución •Reconocer y agradecer la ayuda de los demás Anime a su hijo a reflexionar y a decidir por anticipado sobre las situaciones complejas a las que podría enfrentarse. Promueva el que su hijo establezca “contratos personales” por escrito para fijarse metas. Permita que participe en las decisiones familiares. Recuerde que debe darle el ejemplo de decidir conscientemente, responsabilizarse por las decisiones y esforzarse en enmendar los errores. Oriente a su hijo para que decida con prudencia y obtenga lo que desea Aprenderá a reconocer y agradecer la ayuda de los demás 113
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    La disciplina esuna manera de preparar al o la adolescente para la libertad La disciplina es un recurso de los padres para ayudar a nuestro hijo a madurar y a volverse independiente, a desarrollar su autocontrol, a convivir en armonía y a aprovechar su energía y talentos para conseguir lo que es importante para él. La disciplina es un proceso de aprendizaje del adolescente y no una forma de ejercer el poder, controlar a nuestro hijo y mucho menos causarle daño. La disciplina es una expresión de amor a los hijos y una responsabilidad fundamental de los padres Nuestro hijo aún requiere nuestra guía y autoridad para orientarse en su camino hacia la autonomía. Mientras el adolescente no cuente con un criterio suficientemente desarrollado, nos corresponde a los padres ejercer la autoridad hasta que él llegue a ser su propio conductor. Aunque nos sorprenda, los adolescentes necesitan y valoran la disciplina Aunque nuestro hijo proteste y afirme que la disciplina y los límites no deberían existir y que son inventos nuestros para someterlo, en realidad los necesita, son un faro para orientarse, le dan seguridad y la sensación de que está cuidado, de que lo amamos y nos interesa. Desde luego, esto no significa que nece- sariamente respete las reglas sino que, incluso al romperlas, sabe que están ahí y se mide con ellas. Son su marco de referencia. Guía de Padres EJERCICIO DE REFLEXIÓN Ninguna de las tareas de la paternidad es más difícil que la disciplina. El ejercicio de la autoridad se da en medio de una lucha difícil, y a veces dolorosa, pero es indispensable para orientar al adolescente y ayudarlo a lograr sus objetivos y a ejercer la autonomía. ¿Qué es para usted la disciplina? ¿Cómo era la disciplina en su casa? ¿Funcionaba? ¿Cómo aplica la disciplina a su hijo? ¿Cuál cree que es el mejor sistema para disciplinar a un adolescente? ¿En qué ha cambiado la forma de disciplinar a su hijo ahora que está en secundaria? Haga una lista de las reglas que le gustaría que adoptara su hijo. Discútalas en familia. Seleccione las que piensa que son verdaderamente imprescindibles para un buen funcionamiento del ambiente familiar y para el desarrollo de su hijo. La disciplina es una manera de preparar al adolescente para la libertad 114 V. La disciplina. Una guía para el adolescente
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    música, salir consus amigos, ver televisión o practicar su deporte favorito, no suelen tener relación con su falta y lo privan de esas actividades personales y recreativas que tanta falta le hacen para desarrollarse. El castigo emocional, como insultar al adolescente, gritarle, humillarlo o amenazarlo, puede limitar sus capacidades y dañar su autoestima. El castigo físico, además, es un gran abuso, ninguna situación justifica golpear a un hijo. Los golpes, igual que la humillación, pueden impedir momentáneamente un compor- tamiento, sirven para que el chico trate de evitar el castigo, pero no favorece la reflexión. Los castigos severos le producen dolor, enojo, frustración, resentimiento, deseos de venganza y miedo; impulsan su rebeldía, hacen que nuestro hijo nos pierda el afecto y el respeto, lo llevan a esconderse, a mentir y lo alejan de nosotros. Cuando imponemos nuestra autoridad de forma rígida y dura, el adolescente no se hace responsable, no aprende a ser autónomo ni a colaborar con un grupo aportando y defendiendo sus ideas. ¿Cómo aplicar una disciplina que guíe y eduque a nuestro hijo y le dé seguridad para decidir y actuar? En un hogar en el cual se maneja la disciplina con apertura, afecto y respeto, las normas no se imponen desde arriba, por los padres, sino que surgen del acuerdo entre los diferentes miembros de la familia, de las personas que las tienen que cumplir. Uno de los métodos con el que muchos padres han obtenido resultados positivos es la aplicación de consecuencias naturales y lógicas. Aplicar consecuencias naturales es dejar que el adolescente viva el resultado de sus actos. Los padres no tenemos que intervenir, sólo dejar que sucedan las cosas. Por supuesto, Los padres podemos hacer mucho daño al adolescente si renunciamos a ejercer la autoridad Para tratar de evitar conflictos y enfrentamientos, lo más fácil es decir: “Ya eres grande, haz lo que quieras”. “Las calificaciones son asunto tuyo”. “Tú sabrás qué amigos escoges y a qué hora llegas”. Pero el amor y la responsabilidad exigen que los padres actuemos con firmeza y tengamos el valor de hacer cumplir las reglas aun cuando nuestro hijo se enoje y nos reclame. Si dejamos que el adolescente haga lo que quiera, ¿cómo aprenderá a fijarse metas y cumplirlas? Si permitimos que nuestro hijo nos falte al respeto y nos menosprecie, ¿cómo sabrá relacionarse con otras personas? Si no marcamos límites cuando nos pone a prueba para experimentar hasta dónde le permitimos llegar, ¿cómo logrará pasar de la rebeldía y el desafío a la verdadera autonomía? Tenemos que ser conscientes de que, a veces, el deseo de ser aceptados por el grupo empuja a los jovencitos a situaciones que no desean. Por ejemplo, ir a una excursión con muchachos que no conoce bien, puede causar temor a nuestra hija. Ella se siente halagada de que la inviten, pero también insegura, así que pedirá el permiso esperando que no se lo demos. Claro que se enojará cuando le neguemos el permiso, pero en el fondo se sentirá aliviada y protegida. Desentendernos de nuestro hijo o hija cuando es incapaz de calcular o evitar el peligro o la inconveniencia de algunas acciones, es dejar que aprenda con golpes innecesarios, demasiado duros y tal vez irreparables. Una cosa es ejercer la autoridad y otra muy distinta castigar o maltratar a nuestro hijo El castigo tiene grandes desventajas, es uno de los peores métodos para disciplinar. Sanciones como prohibirle escuchar No desatendamos el cumplimiento de las reglas sólo para evitar un conflicto Dejemos que viva las consecuencias naturales de sus acciones 115
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    se necesita sentidocomún al utilizar las consecuencias naturales. Si permitimos al chico de secundaria salir a cualquier hora de la noche y relacionarse con bandas o grupos que consumen drogas, las consecuencias pueden ser muy graves, pero si lo dejamos descuidar su ropa, simplemente va a ser incómodo para él no tener con qué vestirse. A veces, las consecuencias naturales no afectan directamente al adolescente sino a otras personas. Entonces hay que aplicar consecuencias lógicas, es decir consecuencias que guarden relación con lo que hizo el adolescente de modo que comprenda cómo afectan sus acciones a los demás y reflexione sobre la necesidad de cambiar su comportamiento y de hacer algo útil para solucionar el problema que causó. Por ejemplo, si pierde o maltrata un objeto de otra persona, deberá hacer lo necesario para reponerlo; si gasta el dinero de sus útiles en otra cosa, tendrá que trabajar para compensarlo. Existen algunas condiciones para aplicar las consecuencias lógicas -En primer lugar, es indispensable una relación de amor y comprensión entre padres e hijos pues el adolescente estará más dispuesto a aceptar y asumir compromisos si lo tratamos con respeto y le tenemos confianza. -Cuando padre y madre están presentes, tienen que ponerse de acuerdo para decidir los límites y la manera de aplicar las consecuencias podemos estar en desacuerdo con la disciplina del otro, pero hay que hablarlo a fondo para presentar un frente común al adolescente. No hacemos ningún bien a nuestro hijo si le decimos: “aunque tu papá dijo que no, yo sí te dejo, pero no le digas” o “voy a tratar de convencerlo”. -Definir las reglas y consecuencias en forma firme y clara para que sean entendidas por todos pues si decimos al adolescente que tiene que volver temprano a casa, él puede interpretar de modo diferente lo que significa “temprano”. Es mejor precisar: “a las tres debes estar de regreso”. -Es fundamental elegir una consecuencia que tenga relación y corresponda a la magnitud de lo que hizo el adolescente si definimos con claridad: ésta es la falta, ésta es la consecuencia. Cuando el adolescente participe en la decisión de fijar los límites y prever las consecuencias, él mismo sabrá cómo aplicarlas; estará consciente de que debe reponer lo que perdió, limpiar lo que ensució, no asistir a la reunión del sábado si la semana anterior salió sin avisar. -Aplicar la consecuencia inmediatamente para que sea más eficaz y, sólo cuando la falta es grave, conviene reducir algunos privilegios que el adolescente ya había conseguido por un tiempo más o menos largo. -Tener cuidado de que la consecuencia no cause un dolor excesivo al adolescente pues aunque a veces es necesario aplicar consecuencias importantes para él, vigilemos que no le impidan disfrutar y desarrollarse. Si, por ejemplo, ha estado preparando con sus compañeros una excursión durante varias semanas, tendremos que buscar una consecuencia que no sea prohibirle participar. -No gastar la energía y la autoridad en pequeñeces, pues no tendremos la fuerza suficiente para lo fundamental hay que escoger las "batallas" y sólo confrontar al adolescente con cuestiones importantes, pero en ésas ser firmes y presentar una posición clara y bien fundamentada. En cambio, las situaciones intrascendentes se pueden ignorar o negociar: “¿qué crees que debemos hacer para resolver este problema?”, “¿cómo podríamos ponernos de acuerdo?”. Definir las reglas y consecuencias en forma firme y clara para que sean entendidas Si maltrata un objeto de otra persona deberá hacer lo necesario para reponerlo 116
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    reconocerlo y serconscientes del daño y el dolor que eso nos causó, para no repetirlo con nuestros hijos. Si llegamos a gritar o a golpear al adolescente, tenemos la posibilidad de aceptar el hecho, pedir perdón y hacer lo posible por remediarlo. Las disculpas tienen un efecto educativo sólo cuando los golpes o gritos no se repiten con frecuencia. Si queremos que nuestros hijos se comporten de manera adecuada y responsable, tenemos que ser los primeros en practicar la autodisciplina, dominar nuestros impulsos violentos, respetar a los demás y actuar de acuerdo a nuestros valores. Si nos resulta imposible controlar nuestra agresión es urgente que busquemos el apoyo de un especialista o de un grupo de ayuda. -La serenidad es la clave para aplicar las consecuencias y debemos de combinar la firmeza y el afecto; expresar nuestra buena voluntad, y al mismo tiempo hacer que el chico cumpla las reglas y compromisos establecidos: “Tú tienes la obligación de estudiar y no la cumpliste. Si necesitas clases para ponerte al corriente, debes trabajar para pagarlas”. -No discutir ni dejarnos convencer una vez que hayamos definido con nuestro hijo una regla y su consecuencia, por más que proteste o ruegue, tenemos que ser firmes en su cumplimiento. Dos días sin televisión tiene que ser dos días sin televisión. Es él quien decidió no respetar lo acordado. Si los argumentos del adolescente son razonables, podemos revisar después la regla, considerar si han cambiado las circunstancias y ponernos de acuerdo con él para modificarla. -No juzgar al adolescente sino describir la acción con pocas palabras, claras y concisas “Tu calificación es muy baja, ¿qué vas a hacer para pasar?” “Tu hermana necesita una pluma, ¿qué puedes hacer para reponer la que le perdiste? -Ser constantes, congruentes y aplicar las consecuencias siempre de la misma manera: cuando un día estamos atentos a que nuestro hijo viva una consecuencia y al día siguiente nos olvidamos, él también se olvidará de cumplir con sus compromisos. Si el adolescente percibe que todo depende de nuestro humor, estará más pendiente de nosotros que de comportarse responsablemente. Quizá pensemos que esta manera de ver la disciplina es poco realista y que supone un ambiente familiar ideal en el que todo el tiempo se vive el amor, el equilibrio y la sensatez Por supuesto que no es así. Todos los padres perdemos el control y reaccionamos impulsivamente de vez en cuando. Quizá aprendimos a actuar de manera agresiva porque nosotros mismos recibimos golpes y castigos. Necesitamos Si nos resulta imposible controlar nuestra agresión es urgente que busquemos el apoyo de un especialista No lo juzguemos, sólo describamos la acción con pocas palabras, claras y concisas 117
  • 23.
    No tenga miedode ejercer la autoridad Nunca maltrate a su hijo con humillaciones, amenazas y mucho menos golpes Actúe con firmeza aunque su hijo se enoje Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Utilice la disciplina para ayudar a su hijo a madurar y a volverse independiente, no para controlarlo o imponer su voluntad. No tenga miedo de ejercer la autoridad. Actúe con firmeza y haga cumplir las reglas aunque su hijo se enoje y le reclame. Nunca maltrate a su hijo con humillaciones, amenazas y mucho menos golpes. Procure no castigar al adolescente prohibiéndole actividades recreativas que sean importantes para él. Son necesarias para su desarrollo sano y completo. Trate de manejar la disciplina con apertura, afecto y respeto; póngase de acuerdo con su hijo en las normas familiares. Escuche a su hijo, y si muestra una posición lógica, acepte sus propuestas. Negocie los límites de acuerdo con la edad y la madurez de su hijo. Diga “sí” siempre que sea posible, pero también “no” en las ocasiones en que sea apropiado. Así, si sucede algo realmente grave o que pone en peligro físico o moral a su hijo, usted estará en excelente posición para usar su —todavía— poderosa influencia. No desgaste su autoridad en la manera de vestirse de su hijo o en la hora de hacer la tarea, guárdela para los casos en que exista una situación inconveniente o peligrosa para su hijo. 118 Decida con su pareja el modo de aplicar las consecuencias
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    Si usted ysu pareja tienen diferencias sobre la idea de disciplina, platíquenlo en privado Elija consecuencias proporcionales a lo que hizo su hijo Aplique consecuencias naturales y lógicas de modo que el adolescente reflexione sobre su comportamiento. Decida de acuerdo con su pareja cómo aplicar las consecuencias. Si usted y su pareja tienen diferencias sobre la idea de disciplina, platíquenlo en privado, nunca con su hijo enfrente. Especifique las reglas y consecuencias en forma firme y clara para que sean entendidas por todos. Elija consecuencias que se relacionen y tengan proporción con lo que hizo el adolescente: ésta es la falta, ésta es la consecuencia. Tenga cuidado de que la consecuencia no cause un dolor excesivo al chico. Combine la firmeza y el afecto al disciplinar a su hijo. La serenidad es la clave para aplicar las consecuencias. No discuta ni se deje convencer. Una vez que haya definido con su hijo una regla y su consecuencia, sea firme en su cumplimiento. No juzgue al adolescente, simplemente describa la acción e invítelo a remediarla. Sea constante y congruente. Aplique las consecuencias siempre de la misma manera y no dependiendo de su humor. Si llegara a gritar o golpear al adolescente, pida disculpas y trate de que estas conductas no se repitan. Practique la autodisciplina, esfuércese por dominar sus impulsos violentos. Si no es capaz de controlarse, pida apoyo a un especialista o participe en un grupo de ayuda. Aplique las consecuencias siempre de la misma manera y no dependiendo de su humor Si no es capaz de controlarse, participe en un grupo de ayuda 119
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    Un valor esalgo que pensamos que merece la pena, que es deseable y bueno en la vida Los valores nos motivan a actuar y a vivir de determinada manera, a buscar lo que juzgamos mejor para nosotros y para quienes nos rodean. Definir nuestros valores con detalle y profundidad nos da poder sobre nuestros actos, desconocerlos nos deja a merced de otros y de las circunstancias. Establecemos los valores a partir de nuestro concepto de lo que es el ser humano No vivimos igual si pensamos que los demás son nuestros semejantes, compañeros con quienes compartir e intercambiar de manera solidaria ideas, experiencias y afecto, que si los consideramos como posibles enemigos a los que hay que atacar para defendernos, o como meros instrumentos para obtener lo que deseamos. A veces el concepto que hemos elaborado de lo que es el ser humano se basa en tradiciones de nuestra cultura, creencias o prejuicios. No siempre nos hemos tomado el trabajo de reflexionar y fundamentar nuestras opiniones. La adolescencia de nuestro hijo, con sus críticas y cuestionamientos, es una oportunidad excelente para revisar nuestras ideas y actitudes ante la vida, para reconsiderar qué es lo que en verdad es importante y beneficioso para una persona; cuál es el ideal hacia donde queremos dirigirnos y qué valores queremos transmitir a nuestro adolescente. Los valores se desarrollan en la convivencia con otros seres humanos Desde que nace, una persona está expuesta a las creencias, concepciones, normas y aspiraciones de su grupo social, en especial de su familia. Los padres ofrecemos a nuestro hijo un modelo de relaciones humanas y le transmitimos valores, consciente e inconscientemente, a través de las conversaciones que sostenemos, los límites que marcamos y sobre todo, de nuestras actitudes y comportamientos. Los valores se conocen por las acciones que los expresan y por la manera en que tratamos a otros. Un valor que no se practica no es un valor real. Si los valores que defendemos EJERCICIO DE REFLEXIÓN Los valores constituyen nuestra orientación para actuar y para relacionarnos con los demás. Es importante ser conscientes de cuáles son los valores que guían nuestra vida y que hemos transmitido a nuestros hijos. Identifique los cinco valores más importantes para usted. Describa cómo ha vivido usted, en la práctica, esos valores. Mencione, por cada valor, dos acciones que haya realizado recientemente. Pida a su hijo que anote los cinco valores más importantes que haya aprendido de usted y cuáles son las acciones que él ha observado que manifiestan esos valores. Comparen ambas listas y comenten las semejanzas y diferencias. Un valor es algo que pensamos que merece la pena, que es deseable y bueno en la vida 120 Guía de Padres VI. Valores en conflicto
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    con palabras noson los mismos que expresamos con nuestra conducta de todos los días, habría que revisar qué es en verdad lo que estamos transmitiendo a nuestro hijo. Alguien dijo alguna vez: “lo que haces habla tan alto que no puedo escuchar lo que me dices”. Los valores dependen de las circunstancias y características de cada familia y son recibidos de manera diferente por cada uno de los hijos El adolescente recibe de nosotros los mensajes que conforman el clima ético en la familia. Si el ambiente que vivimos en casa es de agresividad o egoísmo, será difícil esperar de nuestro hijo solidaridad y respeto; si nos esforzamos por realizar nuestros proyectos, podremos confiar razonablemente en que él cumpla con sus obligaciones en la escuela. Sin embargo, a los padres sólo nos corresponde ser guías y promotores respetuosos de la libertad de nuestro hijo. El adolescente no adopta nuestros valores por la sencilla razón de que lo sean. Los valores se viven, se proponen, pero no se pueden imponer; cada hijo es único y responderá a ellos de manera personal. La elección de los propios valores es labor y responsabilidad de cada quien. La adolescencia es el mejor momento para establecer un código de valores propio, elegido por uno mismo Al llegar a la adolescencia, el joven se abre al mundo con mayor amplitud y vulnerabilidad. El influjo del medio que lo rodea es decisivo en este momento, pues se enfrenta por primera vez en forma independiente a concepciones y formas de vida nuevas y diferentes. Empieza a comparar los valores de su familia con los de sus amigos, maestros o miembros de las organizaciones a las que pertenece. Seguir aceptando dócilmente y sin discutir nuestras opiniones y valores no lo lleva al crecimiento ni a la autonomía; necesita examinarlos, criticarlos, reflexionar sobre ellos y rechazarlos o reconocerlos como propios. Es probable que recupere algunos o la mayor parte de nuestros valores, pero sólo podrá hacerlo con madurez, si los ha cuestionado. Nuestro papel como padres es propiciar una atmósfera de confianza y apertura para que se dé el diálogo maduro, inteligente y respetuoso; es favorecer los encuentros de nuestro hijo con sus maestros, amigos, compañeros y otras personas que puedan enriquecer su visión y ayudarle a formar un criterio bien fundamentado para decidir y juzgar. El adolescente se enfrenta constan- temente a la necesidad de tomar decisiones relacionadas con valores A veces, ante una situación concreta, el adolescente tiene que elegir entre dos o más valores que en apariencia son contradictorios. Por ejemplo, puede ser que deba decidir si revela o no la confidencia de su amigo acerca del uso de drogas. Si lo hace, faltará a la lealtad pues le prometió guardar el secreto. Si calla, fallaría en su responsabilidad pues es probable que el amigo se involucre cada vez más en el problema e induzca a otros compañeros. Esta situación puede ocasionarle dificultades y sentimientos de angustia, ya que no le es sencillo distinguir con claridad cuál debe ser la elección entre un valor y otro. Necesita jerarquizarlos para que el conflicto se resuelva. Los valores se ordenan según la importancia que demos a cada uno de ellos No todos los valores tienen la misma calidad o importancia, sino que existen según una jerarquía, es decir, un orden que coloca a unos por encima de otros. El problema es que no es posible encontrar una jerarquía que sirva para todas las situaciones y todas las personas. Propongámosle que jerarquice sus valores para que pueda afrontar situaciones en las que éstos se contradigan La adolescencia es el mejor momento para establecer un código de valores propio 121
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    En cada circunstanciaes indispensable reflexionar con cuidado y honestidad, y aplicar nuestro criterio para elegir el valor que haga el mayor bien a los involucrados en el problema, el que nos ayude a hacernos más plenamente humanos y nos acerque a la vida, a la conciencia y al amor. El juicio ético y el pensamiento se desarrollan paralelamente ya no suele definir lo correcto o incorrecto por su relación con las consecuencias, el agrado o el disgusto de sus padres. Ahora puede hacer juicios más elaborados en los que toma en cuenta no sólo la acción sino también las intenciones del que la realizó. La intención es lo que, para él, determina si una conducta es buena o mala. Al madurar su razonamiento, empieza a definir la validez de los principios y valores éticos independientemente de quien los defienda. También juzga si las reglas morales concretas están de acuerdo con los principios abstractos más universales. Algunos de los valores que el adolescente suele defender con más ardor son la justicia, la igualdad de derechos, el respeto por la dignidad de los seres humanos, la amistad, la lealtad y, más que nada, la libertad. Los padres hemos de tener muy clara la meta final de la educación ética: la autonomía, entendida como libertad responsable, y también comprender el grado de desarrollo de nuestro hijo. El adolescente aún está lejos de alcanzar el ideal de la ética madura, es decir, la ética de quien desea tratar a los demás como le gustaría ser tratado a él, de quien se esfuerza por tomar en cuenta el punto de vista de todos los afectados por una situación y que ejerce, en lo posible, la libertad de vivir según un ideal personal libre de presiones externas. No todos los seres humanos tienen la suerte de alcanzar esa etapa en la que reconocen la unidad con los demás y con la naturaleza, y aceptan la responsabilidad de sus actos para hacer un mundo mejor. Para lograrlo requieren, en sus años de formación, del cuidado, la compañía, el ejemplo y la guía amorosa de sus padres. Permita que participe en las decisiones familiares 122 Al madurar su razonamiento, empieza a definir la validez de los principios y valores El juicio ético y el pensamiento se desarrollan paralelamente
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    Note si susacciones transmiten los mismos valores que sus palabras Trate de definir sus valores con el mayor detalle y profundidad que le sea posible Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones Intente crear una descripción de lo que es para usted el ser humano. Trate de definir sus valores con el mayor detalle y profundidad posible. Revise su propia autonomía en cuestiones éticas. ¿Por qué piensa lo que piensa y valora lo que valora? ¿En qué se basa? Note si sus acciones transmiten los mismos valores que sus palabras y consejos. Haga lo posible por actuar de acuerdo con lo que dice. Observe cuáles son los valores que ha propuesto a su familia y cómo ha respondido a ellos cada uno de sus hijos. Propicie un ambiente de confianza y apertura para que su hijo dialogue con usted sobre los valores, para que los examine, los analice y los critique. Así podrá rechazarlos o aceptarlos conscientemente. Favorezca los encuentros de su hijo con sus maestros, amigos, compañeros y otras personas que puedan ayudarle a fundamentar su criterio para decidir y juzgar con inteligencia y honestidad. Apoye a su hijo para que establezca su propia jerarquía de los valores y sepa aplicarla a las situaciones concretas a las que se enfrente. Recuerde que la autonomía es el objetivo final de la educación. No exija a su hijo un comportamiento ético totalmente maduro, pero oriéntelo para que se acerque a él. Ayúdelo a comprender a fondo las ideas en las que cree. Hable con él de su escala de valores. Si le pregunta por sus convicciones, conteste honestamente. No sea incongruente entre lo que hace y lo que dice Ayúdelo a comprender a fondo las ideas en las que cree 123
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    Guía de Padres Eladolescente vive un intenso periodo de búsqueda que lo llevará a encontrarse consigo mismo y a decidir qué valores orientarán su vida La adolescencia es una etapa de reflexión en la que el chico se plantea cuestiones fundamentales: “¿Cuál es mi mayor deseo?” “¿Por qué y para qué existo?” Estas preguntas son una señal de que le llegó el tiempo de empezar a dar respuestas, de buscar qué quiere hacer, cómo espera vivir y cuál es el sentido de su vida. Los profundos cambios en sí mismo y en las relaciones con su ambiente le provocan un gran desequilibrio El adolescente enfrenta la tensión entre lo que era y lo que es, entre lo que ha logrado y lo que le falta por hacer, entre lo que percibe de la realidad y lo que él piensa que debería ser. Este desequilibrio, signo de su salud y vitalidad, es precisamente lo que lo lleva a buscar el sentido de su existencia. El joven no tiene que eliminar la tensión, sino utilizarla como impulso para esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. En el interior de cada persona existe una vocación En todos hay un llamado a ser de cierta manera, a realizar una tarea, a defender un principio, a crear una obra o a entregar un afecto. La vocación no es simplemente elegir un oficio o profesión: ser jardinero, maestra, médico o científica; no es algo que se decide un día y de una vez para siempre, sino que se va descubriendo y definiendo en las vivencias y decisiones diarias, en los encuentros con otros, en los nuevos aprendizajes y las pequeñas realizaciones concretas. La vocación, más bien, es una manera de vivir, una actitud atenta y consciente y una respuesta a lo que se nos va planteando y exigiendo cada día. Ser fiel a nuestra vocación es lo que da sentido a la vida. Las transformaciones que vivimos los padres durante la adolescencia de los hijos nos exigen revisar y, a veces, replantear el sentido de nuestra propia vida El proyecto personal nunca es un producto acabado, sino un proceso que avanza o retrocede, cambia, toma nuevos bríos o nuevos rumbos. Los desajustes que trae la adolescencia de nuestro hijo pueden ser oportunidades para los padres de pensar a fondo si lo que hacemos y lo que hemos elegido corresponde a lo que queremos actualmente, si el camino recorrido nos ha llevado a donde queríamos ir o es necesario orientarlo en otra dirección. Quizá sea útil preguntarnos: ¿disfruto mi trabajo?, ¿quiero aprender algo nuevo?, ¿existe en mí un anhelo sin realizar?, ¿qué puedo hacer para conseguirlo? EJERCICIO DE REFLEXIÓN ¿Piensa que es importante su existencia para los demás o para el mundo? ¿Por qué? ¿Tiene usted un proyecto que lo entusiasme? ¿Se esfuerza por realizarlo? ¿Tiene su hijo una meta personal? ¿Lucha por alcanzarla? ¿Qué hace su familia por la comunidad? En el interior de cada persona existe una vocación 124 VII. Encontrar el sentido de la vida
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    No lo ayudamoscuando le decimos: “Cómo me gustaría que más adelante te hicieras cargo de mi negocio de bordados”. “Qué satisfecho estaría si tú estudiaras la carrera de contador que yo no pude acabar”. “Si no estudias para maestra, olvídate de que ayude a pagar los libros o los útiles”. Al adolescente no lo benefician las presiones o los consejos; lo que necesita son estímulos: que lo pongamos en contacto con experiencias variadas y personas diferentes, lo escuchemos, lo ayudemos a percibir y a desarrollar sus talentos y habilidades. Para responder a su vocación, el adolescente necesita aclarar sus ideas, elegir sus valores y reconocer sus fuerzas y debilidades A lo largo de la etapa secundaria y conforme madura su pensamiento, el chico o chica va dejando atrás las fantasías —ser actor de cine, escritora famosa o presidente de la República— y va conformando objetivos más realistas. Además de las metas, considera los planes y estrategias que lo llevarán a conseguirlas, los obstáculos que habrá de enfrentar y las oportunidades y capacidades que posee para alcanzarlas. El adolescente podrá seguir su vocación y crear un proyecto de vida en la medida en que se sienta útil y capaz, se valore a sí mismo, sepa que tiene algo especial que aportar a su familia y a su comunidad y se vea como una persona única con una misión que sólo él puede cumplir. Una manera de ayudar a nuestro hijo o hija a construir el sentido de su vida con autonomía y entereza es mostrarle que es posible hacerlo Si tomamos en serio nuestra libertad de elegir un proyecto y de trabajar por hacerlo realidad, podremos enseñar al adolescente que cada día y cada situación plantea retos que hemos de resolver, y que cada respuesta que damos es importante, marca una diferencia, pero no es perfecta ni definitiva. Le podremos mostrar que, a veces, un proyecto se cumple, otras se agota, se modifica o se renueva. Un proyecto es algo vivo y flexible que nos exige constantemente decidir, actuar, rectificar, y también nos abre a posibilidades y experiencias, a conocimientos nuevos, a encuentros humanos significativos y a capacidades personales insospechadas. Nadie puede decirle a otro cuál es el sentido de su vida No existe un sentido de la vida para todos los seres humanos, sino un sentido de cada vida que es diferente, único y específico para cada quien. Partiendo de los desafíos de su realidad y experiencia, el adolescente tiene que hallar su camino en la intimidad de sí mismo e ir respondiendo de acuerdo a sus propias razones e inclinaciones. Para alcanzar la autonomía y hacerse adulto, el adolescente tiene que crear su proyecto personal en vez de aceptar simplemente lo que otros desean para él Los padres no podemos endosarle nuestros sueños a un hijo para que él los realice. Es importante ser cuidadosos al comunicarle nuestras expectativas. No decirle, ni siquiera sugerirle, cuál debe ser su proyecto. Él debe hallarlo por sí mismo y hacerse responsable de su elección. Lo que necesita son estímulos y que lo pongamos en contacto con experiencias variadas El adolescente debe encontrar su proyecto y hacerse responsable de su elección 125
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    La responsabilidad delos padres es ayudar a nuestro hijo a asumir una actitud crítica hacia sí mismo y hacia su entorno social El adolescente es capaz de percibir con gran finura y sensibilidad lo que sucede a su alrededor y descubrir las injusticias y contradicciones de la sociedad en la que vive. La pobreza, la ignorancia, la discriminación, la crueldad y la violencia, lo afectan profundamente. Los padres tenemos la opción de aprovechar este rechazo e inconformidad natural del adolescente para orientarlo hacia una actitud de compromiso. El sentido de la vida es un desafío que va más allá de la persona; puede estar en la naturaleza, en los otros o en la comunidad; se expresa en el servicio, el cuidado, la solidaridad, el afecto y en las pequeñas acciones de todos los días. No tiene que esperar a que las condiciones sean propicias para decidirse a trabajar por lo que valora, sino empezar a crearlas desde su lugar y con sus posibilidades. Tenemos que fortalecer en nuestro hijo la esperanza de que puede influir en su medio, contribuir a mejorar su mundo y ayudar a que las relaciones entre los seres humanos sean menos violentas, más generosas y fraternas. No hacen falta grandes quehaceres para lograrlo, basta un pequeño gesto para aliviar el dolor y hacer un poco más luminosa la vida de una persona; bastan unas cuantas palabras y buena fe para aclarar malos entendidos; basta su entusiasmo y esfuerzo cotidiano; basta su alegría para contagiar a otros. Y cuando a él le toque enfrentar el sufrimiento y se le impongan condiciones que no eligió, aún puede encontrar sentido en decidir su actitud personal y la manera de vivir eso que le sucede. Acompañémoslo, sin interferir, en la búsqueda del sentido de su existencia Es capaz de percibir las injusticias y contradicciones a su alrededor El sentido de la vida se expresa en el servicio, el cuidado y la solidaridad 126
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    Propicie en sufamilia un sentido de compromiso con su comunidad No pida a su hijo que él realice lo que usted quiere o lo que no pudo lograr Anímelo a luchar por sus metas Pruebe algunas de las siguientes recomendaciones No intente eliminar la inconformidad y rebeldía del adolescente, anímelo a utilizar la tensión que le producen como impulso para esforzarse y luchar por una meta que valga la pena. Aproveche su propio momento de desarrollo y la crisis que le plantea la adolescencia de su hijo, para revisar el sentido de su vida. Pregúntese si está trabajando en lo que le gusta, si le interesa aprender algo nuevo, si hay algún sueño que anhela realizar. Piense qué puede hacer para conseguir lo que quiere. Plantee sus proyectos con una actitud flexible y trabaje todos los días para materializarlos. No pida a su hijo que él realice lo que usted quiere o lo que no pudo lograr. Ayude a su hijo a percibir y a desarrollar sus talentos y habilidades. Ofrézcale oportunidades de sentirse útil y capaz. Propicie en su familia una actitud crítica hacia el entorno social y un sentido de compromiso. Participen juntos en proyectos a favor de la naturaleza, de servicio a otros, de apoyo a la comunidad. Apoye el sentido de equipo de su hijo, el deseo de trabajar por los demás y ocasionalmente reflexione con él sobre los valores del grupo al que pertenece. Participen juntos en proyectos a favor de la naturaleza 127
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    PARA TERMINAR La adolescenciade nuestro hijo es un periodo de profundas transformaciones para él y para nosotros. Es un tiempo en que los padres solemos sentir la necesidad de hacer un alto y revisar nuestros valores, relaciones y proyectos; de reflexionar sobre lo que hemos hecho con nuestra vida y lo que queremos lograr en el futuro. Educar a un hijo es más que nada educarnos a nosotros. En el primer apartado de la Guía de padres, Aprender a vivir juntos, hemos encontrado sugerencias para comunicarnos con nuestro hijo o hija adolescente y compartir la vida en familia con mayor serenidad, alegría y profundidad. Quizá hayamos aprendido maneras nuevas de escucharnos, de expresar nuestras necesidades y sentimientos, de resolver los conflictos en un ambiente de afecto y comprensión. Tal vez hayamos adquirido algunas herramientas para construir una relación más satisfactoria y amorosa con nuestros hijos. Hemos reflexionado sobre la necesidad del adolescente de privacidad e independencia, y lo que significa la amistad y el descubrimiento del amor en esta etapa. Tal vez hayan sido útiles las sugerencias para orientar al adolescente hacia una sexualidad alegre y responsable, y hacia una relación de pareja plena, comprometida y feliz. Los capítulos del apartado Aprender a conocer y a hacer nos han sugerido revisar junto con nuestro hijo o hija las prácticas familiares y renovar los hábitos con el fin de hacer más agradable, satisfactoria y saludable la vida cotidiana. Nos han invitado a disfrutar el desarrollo del pensamiento del adolescente y observar cómo se va acercando a un razonamiento complejo y maduro. Nos han ofrecido herramientas para estimular y acompañar a nuestro hijo en su trabajo escolar, ayudarlo a definir sus talentos, inteligencias y habilidades; sugerirle técnicas de estudio, y propiciar la costumbre placentera de leer y escribir. El tercer apartado de la Guía, Aprender a ser, nos ha ofrecido reflexiones que pueden ser útiles para ayudar a nuestro hijo a crecer como persona, a convertirse en un ser auténtico, responsable y autónomo. Nos ha propuesto ideas que quizá nos hayan hecho sentir mayor aprecio por nosotros y por cada uno de los miembros de la familia, y puesto en alerta para cuidar, con nuestras palabras y estímulos, la autoestima de todos. Hemos encontrado ideas que podrían orientarnos en la definición de nuestros valores personales y en la manera de compartirlos con nuestro hijo; en el uso de la disciplina como enseñanza, como un apoyo para que el adolescente vaya haciéndose cargo de sus decisiones, para que asuma las consecuencias de sus actos y llegue a convertirse en dueño de su destino. Este apartado nos ha invitado a crear nuestros proyectos personales, a dejar ir a nuestro hijo y acompañarlo, sin interferir, en la búsqueda de su vocación y del sentido de su existencia. Toda la Guía es un llamado a crear, en esta etapa difícil, estimulante y maravillosa, una amistad con nuestro hijo o hija que dure toda la vida. 128
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    La adolescencia esuna etapa de gran vulnerabilidad Los adolescentes están expuestos a circunstancias que pueden poner en riesgo su bienestar, su salud e incluso su vida. La búsqueda de identidad, la revisión de las normas familiares para encontrar sus propios valores y la necesidad de aceptación por parte de sus amigos o amigas los hacen sumamente sensibles a las influencias de su entorno. La adolescencia es un periodo de probar nuevas vivencias y de probarse a sí mismo Muchos adolescentes experimentan con el alcohol, tabaco u otras drogas por curiosidad, para pertenecer al grupo de pares o para sentirse adultos. Como a esta edad se sienten indestructibles y poderosos, no suelen prever las consecuencias a futuro de sus acciones ni admiten el riesgo de una adicción. ¿Qué son el alcoholismo y la drogadicción? La drogadicción y el alcoholismo se caracterizan por el uso repetido y compulsivo de una sustancia que produce alteraciones en el sistema nervioso. Según la sustancia, la persona vive diferentes efectos. Algunos de ellos pueden ser: relajamiento, excitación, bienestar, hiperactividad, agresividad, inconsciencia o insensibilidad. El alcoholismo produce en la persona una necesidad de beber tal que no es capaz de controlarse. El exceso de alcohol baja sus defensas y su conciencia; le produce cierto descanso o alivio, le ayuda a escapar de la realidad, y lo lleva a realizar acciones a las que de otro modo no se atrevería. El consumo de alcohol o drogas pasa por varias etapas: Experimentación. Los chicos o chicas prueban estas sustancias para saber qué se siente o por la presión de sus amigos, y se sabe que, por lo general comienzan a hacerlo entre los diez y los dieciséis años. Uso. El adolescente bebe en las reuniones sociales para divertirse y ser aceptado por sus iguales, o bien consume alguna droga esporádicamente con su grupo, pero el resto del tiempo se mantiene alejado de estas sustancias. Abuso. El muchacho busca el alcohol o la droga; ya no asiste a una fiesta si no va a consumirlos. Suele beber o drogarse para aliviar tensiones, relajarse o tener sensaciones agradables. Hacerlo en privado es un signo muy claro de que existen problemas serios. En el caso de la bebida, puede suceder que el adolescente desarrolle una gran tolerancia al alcohol, que aguante beber en abundancia sin emborracharse. Esta situación es engañosa, puede darle prestigio y la admiración de sus compañeros, pero es un momento de enorme riesgo. Adicción. Si el chico o la chica siguen bebiendo, lo harán cada vez con más frecuencia y en mayor cantidad hasta que su cuerpo empiece a necesitar el alcohol y el efecto sea más intenso aun cuando beba menos. En la adicción, el adolescente pierde completamente el control, se obsesiona por la bebida, descuida sus estudios, sus relaciones, su aspecto e higiene, la comida y la salud. El adolescente bebe a cualquier hora y necesita hacerlo antes de irse a la fiesta o reunión. Presenta síntomas 129 Guía de Padres SIGNOS DE ALARMA. ALCOHOLISMO Y DROGADICCIÓN El muchacho busca el alcohol o la droga; ya no asiste a una fiesta si no va a consumirlos.
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    físicos como temblores,calambres, complicaciones en el hígado o pérdida de peso. En el caso de la droga, la adicción se da cuando el chico la requiere para sentirse bien, cuando su cuerpo la necesita de tal manera que sufre un grave desequilibrio si no la consume y por lo tanto no puede pensar en otra cosa. ¿Cómo podemos darnos cuenta si un adolescente está consumiendo alcohol o drogas? Los padres necesitamos estar bien informados sobre el tema de las adicciones, saber que cualquier adolescente está expuesto a ellas, incluso nuestro hijo o hija. Por eso, hemos de mantenernos cerca de ellos, atentos a ciertas señales que podrían indicar la existencia de algún problema. Por ejemplo si: –El adolescente presenta un cambio paulatino en su conducta que después se vuelve muy notable, no importa cuál. –Pasa bruscamente de un estado de ánimo a otro, o reacciona excesivamente ante cualquier contrariedad. –Se muestra enojado, resentido, agresivo ya sea verbal o físicamente. –Está frecuentemente de mal humor, triste, nervioso o deprimido. Quiere dormir a toda hora y puede hablar de suicidio directa o indirectamente. La depresión suele ser muy grave en la adolescencia, y es indispensable atenderla de inmediato. –Su autoestima es más baja de lo que solía ser. –Cambia sus hábitos de sueño y alimentación. –Se modifica su rendimiento en la escuela. Empieza a tener problemas por faltas de asistencia, castigos, expulsiones, llamadas de los maestros a los padres. –Sus amigos comienzan a ser diferentes. –Empieza a estar fuera de casa durante periodos más largos sin un motivo aparente. –Pasa más tiempo solo del que acostumbraba. No siempre es fácil distinguir las señales de alarma de los comportamientos normales del adolescente Es natural que los sentimientos del adolescente sean variables y a veces descontrolados, que su rendimiento académico baje en algunos momentos o que su autoestima pase por periodos críticos. La presencia de cualquiera de estas situaciones por sí sola no indica que el chico está consumiendo alcohol o drogas, pero sí que debemos darle más atención y enterarnos con más detalle de sus actividades fuera de casa y de los grupos en los que participa. Desde luego, si percibimos los olores característicos del alcohol, el petate quemado, los solventes u otros, en el cuarto, la ropa o la persona del adolescente; si encontramos restos de las sustancias o instrumentos —latas de bebidas, encendedores, etc.— con los que se consumen, debemos actuar de inmediato. Los padres podemos ayudar mejor a nuestro hijo en las primeras etapas del consumo, antes de que se dé la adicción Los adolescentes que consumen alcohol o drogas no provienen necesariamente de hogares conflictivos o desintegrados; muchas veces se trata de chicos en cuyas familias no se acostumbra hablar de los problemas o de los sentimientos, y no logran expresar lo que les sucede ni obtener el consuelo o la orientación que requieren en un momento dado. Es fundamental que no cerremos los ojos o neguemos la realidad por el temor, la vergüenza y el dolor que suelen causarnos estas situaciones. El que un adolescente llegue a usar alcohol o drogas no significa que seamos malos padres, sino que tenemos que revisar y cambiar nuestra comunicación con él para ofrecerle el apoyo necesario. Se requiere una gran valentía, entereza y amor para enfrentar con serenidad, decisión y eficacia estas situaciones. Después, si el proceso avanza, será mucho más difícil rescatar al muchacho. La adicción se identifica por otros signos que se agregan a los anteriores: –El chico pierde de manera importante su capacidad de atención, de concentrarse y de hablar, se vuelve olvidadizo y torpe. –Puede perder el sueño y el apetito. A veces, sin embargo, come una gran cantidad de carbohidratos —dulces, pan, refrescos— para recuperar energía. –Disminuye la comunicación con su familia y se niega a hablar de sus actividades. –Pierde el interés en las diversiones, deportes o actividades que antes le gustaban. Se muestra cansado, aburrido, indiferente ante cualquier cosa. –A veces se aficiona obsesivamente a cierto tipo de música. –Prefiere estar solo, se aísla de los demás, incluso de sus amigos. 130 Tenemos que revisar y cambiar nuestra comunicación con él Los padres debemos estar atentos a ciertas señales que podrían indicar un problema
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    –Cambia completamente sugrupo de compañeros. Ésta es una indicación muy importante. Sus amigos de toda la vida ya no están cerca pues podrían interferir con su adicción. –Rompe frecuentemente las reglas de la casa: llega tarde, miente, roba, se rebela ante cualquier autoridad, rechaza los valores de la familia. –A veces presenta un comportamiento sexual promiscuo. –Descuida su higiene personal, se ve sucio y desaliñado; se viste con ropas y adornos extraños. –Dispone de mayor cantidad de dinero que la acostumbrada o de objetos valiosos sin que pueda aclarar la forma en que los consiguió. –Roba dinero u objetos de la casa. Cuando un muchacho ha desarrollado dependencia del alcohol o de alguna droga, es muy difícil que pueda dejarlos sin ayuda profesional Para que el adolescente esté dispuesto a reconocer su problema y someterse a un tratamiento en una institución o con un terapeuta especializado en adicciones, es fundamental el apoyo, cariño y aceptación de los padres. Nuestro papel es hacerlo sentir querido y valioso, y mostrarle que confiamos en él. Desde luego, resulta indispensable que participemos en los programas para familias con el fin de aprender a tratar al chico de manera realmente eficaz. Esto se vuelve todavía más importante si algún otro miembro de la familia sufre un problema similar. Sin embargo, como en cualquier enfermedad, es mejor prevenir y resolver antes de que el adolescente llegue a la adicción. ¿Qué podemos hacer los padres para prevenir el alcoholismo y la drogadicción? Es inútil tratar de aislar o proteger a nuestros hijos de una realidad en la que existen las drogas y el alcohol. Lo que sí podemos es propiciar en ellos un pensamiento claro, un criterio propio y la capacidad de distinguir y decidir entre lo que los daña y lo que los beneficia. Para ello es necesario actuar en varios aspectos: Información. Aprender lo que podamos sobre el tema junto con el adolescente, conseguir publicaciones y discutir con él los datos correctos y precisos acerca del consumo de alcohol y drogas, sus características y efectos, y los problemas derivados del comercio de estas substancias. Podemos también organizar conferencias y reuniones con otros padres y jóvenes para discutir el tema más profundamente. Comunicación. Mantener con nuestro hijo una comunicación cercana, abierta y respetuosa. Aprender a escucharlo y a dialogar con él, compartir ideas y sentimientos, hablar de los asuntos que a él le interesen, aceptar las diferencias de opinión y ofrecer nuestros puntos de vista sin imponerlos. Estar en contacto con la escuela, conocer a sus maestros, sus amigos y sus aficiones. Estímulos. Fomentar un ambiente interesante en casa, proponer actividades en familia divertidas y enriquecedoras, propiciar la participación del adolescente en grupos culturales, deportivos o de servicio a la comunidad. Autoestima. Aceptar y apreciar a nuestro hijo como una persona única y valiosa. Un chico que se siente seguro y bien consigo mismo tiene más posibilidades de tomar decisiones razonadas y prudentes sin someterse a las presiones de los compañeros. Disciplina. Establecer una disciplina firme y respetuosa, normas claras y coherentes apropiadas a la madurez de nuestro hijo y aplicar consecuencias cuando no se cumplan. Evitar ser autoritarios o demasiado permisivos, fijar límites con los que el adolescente se sienta protegido, por ejemplo: no puede asistir a una fiesta en la que no esté presente un adulto responsable; debe evitar subirse a un coche que conduzca alguien que haya bebido; tiene que cumplir con los horarios establecidos y avisar de cualquier cambio en sus planes. En la etapa en la que cursa la secundaria, todavía es recomendable llevar y recoger al adolescente de los lugares de reunión y establecer acuerdos con otros padres acerca de los permisos, los límites y la supervisión de las reuniones. Un aspecto fundamental al aplicar la disciplina es actuar como modelos. Nuestras actitudes y hábitos respecto al tabaco, alcohol y otras drogas influyen de manera muy importante en su conducta. Valores. Reflexionar junto con nuestro hijo sobre nuestros principios y el sentido de la vida, ayudarle a aclarar sus propios valores. Tratar de expresar con nuestras acciones lo que decimos con palabras. Apoyo. Actuar ante la primera señal de que pudiera existir algún problema con alcohol o drogas. Hablar con nuestro hijo o pedir ayuda a algún familiar o amigo que lo aprecie para que intervenga. Tenemos que lograr que el adolescente se separe de los grupos y ambientes que favorecen el consumo de las sustancias. Si la situación no se resuelve, es indispensable consultar a un especialista en adicciones o acudir a alguna institución dedicada a la solución de estos problemas, y aceptar que toda la familia debe participar para apoyar al chico. Es conveniente investigar en la escuela, las instituciones de salud o preguntar a personas que hayan tenido alguna experiencia en el asunto cuáles son las opciones que están a nuestro alcance. Si no nos sentimos satisfechos con la que elegimos, podemos cambiar, pero no abandonar el tratamiento. Lo importante en todos los casos es ser conscientes de cómo nos relacionamos con nuestra familia y en particular con nuestro hijo. La Guía de Padres, en sus diferentes capítulos, intenta darnos elementos para reflexionar y para tomar decisiones que nos ayuden a encontrar maneras armoniosas y disfrutables de convivir, de apoyarnos y demostrarnos cariño. 131 Apreciar y aceptar a nuestro hijo como una persona única y valiosa
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    135 COORDINACIÓN DE LAINVESTIGACIÓN Y AUTORA DE LOS TEXTOS Norma Romero Ibarrola ASESORÍA E INVESTIGACIÓN: Alicia Molina Argudín Patricia Romero Ybarrola Gabriel Ortiz Gloria Rivas Maite Plazas Belausteguigoitia Diana Molina Argudín Elda Molina Miuriel del Olmo Gabriela Ruiz María Teresa Novoa Cristina Barros
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    136 TITULAR: Editorial Infantil yEducación, S.A. de C.V. con la colaboración remunerada de Norma Romero Ibarrola.