El documento analiza el discurso de Gabriel García Márquez sobre la necesidad de adaptar la gramática española a la realidad contemporánea, destacando el poder y vitalidad de la lengua. Se sostiene que la lengua debería liberarse de restricciones que limiten la comunicación, aunque el autor del análisis critica esta propuesta, argumentando que la gramática y la ortografía son esenciales para evitar confusiones en la comunicación. Se concluye que es fundamental respetar la evolución del lenguaje sin sacrificar su estructura básica.