El documento describe los problemas tempranos en la iglesia cristiana primitiva sobre si el cristianismo debía ser accesible solo para los judíos o para todos. Algunos judíos insistían en que los gentiles debían seguir la ley judía de Moisés, como la circuncisión. Pablo y Bernabé debatieron este tema con ellos. Finalmente, en el concilio de Jerusalén, Santiago dictaminó que los gentiles no necesitaban seguir la ley judía para ser cristianos, basándose en las Escrituras y en que Dios ya había aceptado