La iglesia creció rápidamente en los primeros 100 años después de Pentecostés, expandiéndose desde Jerusalén a otras ciudades en Palestina, Siria y Asia Menor. Líderes como Esteban, Felipe, Pedro y especialmente Pablo ayudaron a llevar el evangelio a los judíos y gentiles. Aunque sufrieron persecuciones, para el año 100 la iglesia se había establecido en todo el imperio romano y producido los primeros escritos del Nuevo Testamento.