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IglesiaNivariense Diócesis de Tenerife
Nº 157
Febrero 2016
1 €
GRACIAS DON DAMIÁN. ¡FELICIDADES!
Iglesia Nivariense
Publicación de la diócesis
de Tenerife
C/. San Agustín, 28.
38201 La Laguna, Tenerife.
Febrero de 2016.
Nº 157
Dirección:
Antonio Pérez Morales
Jefe de Redacción:
Carlos Pérez
Redacción:
Carlos Pérez
Antonio Pérez
Colaboradores:
Leonardo Ruiz del Castillo
Elsa María Ávila
Cecilia Cortacans
Fotografía:
Toni Cedrés
Alfredo Miguel León Pérez
Jesús Robles
Carlos Pérez
Edita:
Obispado de San Cristóbal de
La Laguna
Fotomecánica e impresión:
Gráficas Sabater
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
D. Damián cumple 100 años. Era yo párroco de
Tazacorte y la víspera de San Miguel, el 28 de
Septiembre de 1984, participé en la Catedral de La Laguna
en la celebración de entrada de D. Damián como obispo de
nuestra Diócesis Nivariense. Unos días después, en su vista
al arciprestazgo de los Llanos de Aridane, le escuché por pri-
mera vez aquello de: por ser obispo, ustedes me dicen
"excelentísimo y reverendísimo", pero yo sólo seré "excelen-
tísimo señor" si soy un excelente cristiano. Era su tarjeta de
presentación y un aviso para todos. Detrás de este pensa-
miento, está la personalidad de quien tiene como lema epis-
copal "El último de todos y el servidor de todos".
Desde esa fecha de llegada a nuestra Diócesis, hasta su
despedida en julio de 1991, y aún después en su tiempo de
Obispo Emérito, quienes le hemos conocido y tratado, podemos decir con satisfacción y orgullo que, "disfru-
tamos de D. Damián". Sí, todos los diocesanos de Tenerife, La Palma, La Gomera y El hierro, disfrutamos
con nuestro obispo Damián. Disfrutamos de su estilo de vida humilde y austero, marcado por la cercanía y
trato personal con todos. Disfrutamos de sus palabras sencillas y, a la vez, directas, profundas y estimulan-
tes. Disfrutamos de sus acertados consejos y orientaciones, siempre marcados por la esperanza. Yo, perso-
nalmente, he disfrutado de su confianza y apoyo, muy por encima de mis cualidades y merecimientos.
Disfrutamos de sus iniciativas y visión de futuro que, plasmadas en decisiones
de gobierno, articularon la vida de la diócesis e impulsaron la educación en la fe de
los fieles y su participación de la vida de la iglesia, así como el compromiso de los
cristianos en la vida social. Disfrutamos de su capacidad para reconocer y valorar
lo bueno de las personas, aun conociendo sus debilidades. Disfrutamos de su pro-
fundo sentido de "la disponibilidad", virtud que nos enseñó y practicó con excelen-
cia. Disfrutamos de su amabilidad y paciencia con todos, sin que por ello dejara
de corregirnos cuando era necesario.
Disfrutamos de sus sabrosos "Diálogos con Santa María", comenzando por
aquel sorprendente título de "Santa María del Buen Humor" y siguiendo por otros,
también llamativos, como "Santa María de las tres manos". Cuando un servidor fue
nombrado obispo de esta Diócesis, D. Damián me hizo el honor de componer un
diálogo con "Santa María del Buen Consejo", mi devoción personal de la Virgen.
Diálogos con la Virgen que D. Damián ha continuado ofreciéndonos hasta hoy
como Felicitación de Navidad.
Sí. Hemos disfrutado de D. Damián como se disfruta de las cosas buenas que
llenan el alma y dejan huella. Y esto, me consta, lo comparten conmigo aquellas
diócesis que presidió D. Damián antes que la nuestra, Barbastro y Teruel-
Albarrracín. Así como, los miles de personas que, a lo largo de sus 25 años como
Obispo Emérito, han participado en sus continuas tandas de Ejercicios Espirituales
por toda España y algunos países de América.
Por todo ello, al cumplirse los 100 años de su nacimiento, no podemos menos
que dar gracias a Dios por todos los dones que nos ha concedido por medio de la
vida y el ministerio del Excelentísimo y Reverendísimo cristiano, D. Damián
Iguacen Borau. Le felicitamos por su centenario y nos felicitamos nosotros por
haberle conocido y disfrutado de su persona, por haber convivido con una perso-
na amable, generosa y benevolente, por haber disfrutado de "un hombre santo".
† Bernardo Álvarez
Obispo Nivariense
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
4
EL ÚLTIMO DE
TODOS
M
ons. D. Damián Iguacen
Borau nació el 12 de
febrero de 1916 en
Fuencalderas, Zaragoza. Realizó
los estudios eclesiásticos en el
Seminario de Huesca.
CARGOS PASTORALES
Párroco en diversas parroquias
en la diócesis de Huesca de 1941 a
1944 vicerrector del Seminario de
Huesca de 1944 a 1948. Fue con-
siliario de Jóvenes y Mujeres de
Acción Católica entre 1950-1969.
De 1955 a 1969 fue párroco de
San Lorenzo de Huesca entre los
años 1955-1969.
Recibió el encargo como
Administrador Apostólico de
Huesca en 1969 y fue nombrado
Obispo de Barbastro el 11 de octu-
bre de 1970 hasta que en 1974 fue
llamado a la diócesis de Teruel. En
1984 fue nombrado Obispo de
Tenerife, cargo que desempeñó
hasta el 12 de junio de 1991, cuan-
do la Santa Sede aceptó su renun-
cia y pasó a ser emérito.
OTROS DATOS DE INTERÉS
En la CEE ha sido miembro de
la Comisión Episcopal de Liturgia
de 1972 a 1981. Por otro lado, de
1984 a 1993 presidió la Comisión
de Patrimonio Cultural.
En el trienio de 1975-1978
formó parte de la Comisión para la
Vida Religiosa; de nuevo fue miem-
bro de ella de 1981 a 1984.
A su edad, Damián
Iguacen, es uno de los
obispos más longevos
de la Iglesia Católica. En
2011, al preguntarle
cómo se sentía ante su
próximo cumpleaños
respondía brevemente:
“Es una gracia de Dios
que no sé cómo agrade-
cérsela más que ponién-
dome enteramente a su
servicio”.
Los recuerdos perviven en la
mente de monseñor Iguacen con
una nitidez asombrosa. Es capaz
de rememorar su vida deteniéndo-
se en los detalles y conectando sus
experiencias siempre a la luz de
Cristo. Su ordenación como sacer-
dote es, sin lugar a dudas, uno de
estos recuerdos grabados a fuego.
“Después de mi bautismo, conside-
ro que ha sido el día más grande
de mi vida. Que el Señor se fije en
uno para ser ministro de su
Evangelio te confiere otra entidad.
Es algo muy grande”.
El prelado emérito ha escrito
varios comentarios sobre advoca-
ciones marianas. Algunos de ellos
han sido reeditados debido a la
gran aceptación que han tenido.
Así ocurrió, por ejemplo, con dos
pequeños comentarios sobre las
advocaciones marianas de Santa
María del Buen Humor y Nuestra
Señora del Silencio. En ellos, el
obispo emérito de la Diócesis
Nivariense, hizo hincapié, por un
lado, en la importancia que tiene
para el cristiano afrontar la vida sin
acritud y, por otro lado, la necesi-
dad de hacer silencio para encon-
trarse con uno mismo y con Dios.
“Un cristiano no puede estar de mal
humor, encarando todo desde el
mal genio y desde el pesimismo
porque Jesús dice: ‘Confiad hijos
míos, yo he vencido al mundo.’ Por
lo tanto, si ese mundo enemigo del
Señor, del bien, de la justicia, está
vencido, es que no tiene futuro.
Este convencimiento es el que nos
debería reportar el buen humor.
No significa, sin embargo, que
las cosas no nos importen, sino
que ningún suceso es definitivo”,
indicó Iguacen.
“Cumplir años es una
gracia de Dios que
no sé cómo agrade-
cérsela más que
poniéndome entera-
mente a su servicio”
5
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
En cuanto al silencio don
Damián suele señalar que este
aspecto lo relacionamos habitual-
mente, de forma equivocada, con
no hablar. “El silencio es saber
hablar a su tiempo” –matiza. “Es
importantísimo guardar silencio
para hablar cuando se debe y
sabiendo lo que se dice”.
En otra ocasión, Damián
Iguacen durante una entrevista
afirmó que se consideraba un
gran optimista. “Gracias a Dios lo
soy. El creyente, necesariamente,
tiene que ser optimista. Tiene que
ver lo bueno que hay y lo malo
que hay convertido en bueno por-
que el mal no es una fatalidad, lo
podemos eliminar con el bien”.
“Nuestro tiempo es éste. El
presente, porque el futuro tampo-
co está en nuestras manos. El
plan de Dios quiere que aquí,
ahora, y con estos, seamos bue-
nos y hagamos todo el bien que
podamos. En vez de criticar el
mal deberíamos ver qué pode-
mos hacer nosotros para reme-
diarlo. El Señor nos lo recuerda
‘mi corazón triunfará’.
“Nuestro tiempo es
éste. El plan de Dios
quiere que aquí,
ahora, y con estos,
seamos buenos y
hagamos todo el
bien que podamos”
ESA MIRADA,
AQUELLAS
MANOS
-- CCaarrmmeelloo PPéérreezz --
E
l obispo Damián aún
lee la vida con los mis-
mos ojos con que nos
miraba a nosotros, esos que tan
entrenados están en abrazar a la
gente desde dentro.
A menudo dicen que cuando
te habla es como si para él no
existiera nadie más que tú. No
estoy de acuerdo. Lo que sucede
en realidad es que te mira como
Dios te ve, busca mirarte como lo
hace Dios. Ocurre que en tus
palabras, en tus gestos, en los
dolores que emergen desde los
abismos de tu vida… en todos
esos adentros el obispo Damián
sabe intuir la historia del encuen-
tro entre Dios y cada hombre. Y
por eso, esa mirada.
Él sabe que pisa terreno
sagrado cada vez que un hombre
busca refugio en sus ojos. Tiene
claro, a veces mucho más que
quien acude a él, que es a Dios a
quien añora realmente el que
reniega del sol de cada mañana.
Por eso acaricia con su respues-
ta, prolongando así aquel abrazo
del Día Primero y ese otro de la
Noche Santa en que Dios se
arropó con nuestra carne.
Y luego están aquellas
manos. Las manos del obispo
Damián son expertas en perife-
rias. Las recorrió todas cuando
echó raíces en nuestras islas. Y
aquellas manos suyas alcanza-
ron también todas las periferias
del corazón de los hombres.
Existenciales las llaman ahora.
Dolor, soledad, incomprensión,
abandono, sinsentido, margina-
ción… las hemos conocido
desde siempre.
Esos ojos y aquellas manos
no se han marchitado en cien
años. No hay secretos, sino la
pasión con que el anciano obispo
Damián busca el rostro del Dios
bueno que le enseñó a leer la
verdad de cada historia.
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
6
BBiibblliiooggrraaffííaa
AALLGGUUNNOOSS
EESSTTUUDDIIOOSS YY
LLIIBBRROOSS SSOOBBRREE
EELL PPAATTRRIIMMOONNIIOO
HHIISSTTÓÓRRIICCOO::
Una visita a la catacumba
zaragozana, Impr. Folios 1954
Preces Laurentinas, 1964
La Basílica de S. Lorenzo de
Huesca, 1969
Fuencalderas, 1979
El patrimonio cultural de la
Iglesia en España, La Editorial
Católica 1982
La Iglesia y Su Patrimonio
Cultural, Edice Madrid 1984
Directorio del Patrimonio
Cultural de la Iglesia, Boletín Oficial
del Obispado de Tenerife 1987
La ruta "Virgen de
Candelaria": tradición, mensaje,
compromiso : exhortación pasto-
ral, Obispado de Tenerife 1990
Diccionario del patrimonio
cultural de la iglesia, Encuentro
Ediciones Madrid 1991
El arte en la liturgia (Band 47
von Cuadernos Phase), Centre
de Pastoral Litúrgica 1993
Diálogos con Santa María,
madre de Dios, Producciones
Gráficas 1994
El Venerable Francisco
Ferrer y los Operarios
Misionistas: un grano de trigo
caído en tierra 1997
Incondicionalidad (Band 105
von Vida y misión), Edibesa 2004
Pila bautismal de la igle-
sia de Fuencalderas
donde fue bautizado D.
Damián Iguacen.
Iglesia parroquial de Fuencalderas.
El templo se terminó en 1599. La
torre fue objeto de sucesivas
reformas.
Con ocasión
de haber sido
nombrado hijo
predilecto de
Fuencalderas,
y hermano mayor
perpetuo de la
Cofradía de San
Miguel, t u v o
lugar una gran
fiesta el día 13
de agosto de
1 9 7 2 .
7
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
“NOTODOLOHE
HECHOBIEN,
PERO CON
MALICIA PUEDO
DECIRQUENOHE
HECHONADA”
E
n una reciente entrevista
realizada a D. Damián
Iguacen por la compañe-
ra delegada de medios de comuni-
cación de la Diócesis de Huesca,
Lara Acerete Halli, el obispo eméri-
to repasó con brillante lucidez sus
recuerdos de infancia, su vocación,
sus desvelos pastorales y su paso
por nuestra diócesis.
En las primeras palabras pro-
nunciadas por D. Damián en la
entrevista ya sacaba a relucir su
buen sentido del humor: "Sí, efecti-
vamente, voy a cumplir los prime-
ros cien años", indicó.
D. Damián marchó a Comillas
en 1936. En plena guerra civil, con
19 años fue telegrafista en primera
línea. Durante la contienda fue
herido en la cara y al finalizar la
guerra volvió a Huesca. El 7 de
junio de 1941 fue ordenado sacer-
dote. "Mis primeros destinos como
párroco fueron Ibieca, Aguas
Claras, Liesa, Panzano y Santa
Cilia. Allí estuve muy bien. Luego
me llevaron al Seminario Superior
trabajando pastoralmente junto al
famoso rector de entonces. Estuve
con él, me parece que 4 años. No
era quizás el lugar donde yo me
encontrara más cómodo, aunque
estaba muy bien".
Iguacen ejerció como vicerrec-
tor del Seminario y profesor de
Sagrada Teología Ascética, Mística
y Pastoral desde 1944 hasta 1948.
"Fue estando en el Seminario
cuando empecé a dar ejercicios
espirituales. Conocí a gente estu-
penda. En aquella época hicimos
unas experiencias muy buenas
que repercutieron en toda España
en relación, por ejemplo, a la aten-
ción de enfermos. En este
campo hice todo lo que supe
y pude. Atendíamos sobre
todo a los que estaban
exiliados. Después de la
guerra hubo represa-
lias y había que
auxiliar a los que
lo necesitaban".
El hecho de
haber sido
párroco de
S a n
L o r e n z o ,
p a t r ó n
de
Huesca, significó mucho para
Iguacen. "El Señor me dio muchas
posibilidades ahí de atender a la
gente. Una de las cosas que más
éxito tuvo fue la preparación al
matrimonio. En España empezó a
ser novedad los cursillos prematri-
moniales. Pronto se extendieron y
hoy día son obligatorios. De esta
época tengo experiencias muy
hermosas. Dábamos ejercicios a
matrimonios y me llamaban de
muchas diócesis. Esa ha sido
siempre una de mis ocupaciones
principales. Dando ejercicios he
estado en Cuba, en Argentina,
Brasil, Francia, Italia..."
Igacen recordó cuando le comu-
nicaron su traslado como obispo a
la Diócesis de Tenerife. "Estaba
dando unos ejercicios a jóvenes en
verano cuando se presentó el nun-
cio. Al verlo le dije 'Señor Nuncio,
usted por aquí...' Y él me respondió
sonriendo: 'Es que le persigo'.
Luego me comentó la decisión de
que el Santo Padre me traslada-
ba de Teruel a Tenerife. Y yo le
contesté: 'Pues a Tenerife pues'.
El obispo emérito relató que
algunos se tomaron aquella deci-
sión con cierta sorna. "Como yo
había trabajado mucho en el
tema de los límites en el proble-
ma entre Barbastro y Lérida,
algunos me decían: 'Lo mandan a
Tenerife como castigo por lo que
ha hecho con Cataluña'. Y cuan-
do llegué a la isla, los periodistas
comentaban: 'Ya sabemos que
viene por castigo', a lo que yo
contestaba: '¡Uy! ¡Pero si venir a
las Islas Afortunadas castigado
es una gracia! En la diócesis de
Tenerife estuve muy bien.
También tuve que ir a Cuba, un
mes, para dar ejercicios. Era un
tiempo muy difícil para este país.
EENNTTRREEVVIISSTTAA
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
8
A los ejercicios no vino el presiden-
te pero vinieron muchos jóvenes",
expresó Iguacen con ironía.
Los recuerdos que posee este
obispo centenario de nuestra dió-
cesis son muy buenos y su labor la
narra utilizando siempre el plural.
"Hicimos una labor muy importan-
te, no cabe duda. A veces me
piden que regrese y yo tengo tam-
bién mis añoranzas, como es nor-
mal, porque fueron unos años ver-
daderamente importantes. Parece
que por allí me siguen queriendo y
eso yo lo valoro mucho. En
Tenerife iniciamos una cosa que
no se conocía. Un modo nuevo de
trabajar el apostolado con jóvenes
y su dimensión vocacional hacia el
matrimonio".
Otro ámbito en el que Iguacen
hizo mucho hincapié fue en el
tema de la conservación del
Patrimonio Cultural. "En ocasiones
veía que no se le daba la suficien-
te relevancia y no sé por qué, yo
tenía una sensibilidad especial
para este campo. Se constituyó
una comisión específica para patri-
monio con el fin, no solo de cuidar-
lo sino hacer de él un medio de
evangelización. Lo que se preten-
día era que quienes se acercaran
a una obra religiosa recibieran el
mensaje. Es decir, que la persona
no se quedara solo en la belleza
estética de la obra, sino que se
sintiera evangelizada con el men-
saje que hubiera detrás. Este tema
me gustaría que se tomara con
más garra. En el arte hay muchos
mensajes positivos y espirituales
que deberíamos potenciar. No se
crea arte por crear, sino para
anunciar el evangelio desde la
belleza. Todo eso que nos gusta y
nos agrada tiene una trascenden-
cia, nos lleva a Dios".
Por último, al ser preguntado
por el balance que haría de su vida
pastoral, Iguacen respondía: "No
tengo palabras para dar gracias
al Señor porque desde luego no
sé por qué puso en mí esa ilusión
de ser sacerdote. A través del
sacerdocio he podido anunciar a
Dios, he ayudado a la salvación
de las personas, he hecho feli-
ces a la gente con la que he tra-
tado, he podido conocer a
muchos...Esa ha sido un poco mi
línea. He sido un pecador, sé que
no todo lo he hecho bien, pero
con malicia puedo decir que no
he hecho nada".
Casa natal de D.Damián en Fuencalderas Iglesia parroquial de Liesa Cuadro de S.Lorenzo(sacristía de la iglesia)
Los obispos Felipe Fernández, Bernardo Álvarez y Damián Iguacen
en la consagración de la capilla de Chinguaro
9
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
--- PASIÓN POR LA MISIÓN ---
-- DDoommiinnggoo NNaavvaarrrroo --
“Llegaron unos misioneros
franciscanos de
Sangüesa a mi pueblo
(Fuencalderas). Tenía aproximada-
mente 8-9 años. Yo ya hacía proce-
siones y predicaba. El testimonio
de aquellos me ilusionó. Empecé a
caminar porque quería ser misio-
nero. Un pastor me preguntó:
¿Dónde vas? Yo le contesté: a
China o África”. Y predicó incansa-
blemente el Evangelio, queriendo
llevar, a los más, a Cristo.
¡Cuánto bien nos ha hecho
Dios en su persona y su ministe-
rio!. “Creí por eso hablé” es el títu-
lo, tomado del apóstol Pablo, del
libro que recogía parte de su pre-
dicación y escritos, como pastor
de nuestra Diócesis de Tenerife.
¡Cuánto bien nos ha hecho su
palabra siempre cercana, su pre-
dicación, sus homilías, sus medi-
taciones, sus Ejercicios espiritua-
les, sus escritos!. Tengo la certeza
de que le seguimos escuchando
con mucha atención porque, ade-
más de como maestro, le hemos
experimentado como verdadero
testigo. ¡Quien arde, necesaria-
mente enciende!
¡Gracias, D. Damián, por el tes-
timonio de su fe, profunda, patente,
viva. Por su calor humano, por su
testimonio orante y por “oler” a
Evangelio “sin glosa”!. ¡Gracias por
su sencillez, austeridad y humildad
de vida! ¡Gracias por llevarnos más
a Cristo, por ayudarnos a vivir apa-
sionadamente, incansablemente,
nuestro sacerdocio!
¡Gracias, D. Damián, por su
pasión misionera! Siempre, como
instrumento en manos del Señor,
centrado en la predicación y el
anuncio de Jesucristo y su evan-
gelio, convenciendo porque lo
siente y vive.
Una vez nos dijo, que para
evangelizar hoy, eran necesarias,
entre otras, cuatro actitudes: trans-
parencia, unidad, ultimidad e
incondicionalidad. La transparen-
cia de la luz que arde y alumbra, la
luz del testigo que vive y proclama
sin miedo el Evangelio, luz de un
amor desarmado, sin trastiendas,
sin reticencias. Unidad, porque
desde la división, la dispersión y la
desunión, no se puede anunciar a
Cristo. Libres del veneno de la dis-
cordia. “Nos congregó en unidad el
amor de Cristo”. Ultimidad, que
nos invita a entrar en la lógica de
los últimos lugares, de lo menos
apetecible y vistoso, de los medios
“pobres” como la humildad, el diá-
logo, la amabilidad, el respeto, el
amor desarmado, creyendo firme-
mente en su eficacia. Ultimidad
que es una opción radical por las
bienaventuranzas, que nos hace
pobres, mansos, sufridos, limpios
de corazón y de mirada. Que nos
pone más cerca de los últimos,
para el mejor servicio de los más
necesitados. Ultimidad que nos
recuerda: lo importante no somos
nosotros, sino el Señor.
Finalmente, la incondicionalidad.
Incondicionalidad para la Iglesia.
Evangelizar no es un acto indivi-
dual y aislado, sino profundamente
eclesial (EN). Que no pone repa-
ros, requisitos previos, condicio-
nes cuando se trata de obedecer a
la Santa Iglesia. Dice más bien,
con plena conciencia y entera
libertad de corazón, “Aquí estoy;
envíame”. Respetando, valorando,
agradeciendo, admirando los
diversos modos de trabajar por la
Iglesia. Disponibles para donde
sea necesario, para hacer lo que
convenga, o lo que digan los que
tienen la autoridad en la Iglesia. Es
desapropiación, es oblación, es
reparación que empuja al compro-
miso, al trabajo, a la acción,
poniendo el alma en tensión apos-
tólica, preguntándose siempre:
¿Qué quieres que haga, Señor?
D. Damián, gracias por anunciar
con el lenguaje inseparable de los
gestos con las palabras y las pala-
bras con los gestos. ¡Me acuerdo
tanto de usted! cuando Francisco
nos invita a una impostergable con-
versión personal y pastoral, al servi-
cio del mayor desafío de la Iglesia,
hoy: la transformación misionera.
Cuando nos invita a una nueva
etapa evangelizadora llena de fer-
vor y dinamismo, que ponga como
prioridad, en todo, el anuncio. Y,
doy gracias a Dios, por ser como
es: hombre de Dios, verdadero
cristiano y sacerdote, buen pastor,
en todo, pasión por la misión.
10
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
“ CONSERVO SUMIRADAAMOROSA
Y RETENGO SU VOZ COMO UN
TESORO PARA MI VIDA ”
OOLLGGAA MMAARRÍÍAA AALLEEGGRREE
(Decana de la Facultad de Educación.ULL)
Olga María Alegre de la
Rosa es Doctora en Psicología,
Catedrática de Didáctica e
Investigación Educativa y
Decana de la Facultad de
Educación de la Universidad de
La Laguna. Además, Alegre es la
autora del libro "El último de
todos. Perfil de un hombre de
Iglesia". Un extenso trabajo que
profundiza en la persona del
obispo emérito de Tenerife.
P.-¿Cómo describiría a D. Damián
Iguacen?
R.- Como el hombre de Iglesia que eli-
gió como lema de su vida ser “El últi-
mo de todos y el servidor de todos”.
P.- Usted ha tenido la oportuni-
dad de conocerlo bien, como ha
quedado reflejado en su libro “Él
último de todos”. ¿Qué supuso
para usted este trabajo?
R.- Escribir un libro dedicado a des-
granar la persona de D. Damián
Iguacen Borau fue una gran oportu-
nidad espiritual para mí, como si
recibiera una catequesis o hiciera
ejercicios espirituales. A más le fui
conociendo en los distintos ángulos
de su rica personalidad a través del
estudio de miles de documentos
analizados como cartas pastorales,
escritos, homilías y publicaciones,
desde su estancia en Teruel, con el
aporte de las entrevistas a perso-
nas que lo conocen, o con el
análisis psicológico que rea-
licé en profundidad, me
daba cuenta que entraba
como de puntillas en un
templo o quién contempla
un bello paisaje con asombro.
P.- Si tuviera que quedarse con
una faceta de este obispo, ¿con
cuál sería? ¿D. Damián sacerdo-
te, D. Damián escritor, D. Damián
espiritual, humano, intelectual,
servicial…?
R.- Damián Pastor. Es el Pastor que
convence porque amó primero. Es
el Pastor preocupado por la unión
del rebaño. Es el Pastor incondicio-
nal, no es jefe, sino pastor. No se ha
bajado nunca de la Cruz. Su cami-
no diario es el de la reflexión, el
silencio y la oración. Me repitió
muchas veces la frase de S. Ireneo
Pastor que él tanto admira: “que en
nuestra religión no hay nada por
encima del Amor”. La verdadera
autoridad de Damián Pastor es su
amor y su humildad, que no es
debilidad, sino auténtica fortaleza.
P.- ¿Cuál cree que puede ser la razón
de que haya vivido tanto tiempo
conservando su lucidez tan bien?
R.- Porque Dios lo sigue necesitan-
do para nosotros. Dios nos ama
tanto que nos lo sigue regalando y
entregando. Herida de guerra en
hombre de paz. Radiotelegrafista
en primera línea de soldado y tele-
grafista en primera línea de Pastor.
Su naturaleza biológica le ayuda,
comida frugal, mucho movimiento,
lectura diaria y hacer crucigramas.
El amor de Dios se derramó con
regalarnos a su Hijo Jesucristo,
pero con D. Damián, su siervo, nos
entregó una esponja llena de agua
fresca que a más la han apretado,
más agua ha derramado entregan-
do la vida por sus ovejas.
P.- De los aspectos que siempre
ha destacado D. Damián en los
ámbitos eclesial, familiar, huma-
no, caritativo, etc., ¿cuáles cree
que aún están por lograr?
R.- Sin dudarlo ni un momento: 1)
Hacer realidad el Himno de la
Caridad que D. Damián reza tres
veces al día, 2) Hacer realidad la
Ruta Virgen de Candelaria, es una
vergüenza que la Patrona de
Canarias no tenga, como se mere-
ce, por no haber existido impulso
político, social, ni religioso esa Ruta
de Peregrinación bien trazada y
señalizando el itinerario, restau-
rando y dignificando esos lugares
históricos, culturales y religiosos y
11
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
planificando visitas y peregrinacio-
nes a esos lugares de tanta impor-
tancia y que en este Año de la
Misericordia tendría que tener
especial atención e impulso y 3)
Hacer realidad las Preguntas clave
que me hizo D. Damián al final de
una de las entrevistas: ¿La dió-
cesis de Tenerife es sacramento
universal de salvación para
cuantos habitan en nuestras
islas? ¿Nuestra vida es apta
para anunciar ahora y aquí el
Evangelio de Cristo?
P.- ¿Qué visión tiene D. Damián
en torno al patrimonio cultural
de la Iglesia?
R.- Es un lenguaje, un medio pas-
toral. Dios es la belleza y en el mal
siempre hay fealdad. Los bienes
del Patrimonio histórico artístico de
la Iglesia proceden de la fe, expre-
san la fe de las comunidades que
nos han precedido y nutren la fe.
Para D. Damián es preciso saber
entender su lenguaje y su pedago-
gía. Son un modo excelente de
evangelización. Él dijo hace años y
sigue siendo actual: “Conservemos
el Patrimonio legado por nuestros
antepasados, dignifiquemos los
lugares de culto, los utensilios y
objetos sagrados, cultivemos el
gusto y la sensibilidad artística y
hagamos del arte un medio de
evangelización”.
P.- ¿Qué anécdotas recuerda de
su relación con D. Damián?
R.- No las puedo llamar anécdotas,
más bien fueron momentos espiri-
tuales de sentir el amor de Dios por
medio de mi Pastor. Recuerdo
cómo se divertía como un niño
haciendo los test psicológicos, en
la entrevista diciéndome que no le
hiciera preguntas difíciles y las lar-
gas conversaciones profundas
pero siempre con chispa, con
humor y risa. Dócil, bromeando con
las preguntas difíciles de los test de
inteligencia y personalidad. En el
libro presento su perfil de hombre
inteligente, creativo, libre e inde-
pendiente, personalidad integrada,
no le interesan los halagos, presu-
roso, espíritu del Magníficat, espíri-
tu del Concilio. Conservo su mirada
amorosa con su brazo en el mío y
retengo su voz como un tesoro
para mi vida. Aprendí con D.
Damián que jamás puedo estar
frustrada, ni fracasada. Si amo y
vivo el amor, es imposible. En su
entrada a la Diócesis de Tenerife
dijo: “Aquí estoy, en medio de vos-
otros, como el último de todos y el
servidor de todos”. Ante eso, toda
persona de buena voluntad, no
puede más que quitarse el sombre-
ro y dar gracias a Dios por amarnos
en la persona grandiosa del Buen
Pastor Damián Iguacen Borau.
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
12
D.DAMIÁN Y EL
PATRIMONIOCULTURAL
-- MMiigguueell ÁÁnnggeell NNaavvaarrrroo --
(Director del Archivo Histórico Diocesano)
En el año 1979, después de
haberse firmado los
Acuerdos Iglesia Estado, se cons-
tituyó la Comisión Negociadora
para el Patrimonio Cultural de la
Iglesia, presidida por el entonces
Cardenal Tarancón y nuestro obis-
po emérito como uno de los dos
componentes de la misma. Para él
no era novedoso el tema, ya
antes, D. Damián estuvo en el
grupo redactor de un documento
fundamental para la conservación
y organización de los archivos
de titularidad eclesiástica; ese
documento de 1976, ha permiti-
do una moderna concepción y
más profesional gestión de los
fondos archivísticos.
Nuestra Diócesis asumiría esta
decisión de la Plenaria de la
Conferencia Episcopal nueve
años después, en 1984 por decre-
to episcopal del 18 de diciembre,
junto a otros de carácter artístico y
cultural, todavía válidos hoy en
día. En ese momento , llevaba D.
Damián en la Diócesis solo tres
meses, y unos cuantos
más como prsdente de la
recién creada Comisión
Episcopal del Patrimonio
Cultural de la Iglesia, en
la cual permanecería
hasta 1993, sobrepasán-
dose, a pesar de ser
emérito, en dos años por
petición de todos sus hermanos
en el episcopado.
Si D. Damián se convirtió en
referente sobre temas de patrimo-
nio cultural de la Iglesia, se debió
a su visión sobre el patrimonio, el
cual siempre consideró como la
expresión de fe del pueblo creyen-
te. Encontrando en el arte y los
archivos un extraordinario instru-
mento para la nueva evangeliza-
ción, y también como medio peda-
gógico para el crecimiento de fe
de los creyentes. En la
Conferencia Episcopal, ayudó a
sus hermanos obispos a tomar
conciencia del importantísimo
valor del acervo cultural del pue-
blo creyente.
Empezó a organizar las jorna-
das de patrimonio, así como fun-
dar un taller de restauración del
Episcopado Español al servicio de
toda la Iglesia, también, publicaría
diversas obras que hoy son refe-
rentes para comprender el signifi-
cado de nuestro patrimonio reli-
gioso; en este sentido, destaca-
mos especialmente su
Diccionario del patrimonio cultu-
ral de la Iglesia, de un valor
bibliográfico imprescindible para
todos los estudiosos de la histo-
ria del arte sacro.
Al llegar a nuestra Diócesis,
creaba la Delegación Diocesana
de Patrimonio Cultural, aprove-
chando cualquier ocasión para
educar al mismo clero en la impor-
tancia de la verdadera restaura-
ción frente a la mala praxis de
repintar que imperaba en nuestras
islas, así como a tomar conciencia
de su importancia cultural, pasto-
ral y cultural. También, puso las
bases para un futuro Archivo
Histórico Diocesano, creando la
colección de microfilm de los
libros sacramentales de todas las
parroquias, y dando acceso a ello
dentro de las dependencias del
mismo Obispado. Para ello, conta-
ría con la inestimable cooperación
del sacerdote D. Julio González
Sánchez que realizó toda la micro-
filmación y atención del público
que lo requería.
El desarrollo de la preservación
y puesta en valor educativo del
patrimonio cultural de la Iglesia
Española, y la diocesana en particu-
lar, no estaría en el lugar en que nos
hallamos sin las bases inestimables
que D. Damián supo construir.
“Si D. Damián se con-
virtió en referente
sobre temas de patri-
monio cultural de la
Iglesia, se debió a su
visión sobre el patri-
monio, el cual siem-
pre consideró como
la expresión de fe del
pueblo creyente”
13
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
UNHOMBREBUENO
-- MMaauurriicciioo GGoonnzzáálleezz GGoonnzzáálleezz --
(Vicario Gral. en la época de D.Damián)
Los sentimientos de alegría,
admiración y gratitud unen
los corazones de los fieles de
nuestra Diócesis al poder felicitar
en estos momentos a D. Damián
Iguacen, Obispo emérito de nues-
tra Diócesis, al cumplir los cien
años de su nacimiento.
Cien años, ¡un siglo! - son un
amplio espacio para contar y can-
tar muchas cosas en la vida de un
hombre bueno. Estos años han
sido un escenario de grandes
acontecimientos y de profundas
transformaciones mundiales,
nacionales, eclesiales, y sociales,
y en ese escenario ha encarnado
D. Damián su papel humano,
cristiano, sacerdotal y pastoral en
la Iglesia. Querer trazar una sem-
blanza o resaltar algún aspecto
de su vida larga y hermosa resul-
ta una trivialidad. ¿Qué puede
manifestarse que ya no se conoz-
ca? ¿Qué podemos resaltar que
no se haya aplaudido? ¿Qué
podemos comunicar que no haya-
mos ya experimentado?
Me viene a la mente aquello
que el poeta R. Tagore pone en
boca de una fuente: "Aunque una
gota de mi agua me
basta para calmar la sed
del caminante, ¡con que
alegría se la doy toda!"
En efecto, D. Damián
no ha hecho de su vida
un conjunto de servi-
cios, sino una donación de su
persona. Se entrega a cada uno
en su humildad, su alegría y su
ministerio. De D. Damián no
tenemos conocimiento, tenemos
experiencia.
Por eso hablo desde mi expe-
riencia. Doy gracias a Dios- y a D.
Damián- haber vivido el ministerio
cerca de él en esos años de su
episcopado en esta Diócesis.
Lo conocí por primera vez en
los días en que vino a predicar el
quinario del Santísimo Cristo de
La Laguna. Un tiempo después,
cuando el Santo Padre aceptó la
renuncia del obispo D. Luis
Franco Cascón a su ministerio en
esta Diócesis, se hablaba en algu-
nos momentos de los posibles y
convenientes sucesores en la
sede Nivariense. Recuerdo que
en uno de esos diálogos entre
amigos, manifesté que a la
Diócesis le vendría bien un obispo
"algo así como D. Damián, el obis-
po de Teruel".
Cual no sería después mi sor-
presa y alegría cuando llegó la
noticia del nombramiento del
nuevo obispo de Tenerife. No era
"alguien así como D. Damián",
sino D. Damián en persona, quien
daba el gran salto geográfico
desde Aragón a las Islas Canarias.
Tan pronto como nuestro
Obispo hizo su entrada en la
Diócesis, determinó hacerse
inmediatamente presente en cada
una de las restantes islas. Fueron
unos viajes relámpago, pero muy
significativos. Los encuentros fue-
ron unos flash fotográficos que
hicieron el retrato de D. Damián.
Enseguida fue a la isla de La
Gomera. Pocos días atrás había
tenido lugar el trágico incendio en
los montes de los Roques de
Agando. Ya en San Sebastián,
visitamos con el párroco D.
Prudencio Redondo, la casa de
una familia que había perdido un
hijo en el incendio. Recuerdo viva-
mente aquel encuentro. Aquel
silencio inicial compartido, las
dolorosas palabras y lágrimas de
los familiares y las cariñosas, sen-
tidas y alentadoras manifestacio-
nes de D. Damián expresadas en
su rostro y en sus palabras.
Después fue a La Palma. El
Sr. Obispo quiso llegar hasta
Garafía para visitar allí el peque-
ño hogar de ancianos que lleva-
ban las Hijas de la Caridad en el
barrio de Franceses. Nos condu-
cía en su coche D. Pablo Álvarez,
párroco de Garafía. En un deter-
minado lugar nos detuvimos y
bajamos para disfrutar un
momento de aquel paisaje de ver-
des y vetustos pinares. Entonces
nos alcanzó un camión que lleva-
ba detrás a un grupo jóvenes tra-
bajadores. Bajaron un momento
del camión para saludar al nuevo
Obispo. Uno de aquellos chicos al
subir de nuevo al camión invitó
medio en broma a D. Damián a
“En un diálogo entre
amigos, manifesté que
a la Diócesis le vendría
bien un obispo "algo
así como D. Damián,
el obispo de Teruel"
14
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
“DADOR”
DE PAZ Y CONSUELO
-- GGeerraarrddoo SSoolleerr --
( Deán del Cabildo Catedral de Lleida)
B
endigo al Señor por-
que muchas veces, a
lo largo de mi vida de
presbítero diocesano he podido
experimentar consuelo y paz
viendo, escuchando, hablando
con D. Damián.
Cuando era párroco de San
Lorenzo de Huesca le
conocí. Siendo obispo
de Barbastro participé
en algunos retiros espiri-
tuales que daba a los
sacerdotes. Él hizo que
fuese a dar ejercicios
espirituales a los sacer-
dotes de Tenerife. Pero
el trato más intenso con él ha sido
y es en su residencia de Huesca.
En la primera tanda de ejerci-
cios espirituales a los sacerdotes
de Tenerife me encontré un grupo
de sacerdotes jóvenes que parti-
cipó muy bien. Y en el diálogo
personal les preguntaba: Y tú
¿por qué has querido ser sacer-
dote? Y la respuesta de cada uno
de ellos era: D. Damián. Su ilu-
sión, su espíritu de trabajo, su
bondad, su alegría, los ánimos
que daba, el “saltar de isla a isla”,
como me decían algunos.
Y en estos años de su residen-
cia en Huesca, el trato personal o
por teléfono ha sido muy frecuente.
Quizás es un don de Dios que
el Señor le ha hecho a D. Damián,
pero siempre el hablar o estar con
él, ha sido un momento pacificador
que subiera con ellos. Sin pensarlo,
el Sr. Obispo subió enseguida y el
camión siguió delante de nosotros
camino de Franceses. Cuando lle-
gamos al barrio, mientras el camión
paraba al borde del camino y baja-
ban todos, llegó nuestro coche y la
gente del barrio se acercó con
aplausos, creyendo que en él venía
el nuevo Obispo. Mientras tanto,
Don Damián, contemplaba con una
pícara sonrisa "aquel recibimiento".
A continuación tuvo lugar en el
comedor de la casa de los ancianos
un encuentro entrañable con los
acogidos y las hermanas.
En la isla del Hierro, después
que los párrocos mostraron al obis-
po algunos lugares de la isla, en la
casa del párroco de Valverde, D.
Francisco Santana, antes de la
cena, aquellos jóvenes sacerdotes
disfrutaron a solas, en un ambiente
cordial, fraterno y filial, de un
encuentro distendido con el Sr.
Obispo que les llegó al corazón.
En Tenerife, se repitieron estos
encuentros. Esos breves y entra-
ñables encuentros fueron el marco
en que quedó colocado el retrato
de la personalidad y el quehacer
de D. Damián. El programa pasto-
ral de D. Damián quedó expresa-
do en la homilía pronunciada por él
en la Catedral en la misa de su
entrada en la Diócesis: "Vengo con
alegría; vengo con temor; vengo
con ilusión". Su ministerio pastoral
siempre fue un Ir, un Salir, un
Encontrar, un Acoger. En el itinera-
rio y la forma que todos conoce-
mos, alabamos y agradecemos.
Se mostraba como una perso-
na que parecía que le sobraba el
tiempo: para acoger, para escu-
char, para dialogar, para reunirse,
para seguir de cerca las situacio-
nes y acontecimientos de su dió
cesis; siempre con el talante de
cercanía, de gozo y de sabe estar.
Y por otra parte parecía como
una persona a la que siempre le
faltaba el tiempo. No derrochaba
un minuto y prolongaba su trabajo
de estudio y preparación. Daba
gusto leer y escuchar sus homilí-
as, conferencias, ejercicios y escri-
tos, siempre profundos, edifican-
tes, precisos y bellos. Como
recuerdos perennes de su sensibi-
lidad pastoral quedan en la
Diócesis: la Casa Sacerdotal, la
Casa de Acogida, la Asamblea
Diocesana de Pastoral.
Al alegrarnos de este insólito
acontecimiento de los cien años
de vida de D. Damián, al tiempo
que lo felicitamos desde lo más
hondo de nuestro corazón, damos
gracias al Señor por este regalo y
porque a lo largo de la corta histo-
ria de esta Diócesis Nivariense ha
querido siempre regalarnos unos
"Pastores según su Corazón". Por
este motivo podemos decir: "El
Señor ha estado grande con nos-
otros y estamos alegres".
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
15
y me he sentido muy consolado. Al
final de todo encuentro personal con
él siempre la misma delicadeza cari-
ñosa: “Muchas gracias, Gerardo”.
Expresión que le sale del corazón.
A lo largo de mi vida sacerdotal
ya he tenido varios Obispos. Y el
trato con algunos de ellos me pro-
ducía nerviosismo, pesimismo,
cansancio, tristeza. Por eso no me
canso de darle gracias al Señor
por la gracia de haber conocido y
tratado a D. Damián. No ha sido
obispo de mi diócesis, pero real-
mente para mí, ha sido y es, como
un padre, un hermano y un amigo.
Esta experiencia personal con
D. Damián me lleva a darle gra-
cias al Señor, y al mismo tiempo a
pedirle que conceda buenos pas-
tores a su Iglesia. Pastores al esti-
lo de D. Damián.
Cuando leo al Papa Francisco
hablar de los pastores con olor de
“oveja”, el ir a las “periferias”, que
no se puede “anunciar el
Evangelio con cara triste”, pienso
enseguida como todo eso ya lo ha
vivido D. Damián mucho antes de
que el Papa lo dijese. Y de mi
corazón brota como un
“Magnificat”, “engradece mi alma
al Señor”, porque he podido y
puedo experimentar tantos
momentos de consuelo y de paz
que el Señor me concede por
medio de este padre, hermano y
amigo que es D. Damián.
NUESTRO QUERIDO
D.DAMIÁN
-- MMªª ddeell PPiillaarr RRgguueezz --
C
uarenta y cinco años
han pasado desde que
el Santo Padre lo ha lla-
mado a ser Sucesor de los
Apóstoles, y muy pronto celebrare-
mos, con alegría, los treinta y dos
años de la fecha en que Dios nos lo
ha regalado como obispo para nues-
tra diócesis, por tanto desde que lo
conocemos y queremos. Gracias por
su HUELLA.
Somos muchos los que guarda-
mos en nuestro interior tantos y tantos
planteamientos que continuamente
intentaba transmitirnos. ¿Cómo no
contagiarse del sincero amor que
usted tiene a la Iglesia? ¿Cómo no
recordar sus característicos aparta-
dos en que subdividía las actitudes
que las personas podemos adoptar
ante cualquier tema o situación?
Somos muchos los que
guardamos casettes…, foto-
copias o multicopias, de lo
que anotábamos durante sus
orientaciones como pastor
en sus múltiples charlas,
homilías, retiros o ejercicios.
¡Cómo no seguir preguntán-
donos aquella frase que usted
repetía insistentemente cuando
personificaba los distintos persona-
jes de la pasión: “¿Soy yo, Señor?”
Comencé esta referencia escri-
biendo espontáneamente:
NUESTRO.- Efectivamente,
nadie se quedaba excluido ni indi-
ferente durante su episcopado
entre nosotros.
QUERIDO.- El sentimiento general
entre todos fue, y es, de agradeci-
miento que permanece en el tiempo.
D. DAMIÁN.- ¡Todo un don de Dios!
Pero, además, es un título que usted
mismo se ha ganado practicando
día a día el lema escogido: “Servidor
de todos” al darse a los demás. Mi
testimonio es muy breve. Consiste
en llegar hasta usted para confirmar-
le que hoy, todavía, continúo sintién-
dome “servida”. Muchas gracias.
¿Cómo no valorar, estimar,
guardar y agradecerle sus maria-
nas felicitaciones navideñas? A
muchos nos ha encariñado con
María y nos estimula a imitarla.
¿Cómo no valorar, estimar y
agradecerle diariamente haber
tenido la valentía y decisión de
acercarnos el Orden de las
Vírgenes hasta nuestras calles de
la diócesis, y concedernos la con-
sagración como respuesta a la lla-
mada de Dios?
En nombre de todas, gracias.
Nos abrió muchas puertas a
muchas personas, con el fin de que
tuviéramos un encuentro más pro-
fundo con Jesucristo.
16
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
“NOS CONSAGRAMOS A UNA PERSONA,
NOAUNAMISIÓN;YESLAPERSONADECRISTO
LAQUENOSDALAMISIÓNENLAIGLESIA”
-- JJuuaann PPeeddrroo RRiivveerroo -- ((RReeccttoorr ddeell SSeemmiinnaarriioo DDiioocceessaannoo))
S
i me pidieran la frase de D. Damián que más
fuerte se ha prendido a mi recuerdo, aun-
que me cueste vivirla y dar testimonio de
ella, es la que abre como título esta colaboración con
ocasión del 100 aniversario del Obispo que me orde-
nó diácono y presbítero en esta Diócesis. Tal vez por-
que es una frase que rompe con la expectativa como
criterio y no sitúa en verdad en la sana indiferencia de
la incondicionalidad y disponibilidad total al servicio
de la Iglesia y del mundo.
Cuando llegó como Obispo a nuestra Diócesis yo
tenía 19 años y estaba en el primer curso del
Seminario Mayor (1985). Cuando el Papa le aceptó
la renuncia como Obispo había sido enviado a estu-
diar a la Universidad de Comillas. Todo el tiempo de
mi formación sacerdotal estuvo marcado por el epis-
copado de Mons. Iguacen. Fueron los años de la
Asamblea Diocesana, del inicio del Instituto de
Formación para Laicos y de la Escuela de Agentes
de Pastoral, del nacimiento de los Encuentros en la
Cultura, etc. Había un ambiento de ilusión generali-
zada y un deseo grande de servicio incondicional a la
Iglesia en el ambiente. Hay una serie de recuerdos
especiales que quisiera señalar:
1. La conversación con D. Damián al enviarme
a estudiar a Madrid de la que tomo el título de estas
notas. “Siéntete enviado por la Diócesis a prestar
este servicio; aprovecha mucho el tiempo y disfruta
de las posibilidades que te ofrecen las bibliotecas. Y
reza mucho”. Aquella manera de poner la misión en
mi corazón no la puedo olvidar; creo que no la olvi-
daré jamás.
2. La breve frase que me dirigió, varios años
después de jubilarse, saliendo del coche fuera del
Monasterio de Concepcionistas de Garachico,
a donde iba a dirigir Ejercicios Espirituales, en
la que con tanta sencillez como claridad me
subrayó “(…) me gusta ver que estás donde
estás; no cambies”, y que me confirmó, sin
tener que hacerlo, en la labor como formador
del Seminario menor.
Sólo quiero recoger estas dos notas, de las
muchas que pudiera hacer, no porque sean las
mejores ni las únicas, sino porque en el momen-
to en que fueron hechas se clavaron con firme-
za a mi alma.
D. Damián supo motivar con su ejemplo. Nos
invitaba a obedecer obedeciendo. Siendo fiel nos
pedía fidelidad. No se escandalizaba de la mediocri-
dad en la que podemos vivir, porque nos enseñó
que es posible reparar la mediocridad con la gene-
rosidad, y esto los unos respecto de los otros. Un
verdadero fundamento para la fraternidad sacerdotal
y la corresponsabilidad eclesial en la misión.
Y nos enseñó a obedecer no a D. Damián, sino
al Obispo. Nos lo invitaba haciéndonos conscientes
de la grandeza del pueblo de Dios a quienes tenía-
mos que servir. “No se merecen el Pueblo de Dios
que tenéis (…)” que es tan capaz de entender y
acompañar a sus pastores, nos subrayaba. Y es ver-
dad. Y la gente supo enseguida quién era y cómo
era aquel Obispo tan grande como sencillo. Esa
grandeza que surge en los hombres sencillos.
Cien años es un regalo de Dios, desde la pers-
pectiva de quienes lo vemos desde fuera; pero es,
sin duda, la cruz de los hombres fieles que cargan
en sus pequeños hombros los dolores y las pérdi-
das de un camino largo. Son, sin duda, los 100
años de un hombre santo. Por nuestra vida ha
pasado cercano el testimonio de un santo. Y eso,
aunque no estemos a esa altura, nos ha dejado
una huella imborrable.
El último y el servidor de todos.Así fue.Así lo recuerdo.
17
IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
TESTIMONIO Y
TESTIGO CREYENTE
María José García Cabrera
(OVC)
D
ignidad de la persona.
Acogida. Mesura.
Interés. Amor hecho
vida. Nada es ajeno a Dios. Eso
veo en él y aprendo de él. Sin
duda, éstas y muchas otras defini-
ciones me valen para aproximarme
a Don Damián Iguacen Borau;
bastaría y significaría todo decir,
sencillamente, Don Damián.
De las numerosas expresio-
nes, experiencias, dificultades,
momentos, en los que él ha esta-
do en el camino de la vida, me
quedo con algunos que pueden
ser definitorios de la huella de un
hombre creyente, de un sacer-
dote honrado y de un Obispo de
Dios que se ha cruzado en nues-
tras vidas; en mi vida.
En los años 80 mientras estu-
diaba filología y vencía mi timidez
haciendo teatro en la facultad, cre-
cía en la fe, y conocía a Jesucristo
desde la experiencia de militancia
en un movimiento apostólico juve-
nil: Hombres Nuevos. Era un tiem-
po de formación, de cre-
cimiento, de conocer a
Dios, que nos quiere en
el mundo, para organizar-
lo según su designio,
para llevar a otros a Él; y
ahí aparece la discreta y
firme presencia de Don
Damián: la posibilidad de trabajar
la Asamblea Diocesana.
Otra estampa que tengo graba-
da en la retina y en el recuerdo es
su confianza en el diálogo, en la
apertura, en las plataformas de
formación serena y seria, el surgi-
miento de Encuentros en la cultu-
ra, desde las butacas primero y
prestando una mano, después,
supusieron un foro de apertura.
Verlo acompañado de profesores,
de pintores, de laicos a los que
animaba a formarse es otra ima-
gen que agradezco: él, un hombre
de Iglesia, escuchaba, valoraba e
interpelaba; enseñaba estando
entre los otros que opinaban dife-
rente, descubría en cada uno la
huella de Dios, el hambre de Dios.
Todo esto nos lleva a la década
de los 90; con él se instauró el
Ordo Virginum en nuestra diócesis
en 1991, año que supuso su paso
a ser Obispo emérito. La huella
del testimonio de Don Damián me
motivó a poner en sus manos un
proceso de discernimiento voca-
cional, pasó el tiempo y llegado el
momento ¿quién mejor que él
para ayudar, para poner nombre,
responder a dudas, ser guía en el
momento de fuerte discernimiento
y de opción vocacional en aquel
carisma recuperado por el
Vaticano II? Aun estando en ese
momento por distintas diócesis de
España u otras partes del mundo,
dando ejercicios espirituales,
charlas, retiros, siempre que
necesité contrastar con él algunas
cuestiones fue muy accesible: su
presencia en nuestra diócesis en
puntuales ocasiones, en las que
siempre vino a trabajar, favoreció
que pudiera hablar con él de cre-
yente a creyente: ver la huella de
Dios ahí y su respuesta; fue
ayuda para sacar cuanta hoja-
rasca de distracción aparecía;
fue consejo y acogida.
Posteriormente, en momentos
de dificultad; es siempre un testi-
go de las vidas ajenas y de cómo
nos acercamos o alejamos de
Dios; es testimonio de creyente,
que, a pesar de lo vivido, jamás
Entrega de premio al niño ganador del concurso de dibujo. A la derecha, el Dr. Ramón Trujillo
Brindando con la Tuna de Económicas
“Fue ayuda
para sacar
cuanta hoja-
rasca de
distracción
aparecía”
18IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE
UN OBISPO DE
TODOS Y PARA
TODOS
T
uve el privilegio de
conocer y de admirar
bien de cerca a D
Damián – así lo llamamos siempre
- en los años que era obispo de
Tenerife, porque yo vivía en La
Laguna. Siempre me impresiona-
ron su cercanía, su sonrisa franca
y abierta, su sentido del humor y
sobre todo su celo pastoral y su
talante evangélico.
Hacía pocos días de su toma
de posesión y al preguntarle si
viviría en el Obispado, se sonrió,
con aquella su sonrisa tan agrada-
ble y me dijo “No hija, no, el obis-
pado es muy grande y yo soy muy
pequeño”. Nunca le faltó el senti-
do del humor.
Durante los años en que fue
obispo siempre fue muy cercano a
la gente, le gustaba la buena con-
versación y encontrarse con las
personas. Siempre tenía tiempo
para un saludo, una palabra
amable y recordaba a cada uno y
sus inquietudes. Un año nos diri-
gió unos Ejercicios en la
Residencia Nazaret de La
Laguna a un buen grupo de las
Misioneras Hijas de la Sagrada
Familia de Nazaret. Al terminar
una conferencia de la tarde, le
ofrecí acompañarlo en coche a su
casa porque había anochecido y
lloviznaba. Como siempre, se son-
rió y me dijo “Muchas gracias,
pero no. Un obispo ha de andar a
pie por su ciudad para que la
gente pueda acercarse, al obispa-
do van pocos”. Le gustaba estar
con la gente y la gente lo sabía.
Don Damián siempre me ha
parecido un santo sacerdote,
siempre dispuesto a servir a sus
fieles, un pastor de los que el
Papa Francisco ha definido con
“olor a oveja”. Estábamos en la
sacristía hablando con él, des-
pués de una hermosa celebración
litúrgica, cuando se acercó una
chica pidiéndole una bendición
especial para su padre, enfermo.
“No puede salir de casa – le dijo –
y lo que más siente es no poder
asistir a la Eucaristía. Vivimos
muy arriba de Pedro Álvarez y el
coche no llega bien hasta mi casa
y él no puede caminar”. .La res-
puesta de D Damián no se hizo
esperar. “¿Te va bien que el miér-
coles a las 11h vaya a tu casa a
celebrar la Eucaristía con tu
padre? “. Las lágrimas de gratitud
rodaron por las mejillas de aquella
muchacha que no podía creer lo
que le ofrecía D Damián. Los que
le escuchamos no sabíamos si
estábamos en Galilea a dos mil
años de distancia, tan evangélica
nos sonó la respuesta.
No se me olvidan sus escritos
dedicados a tantas y tan sugeren-
tes advocaciones de la Virgen.
Mucho tiempo he disfrutado de su
“Santa María de las tres manos”
entre otros.
Dios bendiga abundantemente
a su obispo, este obispo chiquito
de estatura y de una grandeza de
alma increíble. Gracias Don
Damián por todo el bien que ha
hecho y sigue haciendo.
vive en la acomodada posición del
«ya he llegado», sino que testimo-
nia para mí la mejor manera de
despojarse de ropajes de falacia y
de prepotencia y de revestirse con
una leve sonrisa y ligero de equi-
paje ser un creyente siempre
atento a la búsqueda de la volun-
tad de Dios en la vida: a pie des-
calzo, frente al Sagrario. Es invita-
ción a orar y a contrastar esas
ideas, esas mociones, esas intui-
ciones: orar, discernir sin precipi-
tación. Gracias Don Damián. A
veces he sentido que estamos en
deuda con usted: no enjuicio, no
juzgo; reflexiono.
Gracias por hacer de ésta una
diócesis abierta, gracias por creer
y confiar en un laicado al que exi-
gió y al que acompañó, gracias
por sus detalles de finura espiri-
tual al recodar qué sombras nos
entretienen en el camino. Gracias
por su credibilidad, gracias por no
tener jamás prisa al escuchar; gra-
cias por creer y por ayudar a
creer. Gracias porque de su lema
hizo y hace un estilo y un sello de
vida: gracias porque siendo el últi-
mo de todos siempre ayuda a
mirar a Aquél que nos escogió.
Dios lo bendiga.
Entrevista realizada por Zenaido Hdez.
en el nacimiento de “Diálogo Fe-Cultura”
-- CCeecciilliiaa CCoorrttaaccaannss --
((MMiissiioonneerraa ddee NNaazzaarreett))
Mi punto de vista
FELIZ CUMPLEAÑOS
Don Damián Iguacen Borau,
obispo de Tenerife de 1984
a 1991 y hoy, emérito. Tuve la suer-
te de que Dios me permitiera cono-
cerle. No lo recuerdo con exactitud,
pero llevé la administración de la
Escuela de Asistentes Sociales de
Tenerife ubicada en la santacrucera
calle de La Rosa, hasta su pase a
la Universidad de La Laguna.
Relevé en el cargo al Rvdo. Padre
Montoliú. Creo que fue entre 1986
y 1988. Tuve la primera conversa-
ción con Don Damián a los pocos
meses de asumir la administración
de la Escuela, en una de las reunio-
nes periódicas que las monjas tení-
an con el obispo para informarle de
la gestión y las conversaciones con
la Universidad, así como rendir
cuentas.
Don Damián entró en mi vida
cuando yo pasaba por momentos
de crisis en la Fe. Dios me puso en
su camino no solo para salvar esa
crisis, sino para que volviera a mis
orígenes. La bondad del obispo, su
cercanía, su sencillez, su saber
cómo llegar a mi corazón con La
Palabra, fue un impacto positivo tan
brutal en mí, que cada día en los
momentos de paz y tranquilidad
para orar, solo le daba a Dios las
gracias por haber conocido a Don
Damián.
Pasé algunas horas placenteras
de charla con él en el obispado y
otros lugares; me regaló algunos
de sus libros; leí más de dos y tres
veces uno: “Creí, por eso hablé”.
No recuerdo si me dedicó alguno,
posiblemente sí, pero los presté y
nunca los pude recuperar. Uno de
los suyos “Diálogos con Santa
María, Madre de Dios”, me lo rega-
ló el Rvdo. Paco Arteaga, Delegado
Episcopal de Cáritas por esas
fechas, con esta dedicatoria:
“Leonardo: Espero y deseo que
este librito de tu amigo D. Damián,
te ayude para que sigas enamora-
do de la Virgen. Un abrazo. Paco.
15-12-94”. Ya lo creo que me ayudó
y ¡cómo!. Aún me sigue ayudando,
no me canso de releerlo.
Tengo una anécdota con Paco
Arteaga. Mi querido amigo y com-
pañero Jesús Martín Ayuso, admi-
nistrador de Cáritas Diocesana de
Tenerife, lo solicitó el Rvdo. Antonio
Hernández para administrar
Proyecto Hombre Canarias. No
quería dejar desamparada a
Cáritas administrativamente
hablando, ni darle una negativa al
Padre Antonio. Me pidió si yo
podría hacerme cargo de “las cuen-
tas” de Cáritas, que solo me llevarí
an “un par de horas a la semana”.
Me reuní con Paco Arteaga y
Carmen Luisa (Subdelegado por
entonces y Directora de Cáritas)
iniciamos conversaciones. Dos
semanas más tarde ambos me
confirmaron que aceptaban me
hiciese cargo de la administración,
pero que debían proponérselo al
obispo, pues él es el que nombra al
Administrador Diocesano de
Cáritas, a propuesta del Director/a.
Paco Arteaga al día siguiente,
me llamó para que pasara por los
Servicios Generales de Cáritas. Me
entregó el nombramiento por el
obispo, diciéndome: “ya me podías
haber dicho que el obispo y tú os
conocéis de hace tiempo y me
hubieses ahorrado la preocupación
de si el obispo te aceptaba o no,
pues nosotros estábamos muy
interesados”.
Desde su cese, he podido estar
en alguna de sus charlas en
Tenerife, pocas la verdad, pues mis
obligaciones como Director de
Cáritas no me lo han permitido,
pero siempre está Don Damián en
mi recuerdo y entre las personas
por las que en mis oraciones dia-
rias, pido al Padre le siga bendi-
ciendo cada día.
Muchas felicidades, Don
Damián, por sus cien años y
muchas gracias por lo que me
ha dado y me sigue dando.
Usted me enseñó a “leer e inter-
pretar” el Evangelio, lo que
Jesús quería decir con sus pala-
bras. Y hoy, solo hago eso en la
misión encomendada: aplicar las
enseñanzas de Jesús.
Muchas gracias a Dios y a usted.
Por Leonardo Ruiz del Castillo
Director de CÁRITAS DIOCESANA
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  • 1. IglesiaNivariense Diócesis de Tenerife Nº 157 Febrero 2016 1 €
  • 2.
  • 3. GRACIAS DON DAMIÁN. ¡FELICIDADES! Iglesia Nivariense Publicación de la diócesis de Tenerife C/. San Agustín, 28. 38201 La Laguna, Tenerife. Febrero de 2016. Nº 157 Dirección: Antonio Pérez Morales Jefe de Redacción: Carlos Pérez Redacción: Carlos Pérez Antonio Pérez Colaboradores: Leonardo Ruiz del Castillo Elsa María Ávila Cecilia Cortacans Fotografía: Toni Cedrés Alfredo Miguel León Pérez Jesús Robles Carlos Pérez Edita: Obispado de San Cristóbal de La Laguna Fotomecánica e impresión: Gráficas Sabater IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE D. Damián cumple 100 años. Era yo párroco de Tazacorte y la víspera de San Miguel, el 28 de Septiembre de 1984, participé en la Catedral de La Laguna en la celebración de entrada de D. Damián como obispo de nuestra Diócesis Nivariense. Unos días después, en su vista al arciprestazgo de los Llanos de Aridane, le escuché por pri- mera vez aquello de: por ser obispo, ustedes me dicen "excelentísimo y reverendísimo", pero yo sólo seré "excelen- tísimo señor" si soy un excelente cristiano. Era su tarjeta de presentación y un aviso para todos. Detrás de este pensa- miento, está la personalidad de quien tiene como lema epis- copal "El último de todos y el servidor de todos". Desde esa fecha de llegada a nuestra Diócesis, hasta su despedida en julio de 1991, y aún después en su tiempo de Obispo Emérito, quienes le hemos conocido y tratado, podemos decir con satisfacción y orgullo que, "disfru- tamos de D. Damián". Sí, todos los diocesanos de Tenerife, La Palma, La Gomera y El hierro, disfrutamos con nuestro obispo Damián. Disfrutamos de su estilo de vida humilde y austero, marcado por la cercanía y trato personal con todos. Disfrutamos de sus palabras sencillas y, a la vez, directas, profundas y estimulan- tes. Disfrutamos de sus acertados consejos y orientaciones, siempre marcados por la esperanza. Yo, perso- nalmente, he disfrutado de su confianza y apoyo, muy por encima de mis cualidades y merecimientos. Disfrutamos de sus iniciativas y visión de futuro que, plasmadas en decisiones de gobierno, articularon la vida de la diócesis e impulsaron la educación en la fe de los fieles y su participación de la vida de la iglesia, así como el compromiso de los cristianos en la vida social. Disfrutamos de su capacidad para reconocer y valorar lo bueno de las personas, aun conociendo sus debilidades. Disfrutamos de su pro- fundo sentido de "la disponibilidad", virtud que nos enseñó y practicó con excelen- cia. Disfrutamos de su amabilidad y paciencia con todos, sin que por ello dejara de corregirnos cuando era necesario. Disfrutamos de sus sabrosos "Diálogos con Santa María", comenzando por aquel sorprendente título de "Santa María del Buen Humor" y siguiendo por otros, también llamativos, como "Santa María de las tres manos". Cuando un servidor fue nombrado obispo de esta Diócesis, D. Damián me hizo el honor de componer un diálogo con "Santa María del Buen Consejo", mi devoción personal de la Virgen. Diálogos con la Virgen que D. Damián ha continuado ofreciéndonos hasta hoy como Felicitación de Navidad. Sí. Hemos disfrutado de D. Damián como se disfruta de las cosas buenas que llenan el alma y dejan huella. Y esto, me consta, lo comparten conmigo aquellas diócesis que presidió D. Damián antes que la nuestra, Barbastro y Teruel- Albarrracín. Así como, los miles de personas que, a lo largo de sus 25 años como Obispo Emérito, han participado en sus continuas tandas de Ejercicios Espirituales por toda España y algunos países de América. Por todo ello, al cumplirse los 100 años de su nacimiento, no podemos menos que dar gracias a Dios por todos los dones que nos ha concedido por medio de la vida y el ministerio del Excelentísimo y Reverendísimo cristiano, D. Damián Iguacen Borau. Le felicitamos por su centenario y nos felicitamos nosotros por haberle conocido y disfrutado de su persona, por haber convivido con una perso- na amable, generosa y benevolente, por haber disfrutado de "un hombre santo". † Bernardo Álvarez Obispo Nivariense
  • 4. IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE 4 EL ÚLTIMO DE TODOS M ons. D. Damián Iguacen Borau nació el 12 de febrero de 1916 en Fuencalderas, Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Huesca. CARGOS PASTORALES Párroco en diversas parroquias en la diócesis de Huesca de 1941 a 1944 vicerrector del Seminario de Huesca de 1944 a 1948. Fue con- siliario de Jóvenes y Mujeres de Acción Católica entre 1950-1969. De 1955 a 1969 fue párroco de San Lorenzo de Huesca entre los años 1955-1969. Recibió el encargo como Administrador Apostólico de Huesca en 1969 y fue nombrado Obispo de Barbastro el 11 de octu- bre de 1970 hasta que en 1974 fue llamado a la diócesis de Teruel. En 1984 fue nombrado Obispo de Tenerife, cargo que desempeñó hasta el 12 de junio de 1991, cuan- do la Santa Sede aceptó su renun- cia y pasó a ser emérito. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia de 1972 a 1981. Por otro lado, de 1984 a 1993 presidió la Comisión de Patrimonio Cultural. En el trienio de 1975-1978 formó parte de la Comisión para la Vida Religiosa; de nuevo fue miem- bro de ella de 1981 a 1984. A su edad, Damián Iguacen, es uno de los obispos más longevos de la Iglesia Católica. En 2011, al preguntarle cómo se sentía ante su próximo cumpleaños respondía brevemente: “Es una gracia de Dios que no sé cómo agrade- cérsela más que ponién- dome enteramente a su servicio”. Los recuerdos perviven en la mente de monseñor Iguacen con una nitidez asombrosa. Es capaz de rememorar su vida deteniéndo- se en los detalles y conectando sus experiencias siempre a la luz de Cristo. Su ordenación como sacer- dote es, sin lugar a dudas, uno de estos recuerdos grabados a fuego. “Después de mi bautismo, conside- ro que ha sido el día más grande de mi vida. Que el Señor se fije en uno para ser ministro de su Evangelio te confiere otra entidad. Es algo muy grande”. El prelado emérito ha escrito varios comentarios sobre advoca- ciones marianas. Algunos de ellos han sido reeditados debido a la gran aceptación que han tenido. Así ocurrió, por ejemplo, con dos pequeños comentarios sobre las advocaciones marianas de Santa María del Buen Humor y Nuestra Señora del Silencio. En ellos, el obispo emérito de la Diócesis Nivariense, hizo hincapié, por un lado, en la importancia que tiene para el cristiano afrontar la vida sin acritud y, por otro lado, la necesi- dad de hacer silencio para encon- trarse con uno mismo y con Dios. “Un cristiano no puede estar de mal humor, encarando todo desde el mal genio y desde el pesimismo porque Jesús dice: ‘Confiad hijos míos, yo he vencido al mundo.’ Por lo tanto, si ese mundo enemigo del Señor, del bien, de la justicia, está vencido, es que no tiene futuro. Este convencimiento es el que nos debería reportar el buen humor. No significa, sin embargo, que las cosas no nos importen, sino que ningún suceso es definitivo”, indicó Iguacen. “Cumplir años es una gracia de Dios que no sé cómo agrade- cérsela más que poniéndome entera- mente a su servicio”
  • 5. 5 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE En cuanto al silencio don Damián suele señalar que este aspecto lo relacionamos habitual- mente, de forma equivocada, con no hablar. “El silencio es saber hablar a su tiempo” –matiza. “Es importantísimo guardar silencio para hablar cuando se debe y sabiendo lo que se dice”. En otra ocasión, Damián Iguacen durante una entrevista afirmó que se consideraba un gran optimista. “Gracias a Dios lo soy. El creyente, necesariamente, tiene que ser optimista. Tiene que ver lo bueno que hay y lo malo que hay convertido en bueno por- que el mal no es una fatalidad, lo podemos eliminar con el bien”. “Nuestro tiempo es éste. El presente, porque el futuro tampo- co está en nuestras manos. El plan de Dios quiere que aquí, ahora, y con estos, seamos bue- nos y hagamos todo el bien que podamos. En vez de criticar el mal deberíamos ver qué pode- mos hacer nosotros para reme- diarlo. El Señor nos lo recuerda ‘mi corazón triunfará’. “Nuestro tiempo es éste. El plan de Dios quiere que aquí, ahora, y con estos, seamos buenos y hagamos todo el bien que podamos” ESA MIRADA, AQUELLAS MANOS -- CCaarrmmeelloo PPéérreezz -- E l obispo Damián aún lee la vida con los mis- mos ojos con que nos miraba a nosotros, esos que tan entrenados están en abrazar a la gente desde dentro. A menudo dicen que cuando te habla es como si para él no existiera nadie más que tú. No estoy de acuerdo. Lo que sucede en realidad es que te mira como Dios te ve, busca mirarte como lo hace Dios. Ocurre que en tus palabras, en tus gestos, en los dolores que emergen desde los abismos de tu vida… en todos esos adentros el obispo Damián sabe intuir la historia del encuen- tro entre Dios y cada hombre. Y por eso, esa mirada. Él sabe que pisa terreno sagrado cada vez que un hombre busca refugio en sus ojos. Tiene claro, a veces mucho más que quien acude a él, que es a Dios a quien añora realmente el que reniega del sol de cada mañana. Por eso acaricia con su respues- ta, prolongando así aquel abrazo del Día Primero y ese otro de la Noche Santa en que Dios se arropó con nuestra carne. Y luego están aquellas manos. Las manos del obispo Damián son expertas en perife- rias. Las recorrió todas cuando echó raíces en nuestras islas. Y aquellas manos suyas alcanza- ron también todas las periferias del corazón de los hombres. Existenciales las llaman ahora. Dolor, soledad, incomprensión, abandono, sinsentido, margina- ción… las hemos conocido desde siempre. Esos ojos y aquellas manos no se han marchitado en cien años. No hay secretos, sino la pasión con que el anciano obispo Damián busca el rostro del Dios bueno que le enseñó a leer la verdad de cada historia.
  • 6. IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE 6 BBiibblliiooggrraaffííaa AALLGGUUNNOOSS EESSTTUUDDIIOOSS YY LLIIBBRROOSS SSOOBBRREE EELL PPAATTRRIIMMOONNIIOO HHIISSTTÓÓRRIICCOO:: Una visita a la catacumba zaragozana, Impr. Folios 1954 Preces Laurentinas, 1964 La Basílica de S. Lorenzo de Huesca, 1969 Fuencalderas, 1979 El patrimonio cultural de la Iglesia en España, La Editorial Católica 1982 La Iglesia y Su Patrimonio Cultural, Edice Madrid 1984 Directorio del Patrimonio Cultural de la Iglesia, Boletín Oficial del Obispado de Tenerife 1987 La ruta "Virgen de Candelaria": tradición, mensaje, compromiso : exhortación pasto- ral, Obispado de Tenerife 1990 Diccionario del patrimonio cultural de la iglesia, Encuentro Ediciones Madrid 1991 El arte en la liturgia (Band 47 von Cuadernos Phase), Centre de Pastoral Litúrgica 1993 Diálogos con Santa María, madre de Dios, Producciones Gráficas 1994 El Venerable Francisco Ferrer y los Operarios Misionistas: un grano de trigo caído en tierra 1997 Incondicionalidad (Band 105 von Vida y misión), Edibesa 2004 Pila bautismal de la igle- sia de Fuencalderas donde fue bautizado D. Damián Iguacen. Iglesia parroquial de Fuencalderas. El templo se terminó en 1599. La torre fue objeto de sucesivas reformas. Con ocasión de haber sido nombrado hijo predilecto de Fuencalderas, y hermano mayor perpetuo de la Cofradía de San Miguel, t u v o lugar una gran fiesta el día 13 de agosto de 1 9 7 2 .
  • 7. 7 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE “NOTODOLOHE HECHOBIEN, PERO CON MALICIA PUEDO DECIRQUENOHE HECHONADA” E n una reciente entrevista realizada a D. Damián Iguacen por la compañe- ra delegada de medios de comuni- cación de la Diócesis de Huesca, Lara Acerete Halli, el obispo eméri- to repasó con brillante lucidez sus recuerdos de infancia, su vocación, sus desvelos pastorales y su paso por nuestra diócesis. En las primeras palabras pro- nunciadas por D. Damián en la entrevista ya sacaba a relucir su buen sentido del humor: "Sí, efecti- vamente, voy a cumplir los prime- ros cien años", indicó. D. Damián marchó a Comillas en 1936. En plena guerra civil, con 19 años fue telegrafista en primera línea. Durante la contienda fue herido en la cara y al finalizar la guerra volvió a Huesca. El 7 de junio de 1941 fue ordenado sacer- dote. "Mis primeros destinos como párroco fueron Ibieca, Aguas Claras, Liesa, Panzano y Santa Cilia. Allí estuve muy bien. Luego me llevaron al Seminario Superior trabajando pastoralmente junto al famoso rector de entonces. Estuve con él, me parece que 4 años. No era quizás el lugar donde yo me encontrara más cómodo, aunque estaba muy bien". Iguacen ejerció como vicerrec- tor del Seminario y profesor de Sagrada Teología Ascética, Mística y Pastoral desde 1944 hasta 1948. "Fue estando en el Seminario cuando empecé a dar ejercicios espirituales. Conocí a gente estu- penda. En aquella época hicimos unas experiencias muy buenas que repercutieron en toda España en relación, por ejemplo, a la aten- ción de enfermos. En este campo hice todo lo que supe y pude. Atendíamos sobre todo a los que estaban exiliados. Después de la guerra hubo represa- lias y había que auxiliar a los que lo necesitaban". El hecho de haber sido párroco de S a n L o r e n z o , p a t r ó n de Huesca, significó mucho para Iguacen. "El Señor me dio muchas posibilidades ahí de atender a la gente. Una de las cosas que más éxito tuvo fue la preparación al matrimonio. En España empezó a ser novedad los cursillos prematri- moniales. Pronto se extendieron y hoy día son obligatorios. De esta época tengo experiencias muy hermosas. Dábamos ejercicios a matrimonios y me llamaban de muchas diócesis. Esa ha sido siempre una de mis ocupaciones principales. Dando ejercicios he estado en Cuba, en Argentina, Brasil, Francia, Italia..." Igacen recordó cuando le comu- nicaron su traslado como obispo a la Diócesis de Tenerife. "Estaba dando unos ejercicios a jóvenes en verano cuando se presentó el nun- cio. Al verlo le dije 'Señor Nuncio, usted por aquí...' Y él me respondió sonriendo: 'Es que le persigo'. Luego me comentó la decisión de que el Santo Padre me traslada- ba de Teruel a Tenerife. Y yo le contesté: 'Pues a Tenerife pues'. El obispo emérito relató que algunos se tomaron aquella deci- sión con cierta sorna. "Como yo había trabajado mucho en el tema de los límites en el proble- ma entre Barbastro y Lérida, algunos me decían: 'Lo mandan a Tenerife como castigo por lo que ha hecho con Cataluña'. Y cuan- do llegué a la isla, los periodistas comentaban: 'Ya sabemos que viene por castigo', a lo que yo contestaba: '¡Uy! ¡Pero si venir a las Islas Afortunadas castigado es una gracia! En la diócesis de Tenerife estuve muy bien. También tuve que ir a Cuba, un mes, para dar ejercicios. Era un tiempo muy difícil para este país. EENNTTRREEVVIISSTTAA
  • 8. IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE 8 A los ejercicios no vino el presiden- te pero vinieron muchos jóvenes", expresó Iguacen con ironía. Los recuerdos que posee este obispo centenario de nuestra dió- cesis son muy buenos y su labor la narra utilizando siempre el plural. "Hicimos una labor muy importan- te, no cabe duda. A veces me piden que regrese y yo tengo tam- bién mis añoranzas, como es nor- mal, porque fueron unos años ver- daderamente importantes. Parece que por allí me siguen queriendo y eso yo lo valoro mucho. En Tenerife iniciamos una cosa que no se conocía. Un modo nuevo de trabajar el apostolado con jóvenes y su dimensión vocacional hacia el matrimonio". Otro ámbito en el que Iguacen hizo mucho hincapié fue en el tema de la conservación del Patrimonio Cultural. "En ocasiones veía que no se le daba la suficien- te relevancia y no sé por qué, yo tenía una sensibilidad especial para este campo. Se constituyó una comisión específica para patri- monio con el fin, no solo de cuidar- lo sino hacer de él un medio de evangelización. Lo que se preten- día era que quienes se acercaran a una obra religiosa recibieran el mensaje. Es decir, que la persona no se quedara solo en la belleza estética de la obra, sino que se sintiera evangelizada con el men- saje que hubiera detrás. Este tema me gustaría que se tomara con más garra. En el arte hay muchos mensajes positivos y espirituales que deberíamos potenciar. No se crea arte por crear, sino para anunciar el evangelio desde la belleza. Todo eso que nos gusta y nos agrada tiene una trascenden- cia, nos lleva a Dios". Por último, al ser preguntado por el balance que haría de su vida pastoral, Iguacen respondía: "No tengo palabras para dar gracias al Señor porque desde luego no sé por qué puso en mí esa ilusión de ser sacerdote. A través del sacerdocio he podido anunciar a Dios, he ayudado a la salvación de las personas, he hecho feli- ces a la gente con la que he tra- tado, he podido conocer a muchos...Esa ha sido un poco mi línea. He sido un pecador, sé que no todo lo he hecho bien, pero con malicia puedo decir que no he hecho nada". Casa natal de D.Damián en Fuencalderas Iglesia parroquial de Liesa Cuadro de S.Lorenzo(sacristía de la iglesia) Los obispos Felipe Fernández, Bernardo Álvarez y Damián Iguacen en la consagración de la capilla de Chinguaro
  • 9. 9 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE --- PASIÓN POR LA MISIÓN --- -- DDoommiinnggoo NNaavvaarrrroo -- “Llegaron unos misioneros franciscanos de Sangüesa a mi pueblo (Fuencalderas). Tenía aproximada- mente 8-9 años. Yo ya hacía proce- siones y predicaba. El testimonio de aquellos me ilusionó. Empecé a caminar porque quería ser misio- nero. Un pastor me preguntó: ¿Dónde vas? Yo le contesté: a China o África”. Y predicó incansa- blemente el Evangelio, queriendo llevar, a los más, a Cristo. ¡Cuánto bien nos ha hecho Dios en su persona y su ministe- rio!. “Creí por eso hablé” es el títu- lo, tomado del apóstol Pablo, del libro que recogía parte de su pre- dicación y escritos, como pastor de nuestra Diócesis de Tenerife. ¡Cuánto bien nos ha hecho su palabra siempre cercana, su pre- dicación, sus homilías, sus medi- taciones, sus Ejercicios espiritua- les, sus escritos!. Tengo la certeza de que le seguimos escuchando con mucha atención porque, ade- más de como maestro, le hemos experimentado como verdadero testigo. ¡Quien arde, necesaria- mente enciende! ¡Gracias, D. Damián, por el tes- timonio de su fe, profunda, patente, viva. Por su calor humano, por su testimonio orante y por “oler” a Evangelio “sin glosa”!. ¡Gracias por su sencillez, austeridad y humildad de vida! ¡Gracias por llevarnos más a Cristo, por ayudarnos a vivir apa- sionadamente, incansablemente, nuestro sacerdocio! ¡Gracias, D. Damián, por su pasión misionera! Siempre, como instrumento en manos del Señor, centrado en la predicación y el anuncio de Jesucristo y su evan- gelio, convenciendo porque lo siente y vive. Una vez nos dijo, que para evangelizar hoy, eran necesarias, entre otras, cuatro actitudes: trans- parencia, unidad, ultimidad e incondicionalidad. La transparen- cia de la luz que arde y alumbra, la luz del testigo que vive y proclama sin miedo el Evangelio, luz de un amor desarmado, sin trastiendas, sin reticencias. Unidad, porque desde la división, la dispersión y la desunión, no se puede anunciar a Cristo. Libres del veneno de la dis- cordia. “Nos congregó en unidad el amor de Cristo”. Ultimidad, que nos invita a entrar en la lógica de los últimos lugares, de lo menos apetecible y vistoso, de los medios “pobres” como la humildad, el diá- logo, la amabilidad, el respeto, el amor desarmado, creyendo firme- mente en su eficacia. Ultimidad que es una opción radical por las bienaventuranzas, que nos hace pobres, mansos, sufridos, limpios de corazón y de mirada. Que nos pone más cerca de los últimos, para el mejor servicio de los más necesitados. Ultimidad que nos recuerda: lo importante no somos nosotros, sino el Señor. Finalmente, la incondicionalidad. Incondicionalidad para la Iglesia. Evangelizar no es un acto indivi- dual y aislado, sino profundamente eclesial (EN). Que no pone repa- ros, requisitos previos, condicio- nes cuando se trata de obedecer a la Santa Iglesia. Dice más bien, con plena conciencia y entera libertad de corazón, “Aquí estoy; envíame”. Respetando, valorando, agradeciendo, admirando los diversos modos de trabajar por la Iglesia. Disponibles para donde sea necesario, para hacer lo que convenga, o lo que digan los que tienen la autoridad en la Iglesia. Es desapropiación, es oblación, es reparación que empuja al compro- miso, al trabajo, a la acción, poniendo el alma en tensión apos- tólica, preguntándose siempre: ¿Qué quieres que haga, Señor? D. Damián, gracias por anunciar con el lenguaje inseparable de los gestos con las palabras y las pala- bras con los gestos. ¡Me acuerdo tanto de usted! cuando Francisco nos invita a una impostergable con- versión personal y pastoral, al servi- cio del mayor desafío de la Iglesia, hoy: la transformación misionera. Cuando nos invita a una nueva etapa evangelizadora llena de fer- vor y dinamismo, que ponga como prioridad, en todo, el anuncio. Y, doy gracias a Dios, por ser como es: hombre de Dios, verdadero cristiano y sacerdote, buen pastor, en todo, pasión por la misión.
  • 10. 10 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE “ CONSERVO SUMIRADAAMOROSA Y RETENGO SU VOZ COMO UN TESORO PARA MI VIDA ” OOLLGGAA MMAARRÍÍAA AALLEEGGRREE (Decana de la Facultad de Educación.ULL) Olga María Alegre de la Rosa es Doctora en Psicología, Catedrática de Didáctica e Investigación Educativa y Decana de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna. Además, Alegre es la autora del libro "El último de todos. Perfil de un hombre de Iglesia". Un extenso trabajo que profundiza en la persona del obispo emérito de Tenerife. P.-¿Cómo describiría a D. Damián Iguacen? R.- Como el hombre de Iglesia que eli- gió como lema de su vida ser “El últi- mo de todos y el servidor de todos”. P.- Usted ha tenido la oportuni- dad de conocerlo bien, como ha quedado reflejado en su libro “Él último de todos”. ¿Qué supuso para usted este trabajo? R.- Escribir un libro dedicado a des- granar la persona de D. Damián Iguacen Borau fue una gran oportu- nidad espiritual para mí, como si recibiera una catequesis o hiciera ejercicios espirituales. A más le fui conociendo en los distintos ángulos de su rica personalidad a través del estudio de miles de documentos analizados como cartas pastorales, escritos, homilías y publicaciones, desde su estancia en Teruel, con el aporte de las entrevistas a perso- nas que lo conocen, o con el análisis psicológico que rea- licé en profundidad, me daba cuenta que entraba como de puntillas en un templo o quién contempla un bello paisaje con asombro. P.- Si tuviera que quedarse con una faceta de este obispo, ¿con cuál sería? ¿D. Damián sacerdo- te, D. Damián escritor, D. Damián espiritual, humano, intelectual, servicial…? R.- Damián Pastor. Es el Pastor que convence porque amó primero. Es el Pastor preocupado por la unión del rebaño. Es el Pastor incondicio- nal, no es jefe, sino pastor. No se ha bajado nunca de la Cruz. Su cami- no diario es el de la reflexión, el silencio y la oración. Me repitió muchas veces la frase de S. Ireneo Pastor que él tanto admira: “que en nuestra religión no hay nada por encima del Amor”. La verdadera autoridad de Damián Pastor es su amor y su humildad, que no es debilidad, sino auténtica fortaleza. P.- ¿Cuál cree que puede ser la razón de que haya vivido tanto tiempo conservando su lucidez tan bien? R.- Porque Dios lo sigue necesitan- do para nosotros. Dios nos ama tanto que nos lo sigue regalando y entregando. Herida de guerra en hombre de paz. Radiotelegrafista en primera línea de soldado y tele- grafista en primera línea de Pastor. Su naturaleza biológica le ayuda, comida frugal, mucho movimiento, lectura diaria y hacer crucigramas. El amor de Dios se derramó con regalarnos a su Hijo Jesucristo, pero con D. Damián, su siervo, nos entregó una esponja llena de agua fresca que a más la han apretado, más agua ha derramado entregan- do la vida por sus ovejas. P.- De los aspectos que siempre ha destacado D. Damián en los ámbitos eclesial, familiar, huma- no, caritativo, etc., ¿cuáles cree que aún están por lograr? R.- Sin dudarlo ni un momento: 1) Hacer realidad el Himno de la Caridad que D. Damián reza tres veces al día, 2) Hacer realidad la Ruta Virgen de Candelaria, es una vergüenza que la Patrona de Canarias no tenga, como se mere- ce, por no haber existido impulso político, social, ni religioso esa Ruta de Peregrinación bien trazada y señalizando el itinerario, restau- rando y dignificando esos lugares históricos, culturales y religiosos y
  • 11. 11 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE planificando visitas y peregrinacio- nes a esos lugares de tanta impor- tancia y que en este Año de la Misericordia tendría que tener especial atención e impulso y 3) Hacer realidad las Preguntas clave que me hizo D. Damián al final de una de las entrevistas: ¿La dió- cesis de Tenerife es sacramento universal de salvación para cuantos habitan en nuestras islas? ¿Nuestra vida es apta para anunciar ahora y aquí el Evangelio de Cristo? P.- ¿Qué visión tiene D. Damián en torno al patrimonio cultural de la Iglesia? R.- Es un lenguaje, un medio pas- toral. Dios es la belleza y en el mal siempre hay fealdad. Los bienes del Patrimonio histórico artístico de la Iglesia proceden de la fe, expre- san la fe de las comunidades que nos han precedido y nutren la fe. Para D. Damián es preciso saber entender su lenguaje y su pedago- gía. Son un modo excelente de evangelización. Él dijo hace años y sigue siendo actual: “Conservemos el Patrimonio legado por nuestros antepasados, dignifiquemos los lugares de culto, los utensilios y objetos sagrados, cultivemos el gusto y la sensibilidad artística y hagamos del arte un medio de evangelización”. P.- ¿Qué anécdotas recuerda de su relación con D. Damián? R.- No las puedo llamar anécdotas, más bien fueron momentos espiri- tuales de sentir el amor de Dios por medio de mi Pastor. Recuerdo cómo se divertía como un niño haciendo los test psicológicos, en la entrevista diciéndome que no le hiciera preguntas difíciles y las lar- gas conversaciones profundas pero siempre con chispa, con humor y risa. Dócil, bromeando con las preguntas difíciles de los test de inteligencia y personalidad. En el libro presento su perfil de hombre inteligente, creativo, libre e inde- pendiente, personalidad integrada, no le interesan los halagos, presu- roso, espíritu del Magníficat, espíri- tu del Concilio. Conservo su mirada amorosa con su brazo en el mío y retengo su voz como un tesoro para mi vida. Aprendí con D. Damián que jamás puedo estar frustrada, ni fracasada. Si amo y vivo el amor, es imposible. En su entrada a la Diócesis de Tenerife dijo: “Aquí estoy, en medio de vos- otros, como el último de todos y el servidor de todos”. Ante eso, toda persona de buena voluntad, no puede más que quitarse el sombre- ro y dar gracias a Dios por amarnos en la persona grandiosa del Buen Pastor Damián Iguacen Borau.
  • 12. IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE 12 D.DAMIÁN Y EL PATRIMONIOCULTURAL -- MMiigguueell ÁÁnnggeell NNaavvaarrrroo -- (Director del Archivo Histórico Diocesano) En el año 1979, después de haberse firmado los Acuerdos Iglesia Estado, se cons- tituyó la Comisión Negociadora para el Patrimonio Cultural de la Iglesia, presidida por el entonces Cardenal Tarancón y nuestro obis- po emérito como uno de los dos componentes de la misma. Para él no era novedoso el tema, ya antes, D. Damián estuvo en el grupo redactor de un documento fundamental para la conservación y organización de los archivos de titularidad eclesiástica; ese documento de 1976, ha permiti- do una moderna concepción y más profesional gestión de los fondos archivísticos. Nuestra Diócesis asumiría esta decisión de la Plenaria de la Conferencia Episcopal nueve años después, en 1984 por decre- to episcopal del 18 de diciembre, junto a otros de carácter artístico y cultural, todavía válidos hoy en día. En ese momento , llevaba D. Damián en la Diócesis solo tres meses, y unos cuantos más como prsdente de la recién creada Comisión Episcopal del Patrimonio Cultural de la Iglesia, en la cual permanecería hasta 1993, sobrepasán- dose, a pesar de ser emérito, en dos años por petición de todos sus hermanos en el episcopado. Si D. Damián se convirtió en referente sobre temas de patrimo- nio cultural de la Iglesia, se debió a su visión sobre el patrimonio, el cual siempre consideró como la expresión de fe del pueblo creyen- te. Encontrando en el arte y los archivos un extraordinario instru- mento para la nueva evangeliza- ción, y también como medio peda- gógico para el crecimiento de fe de los creyentes. En la Conferencia Episcopal, ayudó a sus hermanos obispos a tomar conciencia del importantísimo valor del acervo cultural del pue- blo creyente. Empezó a organizar las jorna- das de patrimonio, así como fun- dar un taller de restauración del Episcopado Español al servicio de toda la Iglesia, también, publicaría diversas obras que hoy son refe- rentes para comprender el signifi- cado de nuestro patrimonio reli- gioso; en este sentido, destaca- mos especialmente su Diccionario del patrimonio cultu- ral de la Iglesia, de un valor bibliográfico imprescindible para todos los estudiosos de la histo- ria del arte sacro. Al llegar a nuestra Diócesis, creaba la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural, aprove- chando cualquier ocasión para educar al mismo clero en la impor- tancia de la verdadera restaura- ción frente a la mala praxis de repintar que imperaba en nuestras islas, así como a tomar conciencia de su importancia cultural, pasto- ral y cultural. También, puso las bases para un futuro Archivo Histórico Diocesano, creando la colección de microfilm de los libros sacramentales de todas las parroquias, y dando acceso a ello dentro de las dependencias del mismo Obispado. Para ello, conta- ría con la inestimable cooperación del sacerdote D. Julio González Sánchez que realizó toda la micro- filmación y atención del público que lo requería. El desarrollo de la preservación y puesta en valor educativo del patrimonio cultural de la Iglesia Española, y la diocesana en particu- lar, no estaría en el lugar en que nos hallamos sin las bases inestimables que D. Damián supo construir. “Si D. Damián se con- virtió en referente sobre temas de patri- monio cultural de la Iglesia, se debió a su visión sobre el patri- monio, el cual siem- pre consideró como la expresión de fe del pueblo creyente”
  • 13. 13 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE UNHOMBREBUENO -- MMaauurriicciioo GGoonnzzáálleezz GGoonnzzáálleezz -- (Vicario Gral. en la época de D.Damián) Los sentimientos de alegría, admiración y gratitud unen los corazones de los fieles de nuestra Diócesis al poder felicitar en estos momentos a D. Damián Iguacen, Obispo emérito de nues- tra Diócesis, al cumplir los cien años de su nacimiento. Cien años, ¡un siglo! - son un amplio espacio para contar y can- tar muchas cosas en la vida de un hombre bueno. Estos años han sido un escenario de grandes acontecimientos y de profundas transformaciones mundiales, nacionales, eclesiales, y sociales, y en ese escenario ha encarnado D. Damián su papel humano, cristiano, sacerdotal y pastoral en la Iglesia. Querer trazar una sem- blanza o resaltar algún aspecto de su vida larga y hermosa resul- ta una trivialidad. ¿Qué puede manifestarse que ya no se conoz- ca? ¿Qué podemos resaltar que no se haya aplaudido? ¿Qué podemos comunicar que no haya- mos ya experimentado? Me viene a la mente aquello que el poeta R. Tagore pone en boca de una fuente: "Aunque una gota de mi agua me basta para calmar la sed del caminante, ¡con que alegría se la doy toda!" En efecto, D. Damián no ha hecho de su vida un conjunto de servi- cios, sino una donación de su persona. Se entrega a cada uno en su humildad, su alegría y su ministerio. De D. Damián no tenemos conocimiento, tenemos experiencia. Por eso hablo desde mi expe- riencia. Doy gracias a Dios- y a D. Damián- haber vivido el ministerio cerca de él en esos años de su episcopado en esta Diócesis. Lo conocí por primera vez en los días en que vino a predicar el quinario del Santísimo Cristo de La Laguna. Un tiempo después, cuando el Santo Padre aceptó la renuncia del obispo D. Luis Franco Cascón a su ministerio en esta Diócesis, se hablaba en algu- nos momentos de los posibles y convenientes sucesores en la sede Nivariense. Recuerdo que en uno de esos diálogos entre amigos, manifesté que a la Diócesis le vendría bien un obispo "algo así como D. Damián, el obis- po de Teruel". Cual no sería después mi sor- presa y alegría cuando llegó la noticia del nombramiento del nuevo obispo de Tenerife. No era "alguien así como D. Damián", sino D. Damián en persona, quien daba el gran salto geográfico desde Aragón a las Islas Canarias. Tan pronto como nuestro Obispo hizo su entrada en la Diócesis, determinó hacerse inmediatamente presente en cada una de las restantes islas. Fueron unos viajes relámpago, pero muy significativos. Los encuentros fue- ron unos flash fotográficos que hicieron el retrato de D. Damián. Enseguida fue a la isla de La Gomera. Pocos días atrás había tenido lugar el trágico incendio en los montes de los Roques de Agando. Ya en San Sebastián, visitamos con el párroco D. Prudencio Redondo, la casa de una familia que había perdido un hijo en el incendio. Recuerdo viva- mente aquel encuentro. Aquel silencio inicial compartido, las dolorosas palabras y lágrimas de los familiares y las cariñosas, sen- tidas y alentadoras manifestacio- nes de D. Damián expresadas en su rostro y en sus palabras. Después fue a La Palma. El Sr. Obispo quiso llegar hasta Garafía para visitar allí el peque- ño hogar de ancianos que lleva- ban las Hijas de la Caridad en el barrio de Franceses. Nos condu- cía en su coche D. Pablo Álvarez, párroco de Garafía. En un deter- minado lugar nos detuvimos y bajamos para disfrutar un momento de aquel paisaje de ver- des y vetustos pinares. Entonces nos alcanzó un camión que lleva- ba detrás a un grupo jóvenes tra- bajadores. Bajaron un momento del camión para saludar al nuevo Obispo. Uno de aquellos chicos al subir de nuevo al camión invitó medio en broma a D. Damián a “En un diálogo entre amigos, manifesté que a la Diócesis le vendría bien un obispo "algo así como D. Damián, el obispo de Teruel"
  • 14. 14 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE “DADOR” DE PAZ Y CONSUELO -- GGeerraarrddoo SSoolleerr -- ( Deán del Cabildo Catedral de Lleida) B endigo al Señor por- que muchas veces, a lo largo de mi vida de presbítero diocesano he podido experimentar consuelo y paz viendo, escuchando, hablando con D. Damián. Cuando era párroco de San Lorenzo de Huesca le conocí. Siendo obispo de Barbastro participé en algunos retiros espiri- tuales que daba a los sacerdotes. Él hizo que fuese a dar ejercicios espirituales a los sacer- dotes de Tenerife. Pero el trato más intenso con él ha sido y es en su residencia de Huesca. En la primera tanda de ejerci- cios espirituales a los sacerdotes de Tenerife me encontré un grupo de sacerdotes jóvenes que parti- cipó muy bien. Y en el diálogo personal les preguntaba: Y tú ¿por qué has querido ser sacer- dote? Y la respuesta de cada uno de ellos era: D. Damián. Su ilu- sión, su espíritu de trabajo, su bondad, su alegría, los ánimos que daba, el “saltar de isla a isla”, como me decían algunos. Y en estos años de su residen- cia en Huesca, el trato personal o por teléfono ha sido muy frecuente. Quizás es un don de Dios que el Señor le ha hecho a D. Damián, pero siempre el hablar o estar con él, ha sido un momento pacificador que subiera con ellos. Sin pensarlo, el Sr. Obispo subió enseguida y el camión siguió delante de nosotros camino de Franceses. Cuando lle- gamos al barrio, mientras el camión paraba al borde del camino y baja- ban todos, llegó nuestro coche y la gente del barrio se acercó con aplausos, creyendo que en él venía el nuevo Obispo. Mientras tanto, Don Damián, contemplaba con una pícara sonrisa "aquel recibimiento". A continuación tuvo lugar en el comedor de la casa de los ancianos un encuentro entrañable con los acogidos y las hermanas. En la isla del Hierro, después que los párrocos mostraron al obis- po algunos lugares de la isla, en la casa del párroco de Valverde, D. Francisco Santana, antes de la cena, aquellos jóvenes sacerdotes disfrutaron a solas, en un ambiente cordial, fraterno y filial, de un encuentro distendido con el Sr. Obispo que les llegó al corazón. En Tenerife, se repitieron estos encuentros. Esos breves y entra- ñables encuentros fueron el marco en que quedó colocado el retrato de la personalidad y el quehacer de D. Damián. El programa pasto- ral de D. Damián quedó expresa- do en la homilía pronunciada por él en la Catedral en la misa de su entrada en la Diócesis: "Vengo con alegría; vengo con temor; vengo con ilusión". Su ministerio pastoral siempre fue un Ir, un Salir, un Encontrar, un Acoger. En el itinera- rio y la forma que todos conoce- mos, alabamos y agradecemos. Se mostraba como una perso- na que parecía que le sobraba el tiempo: para acoger, para escu- char, para dialogar, para reunirse, para seguir de cerca las situacio- nes y acontecimientos de su dió cesis; siempre con el talante de cercanía, de gozo y de sabe estar. Y por otra parte parecía como una persona a la que siempre le faltaba el tiempo. No derrochaba un minuto y prolongaba su trabajo de estudio y preparación. Daba gusto leer y escuchar sus homilí- as, conferencias, ejercicios y escri- tos, siempre profundos, edifican- tes, precisos y bellos. Como recuerdos perennes de su sensibi- lidad pastoral quedan en la Diócesis: la Casa Sacerdotal, la Casa de Acogida, la Asamblea Diocesana de Pastoral. Al alegrarnos de este insólito acontecimiento de los cien años de vida de D. Damián, al tiempo que lo felicitamos desde lo más hondo de nuestro corazón, damos gracias al Señor por este regalo y porque a lo largo de la corta histo- ria de esta Diócesis Nivariense ha querido siempre regalarnos unos "Pastores según su Corazón". Por este motivo podemos decir: "El Señor ha estado grande con nos- otros y estamos alegres".
  • 15. IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE 15 y me he sentido muy consolado. Al final de todo encuentro personal con él siempre la misma delicadeza cari- ñosa: “Muchas gracias, Gerardo”. Expresión que le sale del corazón. A lo largo de mi vida sacerdotal ya he tenido varios Obispos. Y el trato con algunos de ellos me pro- ducía nerviosismo, pesimismo, cansancio, tristeza. Por eso no me canso de darle gracias al Señor por la gracia de haber conocido y tratado a D. Damián. No ha sido obispo de mi diócesis, pero real- mente para mí, ha sido y es, como un padre, un hermano y un amigo. Esta experiencia personal con D. Damián me lleva a darle gra- cias al Señor, y al mismo tiempo a pedirle que conceda buenos pas- tores a su Iglesia. Pastores al esti- lo de D. Damián. Cuando leo al Papa Francisco hablar de los pastores con olor de “oveja”, el ir a las “periferias”, que no se puede “anunciar el Evangelio con cara triste”, pienso enseguida como todo eso ya lo ha vivido D. Damián mucho antes de que el Papa lo dijese. Y de mi corazón brota como un “Magnificat”, “engradece mi alma al Señor”, porque he podido y puedo experimentar tantos momentos de consuelo y de paz que el Señor me concede por medio de este padre, hermano y amigo que es D. Damián. NUESTRO QUERIDO D.DAMIÁN -- MMªª ddeell PPiillaarr RRgguueezz -- C uarenta y cinco años han pasado desde que el Santo Padre lo ha lla- mado a ser Sucesor de los Apóstoles, y muy pronto celebrare- mos, con alegría, los treinta y dos años de la fecha en que Dios nos lo ha regalado como obispo para nues- tra diócesis, por tanto desde que lo conocemos y queremos. Gracias por su HUELLA. Somos muchos los que guarda- mos en nuestro interior tantos y tantos planteamientos que continuamente intentaba transmitirnos. ¿Cómo no contagiarse del sincero amor que usted tiene a la Iglesia? ¿Cómo no recordar sus característicos aparta- dos en que subdividía las actitudes que las personas podemos adoptar ante cualquier tema o situación? Somos muchos los que guardamos casettes…, foto- copias o multicopias, de lo que anotábamos durante sus orientaciones como pastor en sus múltiples charlas, homilías, retiros o ejercicios. ¡Cómo no seguir preguntán- donos aquella frase que usted repetía insistentemente cuando personificaba los distintos persona- jes de la pasión: “¿Soy yo, Señor?” Comencé esta referencia escri- biendo espontáneamente: NUESTRO.- Efectivamente, nadie se quedaba excluido ni indi- ferente durante su episcopado entre nosotros. QUERIDO.- El sentimiento general entre todos fue, y es, de agradeci- miento que permanece en el tiempo. D. DAMIÁN.- ¡Todo un don de Dios! Pero, además, es un título que usted mismo se ha ganado practicando día a día el lema escogido: “Servidor de todos” al darse a los demás. Mi testimonio es muy breve. Consiste en llegar hasta usted para confirmar- le que hoy, todavía, continúo sintién- dome “servida”. Muchas gracias. ¿Cómo no valorar, estimar, guardar y agradecerle sus maria- nas felicitaciones navideñas? A muchos nos ha encariñado con María y nos estimula a imitarla. ¿Cómo no valorar, estimar y agradecerle diariamente haber tenido la valentía y decisión de acercarnos el Orden de las Vírgenes hasta nuestras calles de la diócesis, y concedernos la con- sagración como respuesta a la lla- mada de Dios? En nombre de todas, gracias. Nos abrió muchas puertas a muchas personas, con el fin de que tuviéramos un encuentro más pro- fundo con Jesucristo.
  • 16. 16 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE “NOS CONSAGRAMOS A UNA PERSONA, NOAUNAMISIÓN;YESLAPERSONADECRISTO LAQUENOSDALAMISIÓNENLAIGLESIA” -- JJuuaann PPeeddrroo RRiivveerroo -- ((RReeccttoorr ddeell SSeemmiinnaarriioo DDiioocceessaannoo)) S i me pidieran la frase de D. Damián que más fuerte se ha prendido a mi recuerdo, aun- que me cueste vivirla y dar testimonio de ella, es la que abre como título esta colaboración con ocasión del 100 aniversario del Obispo que me orde- nó diácono y presbítero en esta Diócesis. Tal vez por- que es una frase que rompe con la expectativa como criterio y no sitúa en verdad en la sana indiferencia de la incondicionalidad y disponibilidad total al servicio de la Iglesia y del mundo. Cuando llegó como Obispo a nuestra Diócesis yo tenía 19 años y estaba en el primer curso del Seminario Mayor (1985). Cuando el Papa le aceptó la renuncia como Obispo había sido enviado a estu- diar a la Universidad de Comillas. Todo el tiempo de mi formación sacerdotal estuvo marcado por el epis- copado de Mons. Iguacen. Fueron los años de la Asamblea Diocesana, del inicio del Instituto de Formación para Laicos y de la Escuela de Agentes de Pastoral, del nacimiento de los Encuentros en la Cultura, etc. Había un ambiento de ilusión generali- zada y un deseo grande de servicio incondicional a la Iglesia en el ambiente. Hay una serie de recuerdos especiales que quisiera señalar: 1. La conversación con D. Damián al enviarme a estudiar a Madrid de la que tomo el título de estas notas. “Siéntete enviado por la Diócesis a prestar este servicio; aprovecha mucho el tiempo y disfruta de las posibilidades que te ofrecen las bibliotecas. Y reza mucho”. Aquella manera de poner la misión en mi corazón no la puedo olvidar; creo que no la olvi- daré jamás. 2. La breve frase que me dirigió, varios años después de jubilarse, saliendo del coche fuera del Monasterio de Concepcionistas de Garachico, a donde iba a dirigir Ejercicios Espirituales, en la que con tanta sencillez como claridad me subrayó “(…) me gusta ver que estás donde estás; no cambies”, y que me confirmó, sin tener que hacerlo, en la labor como formador del Seminario menor. Sólo quiero recoger estas dos notas, de las muchas que pudiera hacer, no porque sean las mejores ni las únicas, sino porque en el momen- to en que fueron hechas se clavaron con firme- za a mi alma. D. Damián supo motivar con su ejemplo. Nos invitaba a obedecer obedeciendo. Siendo fiel nos pedía fidelidad. No se escandalizaba de la mediocri- dad en la que podemos vivir, porque nos enseñó que es posible reparar la mediocridad con la gene- rosidad, y esto los unos respecto de los otros. Un verdadero fundamento para la fraternidad sacerdotal y la corresponsabilidad eclesial en la misión. Y nos enseñó a obedecer no a D. Damián, sino al Obispo. Nos lo invitaba haciéndonos conscientes de la grandeza del pueblo de Dios a quienes tenía- mos que servir. “No se merecen el Pueblo de Dios que tenéis (…)” que es tan capaz de entender y acompañar a sus pastores, nos subrayaba. Y es ver- dad. Y la gente supo enseguida quién era y cómo era aquel Obispo tan grande como sencillo. Esa grandeza que surge en los hombres sencillos. Cien años es un regalo de Dios, desde la pers- pectiva de quienes lo vemos desde fuera; pero es, sin duda, la cruz de los hombres fieles que cargan en sus pequeños hombros los dolores y las pérdi- das de un camino largo. Son, sin duda, los 100 años de un hombre santo. Por nuestra vida ha pasado cercano el testimonio de un santo. Y eso, aunque no estemos a esa altura, nos ha dejado una huella imborrable. El último y el servidor de todos.Así fue.Así lo recuerdo.
  • 17. 17 IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE TESTIMONIO Y TESTIGO CREYENTE María José García Cabrera (OVC) D ignidad de la persona. Acogida. Mesura. Interés. Amor hecho vida. Nada es ajeno a Dios. Eso veo en él y aprendo de él. Sin duda, éstas y muchas otras defini- ciones me valen para aproximarme a Don Damián Iguacen Borau; bastaría y significaría todo decir, sencillamente, Don Damián. De las numerosas expresio- nes, experiencias, dificultades, momentos, en los que él ha esta- do en el camino de la vida, me quedo con algunos que pueden ser definitorios de la huella de un hombre creyente, de un sacer- dote honrado y de un Obispo de Dios que se ha cruzado en nues- tras vidas; en mi vida. En los años 80 mientras estu- diaba filología y vencía mi timidez haciendo teatro en la facultad, cre- cía en la fe, y conocía a Jesucristo desde la experiencia de militancia en un movimiento apostólico juve- nil: Hombres Nuevos. Era un tiem- po de formación, de cre- cimiento, de conocer a Dios, que nos quiere en el mundo, para organizar- lo según su designio, para llevar a otros a Él; y ahí aparece la discreta y firme presencia de Don Damián: la posibilidad de trabajar la Asamblea Diocesana. Otra estampa que tengo graba- da en la retina y en el recuerdo es su confianza en el diálogo, en la apertura, en las plataformas de formación serena y seria, el surgi- miento de Encuentros en la cultu- ra, desde las butacas primero y prestando una mano, después, supusieron un foro de apertura. Verlo acompañado de profesores, de pintores, de laicos a los que animaba a formarse es otra ima- gen que agradezco: él, un hombre de Iglesia, escuchaba, valoraba e interpelaba; enseñaba estando entre los otros que opinaban dife- rente, descubría en cada uno la huella de Dios, el hambre de Dios. Todo esto nos lleva a la década de los 90; con él se instauró el Ordo Virginum en nuestra diócesis en 1991, año que supuso su paso a ser Obispo emérito. La huella del testimonio de Don Damián me motivó a poner en sus manos un proceso de discernimiento voca- cional, pasó el tiempo y llegado el momento ¿quién mejor que él para ayudar, para poner nombre, responder a dudas, ser guía en el momento de fuerte discernimiento y de opción vocacional en aquel carisma recuperado por el Vaticano II? Aun estando en ese momento por distintas diócesis de España u otras partes del mundo, dando ejercicios espirituales, charlas, retiros, siempre que necesité contrastar con él algunas cuestiones fue muy accesible: su presencia en nuestra diócesis en puntuales ocasiones, en las que siempre vino a trabajar, favoreció que pudiera hablar con él de cre- yente a creyente: ver la huella de Dios ahí y su respuesta; fue ayuda para sacar cuanta hoja- rasca de distracción aparecía; fue consejo y acogida. Posteriormente, en momentos de dificultad; es siempre un testi- go de las vidas ajenas y de cómo nos acercamos o alejamos de Dios; es testimonio de creyente, que, a pesar de lo vivido, jamás Entrega de premio al niño ganador del concurso de dibujo. A la derecha, el Dr. Ramón Trujillo Brindando con la Tuna de Económicas “Fue ayuda para sacar cuanta hoja- rasca de distracción aparecía”
  • 18. 18IIGGLLEESSIIAA NNIIVVAARRIIEENNSSEE UN OBISPO DE TODOS Y PARA TODOS T uve el privilegio de conocer y de admirar bien de cerca a D Damián – así lo llamamos siempre - en los años que era obispo de Tenerife, porque yo vivía en La Laguna. Siempre me impresiona- ron su cercanía, su sonrisa franca y abierta, su sentido del humor y sobre todo su celo pastoral y su talante evangélico. Hacía pocos días de su toma de posesión y al preguntarle si viviría en el Obispado, se sonrió, con aquella su sonrisa tan agrada- ble y me dijo “No hija, no, el obis- pado es muy grande y yo soy muy pequeño”. Nunca le faltó el senti- do del humor. Durante los años en que fue obispo siempre fue muy cercano a la gente, le gustaba la buena con- versación y encontrarse con las personas. Siempre tenía tiempo para un saludo, una palabra amable y recordaba a cada uno y sus inquietudes. Un año nos diri- gió unos Ejercicios en la Residencia Nazaret de La Laguna a un buen grupo de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret. Al terminar una conferencia de la tarde, le ofrecí acompañarlo en coche a su casa porque había anochecido y lloviznaba. Como siempre, se son- rió y me dijo “Muchas gracias, pero no. Un obispo ha de andar a pie por su ciudad para que la gente pueda acercarse, al obispa- do van pocos”. Le gustaba estar con la gente y la gente lo sabía. Don Damián siempre me ha parecido un santo sacerdote, siempre dispuesto a servir a sus fieles, un pastor de los que el Papa Francisco ha definido con “olor a oveja”. Estábamos en la sacristía hablando con él, des- pués de una hermosa celebración litúrgica, cuando se acercó una chica pidiéndole una bendición especial para su padre, enfermo. “No puede salir de casa – le dijo – y lo que más siente es no poder asistir a la Eucaristía. Vivimos muy arriba de Pedro Álvarez y el coche no llega bien hasta mi casa y él no puede caminar”. .La res- puesta de D Damián no se hizo esperar. “¿Te va bien que el miér- coles a las 11h vaya a tu casa a celebrar la Eucaristía con tu padre? “. Las lágrimas de gratitud rodaron por las mejillas de aquella muchacha que no podía creer lo que le ofrecía D Damián. Los que le escuchamos no sabíamos si estábamos en Galilea a dos mil años de distancia, tan evangélica nos sonó la respuesta. No se me olvidan sus escritos dedicados a tantas y tan sugeren- tes advocaciones de la Virgen. Mucho tiempo he disfrutado de su “Santa María de las tres manos” entre otros. Dios bendiga abundantemente a su obispo, este obispo chiquito de estatura y de una grandeza de alma increíble. Gracias Don Damián por todo el bien que ha hecho y sigue haciendo. vive en la acomodada posición del «ya he llegado», sino que testimo- nia para mí la mejor manera de despojarse de ropajes de falacia y de prepotencia y de revestirse con una leve sonrisa y ligero de equi- paje ser un creyente siempre atento a la búsqueda de la volun- tad de Dios en la vida: a pie des- calzo, frente al Sagrario. Es invita- ción a orar y a contrastar esas ideas, esas mociones, esas intui- ciones: orar, discernir sin precipi- tación. Gracias Don Damián. A veces he sentido que estamos en deuda con usted: no enjuicio, no juzgo; reflexiono. Gracias por hacer de ésta una diócesis abierta, gracias por creer y confiar en un laicado al que exi- gió y al que acompañó, gracias por sus detalles de finura espiri- tual al recodar qué sombras nos entretienen en el camino. Gracias por su credibilidad, gracias por no tener jamás prisa al escuchar; gra- cias por creer y por ayudar a creer. Gracias porque de su lema hizo y hace un estilo y un sello de vida: gracias porque siendo el últi- mo de todos siempre ayuda a mirar a Aquél que nos escogió. Dios lo bendiga. Entrevista realizada por Zenaido Hdez. en el nacimiento de “Diálogo Fe-Cultura” -- CCeecciilliiaa CCoorrttaaccaannss -- ((MMiissiioonneerraa ddee NNaazzaarreett))
  • 19. Mi punto de vista FELIZ CUMPLEAÑOS Don Damián Iguacen Borau, obispo de Tenerife de 1984 a 1991 y hoy, emérito. Tuve la suer- te de que Dios me permitiera cono- cerle. No lo recuerdo con exactitud, pero llevé la administración de la Escuela de Asistentes Sociales de Tenerife ubicada en la santacrucera calle de La Rosa, hasta su pase a la Universidad de La Laguna. Relevé en el cargo al Rvdo. Padre Montoliú. Creo que fue entre 1986 y 1988. Tuve la primera conversa- ción con Don Damián a los pocos meses de asumir la administración de la Escuela, en una de las reunio- nes periódicas que las monjas tení- an con el obispo para informarle de la gestión y las conversaciones con la Universidad, así como rendir cuentas. Don Damián entró en mi vida cuando yo pasaba por momentos de crisis en la Fe. Dios me puso en su camino no solo para salvar esa crisis, sino para que volviera a mis orígenes. La bondad del obispo, su cercanía, su sencillez, su saber cómo llegar a mi corazón con La Palabra, fue un impacto positivo tan brutal en mí, que cada día en los momentos de paz y tranquilidad para orar, solo le daba a Dios las gracias por haber conocido a Don Damián. Pasé algunas horas placenteras de charla con él en el obispado y otros lugares; me regaló algunos de sus libros; leí más de dos y tres veces uno: “Creí, por eso hablé”. No recuerdo si me dedicó alguno, posiblemente sí, pero los presté y nunca los pude recuperar. Uno de los suyos “Diálogos con Santa María, Madre de Dios”, me lo rega- ló el Rvdo. Paco Arteaga, Delegado Episcopal de Cáritas por esas fechas, con esta dedicatoria: “Leonardo: Espero y deseo que este librito de tu amigo D. Damián, te ayude para que sigas enamora- do de la Virgen. Un abrazo. Paco. 15-12-94”. Ya lo creo que me ayudó y ¡cómo!. Aún me sigue ayudando, no me canso de releerlo. Tengo una anécdota con Paco Arteaga. Mi querido amigo y com- pañero Jesús Martín Ayuso, admi- nistrador de Cáritas Diocesana de Tenerife, lo solicitó el Rvdo. Antonio Hernández para administrar Proyecto Hombre Canarias. No quería dejar desamparada a Cáritas administrativamente hablando, ni darle una negativa al Padre Antonio. Me pidió si yo podría hacerme cargo de “las cuen- tas” de Cáritas, que solo me llevarí an “un par de horas a la semana”. Me reuní con Paco Arteaga y Carmen Luisa (Subdelegado por entonces y Directora de Cáritas) iniciamos conversaciones. Dos semanas más tarde ambos me confirmaron que aceptaban me hiciese cargo de la administración, pero que debían proponérselo al obispo, pues él es el que nombra al Administrador Diocesano de Cáritas, a propuesta del Director/a. Paco Arteaga al día siguiente, me llamó para que pasara por los Servicios Generales de Cáritas. Me entregó el nombramiento por el obispo, diciéndome: “ya me podías haber dicho que el obispo y tú os conocéis de hace tiempo y me hubieses ahorrado la preocupación de si el obispo te aceptaba o no, pues nosotros estábamos muy interesados”. Desde su cese, he podido estar en alguna de sus charlas en Tenerife, pocas la verdad, pues mis obligaciones como Director de Cáritas no me lo han permitido, pero siempre está Don Damián en mi recuerdo y entre las personas por las que en mis oraciones dia- rias, pido al Padre le siga bendi- ciendo cada día. Muchas felicidades, Don Damián, por sus cien años y muchas gracias por lo que me ha dado y me sigue dando. Usted me enseñó a “leer e inter- pretar” el Evangelio, lo que Jesús quería decir con sus pala- bras. Y hoy, solo hago eso en la misión encomendada: aplicar las enseñanzas de Jesús. Muchas gracias a Dios y a usted. Por Leonardo Ruiz del Castillo Director de CÁRITAS DIOCESANA