EL RIESGO DE INFORMAR EN TIEMPOS DE
TRANSICIÓN
José Gil Olmos
En el año 2000 hubo un momento en la historia del país que por años muchos mexicanos
esperaban, la caía del PRI y la posibilidad, que entonces se veía como natural, del inicio del
proceso de transición a la democracia.
En el escenario de entonces todo parecía
estar listo para la transformación política y
social de México, el poder del PRI se había
fragmentado, los partidos políticos estaban
dispuestos a las reformas estructurales, los
empresarios apoyaban al gobierno panista, la
sociedad veía con ilusión el cambio y hasta
los   medios     de   comunicación   parecían
alinearse a tomar un nuevo papel en la
sociedad.
José Gil Olmos, desde el foro del Cuarto Encuentro de periodistas Oaxaca 2011, realizado el
pasado 28, 29 y 30 de octubre en el hotel Surf a Olas Altas de Puerto Escondido Oaxaca,
México.

Pero no todo estaba listo: Vicente Fox y Marta Sahagún estaban lejos de cumplir con estas
expectativas, los deseos de poder de la pareja presidencial no iban aparejados con la transición a la
democracia, sino con un proyecto transexenal encabezado por la Primera Dama que comenzó a
ejercer el poder desde la famosa Cabañita de Los Pinos para realizar pactos con los poderes
fácticos, entre ellos con los dueños de los principales medios de comunicación a quienes les dio
un espacio de poder que nunca jamás habían tenido.


Así la transición a la democracia fracasó desde    que nació y lo que hemos vivido desde
entonces a la fecha ha sido una alternancia en el poder. Etapa que al parecer acabará el próximo
año con el regreso del PRI a la Presidencia de la República.
Sin embargo, este fracaso ha traído sus consecuencias para todos: se formó un vacío de poder que
fue ocupado por los gobernadores quienes tomaron un papel de virreyes, surgieron nuevos
grupos de poder entre ellos los medios de comunicación y, lo más peligroso, es que estos vacíos
fueron ocupados por el crimen organizado cuyo poderío creció en la medida que el Estado
mexicano se fracturó incumpliendo en una de sus principales responsabilidades, la seguridad
pública.
                                                           Los dueños de los medios de
                                                           comunicación,     sobre   todo    las
                                                           televisoras, tomaron un rol de
                                                           grupos de poder que, por definición,
                                                           tienen la capacidad de incidir en las
                                                           decisiones del Estado.


                                                           José Gil Olmos, flanqueado por los
                                                           coordinadores del cuarto encuentro de
                                                           periodistas Oaxaca 2011, en Puerto
                                                           Escondido, Cuauhtémoc Blas López y
                                                           Genaro Aragón Reyes


La mediocracia tomó forma y contenido con los gobiernos panistas. Televisa y Televisión Azteca
formaron una bancada en el Congreso de la Unión y tomaron las riendas del poder político para
formar a su antojo al próximo candidato a la presidencia: Enrique Peña Nieto quien podría ser el
primer embrión de la mediocracia.


En esta alternancia de partido en el poder la mayor parte de los medios de comunicación han sido
comparsas del nuevo gobierno, dejando a un lado el papel de promotores de la transición a la
democracia. Un ejemplo de ello son las frases que en su momento usaron los dueños de Televisa.
Mientras que para el Tigre Azcárraga la televisora era “un soldado del PRI” para su cachorro
Emilio Azcárraga Jean “la democracia es un buen negocio”. Así, mientras algunos dueños de
medios se empoderaron aprovechando el vacío de poder, el resto de la sociedad ha pagado el costo
de este fracaso de la transición a la democracia que, como en algunos países de Europa del Este,
ha dado paso al cogobierno del crimen organizado.


La estrategia fallida de Felipe Calderón al declarar la guerra al crimen organizado ha sido el
pivote para la espiral de violencia que ha generado la muerte de más de 50 mil muertos, miles de
desaparecidos y 70 periodistas asesinados del 2000 a la fecha, una cifra jamás registrada en la
historia del periodismo mexicano y que revela el riesgo de informar en tiempos de una transición
fracasada.


El peligro para cubrir el narcotráfico o incluso
actos   de    corrupción     gubernamental      se    ha
convertido en la principal causa de amenazas,
desapariciones, secuestros y asesinatos de los
reporteros.    Como al resto de la sociedad, la
impunidad reina en todos los casos de muertes y 11
desapariciones    de reporteros,      pues    hasta   el
momento no hay uno solo de ellos que haya sido
resuelto.

José Gil Olmos, reportero de la Revista Proceso, en la presentación de sus libros en Puerto Escondido, habló
sobre las brujas del poder y como operaron cuando tenían a sus maridos como presidentes de México.


La corrupción y el cogobierno del crimen organizado ha gestado islas informativas en regiones
donde la autocensura es la única opción ante las amenazas de muerte para los reporteros y sus
familias, como es el caso de Tamaulipas, Zacatecas, Durango, Coahuila, Veracruz, Michoacán y
Guerrero. El poder creciente de las bandas también ha generado la infiltración en la mesas de
redacción de algunos medios en las cuales tiene a gente a su servicio que vigilan y trasmiten
ordenes de trabajo o de censura para los demás reporteros. Si vemos con atención cada grupo o
cártel tiene su propia política de comunicación, así mientras los Zetas impiden cualquier
posibilidad de informar, el cartel de Sinaloa es algo más flexible (léase el encuentro de Scherer
con el Mayo Zambada), e incluso ha habido voceros de algunos cárteles como La Familia
Michoacana que tenía a un representante conocido como “El Tío” que se encargaba de contactar a
los reporteros.


Sin embargo, los reporteros están desprotegidos por todos lados, siendo una víctima
vulnerable.
                                                                     A los dueños y directores de
                                                                     muchos medios poco les
                                                                     importa la seguridad de sus
                                                                     reporteros y sus familias. Les
                                                                     niegan seguro de vida o
                                                                     médicos,          no         tienen
                                                                     protocolos de seguridad y no
                                                                     les    interesa        que     sus
                                                                     reporteros tomen cursos de
protección, manejo de víctimas o tratamiento psicológico.


Hay cinco niveles de riesgo al que se enfrentan los reporteros o mejor dicho, se puede clasificar en
cinco niveles a los reporteros que viven en riesgo al cubrir la violencia del crimen organizado y la
guerra declarada por Calderón. En cada uno de estos niveles hay, al mismo tiempo, el mismo
grado de impacto psicológico.


El reportero que tiene el menor grado de riesgo es el corresponsal extranjero porque esta protegido
por su medio, por el gobierno de su país y el mexicano, además de que entra y sale de la zona de
peligro sin tener ningún vínculo afectivo. Le sigue el enviado de un medio nacional que tiene
igualmente grados de protección y seguridad, y tampoco se queda mucho tiempo en la zona.
Después esta el corresponsal de algún medio nacional que es reconocido en la región pero que ya
sufre un alto peligro porque tiene a su familia, amigos, conocidos que junto con él son presas
fáciles de cualquier grupo criminal. Pero los de mayor riesgo son los reporteros locales y,
principalmente, los del pueblo y la comunidad porque son perfectamente localizables y un blanco
claro para cualquier atentado.
Un estudio realizado por el psicólogo Rogelio Flores, sobre el impacto que servirá para titularse
en posgrado en la UNAM, señala que algunos reporteros mexicanos que cubren la violencia y el
crimen organizado sufren niveles de estrés postraumático por encima de un corresponsal de guerra.
El grado de impacto es el de un combatiente pues a diferencia del corresponsal de guerra, tiene a
su familia en la zona y recibe el impacto de la violencia todos los días y a todas horas.


Además de este contexto de violencia e
inseguridad, los gobiernos de los
estados miran con ojo maniqueista a los
medios y sus reporteros, sin aceptar
una opinión crítica a sus gestiones. Y
contra lo que se esperaba, los cambios
de partido en el gobierno en los estados
no han generado una relación distinta,
independiente y sana entre medios y
gobierno, sino que ha provocado mayor
dependencia económica, acortando los
espacios de expresión crítica.



Recientemente, durante la presentación de un informe final sobre una misión realizada en 2010 a
México para evaluar la situación de la prensa en el país, los relatores de la ONU, Frank La Rue, y
de la OEA, Catalina Botero, señalaron que México se mantiene como el país con mayor violencia
contra periodistas en el continente americano y en el que se enfrentan más dificultades para el
ejercicio de la libertad de expresión, advirtieron los relatores.


La Rue, dijo al presentar el informe: “Hay una ausencia de interés, la impunidad es eso, la
ausencia de justicia y de eso sí es responsable el Estado, me parece que especialmente con la
prensa que ha sido más crítica en los casos de corrupción o con los casos de abuso de autoridad
física. Pareciera que el gobierno y las autoridades de seguridad simplemente no reaccionan, con lo
cual generan un ambiente mayor de hostilidad contra los y las periodistas, y mayor riesgo”, dijo el
experto.
Por ese motivo, pidió que México federalice el delito del asesinato de los periodistas, crear una
fiscalía federal para perseguirlo y poner en práctica un mecanismo de emergencia para proteger a
los profesionales de la información.


A pesar de este contexto de peligro, abandono e inseguridad hay grupos de reporteros que se
interesan en protegerse, han creado sus propios protocolos de seguridad como el caso de Morelos
e incluso han trabajado con algunos gobiernos para crear casas de seguridad para periodistas en
alto riesgo.


Pero esto es insuficiente. Lamentablemente creo que esta situación sólo cambiara cuando a los
dueños y medios de comunicación les llegue la violencia, cuando a ellos o a sus familiares les
toque un secuestro o asesinato o cuando se presenten actos de terrorismo en sus instalaciones
centrales.
                                                                     Solo     hasta         entonces   se
                                                                     tomará           las        medidas
                                                                     necesarias       de      protección,
                                                                     sólo     hasta     entonces       los
                                                                     periodistas              mexicanos
                                                                     tendrán mejores condiciones
                                                                     de trabajo y de seguridad.


                                                                  Ante todas las circunstancias
                                                                  los periodistas cada año se
                                                                  reúnen    para    manifestarse,
                                                                  criticar   públicamente     las
atrocidades gubernamentales y los compañeros que tienen más recorrido el camino, comparten sus
experiencias y momentos de camaradería


Aunque faltaría también una nueva relación entre medios y poder, que la fiscalía de atención a
periodistas de resultado y que cambie la estrategia de guerra contra el crimen organizado.

Jose gil art 29 11 2011

  • 1.
    EL RIESGO DEINFORMAR EN TIEMPOS DE TRANSICIÓN José Gil Olmos En el año 2000 hubo un momento en la historia del país que por años muchos mexicanos esperaban, la caía del PRI y la posibilidad, que entonces se veía como natural, del inicio del proceso de transición a la democracia. En el escenario de entonces todo parecía estar listo para la transformación política y social de México, el poder del PRI se había fragmentado, los partidos políticos estaban dispuestos a las reformas estructurales, los empresarios apoyaban al gobierno panista, la sociedad veía con ilusión el cambio y hasta los medios de comunicación parecían alinearse a tomar un nuevo papel en la sociedad. José Gil Olmos, desde el foro del Cuarto Encuentro de periodistas Oaxaca 2011, realizado el pasado 28, 29 y 30 de octubre en el hotel Surf a Olas Altas de Puerto Escondido Oaxaca, México. Pero no todo estaba listo: Vicente Fox y Marta Sahagún estaban lejos de cumplir con estas expectativas, los deseos de poder de la pareja presidencial no iban aparejados con la transición a la democracia, sino con un proyecto transexenal encabezado por la Primera Dama que comenzó a ejercer el poder desde la famosa Cabañita de Los Pinos para realizar pactos con los poderes fácticos, entre ellos con los dueños de los principales medios de comunicación a quienes les dio un espacio de poder que nunca jamás habían tenido. Así la transición a la democracia fracasó desde que nació y lo que hemos vivido desde entonces a la fecha ha sido una alternancia en el poder. Etapa que al parecer acabará el próximo año con el regreso del PRI a la Presidencia de la República.
  • 2.
    Sin embargo, estefracaso ha traído sus consecuencias para todos: se formó un vacío de poder que fue ocupado por los gobernadores quienes tomaron un papel de virreyes, surgieron nuevos grupos de poder entre ellos los medios de comunicación y, lo más peligroso, es que estos vacíos fueron ocupados por el crimen organizado cuyo poderío creció en la medida que el Estado mexicano se fracturó incumpliendo en una de sus principales responsabilidades, la seguridad pública. Los dueños de los medios de comunicación, sobre todo las televisoras, tomaron un rol de grupos de poder que, por definición, tienen la capacidad de incidir en las decisiones del Estado. José Gil Olmos, flanqueado por los coordinadores del cuarto encuentro de periodistas Oaxaca 2011, en Puerto Escondido, Cuauhtémoc Blas López y Genaro Aragón Reyes La mediocracia tomó forma y contenido con los gobiernos panistas. Televisa y Televisión Azteca formaron una bancada en el Congreso de la Unión y tomaron las riendas del poder político para formar a su antojo al próximo candidato a la presidencia: Enrique Peña Nieto quien podría ser el primer embrión de la mediocracia. En esta alternancia de partido en el poder la mayor parte de los medios de comunicación han sido comparsas del nuevo gobierno, dejando a un lado el papel de promotores de la transición a la democracia. Un ejemplo de ello son las frases que en su momento usaron los dueños de Televisa. Mientras que para el Tigre Azcárraga la televisora era “un soldado del PRI” para su cachorro Emilio Azcárraga Jean “la democracia es un buen negocio”. Así, mientras algunos dueños de medios se empoderaron aprovechando el vacío de poder, el resto de la sociedad ha pagado el costo
  • 3.
    de este fracasode la transición a la democracia que, como en algunos países de Europa del Este, ha dado paso al cogobierno del crimen organizado. La estrategia fallida de Felipe Calderón al declarar la guerra al crimen organizado ha sido el pivote para la espiral de violencia que ha generado la muerte de más de 50 mil muertos, miles de desaparecidos y 70 periodistas asesinados del 2000 a la fecha, una cifra jamás registrada en la historia del periodismo mexicano y que revela el riesgo de informar en tiempos de una transición fracasada. El peligro para cubrir el narcotráfico o incluso actos de corrupción gubernamental se ha convertido en la principal causa de amenazas, desapariciones, secuestros y asesinatos de los reporteros. Como al resto de la sociedad, la impunidad reina en todos los casos de muertes y 11 desapariciones de reporteros, pues hasta el momento no hay uno solo de ellos que haya sido resuelto. José Gil Olmos, reportero de la Revista Proceso, en la presentación de sus libros en Puerto Escondido, habló sobre las brujas del poder y como operaron cuando tenían a sus maridos como presidentes de México. La corrupción y el cogobierno del crimen organizado ha gestado islas informativas en regiones donde la autocensura es la única opción ante las amenazas de muerte para los reporteros y sus familias, como es el caso de Tamaulipas, Zacatecas, Durango, Coahuila, Veracruz, Michoacán y Guerrero. El poder creciente de las bandas también ha generado la infiltración en la mesas de redacción de algunos medios en las cuales tiene a gente a su servicio que vigilan y trasmiten ordenes de trabajo o de censura para los demás reporteros. Si vemos con atención cada grupo o cártel tiene su propia política de comunicación, así mientras los Zetas impiden cualquier posibilidad de informar, el cartel de Sinaloa es algo más flexible (léase el encuentro de Scherer con el Mayo Zambada), e incluso ha habido voceros de algunos cárteles como La Familia
  • 4.
    Michoacana que teníaa un representante conocido como “El Tío” que se encargaba de contactar a los reporteros. Sin embargo, los reporteros están desprotegidos por todos lados, siendo una víctima vulnerable. A los dueños y directores de muchos medios poco les importa la seguridad de sus reporteros y sus familias. Les niegan seguro de vida o médicos, no tienen protocolos de seguridad y no les interesa que sus reporteros tomen cursos de protección, manejo de víctimas o tratamiento psicológico. Hay cinco niveles de riesgo al que se enfrentan los reporteros o mejor dicho, se puede clasificar en cinco niveles a los reporteros que viven en riesgo al cubrir la violencia del crimen organizado y la guerra declarada por Calderón. En cada uno de estos niveles hay, al mismo tiempo, el mismo grado de impacto psicológico. El reportero que tiene el menor grado de riesgo es el corresponsal extranjero porque esta protegido por su medio, por el gobierno de su país y el mexicano, además de que entra y sale de la zona de peligro sin tener ningún vínculo afectivo. Le sigue el enviado de un medio nacional que tiene igualmente grados de protección y seguridad, y tampoco se queda mucho tiempo en la zona. Después esta el corresponsal de algún medio nacional que es reconocido en la región pero que ya sufre un alto peligro porque tiene a su familia, amigos, conocidos que junto con él son presas fáciles de cualquier grupo criminal. Pero los de mayor riesgo son los reporteros locales y, principalmente, los del pueblo y la comunidad porque son perfectamente localizables y un blanco claro para cualquier atentado.
  • 5.
    Un estudio realizadopor el psicólogo Rogelio Flores, sobre el impacto que servirá para titularse en posgrado en la UNAM, señala que algunos reporteros mexicanos que cubren la violencia y el crimen organizado sufren niveles de estrés postraumático por encima de un corresponsal de guerra. El grado de impacto es el de un combatiente pues a diferencia del corresponsal de guerra, tiene a su familia en la zona y recibe el impacto de la violencia todos los días y a todas horas. Además de este contexto de violencia e inseguridad, los gobiernos de los estados miran con ojo maniqueista a los medios y sus reporteros, sin aceptar una opinión crítica a sus gestiones. Y contra lo que se esperaba, los cambios de partido en el gobierno en los estados no han generado una relación distinta, independiente y sana entre medios y gobierno, sino que ha provocado mayor dependencia económica, acortando los espacios de expresión crítica. Recientemente, durante la presentación de un informe final sobre una misión realizada en 2010 a México para evaluar la situación de la prensa en el país, los relatores de la ONU, Frank La Rue, y de la OEA, Catalina Botero, señalaron que México se mantiene como el país con mayor violencia contra periodistas en el continente americano y en el que se enfrentan más dificultades para el ejercicio de la libertad de expresión, advirtieron los relatores. La Rue, dijo al presentar el informe: “Hay una ausencia de interés, la impunidad es eso, la ausencia de justicia y de eso sí es responsable el Estado, me parece que especialmente con la prensa que ha sido más crítica en los casos de corrupción o con los casos de abuso de autoridad física. Pareciera que el gobierno y las autoridades de seguridad simplemente no reaccionan, con lo cual generan un ambiente mayor de hostilidad contra los y las periodistas, y mayor riesgo”, dijo el experto.
  • 6.
    Por ese motivo,pidió que México federalice el delito del asesinato de los periodistas, crear una fiscalía federal para perseguirlo y poner en práctica un mecanismo de emergencia para proteger a los profesionales de la información. A pesar de este contexto de peligro, abandono e inseguridad hay grupos de reporteros que se interesan en protegerse, han creado sus propios protocolos de seguridad como el caso de Morelos e incluso han trabajado con algunos gobiernos para crear casas de seguridad para periodistas en alto riesgo. Pero esto es insuficiente. Lamentablemente creo que esta situación sólo cambiara cuando a los dueños y medios de comunicación les llegue la violencia, cuando a ellos o a sus familiares les toque un secuestro o asesinato o cuando se presenten actos de terrorismo en sus instalaciones centrales. Solo hasta entonces se tomará las medidas necesarias de protección, sólo hasta entonces los periodistas mexicanos tendrán mejores condiciones de trabajo y de seguridad. Ante todas las circunstancias los periodistas cada año se reúnen para manifestarse, criticar públicamente las atrocidades gubernamentales y los compañeros que tienen más recorrido el camino, comparten sus experiencias y momentos de camaradería Aunque faltaría también una nueva relación entre medios y poder, que la fiscalía de atención a periodistas de resultado y que cambie la estrategia de guerra contra el crimen organizado.