La perspectiva artificialis, surgida en el quattrocento en Toscana, transformó la representación del espacio pictórico y unió arte y ciencia en su estudio. Se define como la representación de profundidad en superficies bidimensionales, usando técnicas como la perspectiva lineal, frontal y oblicua, cada una con diferentes puntos de fuga. Elementos clave como la línea de horizonte, puntos de fuga y plano de cuadro son fundamentales para comprender este fenómeno artístico.