Los científicos de la Universidad de Stanford midieron la gravedad con una precisión un millón de veces mayor al experimento de Galileo, observando la caída de átomos de cesio. Enfriaron los átomos a solo 10 millonésimas de grado sobre el cero absoluto usando láseres, y luego los dejaron caer para medir su aceleración inducida por la gravedad con una precisión de tres partes en mil millones. También observaron cómo sus mediciones variaban con las mareas lunares, reflejando cambios en el campo gravitatorio