kerygmaboletín informativo de la famila dominicana en chile
febrero 2017
kerygma convento de santo domingo – c/ santo domingo 949 – santiago de chile – kerygmachile@gmail.com
coordinador: francisco quijano: f.quijano@op.org – corresponsales: elisa castillo: elicastilloop@yahoo.es – margarita pulido: marpuro@gmail.com
elizabeth barboza: elibarta1@hotmail.com – elsa astorga: hna_elsa@yahoo.es – miguel soria: msoriac@acona.cl
Misionera en Vietnam. La hermana Marisol
Carrasco, Misionera de Santo Domingo, se
encuentra ya en su nuevo destino: Saigón (o ciudad
Ho Chi Minh) en Vietnam. Celebramos en Chillán, su
ciudad natal, en la Capilla de Balmaceda con su
familia, hermanas de congregación y feligresía, la
misa de envío el martes 10 de febrero. Presidió fray
Paco Quijano y concelebró fray Adrián Cisternas.
La Orden de Predicadores llegó a Vietnam en
1550 cuando fray Gaspar de Santa Cruz se
estableció en Ha Tien al sur de la península. Con la llegada de misioneros dominicos a Manila en
1587 esta presencia empezó a consolidarse en Asia Oriental. La predicación en la región actual
de Vietnam no careció de persecuciones —el 24 de noviembre celebramos en la Orden a los
misioneros mártires de los siglos XVIII y XIX— y hay dificultades aún en nuestros días. Con todo,
la presencia dominicana allá es floreciente.
La Congregación de Misioneras de Santo Domingo llegó a Vietnam el año 2011. La hermana
Marisol se encargará de enseñar lengua española a las aspirantes y postulantes. ¡Felicidades a
Marisol! Su envío al Oriente Lejano es más que un signo: una realidad luminosa dentro de las
celebraciones del Octavo Centenario de la Orden. [FQ]
Envío de un grupo de jóvenes de Chillán a la
misión en La Serena. El jueves 12 de enero se realizó
la Misa de envío a los jóvenes misioneros de la
Parroquia Santo Domingo. La Eucaristía fue presidida
por Fray Paco Quijano, quien exhorto a los jóvenes a
vivir y anunciar la buena nueva de Jesús. Jóvenes que
junto a la Familia Dominicana en Chile se reunieron en
La Serena durante una semana para asumir la tarea de
la sagrada predicación al estilo de Domingo en el marco
del cierre del año Jubilar de nuestra Orden. La
invitación a anunciar el Evangelio se sigue renovando con el tiempo: Ve y Predica. [Nataly Candelas]
Familia de Predicación: Misión en La Serena. El 14 de enero de 2017, comenzaba la aventura
de la “predicación casa a casa” en La Serena, en el sector de Las Compañías, en los alrededores
del Colegio San Francisco Coll de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Lo hicimos para
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conmemorar que 800 años atrás, y también en Familia, había comenzado la misión de la
Predicación, en este caso en Tolosa, al sur de Francia. Y así, de año en año, día a día, venimos
“renovando nuestra fe y esperanza”.
Y éste fue el lema que nos reunió, bajo el cual estuvimos como Familia Dominicana, haciendo
lo que nos une, viviendo el carisma que nos apasiona, compartiendo como hermanos la vida y la
oración, porque todo ello es: PREDICACIÓN.
Contamos con la presencia de los frailes, de las hermanas de
vida activa, de los laicos y de los jóvenes, unos pertenecientes al
Movimiento Juvenil Dominicano y otros tantos vinculados a
colegios, parroquias, con quienes compartimos este mismo ideal
de familia. Y sin duda que desde sus conventos nuestras
hermanas contemplativas nos apoyaban con su oración, como
Domingo hubiera soñado. Así, la Predicación en Familia llegó al
otro lado del mundo en el que él vivió.
En La Serena el trabajo de preparación había comenzado
mucho tiempo antes, lo cual fue fundamental para el desarrollo de
la misión, ¡y cómo no!, agradecerlo también desde éstas páginas a
toda la comunidad que allí nos acogió y preparó el terreno, para
que al llegar la semilla pudiera ser recibida en la tierra. Para los
demás, procedentes de Santiago, Valparaíso, Chillán, Concepción, Pitrufquen… la misión comenzaba
en el Colegio de Virgen de Pompeya, en Las Condes, Santiago, el sábado 14 a las 8.30 de la mañana.
Allí nos recogieron los buses que tras un largo camino nos dejaron en La Serena.
El primer día fue de abrazos, sonrisas, reencuentros y fiesta, con 110 jóvenes, había lugar para
mucha fiesta, vitalidad y alegría. Nos acomodamos en la que iba a ser nuestra casa y pronto llegó un
almuerzo que reparaba nuestras fuerzas desgastadas por el calor. Entre organizarse y demás, rápido
se nos pasó el día. Al día siguiente, domingo, la Misa en la parroquia daba el envío a los misioneros
agrupados en cuadrillas. Primeras reuniones y compartir para que las cuadrillas se conocieran y
tantearan el terreno en el que iban a misionar, porque el
trigo amontonado se pudre… pero esparcido da mucho
fruto. Y una “marea azul”, porque azules eran nuestras
poleras, recorrió las calles de la Serena.
Llegó el lunes, ahora sí que empieza el trabajo:
levantada temprano, desayuno, oración, formación y
misión “casa a casa” para descansar a mediodía con el
almuerzo y un breve receso para continuar en la tarde.
Esta fue la dinámica de cada día. También terminábamos
la jornada con la oración, para poner en manos del que
eternamente nos ama, los esfuerzos realizados, la Palabra entregada y tantas casas, corazones y
vidas que nos abrieron sus puertas. Hablando de Dios con los demás, y de los demás con Dios. La
formación estuvo a cargo de las hermanas Rosina y María Luisa que nos motivaban cada día y
alimentaban para salir a compartir.
El miércoles hicimos un alto en el camino, un día de retiro, de silencio, de recuperar fuerzas.
En este caso la hermana Jacqueline, nos acompañó. Y repuestos, continuamos con la labor
encomendada por dos días más.
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Hubo, además, algunas actividades “extra”, juegos
para niños en las tardes, visitas a un hogar de ancianos y
a un centro de reclusión del Sename, quiso llegar la
misión a todos los rincones de las Compañías, la fuerza
de Domingo nos empujaba.
Esto es lo “estructural”, pero lo “vivencial” fue lo
mejor. El problema es que no hay palabras para
compartir las numerosas historias vividas, los gestos, las
miradas encontradas, las alegrías y las penas
compartidas: VIDAS. Entramos en la tierra sagrada del
hermano para regalarle la Palabra de Dios, y este hermano, que tiene numerosas caras y
nombres, nos regaló con su confianza, acogida, cariño, de modo que el enriquecimiento es
mutuo y uno va misionar y ser misionado. Fuimos bienaventurados no sólo por compartir y vivir
en familia el don de la Orden de Predicadores a la cual de una forma u otra todos pertenecemos,
sino también bienaventurados porque entramos en Su casa, en tierra sagrada.
Por supuesto, también hubo momentos de expansión y diversión, porque la familia lo
necesita para permanecer unida. Así como también en familia realizamos las tareas domésticas y
todo aquello que se requería, con la alegría de que siempre había unas manos dispuestas ante
cualquier necesidad.
El sábado 21, uniéndonos a la gran familia de
Domingo repartida en los cinco continentes, teníamos la
Misa de clausura, Eucaristía, acción de gracias por los
800 años. Y de clausura nada, porque esto no termina,
continúa, vamos por los 801 y muchos más, así tantos
como el mundo lo requiera de los predicadores, con la
fuerza del Espíritu que renueva y actualiza según los
signos de los tiempos. Por eso, en esa Eucaristía, todos
renovamos nuestro compromiso con la Predicación,
según la profesión de los frailes o hermanas, y las
promesas de laicos y jóvenes. Apostando por el 801 y los que vengan detrás.
No había forma de apagar las velas que formaban el número 800 en el suelo del salón donde
tuvimos la celebración, como tampoco habrá viento que apague la antorcha de aquel cachorro
que la Beata Juana soñó, y que hoy seguimos portando. A todos los que a lo largo de 800 años lo
hicieron posible: ¡¡GRACIAS!! Bienaventurados, felices, nosotros que compartimos esta misión.
¡¡BIENAVENTURADOS!! [Hna. Marta García – Misionera de Santo Domingo]
●
Con un número dedicado al Congreso para la Misión de la Orden celebrado
en enero en Roma cerraremos la edición del boletín Jubileo 800 Años

Kerygma 2 2017

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    kerygmaboletín informativo dela famila dominicana en chile febrero 2017 kerygma convento de santo domingo – c/ santo domingo 949 – santiago de chile – kerygmachile@gmail.com coordinador: francisco quijano: f.quijano@op.org – corresponsales: elisa castillo: elicastilloop@yahoo.es – margarita pulido: marpuro@gmail.com elizabeth barboza: elibarta1@hotmail.com – elsa astorga: hna_elsa@yahoo.es – miguel soria: msoriac@acona.cl Misionera en Vietnam. La hermana Marisol Carrasco, Misionera de Santo Domingo, se encuentra ya en su nuevo destino: Saigón (o ciudad Ho Chi Minh) en Vietnam. Celebramos en Chillán, su ciudad natal, en la Capilla de Balmaceda con su familia, hermanas de congregación y feligresía, la misa de envío el martes 10 de febrero. Presidió fray Paco Quijano y concelebró fray Adrián Cisternas. La Orden de Predicadores llegó a Vietnam en 1550 cuando fray Gaspar de Santa Cruz se estableció en Ha Tien al sur de la península. Con la llegada de misioneros dominicos a Manila en 1587 esta presencia empezó a consolidarse en Asia Oriental. La predicación en la región actual de Vietnam no careció de persecuciones —el 24 de noviembre celebramos en la Orden a los misioneros mártires de los siglos XVIII y XIX— y hay dificultades aún en nuestros días. Con todo, la presencia dominicana allá es floreciente. La Congregación de Misioneras de Santo Domingo llegó a Vietnam el año 2011. La hermana Marisol se encargará de enseñar lengua española a las aspirantes y postulantes. ¡Felicidades a Marisol! Su envío al Oriente Lejano es más que un signo: una realidad luminosa dentro de las celebraciones del Octavo Centenario de la Orden. [FQ] Envío de un grupo de jóvenes de Chillán a la misión en La Serena. El jueves 12 de enero se realizó la Misa de envío a los jóvenes misioneros de la Parroquia Santo Domingo. La Eucaristía fue presidida por Fray Paco Quijano, quien exhorto a los jóvenes a vivir y anunciar la buena nueva de Jesús. Jóvenes que junto a la Familia Dominicana en Chile se reunieron en La Serena durante una semana para asumir la tarea de la sagrada predicación al estilo de Domingo en el marco del cierre del año Jubilar de nuestra Orden. La invitación a anunciar el Evangelio se sigue renovando con el tiempo: Ve y Predica. [Nataly Candelas] Familia de Predicación: Misión en La Serena. El 14 de enero de 2017, comenzaba la aventura de la “predicación casa a casa” en La Serena, en el sector de Las Compañías, en los alrededores del Colegio San Francisco Coll de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Lo hicimos para
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    enero 2017 no 1 2 conmemorarque 800 años atrás, y también en Familia, había comenzado la misión de la Predicación, en este caso en Tolosa, al sur de Francia. Y así, de año en año, día a día, venimos “renovando nuestra fe y esperanza”. Y éste fue el lema que nos reunió, bajo el cual estuvimos como Familia Dominicana, haciendo lo que nos une, viviendo el carisma que nos apasiona, compartiendo como hermanos la vida y la oración, porque todo ello es: PREDICACIÓN. Contamos con la presencia de los frailes, de las hermanas de vida activa, de los laicos y de los jóvenes, unos pertenecientes al Movimiento Juvenil Dominicano y otros tantos vinculados a colegios, parroquias, con quienes compartimos este mismo ideal de familia. Y sin duda que desde sus conventos nuestras hermanas contemplativas nos apoyaban con su oración, como Domingo hubiera soñado. Así, la Predicación en Familia llegó al otro lado del mundo en el que él vivió. En La Serena el trabajo de preparación había comenzado mucho tiempo antes, lo cual fue fundamental para el desarrollo de la misión, ¡y cómo no!, agradecerlo también desde éstas páginas a toda la comunidad que allí nos acogió y preparó el terreno, para que al llegar la semilla pudiera ser recibida en la tierra. Para los demás, procedentes de Santiago, Valparaíso, Chillán, Concepción, Pitrufquen… la misión comenzaba en el Colegio de Virgen de Pompeya, en Las Condes, Santiago, el sábado 14 a las 8.30 de la mañana. Allí nos recogieron los buses que tras un largo camino nos dejaron en La Serena. El primer día fue de abrazos, sonrisas, reencuentros y fiesta, con 110 jóvenes, había lugar para mucha fiesta, vitalidad y alegría. Nos acomodamos en la que iba a ser nuestra casa y pronto llegó un almuerzo que reparaba nuestras fuerzas desgastadas por el calor. Entre organizarse y demás, rápido se nos pasó el día. Al día siguiente, domingo, la Misa en la parroquia daba el envío a los misioneros agrupados en cuadrillas. Primeras reuniones y compartir para que las cuadrillas se conocieran y tantearan el terreno en el que iban a misionar, porque el trigo amontonado se pudre… pero esparcido da mucho fruto. Y una “marea azul”, porque azules eran nuestras poleras, recorrió las calles de la Serena. Llegó el lunes, ahora sí que empieza el trabajo: levantada temprano, desayuno, oración, formación y misión “casa a casa” para descansar a mediodía con el almuerzo y un breve receso para continuar en la tarde. Esta fue la dinámica de cada día. También terminábamos la jornada con la oración, para poner en manos del que eternamente nos ama, los esfuerzos realizados, la Palabra entregada y tantas casas, corazones y vidas que nos abrieron sus puertas. Hablando de Dios con los demás, y de los demás con Dios. La formación estuvo a cargo de las hermanas Rosina y María Luisa que nos motivaban cada día y alimentaban para salir a compartir. El miércoles hicimos un alto en el camino, un día de retiro, de silencio, de recuperar fuerzas. En este caso la hermana Jacqueline, nos acompañó. Y repuestos, continuamos con la labor encomendada por dos días más.
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    enero 2017 no 1 3 Hubo,además, algunas actividades “extra”, juegos para niños en las tardes, visitas a un hogar de ancianos y a un centro de reclusión del Sename, quiso llegar la misión a todos los rincones de las Compañías, la fuerza de Domingo nos empujaba. Esto es lo “estructural”, pero lo “vivencial” fue lo mejor. El problema es que no hay palabras para compartir las numerosas historias vividas, los gestos, las miradas encontradas, las alegrías y las penas compartidas: VIDAS. Entramos en la tierra sagrada del hermano para regalarle la Palabra de Dios, y este hermano, que tiene numerosas caras y nombres, nos regaló con su confianza, acogida, cariño, de modo que el enriquecimiento es mutuo y uno va misionar y ser misionado. Fuimos bienaventurados no sólo por compartir y vivir en familia el don de la Orden de Predicadores a la cual de una forma u otra todos pertenecemos, sino también bienaventurados porque entramos en Su casa, en tierra sagrada. Por supuesto, también hubo momentos de expansión y diversión, porque la familia lo necesita para permanecer unida. Así como también en familia realizamos las tareas domésticas y todo aquello que se requería, con la alegría de que siempre había unas manos dispuestas ante cualquier necesidad. El sábado 21, uniéndonos a la gran familia de Domingo repartida en los cinco continentes, teníamos la Misa de clausura, Eucaristía, acción de gracias por los 800 años. Y de clausura nada, porque esto no termina, continúa, vamos por los 801 y muchos más, así tantos como el mundo lo requiera de los predicadores, con la fuerza del Espíritu que renueva y actualiza según los signos de los tiempos. Por eso, en esa Eucaristía, todos renovamos nuestro compromiso con la Predicación, según la profesión de los frailes o hermanas, y las promesas de laicos y jóvenes. Apostando por el 801 y los que vengan detrás. No había forma de apagar las velas que formaban el número 800 en el suelo del salón donde tuvimos la celebración, como tampoco habrá viento que apague la antorcha de aquel cachorro que la Beata Juana soñó, y que hoy seguimos portando. A todos los que a lo largo de 800 años lo hicieron posible: ¡¡GRACIAS!! Bienaventurados, felices, nosotros que compartimos esta misión. ¡¡BIENAVENTURADOS!! [Hna. Marta García – Misionera de Santo Domingo] ● Con un número dedicado al Congreso para la Misión de la Orden celebrado en enero en Roma cerraremos la edición del boletín Jubileo 800 Años