Este capítulo contrasta las dos civilizaciones de la civilización cristiana y la civilización moderna. La civilización cristiana se basa en Dios como el fin último del hombre y su fuente de felicidad, mientras que la civilización moderna promueve poner la felicidad en lo terrenal en lugar de Dios. La historia muestra que cuando el hombre se aleja de Dios y Su Iglesia, cae en el error y el mal.