El sacramento de la reconciliación, también conocido como penitencia o confesión, es fundamental para la vida cristiana, ya que permite recuperar la gracia de Dios tras el pecado mortal. Este sacramento implica un proceso de conversión, arrepentimiento y confesión de pecados ante un sacerdote, otorgando al penitente el perdón y la reconciliación divina. La conversión es una tarea continua en la vida de los cristianos, quien, a través de la penitencia interior y la práctica de la eucaristía, busca una transformación espiritual y la intimidad con Dios.