La relación entre la Iglesia y los sacramentos es mutua. La Iglesia hace los sacramentos y los sacramentos constituyen y crean a la Iglesia como el cuerpo de Cristo. Tres sacramentos en particular, el bautismo, la confirmación y el orden, marcan la organicidad de la comunión eclesial e imprimen un "carácter" permanente e irrepetible. Estos sacramentos "caracterizantes" estructuran a la comunidad eclesial y garantizan su indefectibilidad a través de los siglos.