El documento describe el descubrimiento y diseminación de la quina como tratamiento para la malaria. Un indígena de Loja curó su fiebre bebiendo agua de un árbol de quina, y luego curó a otros usando la misma técnica. Luego le informó a un jesuita, quien curó a la Condesa de Chinchón en Lima con té de quina. Más tarde, la quina se propagó en Europa como cura para todo tipo de enfermedades, aunque inicialmente hubo oposición ya que se creía que sus virtudes venían