De Palomares se apresura para tomar el tren y asistir a una recepción aristocrática a la que fue invitado. Llega apresuradamente a la estación pero el tren ya parte. Persigue el tren en un coche y luego a pie, siendo detenido repetidamente por el cochero que exige una propina. Finalmente aborda el último vagón, donde conoce a la hija de un pasajero, olvidándose de sus problemas. Al revisarse, nota que ha perdido la mitad de su elegante frac durante la persecución.