El documento describe la expiación en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, los sacrificios de animales fueron ordenados por Dios como una señal de la expiación perfecta que vendría en Cristo. Estos sacrificios prepararon al pueblo para entender la muerte de Cristo como la verdadera expiación por los pecados. En el Nuevo Testamento, la muerte de Cristo proporcionó el perdón de pecados, la liberación del pecado y la muerte, y la vida eterna.