El orador usa la metáfora de arrugar y ensuciar un billete de $100 para demostrar que el valor intrínseco de las personas no depende de factores externos como la apariencia o logros. Aunque seamos "aplastados" por la vida, nuestro valor interior no cambia. Luego invita a la audiencia a recordar personas que los han apoyado en vez de famosos. Concluye que las personas que más marcan nuestras vidas son quienes se preocupan por nosotros, no aquellos con mayores logros o reputación.