El conferenciante usa un billete arrugado y pisoteado para demostrar que el valor intrínseco de las personas no depende de su apariencia u otras cualidades externas, sino de lo que son capaces de hacer y lo que saben. Luego pide a la audiencia que recuerde a personas famosas y ganadoras de premios versus aquellos que realmente han marcado sus vidas a través de su apoyo y compañía. El mensaje final es que aunque no sean famosos, siempre serán personas valiosas.