Los barrios de bodegas se desarrollaron a partir del siglo XIII cuando los lagares y trujales se instalaron preferentemente cerca o dentro de las viviendas en los núcleos urbanos. Esto permitió una mejor elaboración y almacenaje del vino, especialmente para los grandes propietarios. Con el tiempo, algunos barrios de bodegas cayeron en desuso mientras que otros se mantienen como importantes centros vinícolas.