En Macondo, los habitantes se asombran con las nuevas tecnologías, como la electricidad y el cine, pero se sienten frustrados y engañados por la naturaleza ficticia de las películas, donde personajes muertos regresan a la vida. Este conflicto provoca que el público rompa las sillas en el cine, indignados por lo que consideran una burla a sus emociones y experiencias. Al final, deciden no volver, sintiendo que ya tienen suficientes penas reales sin agregar las de personajes imaginarios.