El Imperio Bizantino se desarrolló en el este del Imperio Romano y se convirtió en el centro comercial del Medievo al ubicarse entre Europa y Asia. Tuvo una sólida organización política a diferencia de las monarquías germanas y la Iglesia fue la única institución europea con carácter universal aunque se fragmentó la autoridad. Finalmente, las invasiones de los turcos selyúcidas y otomanos condujeron a la caída del imperio con la toma de Constantinopla en 1453.