El Imperio Bizantino surgió en 395 d.C. tras la división del Imperio Romano por Teodosio I. Gobernado desde Constantinopla, fue un estado teocrático cristiano donde el emperador tenía poder político y religioso absoluto. La sociedad bizantina estaba dominada por una alta aristocracia terrateniente y un poderoso clero, y su economía se basaba en la agricultura, el comercio y el bisanti de oro.