Jesús eligió a 12 discípulos, con quienes predicaría el evangelio y les daría poder para sanar y expulsar demonios. A pesar de las acusaciones de posesión y la confusión de su familia, él reafirmó su propósito divino y definió quienes son realmente su familia—aquellos que cumplen la voluntad de Dios. Además, Jesús advirtió sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo, señalando que rechazar su salvación es el pecado imperdonable.