El documento presenta cuatro aportes de la iglesia a la muerte digna, destacando una antropología amigable de la muerte, un sentido positivo del dolor, empatía hacia el sufrimiento y un profundo respeto por la integridad humana. La iglesia promueve la aceptación de la muerte como un paso hacia una vida superior y la asistencia solidaria a los necesitados, sembrando valores de dignidad y cuidado en la atención sanitaria. Además, aborda el papel de la medicina en el proceso de morir y la ética de prolongar la vida frente al sufrimiento inevitable.