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Otro concepto
Al mirarte sin cristales a través de tus «te quiero», encuentro un
nuevo concepto, transparente. Al que traes, con encanto, no solo unos
ojos donde verse reflejado con pie de cabalgadura. O un cuerpo donde
sentirse remirado tras cada lazo o roce desanudado de sentimientos. O
un cuero moreno curtido en la envidia de tu piel cuando surca por la
huella de tu pelo. Traes, encantado, un nuevo concepto.
Sobre todo si al leerte mis miradas provistas de candeleros, como
si me alumbraras con teas encendidas de misterio, resulta un epítome
en mis secuelas, con ardor. Describiendo el porqué, me deshielo. Por
qué se unió nuestro estremecimiento relatado en ese trozo de piel. Piel
consumida por derretimiento. Con especial dedicación a tu singular
virtud: reparto generoso de placidez como cuando observas de noche
algo en el cielo; de calma, como cuando desaparece de la mar la
personalidad del viento; y de sosiego, como cuando se modera el
silencio a la vez que el lamento del tozudo celo.
Acaba declamándose así:
“Cuando me siento genuinamente comprendido y apreciado por
quién soy en tanto que persona libre y plena. Cuando me siento
respetado, no porque sea genial, atrevido o perfecto, sino porque
tengo algo con lo que querer contribuir y desear marcar la diferencia
pese a mis inseguridades y vulnerabilidades. Entonces, dejo de
2
sentirme un impostor que tiene algo que esconder. Y empiezo a
confiar en ti. Y ardo en deseos de honrar la fe que siento que se
tiene en mí, haciendo un esfuerzo adicional para alcanzar el éxito,
reclamado como felicidad en el mundo de los muertos”
No solo es uno parte integrante en su hemisferio particular, austral
o boreal, antagonismos del frío y el estío, sino que sin pertenencia o
afinidad meridiana, surge una coyuntura más allá de la media naranja,
de la otra mitad de tu ser o de la dicotomía incorpórea de tu alma.
No solo puedes conocer a ese ser, prendido de tu cara, entelequia
con rostro de parecer la más sensual, atractiva y distinguida cortesana,
dueña de mi ajedrez. La hermosura personificada.
No solo es conocer el goce tras dibujar nuestro camino, cual por
lo lejos de su destino se puede recorrer a pie. Juntos. Unidos. Dos. De
la mano, al parecer, como compañeros en la dura batalla del siguiente
amanecer, anclados al amor de la tierra por pisar y al amor de la
lumbre que calienta sin quemar.
No solo llega el amor cuando quieres entrambos aprender lo que
no pudiste conocer pasados los años. Con el propósito de entender
cuántas cosas se pueden hacer respetándose con caricias, mimos y
halagos.
No solo llega por saber que tus ganas de evolucionar, se
convierten en mi última oportunidad. De hallarme anclado en ese lugar
entre la virtud y el pecado. Con la responsabilidad de componer con
todos los pequeños fragmentos que se siguen sin romper, el
desmedido monumento cuando sonrías a un ángel lactante del paraíso.
3
Otro concepto es saber que puedo llegar a amarte, pero echando
a ver que igualmente querré a las personas, alguna vez, nativas de tu
vientre. Y quererte como persona, implicándose en nuestros actos de
concubinato, florecen en deseo y placer. Y quererte como mujer, con
más que cuidado, con respeto en el trato y a la afectuosa filosofía del
concordato. Y quererte como madre, porque tanto amor evita pecar de
ignorancia inspirando ese aire en el que sois, junto a mí, una adicción
en forma de triunvirato. Fresco y misceláneo.
Otro concepto no es el de bombear como mi nuevo amor, de
cotas insospechadas. Sino que lo novedoso, hasta para quien suscite
el desconsiderado clamor por el que llevarse las manos a una cazuela
carente de barro, es otro concepto de amor yaciendo cuatro desde los
primeros agasajos. Yaciendo cinco, alguna vez, desde sus primeros
pasos. Por los cinco costados.
Reivindicando la presencia de una necesidad sin miserias. Con
raza poética. Idealidad, espiritualidad y belleza restauran su lírica. La
de poder crear un océano azul para separados o divorciados, cuyos
intentos son claramente limitados. Confinados hasta desaparecer por el
paso del letargo. Una familia especial que ampare el destierro
inmerecido de dos nuevos enamorados.
El alcahuete de Nowak

Otro concepto

  • 1.
    1 Otro concepto Al mirartesin cristales a través de tus «te quiero», encuentro un nuevo concepto, transparente. Al que traes, con encanto, no solo unos ojos donde verse reflejado con pie de cabalgadura. O un cuerpo donde sentirse remirado tras cada lazo o roce desanudado de sentimientos. O un cuero moreno curtido en la envidia de tu piel cuando surca por la huella de tu pelo. Traes, encantado, un nuevo concepto. Sobre todo si al leerte mis miradas provistas de candeleros, como si me alumbraras con teas encendidas de misterio, resulta un epítome en mis secuelas, con ardor. Describiendo el porqué, me deshielo. Por qué se unió nuestro estremecimiento relatado en ese trozo de piel. Piel consumida por derretimiento. Con especial dedicación a tu singular virtud: reparto generoso de placidez como cuando observas de noche algo en el cielo; de calma, como cuando desaparece de la mar la personalidad del viento; y de sosiego, como cuando se modera el silencio a la vez que el lamento del tozudo celo. Acaba declamándose así: “Cuando me siento genuinamente comprendido y apreciado por quién soy en tanto que persona libre y plena. Cuando me siento respetado, no porque sea genial, atrevido o perfecto, sino porque tengo algo con lo que querer contribuir y desear marcar la diferencia pese a mis inseguridades y vulnerabilidades. Entonces, dejo de
  • 2.
    2 sentirme un impostorque tiene algo que esconder. Y empiezo a confiar en ti. Y ardo en deseos de honrar la fe que siento que se tiene en mí, haciendo un esfuerzo adicional para alcanzar el éxito, reclamado como felicidad en el mundo de los muertos” No solo es uno parte integrante en su hemisferio particular, austral o boreal, antagonismos del frío y el estío, sino que sin pertenencia o afinidad meridiana, surge una coyuntura más allá de la media naranja, de la otra mitad de tu ser o de la dicotomía incorpórea de tu alma. No solo puedes conocer a ese ser, prendido de tu cara, entelequia con rostro de parecer la más sensual, atractiva y distinguida cortesana, dueña de mi ajedrez. La hermosura personificada. No solo es conocer el goce tras dibujar nuestro camino, cual por lo lejos de su destino se puede recorrer a pie. Juntos. Unidos. Dos. De la mano, al parecer, como compañeros en la dura batalla del siguiente amanecer, anclados al amor de la tierra por pisar y al amor de la lumbre que calienta sin quemar. No solo llega el amor cuando quieres entrambos aprender lo que no pudiste conocer pasados los años. Con el propósito de entender cuántas cosas se pueden hacer respetándose con caricias, mimos y halagos. No solo llega por saber que tus ganas de evolucionar, se convierten en mi última oportunidad. De hallarme anclado en ese lugar entre la virtud y el pecado. Con la responsabilidad de componer con todos los pequeños fragmentos que se siguen sin romper, el desmedido monumento cuando sonrías a un ángel lactante del paraíso.
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    3 Otro concepto essaber que puedo llegar a amarte, pero echando a ver que igualmente querré a las personas, alguna vez, nativas de tu vientre. Y quererte como persona, implicándose en nuestros actos de concubinato, florecen en deseo y placer. Y quererte como mujer, con más que cuidado, con respeto en el trato y a la afectuosa filosofía del concordato. Y quererte como madre, porque tanto amor evita pecar de ignorancia inspirando ese aire en el que sois, junto a mí, una adicción en forma de triunvirato. Fresco y misceláneo. Otro concepto no es el de bombear como mi nuevo amor, de cotas insospechadas. Sino que lo novedoso, hasta para quien suscite el desconsiderado clamor por el que llevarse las manos a una cazuela carente de barro, es otro concepto de amor yaciendo cuatro desde los primeros agasajos. Yaciendo cinco, alguna vez, desde sus primeros pasos. Por los cinco costados. Reivindicando la presencia de una necesidad sin miserias. Con raza poética. Idealidad, espiritualidad y belleza restauran su lírica. La de poder crear un océano azul para separados o divorciados, cuyos intentos son claramente limitados. Confinados hasta desaparecer por el paso del letargo. Una familia especial que ampare el destierro inmerecido de dos nuevos enamorados. El alcahuete de Nowak