La violencia no es simplemente una conducta o respuesta emocional, sino una estrategia psicológica para alcanzar un objetivo. La peligrosidad se refiere a las características personales que justifican el riesgo de comportamientos violentos futuros. La valoración del riesgo permite ajustar los procedimientos de control al pronóstico más probable. Los factores de riesgo, como antecedentes violentos o actitudes antisociales, se asocian con la conducta violenta de forma compleja e impredecible.