La práctica involucró dividir el tallo de una rosa blanca y colocar cada extremo en un vaso con colorante vegetal de color diferente. Luego de esperar unas horas, la rosa se tornó bicolor, demostrando que el agua y los nutrientes pueden viajar a través de los conductos leñosos de la planta. El objetivo era comprobar cómo el agua llega a todas las partes de una planta.