Una rana quería ser auténtica y se esforzaba en ello. Primero se compró un espejo para buscar su autenticidad, pero se cansó. Luego pensó que la opinión de los demás determinaba su valor, por lo que comenzó a vestirse y desvestirse para su aprobación. Finalmente, se dejaba arrancar las ancas para que los otros se las comieran, creyendo erróneamente que eso la haría una rana auténtica según los demás.